Nuestra Señora de Malvinas

jueves, 17 de agosto de 2017

General San Martín: "Robar es un delito, pero arruinar el País es traicionar a la Patria"


General Don José de San Martín, Padre de la Patria y católico practicante


         Los argentinos tenemos el orgullo de poseer un Padre de la Patria de religión católica, pero no solo, pues también era un devoto y piadoso practicante de la misma.
Muchos afirman que nuestro Padre de la Patria pertenecía a la secta de la Masonería, enemiga acérrima de la Iglesia Católica; sin embargo, existen abundantes pruebas y datos históricos que prueban lo contrario, esto es, que San Martín no solo no fue masón, sino que fue un católico ferviente, devoto y practicante. Una de sus declaraciones en favor de la Iglesia es la siguiente: “La religión católica, apostólica, romana es la religión del Estado. El gobierno reconoce como uno de sus primeros deberes el mantenerla y conservarla por todos los medios que estén al alcance de la prudencia humana. Cualquiera que ataque en público o en privado sus dogmas y principios, será castigado con severidad a proporción del escándalo que hubiere dado”. Proclamar que la religión católica es “religión del Estado” y que entre los principales deberes de este Estado se encuentra el “conservarla”, es una declaración que jamás haría un masón. Como tampoco lo que sigue: “Cualquiera que ataque en público o en privado sus dogmas y principios, será castigado con severidad a proporción del escándalo que hubiere dado”. La masonería tiene, entre sus fines declarados, la abolición de la religión, pero como bien sabe que la única religión verdadera es la católica, en realidad lo que persigue esta secta, con todas sus fuerzas, es la abolición de la religión católica, para lo cual se sirve de múltiples métodos, uno de los cuales es, por ejemplo, el de promocionar a las religiones falsas y a todo tipo de sectas, empezando por las ocultistas (es el caso, por ejemplo, de países comunistas como Cuba, en donde la santería o vudú es promovida desde la jerarquía de gobierno, como forma de contrarrestar la influencia de la Iglesia Católica).
Otra prueba que da cuenta de su catolicismo, es el haber encomendado a la Virgen del Carmen no solo el Cruce de los Andes –una de las mayores gestas militares de la historia-, sino también el haberla nombrado “Generala del Ejército Argentino”, de modo similar a como lo hiciera el General Belgrano con Nuestra Señora de la Merced, entregándole en ceremonia solemne del Bastón de Mando propio de quien ostenta este cargo. Además, el General San Martín –como así también Belgrano- procuraban que las tropas del Ejército Argentino tuvieran siempre acceso a la Santa Misa, para lo cual proveían de capellanes que celebraban el Santo Sacrificio del Altar, antes y después de las batallas. Como muestra también de su devoción mariana, profunda, filial y sincera, el General San Martín ordenaba que a los soldados se les impusiera el Escapulario de Nuestra Señora del Carmen, de manera que, si morían en batalla, tuvieran el cielo asegurado, luego de haber dado sus vidas por Dios y por la Patria.
Pocos países tienen la fortuna de poseer un Padre de la Patria católico, practicante y devoto de la Virgen. ¿Por qué la fortuna? Porque significa que en sus empresas y gestas, quien estuvo detrás suyo o, mejor, obrando a través suyo la Gesta emancipadora y quien forjó la nobleza de su alma y corazón, fue nada menos que la Madre de Dios. Como argentinos, no solo debemos dar gracias a Dios Nuestro Señor por habernos concedido un Padre de la Patria de la talla del General Don José de San Martín, sino que tenemos el deber moral –aunque estemos lejos de lograrlo- de imitarlo en sus virtudes, la principal de todas, su devoción mariana. Y esto significará que será la Madre de Dios la que guiará nuestros pasos como Nación, así como guió los pasos del Padre de la Patria.

         

martes, 8 de agosto de 2017

La Patria en grave peligro


La Verdad Tehuelche y la Gran Mentira Mapuche

Ante hechos gravísimos de público conocimiento que atentan contra la integridad de la Patria[1], no podemos permanecer callados, contemplando cómo los agresores y enemigos internos y externos de la Patria, disfrazados como grupos terroristas –RAM, Resistencia Ancestral Mapuche y CAM, Coordinadora Arauco Malleco-, pretenden inicuamente apoderarse del suelo nacional.
Nos encontramos en un momento sumamente delicado y peligroso de nuestra historia nacional, en el que los enemigos de la Patria, tanto internos como externos, intentan, por medio de la violencia armada, destruir a nuestra Patria en su identidad espiritual y moral, en su unidad nacional y en su integridad territorial.


