Nuestra Señora de Malvinas

domingo, 9 de julio de 2017

El Juramento de los Diputados al pie del Cristo de los Congresales el 9 de Julio de 1816, fundamento de nuestra Patria


         En estos días aciagos y oscuros en los que vivimos, en los que nuestra Amada Patria Argentina es acechada continuamente por ideologías extrañas a su Ser Nacional, en donde sus enemigos internos, infiltrados en altos estamentos de la política y desde allí, con leyes inicuas, pretenden pervertir y subvertir el Ser Nacional para reemplazarlos por doctrinas foráneas y dañinas, en donde nuestra Patria se encuentra indefensa frente a sus enemigos externos, al carecer en la práctica de medios de defensa; en donde sus héroes son perseguidos y encarcelados como criminales, mientras que los asaltantes del poder de ayer se parapetan en boletas electorales de hoy; en estos días aciagos y sombríos, decimos, en los que vivimos, es más necesario que nunca mantener, en la mente y en el corazón, la Verdad histórica del Nacimiento de nuestra Patria como Nación independiente y libre, porque en ese nacimiento se encuentran las raíces de nuestro Ser Nacional, y cuanto más fieles seamos a esas raíces, tanto mejor cumpliremos nuestro destino, pero cuanto más infieles seamos, más pronto estaremos condenados a ser gobernados por una runfla de vividores del Estado devenidos en politicastros del siglo XIX, que pretenden robar hasta las fechas patrias, porque convierten los aniversarios patrios en indecorosos, perversos e infames mítines políticos.
         Luego de dicho esto, recordemos brevemente cómo se gestó la Independencia de la Nación Argentina, y al reflexionar sobre los hechos, vemos que el 9 de Julio de 1816 fue una continuación y plasmación de los hechos del 25 de Mayo de 1810, los cuales de ninguna manera pueden ser considerados como “revolución”, desde el momento en que tanto en el 25 de Mayo como en el 9 de Julio, los patriotas argentinos dieron muestras del más alto grado de nobleza –siempre hay excepciones- al impulsar la Independencia Patria movidos, no por el afán de poder, venganza, lucro, sino asumiendo lo que el Derecho de la Madre Patria establecía para sus Provincias de ultramar, esto es, que asumieran por sí mismas el gobierno autónomo, cuando el gobierno central estuviera amenazado de muerte, tal como sucedió en España con la invasión napoleónica. En el ánimo de los patriotas de Mayo y de Julio de 1816, estuvo siempre presente el deseo de auto-gobierno solo por este motivo y es por eso que, a la par que se declaraba la más profunda fidelidad al rey de España, se decretaba, en el mismo momento, la independencia de su gobierno. En ningún momento los patriotas de Mayo y Julio pretendieron renegar, ni de la religión, ni de la cultura, ni del idioma heredados por la Madre Patria; sólo hicieron lo que era el deber de hijos bien nacidos de la Patria hacerlo: asumir el auto-gobierno, ante la acefalía del gobierno central de España. Jamás hubo traición, felonía, golpes de mano, traiciones, ambiciones; detrás