Un
día como hoy, pero de 1845, las tropas
argentinas -el glorioso Ejército Argentino en embrión- hicieron valer nuestros
derechos soberanos sobre el río Paraná al enfrentarse en la Vuelta de Obligado
a la poderosa flota anglo-francesa[1]. Inflamados
en el amor a la Patria, que es amor verdadero porque la Patria es don de Dios.
Los valientes patriotas y soldados argentinos hicieron frente a una flota,
armada por las más poderosas potencias del mundo, potencias filibusteras,
piratas y amigas de lo ajeno, que tuvieron la osadía de invadir nuestra amada
Patria. Los valientes soldados argentinos hicieron frente, armados de coraje y
de gran amor por la Patria Argentina, se enfrentaron a los que ilegítimamente
querían apropiarse de lo que no les correspondía y por eso constituyen para
nosotros, argentinos del siglo XXI, un ejemplo inigualable de amor a la Patria
hasta la muerte.
En
nuestros días, lamentablemente, las Vueltas de Obligado se han multiplicado,
puesto que los que desean acabar con la Patria Argentina se han multiplicado de
manera inimaginable. Ya no son sólo ingleses y franceses que de manera
insolente buscan vulnerar la soberanía nacional navegando por ríos de la Patria
sin ninguna autorización: los modernos filibusteros, los modernos piratas,
combaten no sólo con armas de fuego, sino ante con armas intelectuales,
tratando de minar con ellas las bases y la esencia de nuestra Patria Argentina.
Subversivos de ideología comunista llamados montoneros y neo-montoneros,
propagadores de ideologías destructivas como la Ideología de género, que busca
implantar la Educación Sexual Integral de forma obligatoria para corromper a
nuestra juventud, socialistas, anarquistas, marxistas, liberales, masones,
todos se unen contra nuestra Patria, tratando de hacer caer en el olvido sus
raíces hispanas y católicas, para hacer de la Patria un inmundo lodazal de
perversas ideologías en donde cada uno se erige como dios de sí mismo. Con un
Ejército prácticamente desarmado, con una juventud a la que no se le dice la
verdad acerca de la gloria de su Patria –que, entre otras cosas, combatió y
venció, como en pocos lugares del mundo, al comunismo apátrida-, las Vueltas de
Obligado se multiplican hasta llenar la geografía de nuestra Amada Argentina.
Que
los patriotas de Obligado sean nuestros ejemplos en esta desigual lucha contra
los nuevos y antiguos enemigos de la Patria Argentina, que se alzan insolentes,
aprovechándose de la minoría en la que estamos quienes amamos nuestra Patria
Argentina, hispana y católica. Pero “no prevalecerán”, porque no puede ser
vencido un Ejército cuya mayor gloria es tener por Generala a la Virgen de la
Merced, la Madre de Dios. La Generala del glorioso Ejército Argentino, María
Santísima, aplastará la cabeza de los enemigos de la Patria, las ideologías
apátridas comunistas y liberales y en nuestra amada Patria volverá a
resplandecer la luz celestial del Rey de la Patria Argentina, Cristo Jesús.
Nunca dejaremos de reivindicar la Soberanía Argentina sobre las Islas Malvinas. Nunca dejaremos de condenar la ilegítima usurpación del territorio patrio a manos del filibustero inglés. Nunca dejaremos de afirmar que las Islas Malvinas fueron, son y serán argentinas. Nunca cejaremos en nuestro empeño de ver arrancada para siempre la infame bandera inglesa que ondea, como un insulto, sobre nuestras Islas Malvinas. ¡Honor y gloria a los soldados que cayeron defendiendo nuestra Patria, ignominia eterna para los viles usurpadores ingleses!
Reproducimos a continuación un artículo que reafirma todavía más -aunque no es necesario- los derechos argentinos sobre las Islas Malvinas.
Un historiador argentino encontró nueva documentación y se la presentó al senador Cobos, que tramitó la autenticidad en el Archivo situado en Sevilla
Por Martín Dinatale
3 de noviembre de 2018
mdinatale@infobae.com
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Entre esas rarezas que cada tanto se dan entre la política, los historiadores y las causalidades, la Argentina acaba de sumar una prueba documental histórica en su largo reclamo por la soberanía de las islas Malvinas: se trata de un plano y dos documentos inéditos de 1767 que demuestran que Puerto Soledad era una posesión española y que allí había población estable en conexión con Buenos Aires.
Bajo el sello del Archivo General de Indias los planos de una capilla de los franciscanos construida en 1768 y establecida en las islas Malvinas se sumarán –a partir de ahora– a otros documentos que la Argentina contará en sus archivos para ratificar el histórico reclamo por la soberanía de las islas del Atlántico Sur.
El año pasado Infobae publicó en exclusiva el hallazgo de tres cartas de 1767 que fueron adquiridas por un coleccionista privado y que revelan un pedido para la construcción de una capilla en la isla Soledad. Luego, apareció otro documento que muestra la continuidad de aquellos oficios: en un escrito y un plano figura la concreción de la obra de la iglesia mandada a construir por el gobernador de Buenos Aires de aquel entonces Francisco Bucarelli y Ursúa a requisitoria de Felipe Ruiz Puente, primer mandatario de las Islas Malvinas.
A partir de allí, el historiador argentino Roberto Colimodio se presentó ante el senador radical de Mendoza Julio Cobos para exponerle los datos de un documento que está guardado en el Archivo General de Indias de Sevilla en España donde se revela la existencia de la capilla de los franciscanos en 1768, lo que otorga sustento a las cartas halladas por un coleccionista de identidad reservada cuyas iniciales son N.L.D y de esta forma ratifica el predominio español en las islas de lo que luego sería el territorio argentino.
El nuevo hallazgo se registró en el Archivo General de Indias por parte del historiador argentino Roberto Colimodio y luego de una gestión del senador Cobos, la Argentina acaba de recibir una certificación formal de esos documentos de parte del Archivo General de Indias.
Toda esta documentación fue entregada recientemente a la Cancillería y se sumará de esta forma a los expedientes que forman parte de la extensa lista de textos que sustentan el reclamo histórico de la Argentina sobre Malvinas contra el planteo y ocupación de las islas de parte de Gran Bretaña.