Nos referimos, en este caso concreto, al grupo terrorista de pretendido origen mapuche –etnia indígena de origen chileno[2] que eliminó de modo sangriento a los verdaderos habitantes del sur de la Nación, los tehuelches[3]- auto-denominado RAM-CAM, cuyos mentores ideológicos se encuentran en Inglaterra, desgraciado país que construyó su imperio por medio del robo y el latrocinio a lo largo y ancho del mundo, incluidas nuestras Islas Malvinas.
Frente a los falsos reclamos territoriales de esta etnia indígena de origen chileno, debemos sacar a relucir la verdad histórica, único baluarte para los hombres de bien y principal defensa contra los agresores a la Patria.
La verdad histórica es que los Araucanos, como su nombre lo indica, son originarios de Arauco, región perteneciente a Chile; se hacen llamar “Mapuches” y llegaron a nuestro país catorce años después de la Declaración de la Independencia. En otras palabras, son chilenos de origen y llegaron a nuestra Patria cuando la Nación Argentina ya se había pronunciado como Nación independiente y soberano. Desde el inicio, los araucanos-mapuches, son ocupantes ilegítimos –invasores- de un territorio que no les pertenece. El primer grupo de invasores los constituyeron aproximadamente unos 100 indígenas capitaneados por Yanquetruz. Se afincaron en Neuquén y desde allí se fueron extendiendo hacia el sur y el norte.
A su condición de ilegítimos ocupantes de nuestro terreno patrio, le añadieron la condición de genocidas, pues está probado por la historia que los Araucanos aniquilaron a los Güenenaken, también llamados genéricamente “Tehuelches”, que eran los auténticos “aborígenes originarios” de la Patagonia norte argentina. Como es obvio, y tal como lo enseña la Historia, los Araucanos-Mapuches no son un “pueblo originario”, sino invasores e ilegítimos ocupantes de una tierra que no es la suya, además de ser genocidas. Aún más, se arrogan derechos inexistentes, como el de ser los “dueños ancestrales” (sic) de un extenso territorio ubicado en las Patagonias argentina y chilena. En su sitio en la red, dicen literalmente así, con manifiesta falsedad ideológica: “La Nación Mapuche está ubicada en el sur de los territorios que hoy ocupan los Estados de Chile y Argentina –afirma la MIL–. Hace un poco más de 130 años su territorio ancestral, y el de otros pueblos originarios aliados, se extendía desde el sur del río Bío-Bío (Chile) hasta el extremo austral del continente, y en Argentina desde los ríos Colorado y Salado hasta el estrecho de Magallanes (abarcando también) las islas Malvinas y la Antártida”[4].
El pretendido territorio araucano-mapuche, falsamente reclamado por esta etnia invasora y genocida, fue definitivamente incorporado al Territorio Nacional Argentino a través del Ejército Nacional, por medio de la Campaña del Desierto, al mando del General Roca, en su condición de Comandante en Jefe del Ejército Nacional y por encargo explícito del Sr. Presidente de la Nación Argentina en ese entonces, el Dr. Avellaneda, en 1879. Esta campaña estaba destinada a afianzar la integración, de hecho, a la geografía argentina, prácticamente la mitad de los territorios históricamente nuestros, y que estaban bajo el poder tiránico del malón Araucano, cuyos frutos más notables eran el robo de ganado, de mujeres y la provocación de incendios –tal como lo continúan haciendo en nuestros días los grupos terroristas araucano-mapuches RAM y CAM-.
En definitiva, la Campaña del Desierto, organizada por un país soberano y una Nación independiente, como la Argentina, terminó con la usurpación, el saqueo y la violencia del malón Araucano, por medio del Ejército Argentino. Lo que hizo nuestro país fue defender nuestra soberanía nacional sobre la Patagonia Argentina que los caciques chilenos ilegítimamente usurpaban. La expedición de Roca no fue una “campaña contra el indio”, sino el legítimo uso de la fuerza, por parte de un país soberano, utilizada para afianzar un territorio que era y es propio.
Los Araucanos-mapuches, además de ser invasores y genocidas, eran provistos de armas por el mismo país que nos robó las Islas Malvinas, Inglaterra, quien les proveía de fusiles Remington y carabinas Rolling Block, modelo 1866, de 11mm. El mecanismo era el siguiente: los araucanos los traían de su país, de Chile, a donde se los vendían los ingleses a cambio del ganado argentino robado en los malones. Prueba de ello, es que la columna del Ejército Nacional comandada por el General Villegas tenía como objetivo clausurar y controlar los pasos andinos por donde les llegaban a los araucanos los Rémington y el abastecimiento de municiones. Siendo los araucanos tradicionalmente muy guerreros –en el 1250 subieron hasta el norte y destruyeron el Imperio de Tiahuanaco-, al mando de Cafulcurá, ganaron las primeras batallas contra el Ejército Nacional, aunque finalmente nuestro glorioso Ejército Argentino triunfó sobre los invasores, emprendiendo la Reconquista y recuperando para la Patria esas tierras usurpadas.
Como se puede ver, sólo hay falsedad ideológica detrás de los supuestos “reclamos ancestrales”, provenientes de invasores, usurpadores y genocidas, a lo cual se le suma el hecho de haber sido pergeñado, este gravísimo atentado contra la Patria, en las oficinas del Foreign Office. En otras palabras, el uso del término “Mapuche” y las falsas reivindicaciones territoriales no son otra cosa que maniobras elaboradas en Inglaterra, con el objetivo manifiesto de desintegrar nuestro territorio nacional. Los denominados “Mapuches”[5] son sólo “originarios” –en el sentido de que allí se originaron- de Inglaterra y sus reclamos son nulos y carentes de toda legitimidad y rigor histórico.
Con respecto a la historia, no hay mención de estos invasores, como integrantes de la Nación Argentina, en la Historia Oficial de las Provincias, ni en los Museos de Historia de Neuquén, de Santa Cruz, Chubut, Río Negro, Mendoza, ni tampoco San Juan. No los mencionan ni Rosas ni Roca en la Campaña al Desierto, como así tampoco los historiadores, ni la famosa expedición a los Indios Ranqueles.
A partir de nuestra Independencia Nacional, los que nacemos en suelo argentino somos ARGENTINOS, es decir, pertenecemos a una Nación, la Nación Argentina, por lo que no caben falsas reivindicaciones indigenistas ni de pueblos originarios inexistentes. Desde comienzos del siglo XVI está presente la sangre hispana en todo el suelo argentino y los pueblos originarios de la Patagonia anteriores a esa fecha fueron las etnias TEHUELCHES, conformadas por distintos pueblos o “tribus” como los Ranqueles, los Puelches, Güenenaken, Pampas, Pehuenches, Aónikenk, etc.
El invento “mapuche” se origina en el siglo XIX, en las logias masónicas inglesas, que nunca dejaron de apetecer, como piratas que son, nuestro territorio nacional. Quien nace en suelo argentino, es ARGENTINO, y no tiene ningún derecho a reivindicar supuestos e inexistentes “reclamos ancestrales”, so pena de colaborar con la maniobra inglesa que inventó a los mapuches y su falso reclamo para desmembrar a la Patria Argentina, haciéndose además acreedor del despreciable título de “traidor a la Patria”.  
Los mapuches ocultan su verdadero origen araucano –natural de Arauco, Chile-, y ocultan además su condición de usurpadores y genocidas de los únicos y verdaderos originarios argentinos, los TEHUELCHES, a cuya etnia pertenecía uno de nuestros santos argentinos, Ceferino Namuncurá.
La Patria está en peligro, y en las personas de los próceres como San Martín, el General Belgrano, Rosas, y muchos otros más, llama a sus hijos a defenderla. Jamás permitiremos que nuestra Bandera Nacional sea cambiada por un trapo multicolor, que lo único que pretende es destruir nuestra espiritualidad católica, nuestra identidad nacional argentina y nuestro territorio patrio.