de Mayo y de Julio está aquél doble movimiento de fidelidad al rey y a la Madre Patria por un lado, y la asunción del auto-gobierno por otro, lo que hace exclamar a Fray Castañeda que “el 25 de Mayo no es obra nuestra, sino de Dios” y que “debe amanecer cada 25 como un día sagrado, patrio, sublime, que ha de perpetuar nuestras alegrías”, y que ese día debe amanecer, viéndonos a todos postrados ante el altar de Dios dando gracias a gritos por tantas mercedes y bienes concedidos.
         El carácter noble del movimiento patriota del 25 de Mayo de 1810, se plasma en la fórmula del Juramento de los Diputados del Congreso de Tucumán en 1816, en donde se ratifica, a los pies del Cristo de los Congresales, donde se firmó el Acta de la Independencia, la Fe Católica como columna vertebral de la Nueva Nación Independiente, nacida a los pies del Señor Crucificado y cubierta con el manto celeste y blanco de la Inmaculada Virgen de Luján, Patrona y Dueña de Nuestra Patria Argentina.
         En efecto, en dicha fórmula, refrendada al pie del Cristo de los Congresales –y, por lo tanto, bañada con la Sangre del Cordero-, se lee aquello que constituye el Alma misma de la Patria Argentina. Las crónicas relatan así el magno momento: “Finalizada la ceremonia, se constituyeron todos en la casa del Congreso, donde el ciudadano presidente doctor Pedro Medrano, elegido provisionalmente para estos primeros actos, después de haber emitido juramento en manos del congresista de más edad y en presencia de todo el pueblo, recibió el de sus colegas. La fórmula del juramento sancionada en la ocasión, es claro exponente de las preocupaciones generales. Figuran, primero, la religión; luego, la integridad del territorio; y, en fin, el cumplimiento del propio encargo:
“¿Juráis a Dios Nuestro Señor y prometéis a la Patria conservar y defender a la Religión Católica, Apostólica, Romana?”.
“¿Juráis a Dios Nuestro Señor y prometéis a la Patria defender el territorio de las Provincias Unidas, promoviendo todos los medios importantes a conservar su integridad contra toda invasión enemiga?”.
“¿Juráis a Dios Nuestro Señor y prometéis a la Patria desempeñar fiel y lealmente los deberes anejos al cargo de diputado al Soberano Congreso para el que habéis sido nombrado?”.
“Si así lo hiciereis, Dios os ayude; y si no, os lo demande”.
Hoy, cuando generaciones de politicastros devenidos en auto-proclamados pseudo-próceres, han vaciado a nuestra Patria no solo de sus recursos materiales, sino ante todo de su espíritu nacional, profundamente cristológico y mariano –por lo cual deberían ser denunciados por Dios y por la Patria, por traición a sus juramentos- y cuando se la pretende envenenar con la doctrina pestilente de ideologías socialistas y liberales; hoy, más que nunca, es necesario volver a los fundamentos que firmaron los Congresales y que constituyen la columna vertebral, la mente, el corazón y el alma de Nuestra Patria, la Fe en Nuestro Señor Jesucristo y en su Madre, la Virgen de Luján.