Hace más de un año, cuando se hizo pública la restitución de tres cartas de Malvinas que Infobae reveló en forma exclusiva, Colimodio se contactó con Cobos porque a partir de esa noticia había revisado el catálogo del Archivo de Indias buscando información relacionada a las Cartas de Malvinas.
Esos documentos inéditos, datados en el año 1767 y que había comprado un coleccionista privado, consisten en un intercambio epistolar entre el por entonces Gobernador de Buenos Aires Francisco de Bucarelli y Ursúa y Felipe Ruiz Puente, Primer Gobernador de las Islas Malvinas.
Es precisamente en esas misivas dónde se mencionó la necesidad de contar en Malvinas con una capilla y elementos para ponerla en funcionamiento.
Las cartas revelan que el gobernador de Buenos Aires envía los vasos sagrados y ornamentos para erigir una nueva capilla en dicha "colonia" así como una imagen de la Virgen de la Soledad, para que sea declarada patrona de la población.
Este documento demuestra que Puerto Soledad era posesión española y que había población estable. Una capilla no se construye en un "campamento" o "asentamiento precario". Es una prueba más que puede considerarse importante para la causa.
En la búsqueda realizada por Colimodio se descubrió que en el Archivo de Indias situado en la localidad española de Sevilla, existía un archivo titulado "Plano de la Capilla Provisional de las Yslas Malvinas". Ese documento hacía referencia directa al contenido de los textos recuperados. Frente a esto y entendiendo la importancia de ello Cobos empezó a gestionar por medio de la Cancillería, la posibilidad de contar con una copia autenticada del mismo para incorporarla a la colección que hoy obra en poder del Archivo General de la Nación.
"Solicitamos una copia autenticada de los documentos por parte del Archivo de Indias para que el uso de estos documentos tenga garantías y sin fines de lucro tenga uso educativo y patrimonial para ser exhibidos en dónde las autoridades afines lo crean pertinentes", dijo Cobos a Infobae.
Finalmente el Archivo General de Indias envió una copia autenticada del "Plano de la Capilla provisional de las Yslas Malvinas", completando así los archivos epistolares sobre las Islas Malvinas recientemente recuperados para el Estado argentino.
Antonio Sanchez Mora, Jefe del Departamento de Referencias del Archivo General de Indias certificó la copia autenticada del documento que se encuentra archivado bajo la nomenclatura MP-BUENOS AIRES, 74. El documento se denomina "Planta de la capilla provisional de los franciscanos establecidos en las Islas Malvinas" y data del 22 de marzo de 1768.
"Es innegable la importancia histórica y patrimonial de estos documentos. De hecho, fueron mencionados este año en la presentación de Argentina ante el Comité de Descolonización de Naciones Unidas", dijo Cobos.
A la vez, por solicitud del embajador argentino en España, Ramón Puerta, se enviaron las copias autenticadas de las cartas para ser incorporas al Archivo General de Indias.
Colomino expresó a Infobae que "el Archivo de Indias contiene mucho material documental no investigado para sumar a la reclamación de nuestros derechos soberanos sobre las Islas".
A diferencia del plano de la Capilla, estos documentos no han sido digitalizados y se conservan en soporte papel en las instalaciones del Archivo en Sevilla.
De los tres documentos descubiertos sobre las Islas Malvinas, dos de ellos hacen mención de "erigir una nueva capilla en esa Colonia", refiriéndose a la necesidad de poblar Malvinas por parte de España ante los avances de los gobiernos francés e inglés con pretensiones de soberanía sobre las Islas atlánticas.
Estos documentos son la Carta fechada en Malvinas el 25 de abril de 1767 enviada por el gobernador de Malvinas Felipe Ruíz Puente a su par bonaerense Bucarelli y Ursúa. En esa misiva le explica la necesidad de levantar una capilla en Malvinas "para todo el pueblo, pues solo se cuenta con una muy precaria, con una imagen de San Luis". Y solicita a la vez "un pequeño sagrario o tabernáculo con su copón correspondiente y una imagen de la Advocación que V.E determinare para Patrono de esta posesión".
A la vez, está el documento datado en Buenos Aires el 2 de diciembre de 1767. También se trata de una carta dirigida por el gobernador de Buenos Aires al primer gobernador de Malvinas. Allí se sostiene que desde la capital argentina se enviarán los vasos sagrados y ornamentos para "erigir una nueva capilla en esa Colonia", así como una imagen de la Virgen de la Soledad para que sea declarada patrona de la población. Quizás esta sea la única pista para descubrir el origen del nombre de la Isla Soledad.
En el tercer documento datado el 22 de marzo de 1768, escasos meses más tarde de los oficios anteriores, Felipe Ruiz Puente, gobernador de las Islas Malvinas remitía a las autoridades el plano de la "Planta de la capilla provisional de los franciscanos establecidos en las Islas Malvinas", en cuyos márgenes Ruiz Puente describía los estados de la construcción en diferentes momentos dándosele a la fecha de envío del documento los últimos "remates a los interiores" a la Capilla.
Esto demuestra que la correspondencia intercambiada entre el gobernador Ruiz Puente y su colega porteño Bucarelli en 1767 no era sólo "expresión de deseos" sino que eran realidades concomitantes resultantes de las notas anteriores.
Este documento se encuentra en línea en el portal PARES del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes del Gobierno de España y físicamente en el Archivo General de Indias de Sevilla. Y toda esta documentación se sustenta aun más con los documentos encontrados por el hiostoriador argentino que ahora certificó el Archivo General de Indias y que la Argentina incorporó como parte de la documentación que sustenta el reclamo sobre las islas Malvinas.
Por lo general, hay dos elementos que se continúan en el
General San Martín: su condición de católico –sus enemigos dicen que era masón-
y su condición de libertador –sus detractores afirman que no fue en realidad
libertador de pueblos-. Ambos elementos son falsos y veremos por qué.