Argentina nació bajo la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo -los Congresales del 9 de Julio de 1816 firmaron el Acta de la Independencia al pie del Cristo de los Congresales- y su Bandera Nacional es el Manto celeste y blanco de la Inmaculada Concepción de Luján -el General Belgrano tomó para nuestra Enseña Nacional los colores de la Virgen de Luján, para así homenajear a la Virgen-, y así ha de permanecer, si Dios Nuestro Señor nos concede la fuerza y la sabiduría necesarias para derrotar a los enemigos internos y externos de Nuestra Patria Argentina. Que nos asistan en esta trascendental lucha el Dueño de nuestra Patria, el Hombre-Dios Jesucristo; la Patrona de nuestra Nación, la Inmaculada Virgen de Luján, y el Ángel Custodio de Argentina.

¡Viva la Patria!
¡Viva Cristo Rey, Dueño y Señor de la Patria Argentina!
¡Viva la Inmaculada Concepción, Patrona de la Patria Argentina!




[2] Cfr. Diccionario de Enciclopedia Salvat, Barcelona 1972, voz “Mapuche”: Adj.- Natural de Arauco - Perteneciente a esta Provincia de Chile.
[3] Tehuelche: Adj. y sust. - Dícese de un individuo de un pueblo amerindio cazador, que, con otros grupos, integró la llamada “Cultura de las Pampas” en Argentina y Uruguay. Exterminados en gran parte por los araucanos, quedan reducidos núcleos en Tierra del Fuego.

[5] En nuestro país, la comunidad Araucana que se hace llamar Mapuche aún no ha desarrollado acciones radicalizadas y violentas para hacerse de la posesión de tierras, pero en Chile -donde la población de etnia araucana es muy numerosa- ya han comenzado, a través de la vinculación con las F.A.R.C.

martes, 1 de agosto de 2017

Solo la Celeste y Blanca, el manto de la Inmaculada Concepción de Luján, es nuestra Bandera Nacional


Solo la Celeste y Blanca, el manto de la Inmaculada Concepción de Luján, es nuestra Bandera Nacional.




DIGAMOS "NO" A LA PRETENCIÓN DE IZAR LA BANDERA GAY "DESDE LAS COMISARÍAS HASTA LOS COLEGIOS"

4.822 Personas han firmado. Ayúdanos a llegar a 5.000 firmas
Por Argentinos Alerta · 23/07/2017
La Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires presentó un proyecto de ley para izar la bandera del orgullo gay los 17 de mayo en todos los organismos oficiales incluyendo colegios de nivel inicial, primarios, secundarios y universidades. En esa fecha se celebra el “Día Internacional Contra la Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género”.

El Gobierno de la Ciudad tiene un programa de la secretaría de Derechos Humanos que se llama “Bandera en alto” con el que buscan hacer actividades de este estilo para fechas puntuales, pero no es ley, por eso pretenden llevar adelante esta ley y obligar, mediante el cumplimiento de la misma, a que todos los organismos oficiales de C.A.B.A. icen la bandera multicolor: “desde los colegios hasta las comisarías”.

Pero ¿es necesario izar la bandera que representa a una minoría para evitar la “discriminación”? ¿Acaso no sería mejor que todos nos sintamos representados por la enseña Celeste y Blanca, la bandera de nuestra Patria Argentina?



Esta ley no busca la inclusión, sino la imposición de la ideología de género, por eso le pedimos al Presidente Mauricio Macri, a la Vicepresidenta Gabriela MIchetti, a Horacio Larreta, jefe de Gobierno Porteño y a los legisladores, que no aprueben esta ley que divide a los argentinos. 

Para más información:

Puede leer el proyecto de ley acá

¡FIRMA ESTA PETICIÓN AHORA!

Nombre *

Apellidos *

Correo electrónico *

padrealvarosanchezrueda@gmail.com


Código postal
FIRMA
Mantenme informado acerca de ésta y otras campañas de Argentinos Alerta
CitizenGO protegerá tu privacidad y te mantendrá informado/a sobre ésta y otras campañas.
La bandera gay no me representa
Sr. Mauricio Macri, Presidente de la Nación,

Sra. Gabriela Michetti, Vicepresidenta de la Nación,

Sr. Horacio Rodríguez Larreta, Jefe de Gobierno C.A.B.A.,

Sr. Francisco Quintana,

Sr. Gustavo Vera,

Sra. Lía Rueda,

Me dirijo a ustedes para expresar mi preocupación ante un proyecto de Ley que se encuentra en Comisiones en la Legislatura Porteña, que determina la obligatoriedad de izar la bandera LGTB en todos los organismos oficiales de la Ciudad todos los 17 de mayo.

Estoy de acuerdo en manifestar respeto y tolerancia hacia todas las personas, pero considero que el modo de fomentar la inclusión no debe ser mediante la obligatoriedad de izar una bandera que no me representa y que no representa a “todos los argentinos” sino sólo a una minoría. Esto no hace más que seguir dividiendo a la ciudadanía.

Considero que debemos buscar poder recuperar el respeto y amor a nuestra enseña Patria y que no se ice otra bandera sino la que nos representa a todos los que hemos nacido en Argentina y aquellos que han adoptado este país de puertas abiertas. 