Hoy, más que nunca, la Patria nos urge volver a los fundamentos de su Ser Nacional, la religión Católica, Apostólica y Romana, para que sus hijos, nosotros, que nacimos con la Sangre del Cordero y envueltos en el manto celeste y blanco de la Inmaculada Concepción de Luján, seamos capaces de dar la vida por la Restauración de sus fundamentos sobrenaturales y esto significa que nuestra Patria debe ser restaurada en Cristo Jesús, para que Él sea todo en todos; significa que, como Nación y como personas individuales, debemos tener siempre presente, en la mente y en el corazón, que “Jesucristo es Rey y Rey Supremo, y como Rey debe ser honrado. Su pensamiento debe estar en nuestras inteligencias; su moral en nuestras costumbres; su caridad en las instituciones; su justicia en las leyes; su acción en la historia; su culto en la religión; su vida en nuestra vida”, y su Sangre debe cubrirnos de pies a cabeza y debe cubrir cada centímetro cuadrado del territorio Patrio. 

martes, 20 de junio de 2017

La Bandera de la Patria, celeste y blanca, es el manto de la Virgen de Luján



         A pesar de lo que diga la historiografía liberal, acerca de que Belgrano se inspiró en el cielo celeste y blanco para darle los colores de la Patria, y a pesar de que algunos otros afirmen que el color original de la Bandera era azul y blanco, lo cierto es que, según lo atestiguan historiadores de renombre, los colores celeste y blanco fueron tomados por el General Belgrano, del manto de la Virgen de Luján, que es la Inmaculada Concepción. Entre los testimonios recogidos por los historiadores, está el del mismo hermano de Belgrano, quien afirmó: “Mi hermano tomó los colores de la Bandera del manto de la Inmaculada de Luján, de la cual era ferviente devoto”.
         En efecto, Belgrano, ferviente devoto de la Virgen, tomó los colores del manto de la Inmaculada de Luján, para darle los colores a la Bandera Nacional de nuestra Amada Patria, con lo cual podemos decir, sin equivocarnos y con absoluta certeza, que la Bandera de la Patria, celeste y blanca, es el manto de la Virgen de Luján, la Inmaculada Concepción.


         Ahora bien, este hecho, que Belgrano haya deseado homenajear a la Virgen tomando los colores de su manto para nuestra Bandera, tiene un significado que sobrepasa la buena voluntad y la devoción de Belgrano a la Virgen. En efecto, tratándose de un acto de devoción mariana, es una gracia y, como tal, es inspirada por el cielo. Precisamente, es la Virgen Santísima la Mediadora de toda gracia, lo cual significa que el deseo de Belgrano de tomar los colores del manto de la Virgen de Luján, no surgió de su noble y buen corazón, por cuanto de bueno y noble pueda tener, sino que le fue inspirado por la misma Virgen y, si por la Virgen, también por el mismo Dios Nuestro Señor. En otras palabras, si la creación del acto de la Bandera Nacional Argentina fue un acto de devoción mariana, esto no fue más que el haber secundado Belgrano, con docilidad, las inspiraciones celestiales, que suave y dulcemente inspiraban en su corazón el deseo de que la Bandera de la Nación Argentina llevara los colores del manto de la Inmaculada Concepción. Significa entonces que nuestra amada Patria lleva, como distintivo nacional, el manto de la Virgen Inmaculada de Luján.
         No en vano Liniers decía a sus soldados: “Cuando beséis la Bandera, pensad que besáis el manto de la Virgen Inmaculada”.

         Cuando veamos entonces flamear la Bandera en los cielos de nuestra Patria –que pronto flamee, para siempre, en el territorio cautivo de nuestra Patria-, llenos de santo orgullo, saludemos a la Bandera Nacional y, desde lo más profundo del corazón, demos gracias a Dios por habernos regalado, por medio del General Belgrano, la Bandera Nacional más hermosa de todas las naciones de la tierra, el Manto celeste y blanco de la Virgen Santísima de Luján, la Inmaculada Concepciónl, y le pidamos que, con su omnipotencia divina, nos conceda el triunfo sobre los enemigos internos y externos de nuestra Patria.

jueves, 25 de mayo de 2017

Padre Castañeda: el 25 de Mayo debe amanecer como un día memorable y santo por ser obra de Dios y no nuestra