Con respecto a si San Martín era masón o católico, está
comprobado que no era masón y que sí era católico. No era masón porque nunca
perteneció a la masonería y la Logia Lautaro a la que pertenecía no era
masónica sino una agrupación de carácter cívico-militar que nada tenía que ver
con la Iglesia de Satanás. Además, no hay registro alguno de que haya
pertenecido a ninguna logia masónica en los archivos de la Masonería[1]. Por
otra parte, además de sus virtudes personales, vividas en el día a día y que
hicieron de él una gran persona, más allá de su condición de patriota y Padre
de la Patria, San Martín se mostró siempre, exteriormente, no solo como
católico practicante, sino como ferviente devoto de la Santísima Virgen María y
también de la Eucaristía y la Santa Misa. En efecto, es conocido que a su tropa
le prohibía la blasfemia –bajo pena de atravesar sus lenguas con hierro
candente a quien profiriera alguna blasfemia-, cosa que la Masonería propicia,
sino que además era devoto de la Virgen, al punto de hacer colocar a la tropa,
antes de cada batalla –al igual que otro gran prócer, el General Belgrano- el
Escapulario de Nuestra Señora del Carmen, algo que la Masonería repudia y
rechaza tajantemente. Además, el General San Martín era conocido por su piedad
mariana, piedad que llegó a su culmen cuando se encomendó a la Madre de Dios
antes de las batallas, donándole su bastón de mando y nombrándola Generala del
Ejército Argentino luego del triunfo de las armas patriotas. Esto es algo que
un masón no haría jamás, puesto que la Virgen es la que los ha vencido, desde
el momento en que Ella es la que aplasta la cabeza de Satanás. También era el
General San Martín ferviente devoto de la Santa Misa y de la Eucaristía,
preocupándose porque no faltasen capellanes que celebraran la Santa Misa,
hicieran rezar el Rosario e impusieran el Escapulario de la Virgen del Carmen a
sus tropas. De esta manera, queda fehacientemente demostrado que el General San
Martín no fue masón, sino un devoto católico.
El otro elemento que le cuestionan sus detractores es su
condición de libertador, porque dicen que no debería haber declarado la
independencia de los países. Esto es falso porque la independencia de la Nación
Argentina, al decir del P. Castañeda, fue “obra de Dios y no de los hombres”,
consecuencia de haber quedado acéfalo el poder en la Madre Patria España, al
ser tomado prisionero el Rey de España, Fernando VII, poniendo así en marcha,
de modo inmediato, el mecanismo que preveía que las Provincias Españolas de
ultramar, en estos casos extremos, debían asumir su auto-gobierno[2]. Lo
mismo se diga de los países que liberó el General San Martín, Chile y Perú. Por
otra parte, la división del imperio español de ultramar ya era un hecho y si
San Martín no hubiera intervenido para darles la Independencia y así
cohesionarlos a España al permanecer unidos a ella por la religión, el idioma y
la cultura, los filibusteros anglo-sajones, potencia mundial en ese momento, no
hubieran dudado un instante en apoderarse de estas tierras, como si de aves de
rapiña se tratasen, intención que demostraron claramente los piratas ingleses con
las Invasiones Inglesas, el robo descarado de nuestras Islas Malvinas y el
intento de violación de la soberanía territorial por parte de la escuadra francesa
en Obligado. El General San Martín fue por lo tanto un auténtico y genuino Libertador.
Queda entonces demostrado que nuestro Padre de la Patria,
además de sus virtudes personales, fue un católico practicante y un verdadero Libertador
de naciones, por lo cual hay que dar gracias a Dios Nuestro Señor, al habernos
concedido un Padre de la Patria del cual podemos estar siempre orgullosos.
[1] Cfr. Aníbal A. Rottjer, La
Masonería en la Argentina y el mundo, Editorial Nuevo Orden, Buenos Aires6
1983, 397ss.
[2]Cfr. Guillermo Furlong, Fray Francisco de Paula Castañeda. Un testigo de la Patria naciente, Ediciones
Castañeda, 1994, 381-382.
El Cristo de los Congresales, a cuyas plantas se firmó el
Acta de Independencia de la Nación Argentina.
En un momento en el que la globalización agnóstica, atea y
materialista hace que naciones enteras pierdan el rumbo trascendente al cual
están destinadas, es literalmente vital para nuestra amada Patria Argentina regresar
la vista a su pasado fundacional y ése pasado tiene dos fechas: el 25 de Mayo
de 1810 y el 9 de Julio de 1816. El 25 de Mayo porque es el inicio de nuestra
independencia, hecho histórico que, en las palabras de Fray Francisco de Castañeda,
testigo viviente de los hechos de Mayo, es un día memorable y santo, obra de Dios
y no nuestra, día sagrado que marca al mismo tiempo la heroica fidelidad al rey
de España y, al mismo tiempo, el origen y principio de nuestra soberanía
política: “(...) el día 25 de Mayo es el padrón y monumento eterno de nuestra
heroica fidelidad a Fernando VII; es también el origen y el principio de
nuestra absoluta independencia política; es el fin de nuestra servidumbre. Es y
será siempre un día memorable y santo, que ha de amanecer cada año para
perpetuar nuestras glorias, nuestro consuelo y nuestras felicidades”[1]. Tan grandiosas y
maravillosas palabras son acordes a un evento grandioso y maravilloso, como es
el de la asunción del auto-gobierno por parte de esta porción de la España Ultramarina,
no por intereses mezquinos, sino porque las leyes vigentes en ese entonces
establecían que si la cabeza -el rey- no podía gobernar, las provincias
ultramarinas de España, como el Virreynato del Río de la Plata, debían asumir
su auto-gobierno. Esto es lo que hicieron los patriotas de Mayo y lo hicieron
de la manera más noble posible, manteniendo su fidelidad al rey y al mismo
tiempo asumiendo el auto-gobierno. La nobleza de su actitud patriota, el origen
celestial de 25 de Mayo según el P. Castañeda y el carácter “sagrado, augusto,
patrio, majestuoso” de este día, sirva para consolar el resto de nuestros días
en la tierra, por el origen tan grandioso de nuestra Nación Argentina.
El
9 de Nueve de Julio de 1816 es la concreción del 25 de Mayo de 1810 y, como muestra
de que es un solo proceso del inicio al fin, originado en Dios, como dice el P.