Atentamente,
[Tu nombre]

Nuestra Bandera Nacional es el manto de la Inmaculada Concepción, Nuestra Señora de Luján



El General Manuel Belgrano, quien era ferviente devoto de la Inmaculada Concepción de Luján, tomó los colores del manto de la Virgen para nuestra Bandera Nacional, como un acto de piadosa devoción mariana puesto que su intención era homenajear a la Madre de Dios. Por esta razón afirmamos, con toda certeza, que nuestra Enseña Patria, celeste y blanca, es el manto de la Virgen de Luján, la Inmaculada Concepción. Los argentinos no tenemos otra bandera que el manto celeste y blanco de la Inmaculada Concepción.

domingo, 9 de julio de 2017

El Juramento de los Diputados al pie del Cristo de los Congresales el 9 de Julio de 1816, fundamento de nuestra Patria


         En estos días aciagos y oscuros en los que vivimos, en los que nuestra Amada Patria Argentina es acechada continuamente por ideologías extrañas a su Ser Nacional, en donde sus enemigos internos, infiltrados en altos estamentos de la política y desde allí, con leyes inicuas, pretenden pervertir y subvertir el Ser Nacional para reemplazarlos por doctrinas foráneas y dañinas, en donde nuestra Patria se encuentra indefensa frente a sus enemigos externos, al carecer en la práctica de medios de defensa; en donde sus héroes son perseguidos y encarcelados como criminales, mientras que los asaltantes del poder de ayer se parapetan en boletas electorales de hoy; en estos días aciagos y sombríos, decimos, en los que vivimos, es más necesario que nunca mantener, en la mente y en el corazón, la Verdad histórica del Nacimiento de nuestra Patria como Nación independiente y libre, porque en ese nacimiento se encuentran las raíces de nuestro Ser Nacional, y cuanto más fieles seamos a esas raíces, tanto mejor cumpliremos nuestro destino, pero cuanto más infieles seamos, más pronto estaremos condenados a ser gobernados por una runfla de vividores del Estado devenidos en politicastros del siglo XIX, que pretenden robar hasta las fechas patrias, porque convierten los aniversarios patrios en indecorosos, perversos e infames mítines políticos.
         Luego de dicho esto, recordemos brevemente cómo se gestó la Independencia de la Nación Argentina, y al reflexionar sobre los hechos, vemos que el 9 de Julio de 1816 fue una continuación y plasmación de los hechos del 25 de Mayo de 1810, los cuales de ninguna manera pueden ser considerados como “revolución”, desde el momento en que tanto en el 25 de Mayo como en el 9 de Julio, los patriotas argentinos dieron muestras del más alto grado de nobleza –siempre hay excepciones- al impulsar la Independencia Patria movidos, no por el afán de poder, venganza, lucro, sino asumiendo lo que el Derecho de la Madre Patria establecía para sus Provincias de ultramar, esto es, que asumieran por sí mismas el gobierno autónomo, cuando el gobierno central estuviera amenazado de muerte, tal como sucedió en España con la invasión napoleónica. En el ánimo de los patriotas de Mayo y de Julio de 1816, estuvo siempre presente el deseo de auto-gobierno solo por este motivo y es por eso que, a la par que se declaraba la más profunda fidelidad al rey de España, se decretaba, en el mismo momento, la independencia de su gobierno. En ningún momento los patriotas de Mayo y Julio pretendieron renegar, ni de la religión, ni de la cultura, ni del idioma heredados por la Madre Patria; sólo hicieron lo que era el deber de hijos bien nacidos de la Patria hacerlo: asumir el auto-gobierno, ante la acefalía del gobierno central de España. Jamás hubo traición, felonía, golpes de mano, traiciones, ambiciones; detrás de Mayo y de Julio está aquél doble movimiento de fidelidad al rey y a la Madre Patria por un lado, y la asunción del auto-gobierno por otro, lo que hace exclamar a Fray Castañeda que “el 25 de Mayo no es obra nuestra, sino de Dios” y que “debe amanecer cada 25 como un día sagrado, patrio, sublime, que ha de perpetuar nuestras alegrías”, y que ese día debe amanecer, viéndonos a todos postrados ante el altar de Dios dando gracias a gritos por tantas mercedes y bienes concedidos.
         El carácter noble del movimiento patriota del 25 de Mayo de 1810, se plasma en la fórmula del Juramento de los Diputados del Congreso de Tucumán en 1816, en donde se ratifica, a los pies del Cristo de los Congresales, donde se firmó el Acta de la Independencia, la Fe Católica como columna vertebral de la Nueva Nación Independiente, nacida a los pies del Señor Crucificado y cubierta con el manto celeste y blanco de la Inmaculada Virgen de Luján, Patrona y Dueña de Nuestra Patria Argentina.
         En efecto, en dicha fórmula, refrendada al pie del Cristo de los Congresales –y, por lo tanto, bañada con la Sangre del Cordero-, se lee aquello que constituye el Alma misma de la Patria Argentina. Las crónicas relatan así el magno momento: “Finalizada la ceremonia, se constituyeron todos en la casa del Congreso, donde el ciudadano presidente doctor Pedro Medrano, elegido provisionalmente para estos primeros actos, después de haber emitido juramento en manos del congresista de más edad y en presencia de todo el pueblo, recibió el de sus colegas. La fórmula del juramento sancionada en la ocasión, es claro exponente de las preocupaciones generales. Figuran, primero, la religión; luego, la integridad del territorio; y, en fin, el cumplimiento del propio encargo:
“¿Juráis a Dios Nuestro Señor y prometéis a la Patria conservar y defender a la Religión Católica, Apostólica, Romana?”.
“¿Juráis a Dios Nuestro Señor y prometéis a la Patria defender el territorio de las Provincias Unidas, promoviendo todos los medios importantes a conservar su integridad contra toda invasión enemiga?”.
“¿Juráis a Dios Nuestro Señor y prometéis a la Patria desempeñar fiel y lealmente los deberes anejos al cargo de diputado al Soberano Congreso para el que habéis sido nombrado?”.
“Si así lo hiciereis, Dios os ayude; y si no, os lo demande”.
Hoy, cuando generaciones de politicastros devenidos en auto-proclamados pseudo-próceres, han vaciado a nuestra Patria no solo de sus recursos materiales, sino ante todo de su espíritu nacional, profundamente cristológico y mariano –por lo cual deberían ser denunciados por Dios y por la Patria, por traición a sus juramentos- y cuando se la pretende envenenar con la doctrina pestilente de ideologías socialistas y liberales; hoy, más que nunca, es necesario volver a los fundamentos que firmaron los Congresales y que constituyen la columna vertebral, la mente, el corazón y el alma de Nuestra Patria, la Fe en Nuestro Señor Jesucristo y en su Madre, la Virgen de Luján.

