Nuestra Señora de Malvinas

domingo, 8 de julio de 2018

El 9 de Julio y el futuro de nuestra Patria en Cristo Jesús


El Cristo de los Congresales, a cuyas plantas se firmó el
Acta de Independencia de la Nación Argentina.

         En un momento en el que la globalización agnóstica, atea y materialista hace que naciones enteras pierdan el rumbo trascendente al cual están destinadas, es literalmente vital para nuestra amada Patria Argentina regresar la vista a su pasado fundacional y ése pasado tiene dos fechas: el 25 de Mayo de 1810 y el 9 de Julio de 1816. El 25 de Mayo porque es el inicio de nuestra independencia, hecho histórico que, en las palabras de Fray Francisco de Castañeda, testigo viviente de los hechos de Mayo, es un día memorable y santo, obra de Dios y no nuestra, día sagrado que marca al mismo tiempo la heroica fidelidad al rey de España y, al mismo tiempo, el origen y principio de nuestra soberanía política: “(...) el día 25 de Mayo es el padrón y monumento eterno de nuestra heroica fidelidad a Fernando VII; es también el origen y el principio de nuestra absoluta independencia política; es el fin de nuestra servidumbre. Es y será siempre un día memorable y santo, que ha de amanecer cada año para perpetuar nuestras glorias, nuestro consuelo y nuestras felicidades”[1]. Tan grandiosas y maravillosas palabras son acordes a un evento grandioso y maravilloso, como es el de la asunción del auto-gobierno por parte de esta porción de la España Ultramarina, no por intereses mezquinos, sino porque las leyes vigentes en ese entonces establecían que si la cabeza -el rey- no podía gobernar, las provincias ultramarinas de España, como el Virreynato del Río de la Plata, debían asumir su auto-gobierno. Esto es lo que hicieron los patriotas de Mayo y lo hicieron de la manera más noble posible, manteniendo su fidelidad al rey y al mismo tiempo asumiendo el auto-gobierno. La nobleza de su actitud patriota, el origen celestial de 25 de Mayo según el P. Castañeda y el carácter “sagrado, augusto, patrio, majestuoso” de este día, sirva para consolar el resto de nuestros días en la tierra, por el origen tan grandioso de nuestra Nación Argentina.
El 9 de Nueve de Julio de 1816 es la concreción del 25 de Mayo de 1810 y, como muestra de que es un solo proceso del inicio al fin, originado en Dios, como dice el P. Castañeda, está el hecho de que la firma del Acta de la Independencia se realizó a los pies de Nuestro Señor Jesucristo, el Cristo de los Congresales. Dios inició el proceso de nuestra independencia, lo guió y lo finalizó haciendo que firmáramos la Independencia de la Nación Argentina, a los pies de su Santa Cruz, como para indicar que la firma estaba sellada con la Sangre de sus manos y pies traspasados. Y como para reafirmar todavía más el hecho de que la Nueva Nación Argentina nací al pie de la Santa Cruz, bañada en la Sangre del Cordero, está el hecho de que quien recogió en su seno y la envolvió con su manto a esta Nación recién nacida fue la Virgen Santísima de Luján, quien al darnos su Manto celeste y blanco como Bandera Nacional nos indicaba que no nos dejaba abandonados, sino que nos abrazaba como a sus hijos predilectos entre las naciones. Nuestro origen está en Jesucristo y en la Virgen de Luján, nuestro presente y nuestro futuro están en Jesucristo y en la Virgen de Luján. El llevar esto grabado en la mente y en el corazón todos los días de la vida y ponerlo por práctica no con discursos vacíos sino con hechos concretos que combatan al mundo pagano, ateo, agnóstico y materialista que pretenden desviar y corromper nuestro Ser Nacional Argentino, hispano y católico, es un deber de cada día y no solo de cada aniversario patrio y es vital para cumplir nuestro destino de unidad en la trascendencia de la eternidad, destino fijado, querido y esperado por Dios Trino para los argentinos. El 9 de Julio de 1816 nos enseña que el pasado, el presente y el futuro de nuestra amada Patria Argentina está a los pies de la Santa Cruz de Nuestro Señor Jesucristo.