         Contrariamente a lo que la historiografía liberal, progresista y filo-masónica que recibimos los argentinos desde nuestros primeros años –y que luego se prolonga por toda la vida-, el 25 de Mayo no fue ni una Revolución, en el sentido más literal de la palabra, ni mucho menos una ruptura con la cultura, la religión y el espíritu hispano recibidos de nuestra Madre Patria, España, sino una mera ruptura a nivel político y esto no por “revuelta” de los patriotas argentinos contra España, sino una resolución pacífica tomada con plena conciencia y en total respeto al derecho natural vigente en la época.
         Que el 25 de Mayo no fue una ruptura con la cultura, la religión y el espíritu hispano recibidos de nuestra Madre Patria, es un hecho más que evidente, puesto que lo más preciado que hemos recibido de España –de modo similar a como un niño recibe el don más preciado por parte de su madre-, esto es, el idioma español y la Religión Católica, lo seguimos ostentando, con orgullo, hasta nuestros días.
         Que no haya sido una “Revolución”, en el sentido más literal de la palabra, lo cual implica rebelión contra un tirano opresor, violencia, ejecuciones, disparos, odio entre facciones rivales, traiciones, etc., lo atestiguan los mismos hechos, y que no se haya faltado a la ley y el derecho naturales vigentes en la época, lo atestiguan también numerosos historiadores de renombre.
         El 25 de Mayo, entonces, no fue una “revolución”, ni tampoco una rebelión contra la Madre Patria España. ¿Qué fue? Nadie más autorizado para describirnos el 25 de Mayo, que un testigo de la época, el Padre Francisco de Paula Castañeda, Fraile conventual de la Orden de los Franciscanos.
         Acerca del 25 de Mayo, el Padre Castañeda nos dice que es “un día memorable, santo, noble, obra de Dios y no nuestra”[1]. Con esta primera descripción, se quita a este día la ignominia de ser una “revolución”, es decir, una rebelión, tal como sucede entre los hombres, plena de violencias y traiciones, desde el momento en que es “un día memorable, santo, noble, obra de Dios y no nuestra”. En palabras del Padre Castañeda, el 25 de Mayo no solo no es un día de ignominia, manchado por la violencia del hombre, sino un día que es “obra de Dios” y, por esto mismo, “memorable, santo, noble”.
Sin embargo, no finaliza aquí la descripción del 25 de Mayo según el Padre Castañeda, que describe a este día en las antípodas de una revolución sangrienta, en la que los gobernados deciden levantar, de manera violenta, la mano contra sus supuestos opresores. Lejos de eso, los patriotas de Mayo, al mismo tiempo que declaraban la Independencia, realizaban el gesto más noble que una Nación pueda realizar respecto a la Nación-madre, es decir, a la que le dio origen, y fue una declaración de filial respeto y afecto hacia la Madre Patria, y todo esto, respetando el derecho vigente. En efecto, el ser nacional argentino nace noble de cuna, porque en el mismo acto en el que declara su fidelidad a la Madre Patria, representada en el rey de España, en ese mismo acto, asume, sin faltar a la ley natural y al derecho, y casi como obligado por las circunstancias –la acefalía de España al haber sido tomado prisionero el Rey Fernando VII por Napoleón-, su auto-gobierno, tal como lo mandaba el mismo derecho español. Por otra parte, y como un elemento medular de este acto de no de rebelión sino de reconocimiento filial a España, los patriotas no reniegan, en ningún momento, ni de la religión católica ni de la cultura hispana heredada de España. Todo esto lleva a decir al Padre Castañeda que el día del nacimiento de nuestro Ser Nacional Argentino, el 25 de Mayo, es un día “noble”, que recordará por siempre, a los argentinos, que nuestro nacimiento no fue obra de la violencia y la venganza, sino “obra de Dios” y expresión del amor filial a España, y que por esto mismo, este día “perpetuará nuestras glorias y felicidades”[2] y “felicidades” y será “nuestro consuelo”, al haber sido “obra de Dios y no nuestra”.