Castañeda, está el hecho de que la firma del Acta de la Independencia se realizó
a los pies de Nuestro Señor Jesucristo, el Cristo de los Congresales. Dios
inició el proceso de nuestra independencia, lo guió y lo finalizó haciendo que
firmáramos la Independencia de la Nación Argentina, a los pies de su Santa
Cruz, como para indicar que la firma estaba sellada con la Sangre de sus manos
y pies traspasados. Y como para reafirmar todavía más el hecho de que la Nueva Nación
Argentina nací al pie de la Santa Cruz, bañada en la Sangre del Cordero, está
el hecho de que quien recogió en su seno y la envolvió con su manto a esta
Nación recién nacida fue la Virgen Santísima de Luján, quien al darnos su Manto
celeste y blanco como Bandera Nacional nos indicaba que no nos dejaba abandonados,
sino que nos abrazaba como a sus hijos predilectos entre las naciones. Nuestro
origen está en Jesucristo y en la Virgen de Luján, nuestro presente y nuestro futuro
están en Jesucristo y en la Virgen de Luján. El llevar esto grabado en la mente
y en el corazón todos los días de la vida y ponerlo por práctica no con discursos
vacíos sino con hechos concretos que combatan al mundo pagano, ateo, agnóstico
y materialista que pretenden desviar y corromper nuestro Ser Nacional
Argentino, hispano y católico, es un deber de cada día y no solo de cada aniversario
patrio y es vital para cumplir nuestro destino de unidad en la trascendencia de
la eternidad, destino fijado, querido y esperado por Dios Trino para los argentinos. El 9 de Julio de 1816 nos enseña que el pasado, el presente y el futuro de nuestra amada Patria Argentina está a los pies de la Santa Cruz de Nuestro Señor Jesucristo.
[1] Cfr. Guillermo Furlong, Fray
Francisco de Paula Castañeda. Un testigo de la Patria naciente, Ediciones
Castañeda, 1994, 381-382.
La Bandera Nacional se caracteriza por unir a los hombres de
una nación: debajo de la bandera desaparecen las rivalidades, desaparecen las
diferencias, desaparece lo que enfrenta a los hombres, para convertirlos en una
sola cosa, en una Nación, que se identifica, precisamente, bajo la Bandera
Nacional. Esto sucede porque en la Bandera Nacional están representados los
valores humanos más altos, nobles y sagrados que puedan concebirse; la Bandera
representa lo más noble y digno de la humanidad, pero a la vez, representa y es
el símbolo de la Patria, entendida esta como la unión de una Nación bajo una
historia común, una lengua común, una cultura común, una religión común. Por estos
motivos, la Bandera es sagrada, no porque represente a Dios, sino porque representa
a lo más sagrado después de Dios, que es la Patria y, en la Patria, a la
Familia que compone la Nación. Por la Bandera, una Nación se identifica como
una Familia única, que posee una Patria única, que cree en un Dios único. Por eso
la Bandera Nacional es sagrada. Y mucho más en nuestro caso, en el caso de la
República Argentina, porque nuestra Bandera Nacional, por designio divino y no
por deseo humano, lleva los colores celeste y blanco del Manto de la Inmaculada
Concepción de Luján. Esto es así porque el creador de la Bandera Nacional, el
General Belgrano quiso, por un acto de devoción suya a la Virgen Inmaculada, de
la cual era devoto, homenajearla y darle a la Bandera de la Nación Argentina
los colores celeste y blanco de su Manto Inmaculado. Así lo atestigua el
hermano del General Belgrano: “Mi hermano quiso darle a la Bandera los colores
celeste y blanco de la Inmaculada de Luján, de la cual era muy devoto”. Y así
lo creen los patriotas, como Liniers, quien en una arenga en Buenos Aires,
antes de salir a luchar contra los invasores ingleses, les dijo: “Soldados, al
besar la Bandera celeste y blanca, estaréis pensando que besáis el Manto
celeste y blanco de la Virgen de Luján”.
No hay bandera más hermosa ni más sagrada que la Bandera
Nacional Argentina, porque es el Manto celeste y blanco de la Inmaculada Virgen
de Luján. Que la Virgen Santísima cubra con su Manto celeste y blanco a toda
nuestra Patria, desde la puna jujeña hasta la Antártida Argentina y las Islas
Malvinas; desde Buenos Aires hasta Mendoza y que nuestra amada Bandera, el
Manto celeste y blanco de la Virgen de Luján flamee, victoriosa y hermosa, como
la más victoriosa, la más hermosa y la más sagrada de todas las banderas de la
tierra. Juremos amarla y defenderla hasta morir y no permitamos, bajo ningún
concepto, que ninguna bandera ideológica o partidaria reeemplace, ni en nuestros
corazones ni en nuestro sagrado suelo argentino, a nuestra Bandera Nacional Argentina, el Manto celeste y blanco de la Inmaculada de Luján.
Probablemente las palabras más verdaderas acerca del 25 de
Mayo de 1810 y que al mismo tiempo describen la esencia y la hermosura de este
día patrio, sean las pronunciadas por el P. Fray de Castañeda, testigo de la
época. Dice así el P. Castañeda, refiriéndose al 25 de Mayo: “...en este día,
todos con entusiasmo divino, llenos de piedad, humanidad y religión, debemos
postrarnos delante de los altares, confesando a voces el ningún mérito que ha
precedido en nosotros a tantas misericordias”[1]. No son solo lo que son –palabras piadosas
y hermosas-, sino que son palabras que definen la esencia misma del 25 de Mayo.
Primero, se dirige a “todos” los argentinos, lo cual ya nos indica que las
banderías políticas deben dejarse de lado absolutamente en este día porque
cuando se trata de la Patria, la Patria está por encima de cualquier ideología
política y cualquier ideología política debe subordinarse a la Patria. La Patria
está por encima de todo y sólo Dios está por encima de la Patria. De aquí vemos
ya el profundo daño que los partidos políticos hacen a la Patria, al dividir a
los argentinos en grupos antagónicos cuyo objetivo es el enfrentamiento contra
el hermano para someterlo y subyugarlo a su propia ideología.
Luego
de llamar a “todos” los argentinos, el P. Castañeda hace referencia al origen
celestial y sobrenatural de los acontecimientos que desembocaron en este día
patrio y que son los que le dan su hermosura: “…en este día, todos, con
entusiasmo divino –esto es, movidos por la gracia, que nos permite reconocer el
origen celestial de este magno día-, llenos de piedad, humanidad y religión –llenos
de toda clase de bienes espirituales, que sólo pueden ser concedidos por la
gracia-, debemos postrarnos ante los altares”: éste es el reconocimiento, por
parte del P. Castañeda, del origen celestial del 25 de Mayo, porque si no fuera
así, no tendría razón de ser que nos postremos ante los altares eucarísticos, y
sin embargo, el P. Castañeda nos anima a esto, precisamente, a postrarnos ante
los altares eucarísticos en acción de gracias a Dios por habernos concedido un
día tan magno, tan grandioso, tan maravillosamente celestial.