Hoy, más que nunca, la Patria nos urge volver a los fundamentos de su Ser Nacional, la religión Católica, Apostólica y Romana, para que sus hijos, nosotros, que nacimos con la Sangre del Cordero y envueltos en el manto celeste y blanco de la Inmaculada Concepción de Luján, seamos capaces de dar la vida por la Restauración de sus fundamentos sobrenaturales y esto significa que nuestra Patria debe ser restaurada en Cristo Jesús, para que Él sea todo en todos; significa que, como Nación y como personas individuales, debemos tener siempre presente, en la mente y en el corazón, que “Jesucristo es Rey y Rey Supremo, y como Rey debe ser honrado. Su pensamiento debe estar en nuestras inteligencias; su moral en nuestras costumbres; su caridad en las instituciones; su justicia en las leyes; su acción en la historia; su culto en la religión; su vida en nuestra vida”, y su Sangre debe cubrirnos de pies a cabeza y debe cubrir cada centímetro cuadrado del territorio Patrio. 

martes, 20 de junio de 2017

La Bandera de la Patria, celeste y blanca, es el manto de la Virgen de Luján



         A pesar de lo que diga la historiografía liberal, acerca de que Belgrano se inspiró en el cielo celeste y blanco para darle los colores de la Patria, y a pesar de que algunos otros afirmen que el color original de la Bandera era azul y blanco, lo cierto es que, según lo atestiguan historiadores de renombre, los colores celeste y blanco fueron tomados por el General Belgrano, del manto de la Virgen de Luján, que es la Inmaculada Concepción. Entre los testimonios recogidos por los historiadores, está el del mismo hermano de Belgrano, quien afirmó: “Mi hermano tomó los colores de la Bandera del manto de la Inmaculada de Luján, de la cual era ferviente devoto”.
         En efecto, Belgrano, ferviente devoto de la Virgen, tomó los colores del manto de la Inmaculada de Luján, para darle los colores a la Bandera Nacional de nuestra Amada Patria, con lo cual podemos decir, sin equivocarnos y con absoluta certeza, que la Bandera de la Patria, celeste y blanca, es el manto de la Virgen de Luján, la Inmaculada Concepción.


         Ahora bien, este hecho, que Belgrano haya deseado homenajear a la Virgen tomando los colores de su manto para nuestra Bandera, tiene un significado que sobrepasa la buena voluntad y la devoción de Belgrano a la Virgen. En efecto, tratándose de un acto de devoción mariana, es una gracia y, como tal, es inspirada por el cielo. Precisamente, es la Virgen Santísima la Mediadora de toda gracia, lo cual significa que el deseo de Belgrano de tomar los colores del manto de la Virgen de Luján, no surgió de su noble y buen corazón, por cuanto de bueno y noble pueda tener, sino que le fue inspirado por la misma Virgen y, si por la Virgen, también por el mismo Dios Nuestro Señor. En otras palabras, si la creación del acto de la Bandera Nacional Argentina fue un acto de devoción mariana, esto no fue más que el haber secundado Belgrano, con docilidad, las inspiraciones celestiales, que suave y dulcemente inspiraban en su corazón el deseo de que la Bandera de la Nación Argentina llevara los colores del manto de la Inmaculada Concepción. Significa entonces que nuestra amada Patria lleva, como distintivo nacional, el manto de la Virgen Inmaculada de Luján.
         No en vano Liniers decía a sus soldados: “Cuando beséis la Bandera, pensad que besáis el manto de la Virgen Inmaculada”.

         Cuando veamos entonces flamear la Bandera en los cielos de nuestra Patria –que pronto flamee, para siempre, en el territorio cautivo de nuestra Patria-, llenos de santo orgullo, saludemos a la Bandera Nacional y, desde lo más profundo del corazón, demos gracias a Dios por habernos regalado, por medio del General Belgrano, la Bandera Nacional más hermosa de todas las naciones de la tierra, el Manto celeste y blanco de la Virgen Santísima de Luján, la Inmaculada Concepciónl, y le pidamos que, con su omnipotencia divina, nos conceda el triunfo sobre los enemigos internos y externos de nuestra Patria.

jueves, 25 de mayo de 2017

Padre Castañeda: el 25 de Mayo debe amanecer como un día memorable y santo por ser obra de Dios y no nuestra