En otras palabras, el 25 de Mayo se encuentra en las antípodas de la historiografía liberal y filo-masónica enseñada en los manuales de Historia argentinos, puesto que, lejos de ser una “revolución”, el 25 de Mayo fue, al mismo tiempo que una declaración de lealtad y fidelidad al Rey y a España, una declaración de nuestra independencia política, asumiendo la Nación su auto-gobierno, tal como lo dictaban tanto el derecho vigente, como la grave situación provocada por la invasión del ejército napoleónico, que desestabilizaba a la corona española y a la Nación española toda, incluida sus provincias de ultramar, entre ellas, nuestro Virreinato del Río de la Plata. Esta visión se confirma desde el momento en que se realiza la declaración de la independencia, no para denostar y renegar del legado de la Madre Patria sino, por el contrario, para conservar y defender su legado religioso y cultural.
Es esto lo que lleva al Padre Castañeda a realizar las siguientes afirmaciones acerca de esta fecha patria: “El día 25 de Mayo es el padrón y monumento eterno de nuestra heroica fidelidad a Fernando VII; es también el origen y el principio de nuestra absoluta independencia política; es el fin de nuestra servidumbre”[3].
Entonces, en las palabras del P. Castañeda –y lo volvemos a decir-, no hubo una revolución, sino que se trató de un acto verdaderamente patriótico, porque en la persona de los patriotas, la naciente Patria Argentina, a la vez que comienza su vida nacional independiente, se mantiene sin embargo, en un acto que la honra y ennoblece, fiel a España. Y la asunción del auto-gobierno no se hace arrebatando el poder por la fuerza, sino que, manteniendo vigente el derecho natural que afirmaba que las Provincias españolas de ultramar podían y debían asumir su auto-gobierno en casos graves como el que se les presentaba a los patriotas, ya que las potencias anglo-francesas emergentes habrían tomado estas tierras como su coto de caza. La independencia política fue lo que se debía hacer, desde el momento en que el rey de España no podía gobernarnos, al ser hecho prisionero. Declarar la independencia fue, en un mismo acto, una separación política pero también una declaración de fidelidad al rey de España y a la Madre Patria, realizada para conservar su legado religioso y cultural, evitando al mismo tiempo ser presa fácil de las potencias anglo-francesas.
Por último, y siempre según el P. Castañeda, todo esto –asumir noblemente nuestro auto-gobierno, declarar nuestra fidelidad a la Madre Patria y vernos libres del enemigo extranjero que lo único que quería era saquear estas tierras-, “no fue obra nuestra, sino de Dios”, y es por esa razón que cada 25 de Mayo debe amanecer como lo que es, “un día memorable, santo, noble, obra de Dios y no nuestra”.
¿Cómo celebrar un día tan grandioso para cada uno de los argentinos? Siendo “obra de Dios”, es justo que se lo celebre con la acción de gracias por excelencia, la Santa Misa, renovación incruenta del Santo Sacrificio de la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo. Dice así el Padre Castañeda: “(...) el día Veinticinco de Mayo es (un día) solemne, sagrado, augusto y patrio (el 25 de Mayo) Es y será siempre un día memorable y santo, que ha de amanecer cada año para perpetuar nuestras glorias, nuestro consuelo y nuestras felicidades” (y por lo tanto) “...en este día, todos con entusiasmo divino, llenos de piedad, humanidad y religión, debemos postrarnos delante de los altares, confesando a voces el ningún mérito que ha precedido en nosotros a tantas misericordias”[4].
En un día “solemne, sagrado, augusto y patrio”, como lo es el 25 de Mayo, y en acción de gracias a Dios Uno y Trino, “postrémonos ante los altares”, como pide el Padre Castañeda, ofreciendo a Dios la Víctima Inmolada, Jesucristo, Nuestro Señor, Patrono y Dueño de la Patria, en acción de gracias por habernos concedido este día “memorable, santo, augusto”, como nacimiento de nuestra amada Patria Argentina.