Continúa
el P. Castañeda afirmando que debemos postrarnos ante los altares para
confesar, precisamente, que este día patrio viene de Dios y de su misericordia:
“(…) confesando a voces el ningún mérito que ha precedido en nosotros a tantas
misericordias”. Esto es, que el 25 de Mayo es un don divino que nosotros los
argentinos no lo merecimos de ninguna manera, pero que Dios nos lo dio por su
Infinita Misericordia.
En
otro momento, afirma el P. Castañeda de modo más explícito que el 25 de Mayo es
obra de la Divina Voluntad y no de la voluntad de los hombres: “Por nuestra
parte, ninguna cosa buena hemos hecho (...) y aún la del 25 de Mayo no es obra
nuestra, sino de Dios”[2]. El 25 de Mayo es Opus Dei, es obra de Dios, dice el P. Castañeda, y esta aseveración
se comprueba cuando constatamos la cantidad de males de las que el 25 de Mayo
nos libró, el más g rave de todos, el perder nuestro Ser nacional hispano y
católico, porque si algo distingue al 25 de Mayo, es que la separación de la Madre
Patria fue meramente política y con el fin precisamente de no perder lo que
éramos, una parte de la España católica. En otras palabras, el 25 de Mayo se
llevó a cabo para preservar la identidad hispana y católica, amenazadas por el
monstruo imperial anglo-francés y es por eso que podemos afirmar, con toda veracidad,
que el 25 de Mayo es el día de la fundación de la Patria Argentina Hispana y
Católica.
En otra parte, el P. Castañeda, también refiriéndose al 25
de Mayo, dice qué es este día; es decir, luego de describir su origen –Dios-, nos
lo describe en su esencia: “(...) el día Veinticinco de Mayo es (un día)
solemne, sagrado, augusto y patrio...”. Es un día “solemne, sagrado, augusto y
patrio”, un día verdaderamente santo, porque es un don de Dios Tres veces Santo
y por ser un don de Dios, es un día solemne, augusto, maravilloso,
verdaderamente patrio y es con este espíritu con el cual debemos festejar este
día. Por contrapartida, podemos ver cuánto daño hacen los políticos de cualquier
ideología cuando, por intereses mezquinos, convierten a este día patrio en una
ocasión de mítin político, rebajándolo a una rastrera oportunidad para hacer
politiquería que nada bueno aporta a la Nación.
Continúa
el P. Castañeda, en relación a la esencia de este día patrio: “(...) el día 25
de Mayo es el padrón y monumento eterno de nuestra heroica fidelidad a Fernando
VII; es también el origen y el principio de nuestra absoluta independencia
política; es el fin de nuestra servidumbre. Es y será siempre un día memorable
y santo, que ha de amanecer cada año para perpetuar nuestras glorias, nuestro
consuelo y nuestras felicidades”[3]. Parece una contradicción que sea “monumento
de fidelidad” y al mismo tiempo “origen de la independencia”, pero es solo una
contradicción aparente: el 25 de Mayo es “padrón y monumento” de nuestra “heroica
fidelidad” al rey de España porque éste último había caído prisionero de los
franceses y por lo tanto no tenía poder sobre estas tierras, pero los patriotas
de Mayo, inspirados por Dios, se declararon fieles hijos de la Madre Patria
España, al Rey y, sobre todo, a la religión católica, porque no aprovecharon
este momento de debilidad para la rebelión, sino para manifestar su unión
indisoluble al Rey y a España, asumiendo el auto-gobierno de la Patria según lo
establecían las leyes de España para situaciones como las que se vivían en ese
entonces. Por otra parte, el 25 de Mayo, afirma Castañeda, “Es también el
origen y el principio de nuestra absoluta independencia política; es el fin de
nuestra servidumbre” y es así porque es el origen de nuestra independencia
política –concretada al asumir el auto-gobierno previsto en la ley de
entonces-, pero no religiosa ni cultural, porque gracias al 25 de Mayo nos
mantuvimos fieles hijos de España católica, proclamándonos fieles a la cultura
y a la religión. Entonces, porque nos declaramos fieles al Rey y en fidelidad
al Rey y a las leyes vigentes asumimos el auto-gobierno de la Patria, es que es
“padrón y monumento de fidelidad al Rey”, pero al mismo tiempo el 25 de Mayo es
el origen de nuestra independencia política porque puso fin -antes de comenzar-
a la servidumbre a la que nos quería someter el imperio anglo-francés. Parece una
contradicción, pero no lo es en absoluto y al revisar los acontecimientos, se
resalta no solo la nobleza de los Patriotas de Mayo, sino ante todo el origen
divino del 25 de Mayo, como dice Castañeda, porque si nos lo hubiéramos
propuesto hacerlo por nosotros mismos, no sería el día “sagrado, augusto y
patrio” que es en sí mismo. Por todas estas razones, uniéndonos al P.
Castañeda, afirmamos que el 25 de Mayo de 1810 “es y será siempre un día
memorable y santo, que ha de amanecer cada año para perpetuar nuestras glorias,
nuestro consuelo y nuestras felicidades” y será así porque será el día en el
que conmemoremos que, como Nación y como Patria, nacimos hispanos y católicos.
[1] Cfr. Guillermo Furlong, Fray
Francisco de Paula Castañeda. Un testigo de la Patria naciente, Ediciones
Castañeda, 1994, 381-382.
Todos conocemos el milagro de la carreta por medio del cual
la Virgen de Luján expresó su deseo de quedarse en nuestra Patria Argentina. Es
como una madre que, viendo que sus hijos se han ido a vivir lejos y que viven
lejos de Dios, decide ir a visitarlos pero para quedarse con ellos y para
enseñarles el camino de regreso a Dios. Éste es el propósito de la Virgen de
Luján con el milagro de la carreta: quedarse en nuestra Patria para enseñarnos
el camino para volver a Dios. Y el Camino para volver al Padre es su Hijo Jesús,
quien afirma de sí mismo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.