         Contrariamente a lo que la historiografía liberal, progresista y filo-masónica que recibimos los argentinos desde nuestros primeros años –y que luego se prolonga por toda la vida-, el 25 de Mayo no fue ni una Revolución, en el sentido más literal de la palabra, ni mucho menos una ruptura con la cultura, la religión y el espíritu hispano recibidos de nuestra Madre Patria, España, sino una mera ruptura a nivel político y esto no por “revuelta” de los patriotas argentinos contra España, sino una resolución pacífica tomada con plena conciencia y en total respeto al derecho natural vigente en la época.
         Que el 25 de Mayo no fue una ruptura con la cultura, la religión y el espíritu hispano recibidos de nuestra Madre Patria, es un hecho más que evidente, puesto que lo más preciado que hemos recibido de España –de modo similar a como un niño recibe el don más preciado por parte de su madre-, esto es, el idioma español y la Religión Católica, lo seguimos ostentando, con orgullo, hasta nuestros días.
         Que no haya sido una “Revolución”, en el sentido más literal de la palabra, lo cual implica rebelión contra un tirano opresor, violencia, ejecuciones, disparos, odio entre facciones rivales, traiciones, etc., lo atestiguan los mismos hechos, y que no se haya faltado a la ley y el derecho naturales vigentes en la época, lo atestiguan también numerosos historiadores de renombre.
         El 25 de Mayo, entonces, no fue una “revolución”, ni tampoco una rebelión contra la Madre Patria España. ¿Qué fue? Nadie más autorizado para describirnos el 25 de Mayo, que un testigo de la época, el Padre Francisco de Paula Castañeda, Fraile conventual de la Orden de los Franciscanos.
         Acerca del 25 de Mayo, el Padre Castañeda nos dice que es “un día memorable, santo, noble, obra de Dios y no nuestra”[1]. Con esta primera descripción, se quita a este día la ignominia de ser una “revolución”, es decir, una rebelión, tal como sucede entre los hombres, plena de violencias y traiciones, desde el momento en que es “un día memorable, santo, noble, obra de Dios y no nuestra”. En palabras del Padre Castañeda, el 25 de Mayo no solo no es un día de ignominia, manchado por la violencia del hombre, sino un día que es “obra de Dios” y, por esto mismo, “memorable, santo, noble”.
Sin embargo, no finaliza aquí la descripción del 25 de Mayo según el Padre Castañeda, que describe a este día en las antípodas de una revolución sangrienta, en la que los gobernados deciden levantar, de manera violenta, la mano contra sus supuestos opresores. Lejos de eso, los patriotas de Mayo, al mismo tiempo que declaraban la Independencia, realizaban el gesto más noble que una Nación pueda realizar respecto a la Nación-madre, es decir, a la que le dio origen, y fue una declaración de filial respeto y afecto hacia la Madre Patria, y todo esto, respetando el derecho vigente. En efecto, el ser nacional argentino nace noble de cuna, porque en el mismo acto en el que declara su fidelidad a la Madre Patria, representada en el rey de España, en ese mismo acto, asume, sin faltar a la ley natural y al derecho, y casi como obligado por las circunstancias –la acefalía de España al haber sido tomado prisionero el Rey Fernando VII por Napoleón-, su auto-gobierno, tal como lo mandaba el mismo derecho español. Por otra parte, y como un elemento medular de este acto de no de rebelión sino de reconocimiento filial a España, los patriotas no reniegan, en ningún momento, ni de la religión católica ni de la cultura hispana heredada de España. Todo esto lleva a decir al Padre Castañeda que el día del nacimiento de nuestro Ser Nacional Argentino, el 25 de Mayo, es un día “noble”, que recordará por siempre, a los argentinos, que nuestro nacimiento no fue obra de la violencia y la venganza, sino “obra de Dios” y expresión del amor filial a España, y que por esto mismo, este día “perpetuará nuestras glorias y felicidades”[2] y “felicidades” y será “nuestro consuelo”, al haber sido “obra de Dios y no nuestra”.
En otras palabras, el 25 de Mayo se encuentra en las antípodas de la historiografía liberal y filo-masónica enseñada en los manuales de Historia argentinos, puesto que, lejos de ser una “revolución”, el 25 de Mayo fue, al mismo tiempo que una declaración de lealtad y fidelidad al Rey y a España, una declaración de nuestra independencia política, asumiendo la Nación su auto-gobierno, tal como lo dictaban tanto el derecho vigente, como la grave situación provocada por la invasión del ejército napoleónico, que desestabilizaba a la corona española y a la Nación española toda, incluida sus provincias de ultramar, entre ellas, nuestro Virreinato del Río de la Plata. Esta visión se confirma desde el momento en que se realiza la declaración de la independencia, no para denostar y renegar del legado de la Madre Patria sino, por el contrario, para conservar y defender su legado religioso y cultural.
Es esto lo que lleva al Padre Castañeda a realizar las siguientes afirmaciones acerca de esta fecha patria: “El día 25 de Mayo es el padrón y monumento eterno de nuestra heroica fidelidad a Fernando VII; es también el origen y el principio de nuestra absoluta independencia política; es el fin de nuestra servidumbre”[3].
Entonces, en las palabras del P. Castañeda –y lo volvemos a decir-, no hubo una revolución, sino que se trató de un acto verdaderamente patriótico, porque en la persona de los patriotas, la naciente Patria Argentina, a la vez que comienza su vida nacional independiente, se mantiene sin embargo, en un acto que la honra y ennoblece, fiel a España. Y la asunción del auto-gobierno no se hace arrebatando el poder por la fuerza, sino que, manteniendo vigente el derecho natural que afirmaba que las Provincias españolas de ultramar podían y debían asumir su auto-gobierno en casos graves como el que se les presentaba a los patriotas, ya que las potencias anglo-francesas emergentes habrían tomado estas tierras como su coto de caza. La independencia política fue lo que se debía hacer, desde el momento en que el rey de España no podía gobernarnos, al ser hecho prisionero. Declarar la independencia fue, en un mismo acto, una separación política pero también una declaración de fidelidad al rey de España y a la Madre Patria, realizada para conservar su legado religioso y cultural, evitando al mismo tiempo ser presa fácil de las potencias anglo-francesas.
Por último, y siempre según el P. Castañeda, todo esto –asumir noblemente nuestro auto-gobierno, declarar nuestra fidelidad a la Madre Patria y vernos libres del enemigo extranjero que lo único que quería era saquear estas tierras-, “no fue obra nuestra, sino de Dios”, y es por esa razón que cada 25 de Mayo debe amanecer como lo que es, “un día memorable, santo, noble, obra de Dios y no nuestra”.
¿Cómo celebrar un día tan grandioso para cada uno de los argentinos? Siendo “obra de Dios”, es justo que se lo celebre con la acción de gracias por excelencia, la Santa Misa, renovación incruenta del Santo Sacrificio de la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo. Dice así el Padre Castañeda: “(...) el día Veinticinco de Mayo es (un día) solemne, sagrado, augusto y patrio (el 25 de Mayo) Es y será siempre un día memorable y santo, que ha de amanecer cada año para perpetuar nuestras glorias, nuestro consuelo y nuestras felicidades” (y por lo tanto) “...en este día, todos con entusiasmo divino, llenos de piedad, humanidad y religión, debemos postrarnos delante de los altares, confesando a voces el ningún mérito que ha precedido en nosotros a tantas misericordias”[4].
En un día “solemne, sagrado, augusto y patrio”, como lo es el 25 de Mayo, y en acción de gracias a Dios Uno y Trino, “postrémonos ante los altares”, como pide el Padre Castañeda, ofreciendo a Dios la Víctima Inmolada, Jesucristo, Nuestro Señor, Patrono y Dueño de la Patria, en acción de gracias por habernos concedido este día “memorable, santo, augusto”, como nacimiento de nuestra amada Patria Argentina.