[1] Cfr. Guillermo Furlong, Fray Francisco de Paula Castañeda. Un testigo de la Patria naciente, Ediciones Castañeda, 1994, 381-382.
[2] Cfr. Castañeda, passim.
[3] Cfr. ibidem.
[4] Cfr. ibidem.

martes, 9 de mayo de 2017

¡Dichosa nuestra Patria que tiene por Dueña y Patrona a la Madre de Dios, Nuestra Señora de Luján!


         Según la crónica que narra el modo en el que la Virgen de Luján se quedó en nuestra Patria, no caben dudas de que fue un milagro y, si fue un milagro, fue una intervención deseada por el cielo. En otras palabras, el hecho de que la Inmaculada Concepción, Nuestra Señora de Luján, sea Dueña y Patrona de la Nación Argentina, no se deriva de una piadosa iniciativa de un grupo de vecinos, ni tampoco se trata de una trama urdida por sacerdotes demasiado celosos que pretendían implantar una devoción mariana a toda una Nación: el hecho de que la Inmaculada Concepción, por medio de un milagro, se quedara en nuestro suelo argentino, se debe a un explícito designio divino, por el cual la Madre de Dios, bajo la advocación de “Nuestra Señora de Luján”, habría de ser la Dueña y Patrona de la Nación Argentina y la Madre de todos los argentinos.
         Como una ratificación de este designio divino, la Bandera Nacional Argentina lleva, con orgullo, los colores del Manto de la Inmaculada de Luján, pues está documentado históricamente que el General Belgrano, gran devoto de la Virgen, tomó los colores de la Bandera de la Patria del Manto de la Virgen de Luján, como un modo de honrar a la Inmaculada Concepción.
         Las raíces de nuestro Ser Nacional son, por lo tanto, pura y exclusivamente marianas y cristológicas –porque donde está la Madre, está el Hijo- y esto quiere decir que los argentinos debemos responder al designio divino que ha querido que nuestro Ser nacional sea mariano y cristológico.

         Cuanto más amor a la Virgen y a Jesús profesemos, tanto más los argentinos realizaremos el designio divino para nuestra Patria.

viernes, 31 de marzo de 2017

¡Gloria eterna a los Héroes de Malvinas!


¡Gloria eterna a los Héroes de Malvinas e ignominia sin fin a los infames traidores a la Patria!
¡Las Islas Malvinas fueron, son y serán argentinas!

         El hecho de que una Nación posea héroes que lucharon y dieron sus vidas por su Patria, como nuestros soldados que lucharon y murieron en Malvinas, es un motivo de orgullo para los argentinos todos, pues indica que la Patria tuvo y tiene hijos valiosísimos, que así como ayer en Malvinas no dudaron en combatir para recuperar nuestras Islas, así tampoco sus hijos de hoy dudarán cuando deban defender el honor patrio.
         La Batalla de Malvinas fue la gesta más heroica de todas las gestas heroicas de la Patria, porque fue llevada a cabo para recuperar el territorio patrio, ocupado por el infame usurpador inglés, que no sabe de gestos de hombría, honra y valor, sino de atraco, robo, asalto, saqueo y despojo de todo lo que su avaricia ambiciona.
Los gloriosos héroes de Malvinas, los soldados argentinos de todos los rangos, desde el general más encumbrado, hasta el soldado conscripto más bajo en la escala jerárquica, además de haber lavado la deshonra de la Patria Argentina, hollada por los invasores ingleses, nos llenan de un sano y santo orgullo, porque nos demuestran que el valor del dueño que intenta recuperar lo que le robaron es superior a la cobardía del ladrón, que se apropia indebidamente de lo ajeno; nos demuestran que la verdad de que las Islas Malvinas son argentinas es superior a la mentira del robo inglés, y nos demuestran que cuando la Patria es ofendida, sus hijos más nobles y dignos lavan esta afrenta con su propia sangre.
En la Batalla de Malvinas se destacaron, de entre todos los héroes, aquellos que nunca se rindieron, disparando hasta el último cartucho; aquellos que se quedaron ametrallando a los enemigos, para poner a salvo al resto de los compañeros; aquellos que arriesgaron sus vidas para salvar la Bandera Nacional, celeste y blanca, como el manto de la Virgen. A ellos, y a todos los héroes combatientes de Malvinas, a los que están sepultados en suelo patrio ocupado ilegalmente por el pirata inglés, a los que murieron en las heladas aguas del Atlántico, al hundirse el Crucero A.R.A. General Belgrano, a los que combatieron y regresaron con el dolor de haber perdido la Batalla de Puerto Argentino, a todos ellos, nuestro mayor agradecimiento, reconocimiento y honor, por haber peleado contra los enemigos jurados de la Patria, contra los ladrones de tierras ajenas, los ingleses. A nuestros bravos héroes –y también santos, porque el que muere por la Patria, muere por Dios, que es Quien nos regaló la Patria-, les decimos: ¡Gloria eterna a los Héroes de Malvinas!