Ser devotos de la Virgen de Luján no es entonces el acudir
ante su imagen una vez al año para la misa y la procesión, ni tampoco dejarle
flores y acordarse de Ella cuando las cosas no van bien. Por un lado, significa
recordar que es la Dueña y Patrona de nuestra Patria Argentina, ya que nuestra
Bandera Nacional lleva los colores celeste y blanco de su manto; por otro lado,
significa cumplir lo que Ella nos dice en el Evangelio: “Hagan lo que Él
(Jesús) les diga”. Significa entonces esforzarnos por amar al prójimo, perdonar
setenta veces siete, cargar la cruz de cada día y seguir a Jesús por el Camino
Real del Calvario, y ser crucificados con Él, para dar muerte al hombre viejo y
para que nazca el hombre nuevo, el hombre de la gracia, que vive según los
Mandamientos de Cristo Dios.
La Virgen ha dado sobradas muestras de su amor maternal por
los argentinos; somos los argentinos los que no le damos muestras de amor
filial o si se la damos, es tan escasa esa muestra que casi no es nada.
Solo el día en el que todos los argentinos nos reunamos bajo
el manto celesta y blanco de la Virgen de Luján, dejando de lado la falsedad y
el cinismo propios de nuestra religión mal practicada por parte nuestra; dejando
de lado las falsas religiones; dejando de lado las banderías políticas que lo
único que hacen es enfrentarnos entre nosotros, cubriéndonos con el manto
celeste y blanco de la Inmaculada, la Bandera Nacional y dejando de lado las
banderas falsas de las ideologías comunistas, indigenistas y liberales; amándonos
como hijos adoptivos de la Madre celestial que se aman en el Amor del Señor
Jesús; solo ese día, en nuestra Patria comenzará a resplandecer el Sol naciente
de Justicia, el Hijo de María de Luján, Cristo Jesús, representado en el sol de
la Enseña Nacional Argentina.
Desde que las naciones se constituyeron en los modernos
estados tal como los conocemos en el día de hoy, tuvieron siempre algo fundante
en sus inicios, algo que marcó, como una impronta indeleble, el ser de esa
nación que se constituía, precisamente, en estado. En algunos, será una
batalla; en otros, un evento trágico; en otros, una revolución; en otros –peor
aún- será un hombre que, con su arrogancia y despotismo, marcará a toda la
nación a hierro y fuego –como por ejemplo, los países comunistas como Corea del
Norte con Kim Il Sung, la Unión Soviética con Stalin, China con Mao Tsé Tung,
etc., todos tiranos inhumanos-. En muy pocos países, el tránsito hacia de la
nación hacia el estado moderno será de origen sobrenatural y celestial, como en
el caso de Argentina.
En efecto, en Argentina, no fueron los hombres los que
constituyeron, ni la nación, ni el estado nacional, sino la Madre de Dios, con
su manifestación milagrosa a orillas del río Luján. Fue la Virgen la que quiso
quedarse en nuestras tierras, aun antes de que fuéramos Nación y Estado
argentino, para que cuando naciéramos, tuviéramos la impronta suya, la huella
indeleble del amor maternal y celestial de la Madre de Dios. De tal manera esto
fue así, que nuestro Ser Nacional Argentino se originó, sin lugar a dudas, en
torno a la Virgen de Luján. A partir de la milagrosa presencia de la Virgen en
Luján, por el milagro de las carretas, y en lo sucesivo, toda nuestra vida
nacional giró en torno y a los pies de Nuestra Señora de Luján y en situaciones
tan trascendentales como por ejemplo, la elección de la Bandera Nacional. Como es
sabido y ha sido estudiado y comprobado por renombrados historiadores, el
General Manuel Belgrano, el creador de la Bandera Nacional Argentina, tomó los
colores del manto celeste y blanco de la Inmaculada de Luján, “de la cual era
ferviente devoto”, tal como lo relata en primera persona el hermano del
General, el Sargento Belgrano.
La Virgen de Luján estuvo desde antes incluso que fuéramos
nación argentina y estado argentino; está entre nosotros en la etapa
embrionaria, si así puede decirse, cuando pertenecíamos con orgullo a la Madre
Patria España como una de las Provincias Ultramarinas de España. Estuvo con
nosotros antes de nacer como Nación Argentina, nos dio los colores de nuestra
enseña Nacional, estuvo en todo acontecimiento trascendente para la Nación y
continúa estándolo, porque es una Madre amorosa que no se olvida de sus hijos
argentinos. Somos nosotros, los argentinos, los que nos comportamos con Ella,
la mayoría de las veces, como hijos desagradecidos y desamorados. Todos los
males que nos aquejan como Nación desaparecerán, como cera que se derrite al
fuego, cuando nos postremos, como Nación, ante la Dueña y Patrona de la Nación
Argentina, la Inmaculada Virgen Virgen de Luján y depositemos en sus maternales y amorosas manos los problemas que nos agobian como Nación.
Con sorpresa, estamos asistiendo a un sinfín de adulaciones y publicaciones (hoy tendencia en twitter) en honor a la memoria y trayectoria del ex presidente Raúl Alfonsín, quien se consagrara como tal en diciembre de 1983. Lo curioso del caso, es que de manera hegemónica, todos quienes comentan en torno al personaje en cuestión, lo hacen de manera elogiosa o panegírica, como si el fallecido Presidente en vez de haber sido lo que verdaderamente fue (un canalla al servicio del eurocomunismo), hubiese sido en cambio una suerte de estadista o pro-hombre ejemplar a quien los “poderosos” le pusieron zancadillas, impidiéndole así llevar a buen puerto sus nobles intenciones durante su desafortunado gobierno (1983/1989).
Vayamos a cuentas.
Poseedor de una oratoria tan enérgica como insustancial, su discurso demagógico no exento de notable habilidad para arrancar encendidos aplausos de la muchedumbre, durante su campaña recolectora de votos en 1983, supo embaucar a una multitud que, horrorizada por la lista que por entonces ofrecía el peronismo, volcó sus preferencias por el presunto mal menor.