[1] Cfr. Guillermo Furlong, Fray Francisco de Paula Castañeda. Un testigo de la Patria naciente, Ediciones Castañeda, 1994, 381-382.
[2] Cfr. Castañeda, passim.
[3] Cfr. ibidem.
[4] Cfr. ibidem.

martes, 9 de mayo de 2017

¡Dichosa nuestra Patria que tiene por Dueña y Patrona a la Madre de Dios, Nuestra Señora de Luján!


         Según la crónica que narra el modo en el que la Virgen de Luján se quedó en nuestra Patria, no caben dudas de que fue un milagro y, si fue un milagro, fue una intervención deseada por el cielo. En otras palabras, el hecho de que la Inmaculada Concepción, Nuestra Señora de Luján, sea Dueña y Patrona de la Nación Argentina, no se deriva de una piadosa iniciativa de un grupo de vecinos, ni tampoco se trata de una trama urdida por sacerdotes demasiado celosos que pretendían implantar una devoción mariana a toda una Nación: el hecho de que la Inmaculada Concepción, por medio de un milagro, se quedara en nuestro suelo argentino, se debe a un explícito designio divino, por el cual la Madre de Dios, bajo la advocación de “Nuestra Señora de Luján”, habría de ser la Dueña y Patrona de la Nación Argentina y la Madre de todos los argentinos.
         Como una ratificación de este designio divino, la Bandera Nacional Argentina lleva, con orgullo, los colores del Manto de la Inmaculada de Luján, pues está documentado históricamente que el General Belgrano, gran devoto de la Virgen, tomó los colores de la Bandera de la Patria del Manto de la Virgen de Luján, como un modo de honrar a la Inmaculada Concepción.
         Las raíces de nuestro Ser Nacional son, por lo tanto, pura y exclusivamente marianas y cristológicas –porque donde está la Madre, está el Hijo- y esto quiere decir que los argentinos debemos responder al designio divino que ha querido que nuestro Ser nacional sea mariano y cristológico.

         Cuanto más amor a la Virgen y a Jesús profesemos, tanto más los argentinos realizaremos el designio divino para nuestra Patria.

viernes, 31 de marzo de 2017

¡Gloria eterna a los Héroes de Malvinas!


¡Gloria eterna a los Héroes de Malvinas e ignominia sin fin a los infames traidores a la Patria!
¡Las Islas Malvinas fueron, son y serán argentinas!

         El hecho de que una Nación posea héroes que lucharon y dieron sus vidas por su Patria, como nuestros soldados que lucharon y murieron en Malvinas, es un motivo de orgullo para los argentinos todos, pues indica que la Patria tuvo y tiene hijos valiosísimos, que así como ayer en Malvinas no dudaron en combatir para recuperar nuestras Islas, así tampoco sus hijos de hoy dudarán cuando deban defender el honor patrio.
         La Batalla de Malvinas fue la gesta más heroica de todas las gestas heroicas de la Patria, porque fue llevada a cabo para recuperar el territorio patrio, ocupado por el infame usurpador inglés, que no sabe de gestos de hombría, honra y valor, sino de atraco, robo, asalto, saqueo y despojo de todo lo que su avaricia ambiciona.
Los gloriosos héroes de Malvinas, los soldados argentinos de todos los rangos, desde el general más encumbrado, hasta el soldado conscripto más bajo en la escala jerárquica, además de haber lavado la deshonra de la Patria Argentina, hollada por los invasores ingleses, nos llenan de un sano y santo orgullo, porque nos demuestran que el valor del dueño que intenta recuperar lo que le robaron es superior a la cobardía del ladrón, que se apropia indebidamente de lo ajeno; nos demuestran que la verdad de que las Islas Malvinas son argentinas es superior a la mentira del robo inglés, y nos demuestran que cuando la Patria es ofendida, sus hijos más nobles y dignos lavan esta afrenta con su propia sangre.
En la Batalla de Malvinas se destacaron, de entre todos los héroes, aquellos que nunca se rindieron, disparando hasta el último cartucho; aquellos que se quedaron ametrallando a los enemigos, para poner a salvo al resto de los compañeros; aquellos que arriesgaron sus vidas para salvar la Bandera Nacional, celeste y blanca, como el manto de la Virgen. A ellos, y a todos los héroes combatientes de Malvinas, a los que están sepultados en suelo patrio ocupado ilegalmente por el pirata inglés, a los que murieron en las heladas aguas del Atlántico, al hundirse el Crucero A.R.A. General Belgrano, a los que combatieron y regresaron con el dolor de haber perdido la Batalla de Puerto Argentino, a todos ellos, nuestro mayor agradecimiento, reconocimiento y honor, por haber peleado contra los enemigos jurados de la Patria, contra los ladrones de tierras ajenas, los ingleses. A nuestros bravos héroes –y también santos, porque el que muere por la Patria, muere por Dios, que es Quien nos regaló la Patria-, les decimos: ¡Gloria eterna a los Héroes de Malvinas!