Que Nuestra Señora de Malvinas, en cuyo nombre se inició el Operativo de Recuperación de las Islas, llamado “Operativo Virgen del Rosario”, cubra con su manto, en el cielo, a las almas de nuestros bravos héroes y santos soldados argentinos que lucharon en Malvinas, y que a nosotros nos conceda al menos un mínimo del coraje y valentía que ellos tuvieron, porque la Patria sigue acechada, por los enemigos externos, que continúan ocupando ilegalmente el suelo argentino, y por los enemigos internos, argentinos cipayos vendidos a ideologías populistas y neo-marxistas, que buscan socavar la Patria en sus más profundos cimientos morales y espirituales, reemplazando su Ser nacional católico e hispano por una ideología anti-cristiana y neo-pagana. Es decir, los enemigos de la Patria no son solo los usurpadores e invasores ingleses, sino también muchos argentinos que buscan quitar el Nombre de Dios y de la Virgen del alma de la Patria Argentina. Si por haber luchado contra los enemigos externos, pedimos para nuestros héroes al Altísimo, por medio de Nuestra Señora de Malvinas y también por la intercesión del Ángel Custodio de Argentina, la gloria eterna para los Héroes de Malvinas, como también de igual manera pedimos la ignominia sin fin para los usurpadores y para los infames traidores a la Patria.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Gran noticia para la Patria: reconocimiento de soberanía sobre plataforma marítima aumenta 35% el territorio nacional y fortalece reclamo de Malvinas frente a usurpadores ingleses



Florencio Aceñolaza y el nuevo mapa oficial de la Argentina, incluyendo en verde el límite de la plataforma continental aprobada por la ONU. 


La Organización de las Naciones Unidas (ONU) le reconoció a la Argentina un planteo técnico de soberanía sobre la plataforma marítima, lo que supone no sólo un fuerte respaldo en la disputa contra Reino Unido por Malvinas, sino que el país agrandará su territorio por lo menos un 35%.

La Comisión de Límites de la Plataforma Continental (CLPC) —un grupo de expertos internacionales que funciona en las Naciones Unidas— adoptó por consenso las recomendaciones sobre una presentación argentina realizada en 2009, sobre el límite exterior de su plataforma continental. Esa presentación fue liderada por el geólogo tucumano (por adopción, ya que nació en Entre Ríos) Florencio Aceñolaza.

La resolución de la ONU supone en los hechos que la Argentina agrandará un 35% su plataforma marítima, es decir 1,7 millón de kilómetros cuadrados hasta el límite del tramo que comprende a las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, lo que supone un avance en la disputa contra el Reino Unido.

La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, a la que el país se adhirió en 1994, determina el derecho de cada estado ribereño del mundo a fijar su límite exterior, conforme a normas técnicas y procesales, y en ese contexto la Argentina realizó su presentación en mayo de 2009.

"Ésta es una ocasión histórica para la Argentina. Hemos dado un gran paso en la demarcación del límite exterior de nuestra plataforma continental: el límite más extenso de la Argentina y nuestra frontera con la humanidad", dijo la canciller Susana Malcorra.

La Comisión del Límite Exterior de la Plataforma Continental (CLPC) adoptó por unanimidad las recomendaciones sobre la presentación argentina y la reconoció como un leading case, porque el país fue el primero en usar todos los elementos permitidos por las normas vigentes.

"Es un logro muy significativo de la política exterior argentina. Estamos reafirmando nuestros derechos de soberanía sobre los recursos de nuestra plataforma continental: minerales, hidrocarburos y especies sedentarias. La demarcación del límite exterior de la plataforma continental constituye un verdadero ejemplo de política de Estado: se ha trabajado con profesionalismo durante casi 20 años", destacó Malcorra.