Tras ganar las elecciones, Alfonsín, lo primero que hizo al asumir, fue llevar adelante un revanchismo contra el gobierno cívico-militar saliente (cuyo golpe de Estado, en marzo de 1976, fuera apoyado y aprobado por la UCR, la cual comandó 310 intendencias, durante el gobierno del presidente Jorge Rafael Videla), impulsando un juicio a las cúpulas castren2ses a través del decreto 158/83 (atropellando la independencia del Poder Judicial), cuya letra, además, contenía la condena en el decreto mismo. Maliciosamente, toda su revisión sobre el pasado (a la sazón bien reciente) fue impuesta a partir del 24 de marzo de 1976 y no se revisó una coma de todas las responsabilidades y felonías cometidas tanto por el terrorismo subversivo como por la partidocracia, antes de dicha fecha.
Salvo excepciones, los medios televisivos se mantuvieron en manos del Estado, a efectos de controlar la prensa, llevando adelante una profusa campaña psicológica de inequívoca tendencia marxista, dentro de la cual se atentó contra la libertad de prensa, encarcelando a periodistas opositores como Daniel Lupa, y se descubrió una lista negra de 30 periodistas (entre ellos, Rosendo Fraga y Carlos Manuel Acuña), con la orden de encarcelarlos por no compartir la filosofía del régimen, y cuyas detenciones finalmente se frenaron con motivo del escándalo acaecido. Hasta un personaje de la frivolidad, como Mirtha Legrand, tuvo problemas profesionales, teniendo que mudar de canal, por cometer el delito virtual de no adular al mandón favorito de la socialdemocracia latinoamericana.
En los años 70, fue simpatizante y abogado de los terroristas del ERP y mantuvo aceitados contactos con el terrorismo montonero, a varios de cuyos miembros agasajó con afectuosos almuerzos (entre ellos, al indultado Miguel Bonasso), en agradecimiento por haber colocado en sus órganos de prensa a su discípulo Leopoldo Moreau. Incluso, fue acusado de participar en la negociación a favor de la guerrilla, en el caso del secuestro y crimen de lesa humanidad del empresario Oberdán Sallustro, a la sazón víctima del ERP.
Con estos antecedentes setentistas, durante su mandato, las deliberadas simpatías para con la guerrilla marxista no cesaron y salvo el caso semiparódico del lider montonero Mario Firmenich (quien apenas estuvo en cárcel unas semanas), jamás se promovió un solo juicio a un terrorista, dedicando toda su gestión a humillar a los militares, quienes, paradójicamente, en enero de 1989, lo salvaron del intento de golpe de Estado perpetrado por el ataque terrorista de la organización MTP (Movimientos Todos por la Patria), por entonces comandado por el asesino serial y ex guerrillero Enrique Gorriarán Merlo.
En política internacional, de la mano del canciller socialista Dante Caputo, la Argentina tuvo relaciones carnales con las tiranías marxistas de la época, votando, incluso, ante la ONU, en la Comisión de Derechos Humanos, en marzo de 1987, de manera negativa en la acusación que pesaba sobre Cuba por sus consabidas violaciones a los de derechos humanos. Es más, la empobrecida Argentina alfonsinista otorgó créditos incobrables a Nicaragua y Cuba por 400 y 600 millones de dólares, respectivamente. Asimismo, en su afán por consolidar lazos con los despotismos de la época, en avieso desprecio por la democracia y el sistema republicano, firmó “convenios culturales” con países de la talla de la República Argelina (3/12/84), Nicaragua (16/2/84), Cuba (9/8 y 13/11/84), Rusia (26/1 y 26/86) y Bulgaria (29/7/86).
Para júbilo de los delincuentes, Alfonsín fue también el padre del garantismo penal, promoviendo la sanción de las leyes 23.050 y 23.077, las cuales ampliaban la eximición de prisión y disminuían las penas para el infanticidio, ocupación de inmuebles y muchos otros delitos.
En cuanto a la administración de la cosa pública, la burocracia y el despilfarro socialista se expandieron desmesuradamente, y de ocho secretarías de Estado se pasó a 42; de 20 subsecretarías, a 96 y se nombró a 280.000 agentes públicos. Ferviente admirador del eurocomunismo, Alfonsín logró que, en 1985, el 50% de los medios de producción estuvieran en manos estatales y la Argentina se constituyó, poco después, en el país no comunista de mayor estatismo del mundo, secundando a Méjico.
En dicho lapso, se inauguró, además, la execrable práctica clientelista consistente en traficar miseria con “planes sociales”, los cuales, por entonces, estuvieron materializados en las famosas “cajas de PAN”, las que fueron quintuplicadas con motivo del desparramo de miseria que generó su “administración”, cuya cartera de economía fue mayormente capitaneada por Juan Vital Sourrouille.
Tan amante de la oratoria como de la pereza laboral, en 1986, por ejemplo, pronunció 130 discursos (uno cada dos días) y concurrió a su despacho 2,3 días por semana.2
En materia económica, tras pulverizar el signo peso, en 1985, lanzó el tristemente célebre plan Austral, un programa estatista basado en la emisión de moneda sin respaldo y controles de precios, el cual, por su perversión intrínseca, obviamente implosionó de manera dramática, y, para paliar los destrozos económicos y financieros, el “equipo de lujo” que lo asesoraba (así calificó públicamente a sus ministros, que no dejaron institución por destrozar) lanzó otra “genialidad”: el “Plan Primavera”, inaugurado el 3 de agosto de 1988. El cual no era otra cosa que una renovada aventura socialista que derivó en la hiperinflación más alta de la historia argentina. Desde el 10 de diciembre de 1983 hasta su abandono del poder, el 8 de julio de 1989, la inflación acumulada fue del 664.801 por ciento, la más alta en la historia mundial, después de la Segunda Guerra Mundial. La depreciación monetaria fue del 1.627.429 por ciento, y, entre el 6 de febrero y el 8 de julio de 1989, el Austral (signo monetario de entonces) se devaluó un 3.050 por ciento.
Durante los cinco años y medio de gestión progresista, el poder adquisitivo se desplomó entre un 107 y un 121 por ciento. La deuda externa recibida al comenzar su gestión arañaba los 40 mil millones de dólares, mientras que, cuando huyó de su cargo, dejó al país con 67 mil millones de dólares de deuda externa, treinta mil millones de dólares de deuda interna (ambos guarismos fueron unificados en los años 90), y sólo 38 millones de dólares de reserva en el Banco Central, con el país en default y la gente peregrinando despavorida por los desabastecidos mercados, para poder arrancar un paquete de azúcar o de yerba de las góndolas semivacías de la década del 80.