Que Nuestra Señora de Malvinas, en cuyo nombre se inició el Operativo de Recuperación de las Islas, llamado “Operativo Virgen del Rosario”, cubra con su manto, en el cielo, a las almas de nuestros bravos héroes y santos soldados argentinos que lucharon en Malvinas, y que a nosotros nos conceda al menos un mínimo del coraje y valentía que ellos tuvieron, porque la Patria sigue acechada, por los enemigos externos, que continúan ocupando ilegalmente el suelo argentino, y por los enemigos internos, argentinos cipayos vendidos a ideologías populistas y neo-marxistas, que buscan socavar la Patria en sus más profundos cimientos morales y espirituales, reemplazando su Ser nacional católico e hispano por una ideología anti-cristiana y neo-pagana. Es decir, los enemigos de la Patria no son solo los usurpadores e invasores ingleses, sino también muchos argentinos que buscan quitar el Nombre de Dios y de la Virgen del alma de la Patria Argentina. Si por haber luchado contra los enemigos externos, pedimos para nuestros héroes al Altísimo, por medio de Nuestra Señora de Malvinas y también por la intercesión del Ángel Custodio de Argentina, la gloria eterna para los Héroes de Malvinas, como también de igual manera pedimos la ignominia sin fin para los usurpadores y para los infames traidores a la Patria.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Gran noticia para la Patria: reconocimiento de soberanía sobre plataforma marítima aumenta 35% el territorio nacional y fortalece reclamo de Malvinas frente a usurpadores ingleses



Florencio Aceñolaza y el nuevo mapa oficial de la Argentina, incluyendo en verde el límite de la plataforma continental aprobada por la ONU. 


La Organización de las Naciones Unidas (ONU) le reconoció a la Argentina un planteo técnico de soberanía sobre la plataforma marítima, lo que supone no sólo un fuerte respaldo en la disputa contra Reino Unido por Malvinas, sino que el país agrandará su territorio por lo menos un 35%.

La Comisión de Límites de la Plataforma Continental (CLPC) —un grupo de expertos internacionales que funciona en las Naciones Unidas— adoptó por consenso las recomendaciones sobre una presentación argentina realizada en 2009, sobre el límite exterior de su plataforma continental. Esa presentación fue liderada por el geólogo tucumano (por adopción, ya que nació en Entre Ríos) Florencio Aceñolaza.

La resolución de la ONU supone en los hechos que la Argentina agrandará un 35% su plataforma marítima, es decir 1,7 millón de kilómetros cuadrados hasta el límite del tramo que comprende a las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, lo que supone un avance en la disputa contra el Reino Unido.

La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, a la que el país se adhirió en 1994, determina el derecho de cada estado ribereño del mundo a fijar su límite exterior, conforme a normas técnicas y procesales, y en ese contexto la Argentina realizó su presentación en mayo de 2009.

"Ésta es una ocasión histórica para la Argentina. Hemos dado un gran paso en la demarcación del límite exterior de nuestra plataforma continental: el límite más extenso de la Argentina y nuestra frontera con la humanidad", dijo la canciller Susana Malcorra.

La Comisión del Límite Exterior de la Plataforma Continental (CLPC) adoptó por unanimidad las recomendaciones sobre la presentación argentina y la reconoció como un leading case, porque el país fue el primero en usar todos los elementos permitidos por las normas vigentes.

"Es un logro muy significativo de la política exterior argentina. Estamos reafirmando nuestros derechos de soberanía sobre los recursos de nuestra plataforma continental: minerales, hidrocarburos y especies sedentarias. La demarcación del límite exterior de la plataforma continental constituye un verdadero ejemplo de política de Estado: se ha trabajado con profesionalismo durante casi 20 años", destacó Malcorra.

El líder de la presentación realizada en 2009, el geólogo Florencio Aceñolaza, ex secretario general de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), sostuvo que la resolución de Naciones Unidas "pone de manifiesto que el conflicto con Gran Bretaña por Malvinas sí existe" y permite a la Argentina operar en una superficie marítima que hasta esta semana no estaba reconocida en el mundo como suya.

"Ahora se puede desarrollar la minería, la actividad petrolera y de recursos vivos sin ningún problema. Es un reconocimiento oficial sobre un territorio marítimo que no teníamos aún reconocido", explicó Aceñolaza.

Indicó que "la superficie argentina emergida, es decir la que no está bajo el agua, es de aproximadamente 3,5 millones de kilómetros cuadrados, y lo que está bajo el mar, incluyendo Malvinas, es alrededor de 4 millones de kilómetros cuadrados".

"La presentación argentina fue por todo ese territorio, que es prácticamente otra Argentina. Debido al conflicto con Reino Unido, la ONU se excusó de expedirse sobre la parte que comprende a las Malvinas y las Antillas del Sur, pero sí opinó sobre el tramo precedente", explicó Aceñolaza, y agregó que esto supone que el país agranda oficialmente su territorio un 35% y que "el otro 65% está pendiente".

"Ojalá que la Argentina tome una conciencia marítima y tome nota de que una parte importante del territorio está sumergido pero tiene potencialidad", expresó y agregó: "Es un paso adelante enorme. La argentina tiene que empezar a pensar cómo proteger y desarrollar una política económica sobre ese territorio". - See more at: http://www.contextotucuman.com/nota/37823/el-tucumano-acenolaza-fue-el-artifice-de-la-presentacion-ante-la-onu-que-permite-agrandar-35_por_ciento-la-superficie-de-la-argentina-y-fortalece-el-derecho-sobre-malvinas.html#sthash.JGyL1Pvg.bGf6YwnO.dpuf