El líder de la presentación realizada en 2009, el geólogo Florencio Aceñolaza, ex secretario general de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), sostuvo que la resolución de Naciones Unidas "pone de manifiesto que el conflicto con Gran Bretaña por Malvinas sí existe" y permite a la Argentina operar en una superficie marítima que hasta esta semana no estaba reconocida en el mundo como suya.

"Ahora se puede desarrollar la minería, la actividad petrolera y de recursos vivos sin ningún problema. Es un reconocimiento oficial sobre un territorio marítimo que no teníamos aún reconocido", explicó Aceñolaza.

Indicó que "la superficie argentina emergida, es decir la que no está bajo el agua, es de aproximadamente 3,5 millones de kilómetros cuadrados, y lo que está bajo el mar, incluyendo Malvinas, es alrededor de 4 millones de kilómetros cuadrados".

"La presentación argentina fue por todo ese territorio, que es prácticamente otra Argentina. Debido al conflicto con Reino Unido, la ONU se excusó de expedirse sobre la parte que comprende a las Malvinas y las Antillas del Sur, pero sí opinó sobre el tramo precedente", explicó Aceñolaza, y agregó que esto supone que el país agranda oficialmente su territorio un 35% y que "el otro 65% está pendiente".

"Ojalá que la Argentina tome una conciencia marítima y tome nota de que una parte importante del territorio está sumergido pero tiene potencialidad", expresó y agregó: "Es un paso adelante enorme. La argentina tiene que empezar a pensar cómo proteger y desarrollar una política económica sobre ese territorio". - See more at: http://www.contextotucuman.com/nota/37823/el-tucumano-acenolaza-fue-el-artifice-de-la-presentacion-ante-la-onu-que-permite-agrandar-35_por_ciento-la-superficie-de-la-argentina-y-fortalece-el-derecho-sobre-malvinas.html#sthash.JGyL1Pvg.bGf6YwnO.dpuf

lunes, 21 de noviembre de 2016

El Combate de Obligado y el amor a la Patria como don de Dios


         ¿Por qué se debe defender la Patria hasta, incluso, el don de la vida? Porque se trata de un don de Dios, en el que se comprenden y se abarcan muchos otros dones, también de Dios. En la Patria no sólo está comprendida la extensión geográfica de la Nación, sino su historia, su cultura, sus habitantes –los que estuvieron, los que están y los que estarán-, su historia y, sobre todo, su religión, que en el caso de nuestra Patria Argentina, es la Santa Religión Católica, Apostólica y Romana. La defensa de la Patria, defensa de la cual la Resistencia a las Invasiones Inglesas, el Combate de Obligado, el Combate contra el Marxismo internacional y la Batalla de Malvinas, son acabadas expresiones de heroicidad, constituyen para todas las generaciones de argentinos hasta dónde llega el sacrosanto deber de defender la Patria. En este sentido, nuestra Patria Argentina puede enorgullecerse de contar, entre sus hijos, a grandes héroes y santos, desde los Padres fundadores de la Patria –San Martín, Belgrano, Rosas y tantos otros-, hasta los soldados más ignotos caídos en Malvinas, cuyos cuerpos descansan en suelo argentino, la turba malvinense o en el fondo del Mar Argentino, mientras sus heroicas almas “hacen guardia junto a las estrellas”.
         Porque la Patria es un don de Dios, defenderla hasta dar la vida por ella, es un deber sagrado, deber al que todos los argentinos están llamados a responder con su propia sangre. ¿De qué hay que defender a la Patria? De los enemigos externos, sea que vengan disfrazados de liberales, socialistas, comunistas, marxistas, pero también de los enemigos internos, los apátridas, que traicionan a la Patria renegando de su cultura, de su historia y de su religión Católica, exaltando ideologías pre-cristianas y anti-cristianas.

         Hoy, como ayer, es necesario, más que nunca, amar a la Patria como don de Dios y defenderla de quienes quieren hacerla desaparecer.