Durante los últimos tramos de su gobierno, en el país no había luz (la televisión empezaba a las 17, para que la gente no consumiera corriente eléctrica), no había agua, no funcionaban los teléfonos, peligraba la reserva de gas2 y, en tanto, Alfonsín seguía soñando en quedar en el olimpo de los próceres divagando con “el traspaso de la Capital a Viedma” y otros emprendimientos faraónicos. La sociedad empobrecida y angustiada escuchaba atónita el cúmulo de tonterías verbalizadas por el presidente-desertor, quien se escapó de su cargo seis meses antes de lo que ordenaba la Constitución Nacional, cuyo preámbulo se cansó de recitar en su campaña electoral, a efectos de hacerse pasar por un “gran demócrata”, que, además, no lo fue.
Tras su fuga, se dedicó a perturbar la política nacional desde fuera del poder institucional, destruyendo la Constitución Nacional en el ominoso “Pacto de Olivos” que él acordó con el entonces presidente Carlos Menem, y que fuera la antesala de la pésima reforma constitucional de 1994.
Ya en el año 2001, asociado implícitamente con Eduardo Duhalde, formó parte de la conspiración desestabilizadora que acabó en el derrocamiento de su par y correligionario, el presidente Fernando de la Rúa.1
Hoy 31 de marzo, a nueve años de su deceso, a través del grueso de los medios de comunicación y redes sociales, periodistas, políticos, funcionarios y opinólogos de las más diversas tendencias y orígenes se encargan de homenajear y cantar loas a su persona. Por ende, dese estas líneas no podemos dejar de manifestar nuestra indignación ante tan irresponsable y desmemoriado ensalzamiento a una trayectoria plagada de horrores y características negativas, puesto que esto último no sólo constituye un premio inmerecido, sino que, además, se falsea la historia otra vez, pretendiendo hacer pasar por estadista a quien fuera uno de los peores gobernantes de la triste historia argentina.
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El 25/05/73 Cámpora indultó y el Congreso amnistió a los dos mil terroristas condenados por la Cámara Federal Penal que fue disuelta y los jueces dejados cesantes.
Comisión Permanente de Homenaje a la Gesta del Atlántico Sur
23 de marzo de 2016 ·
Miércoles de Fuerza Aérea
(Hoy Grupo 5 de Caza)
Voces de otros horizontes que describen a nuestros Pilotos:
Octubre de 1982 - Pierre Closterman (as de la aviación Francesa durante la segunda guerra mundial):
-Rindo homenaje a los Pilotos Argentinos, porque la gente de coraje merece siempre todos los homenajes.
Profesionalmente, sus pilotos fueron los más exactos, no sólo de la Fuerza Aérea Argentina, sino de la aviación
integral. No sólo demostraron que eran buenos, sino que mejores que los mejores. Para mí que soy latino, fue un
orgullo.
"LA FUERZA AÉREA ARGENTINA, GANO SU BATALLA AERONAVAL CONTRA LA FLOTA INGLESA"
Mayo de 1982 - Telex N" 025/82 GHO 260582 de Lima – Perú. Firmado por General (Fuerza Aérea Peruana)
D.Benavidez CONROY:
"Los Héroes de la Aviación Argentina asombran al mundo, su pericia y falta de apego a la vida, los pone en la
gloria. ¡Viva Argentina!
"John Nott (Ministro de Defensa Inglés)": Los pilotos Argentinos están mostrando un gran coraje, ninguno puede
negarlo".
General Jeremy MOORE (jefe de las tropas Inglesas): "El cuerpo de Oficiales y muchos de sus técnicos fueron
sumamente capaces y esto fue particularmente notorio, en el caso de la valerosa Fuerza Aérea Argentina."
Michael NICHOLSON (De ITNA TV, INGLATERRA): "Los Marinos Británicos no pueden ocultar su admiración por el
valor de los pilotos argentinos".
The Observer: (Inglaterra); "nunca creí que iba a decir esto, pero deseo sacarme el sombrero ante los pilotos
Argentinos; han sido increíblemente bravos," manifestó un Coronel de la Real Infantería de la Marina Inglesa.
DPA—Londres: "Los pilotos Argentinos atacan asumiendo en pleno el riesgo de ser abatidos y de correr el destino
de tantos compañeros ya muertos en combate. La amenaza y peligro de la aviación, adquirió tal dimensión, que
los barcos de guerra Británicos están siempre dotados de nuevas armas aéreas".
RADIO DIEGO PORTALES (Chile): Los aviadores Argentinos se han ganado el reconocimiento mundial, hasta de los propios Británicos, por su valentía. Se observó como se lanzaban ante una verdadera muralla de misiles, obuses y ametralladoras antiaéreas, infligiendo bajas al enemigo.
BBC Londres: "Los aviadores Argentinos realmente estaban en todas partes, aunque sólo eran tres máquinas;
saltaban como demonios de un lado a otro, disparando cohetes contra nuestra flota y así como parecían sorpresivamente, de igual manera se fueron, sin que nada pudiéramos hacer para detenerlos".
ABC (Diario Español): "Es común decir que la Argentina ha sido bendecida por todos los dones del cielo y de la
tierra. Pero por sobre todo, ahora lo vemos por sus hijos que se hicieron aviadores".
REVISTA "AIR PROGRESS" (Estados Unidos): "El heroísmo de los pilotos Argentinos logró equilibrar un poco la
enorme diferencia de fuerzas".
HOMENAJE
"En la desolada pista de una Base patagónica, un joven Suboficial mecánico, ha quedado esperando vanamente el
regreso de "su" avión, que algo más que un par de horas antes, había inspeccionado para salir en misión de
combate y el tiempo fue pasando y aumentando su angustia. Esa máquina y ese piloto que el despidió con los
pulgares hacia arriba, no regresarían. Su espera, su soledad y su silencio, fueron en ese momento su íntimo y
propio homenaje."
(Extraído del libro Halcones de Malvinas de Carballo)
Nuestro Respeto y Admiración a cada uno de los Pilotos Argentinos que ofrendaron sus vidas y lucharon con valor y heroismo. Halcones por Siempre.