[1] Cfr. Guillermo Furlong, Fray Francisco de Paula Castañeda. Un testigo de la Patria naciente, Ediciones Castañeda, 1994, 381-382.

martes, 19 de junio de 2018

La Bandera Nacional Argentina es el Manto celeste y blanco de la Inmaculada de Luján



        

         La Bandera Nacional se caracteriza por unir a los hombres de una nación: debajo de la bandera desaparecen las rivalidades, desaparecen las diferencias, desaparece lo que enfrenta a los hombres, para convertirlos en una sola cosa, en una Nación, que se identifica, precisamente, bajo la Bandera Nacional. Esto sucede porque en la Bandera Nacional están representados los valores humanos más altos, nobles y sagrados que puedan concebirse; la Bandera representa lo más noble y digno de la humanidad, pero a la vez, representa y es el símbolo de la Patria, entendida esta como la unión de una Nación bajo una historia común, una lengua común, una cultura común, una religión común. Por estos motivos, la Bandera es sagrada, no porque represente a Dios, sino porque representa a lo más sagrado después de Dios, que es la Patria y, en la Patria, a la Familia que compone la Nación. Por la Bandera, una Nación se identifica como una Familia única, que posee una Patria única, que cree en un Dios único. Por eso la Bandera Nacional es sagrada. Y mucho más en nuestro caso, en el caso de la República Argentina, porque nuestra Bandera Nacional, por designio divino y no por deseo humano, lleva los colores celeste y blanco del Manto de la Inmaculada Concepción de Luján. Esto es así porque el creador de la Bandera Nacional, el General Belgrano quiso, por un acto de devoción suya a la Virgen Inmaculada, de la cual era devoto, homenajearla y darle a la Bandera de la Nación Argentina los colores celeste y blanco de su Manto Inmaculado. Así lo atestigua el hermano del General Belgrano: “Mi hermano quiso darle a la Bandera los colores celeste y blanco de la Inmaculada de Luján, de la cual era muy devoto”. Y así lo creen los patriotas, como Liniers, quien en una arenga en Buenos Aires, antes de salir a luchar contra los invasores ingleses, les dijo: “Soldados, al besar la Bandera celeste y blanca, estaréis pensando que besáis el Manto celeste y blanco de la Virgen de Luján”.
         No hay bandera más hermosa ni más sagrada que la Bandera Nacional Argentina, porque es el Manto celeste y blanco de la Inmaculada Virgen de Luján. Que la Virgen Santísima cubra con su Manto celeste y blanco a toda nuestra Patria, desde la puna jujeña hasta la Antártida Argentina y las Islas Malvinas; desde Buenos Aires hasta Mendoza y que nuestra amada Bandera, el Manto celeste y blanco de la Virgen de Luján flamee, victoriosa y hermosa, como la más victoriosa, la más hermosa y la más sagrada de todas las banderas de la tierra. Juremos amarla y defenderla hasta morir y no permitamos, bajo ningún concepto, que ninguna bandera ideológica o partidaria reeemplace, ni en nuestros corazones ni en nuestro sagrado suelo argentino, a nuestra Bandera Nacional Argentina, el Manto celeste y blanco de la Inmaculada de Luján.

jueves, 24 de mayo de 2018

El 25 de Mayo y la fundación de la Patria Hispana y Católica



         Probablemente las palabras más verdaderas acerca del 25 de Mayo de 1810 y que al mismo tiempo describen la esencia y la hermosura de este día patrio, sean las pronunciadas por el P. Fray de Castañeda, testigo de la época. Dice así el P. Castañeda, refiriéndose al 25 de Mayo: “...en este día, todos con entusiasmo divino, llenos de piedad, humanidad y religión, debemos postrarnos delante de los altares, confesando a voces el ningún mérito que ha precedido en nosotros a tantas misericordias”[1]. No son solo lo que son –palabras piadosas y hermosas-, sino que son palabras que definen la esencia misma del 25 de Mayo. Primero, se dirige a “todos” los argentinos, lo cual ya nos indica que las banderías políticas deben dejarse de lado absolutamente en este día porque cuando se trata de la Patria, la Patria está por encima de cualquier ideología política y cualquier ideología política debe subordinarse a la Patria. La Patria está por encima de todo y sólo Dios está por encima de la Patria. De aquí vemos ya el profundo daño que los partidos políticos hacen a la Patria, al dividir a los argentinos en grupos antagónicos cuyo objetivo es el enfrentamiento contra el hermano para someterlo y subyugarlo a su propia ideología.  
Luego de llamar a “todos” los argentinos, el P. Castañeda hace referencia al origen celestial y sobrenatural de los acontecimientos que desembocaron en este día patrio y que son los que le dan su hermosura: “…en este día, todos, con entusiasmo divino –esto es, movidos por la gracia, que nos permite reconocer el origen celestial de este magno día-, llenos de piedad, humanidad y religión –llenos de toda clase de bienes espirituales, que sólo pueden ser concedidos por la gracia-, debemos postrarnos ante los altares”: éste es el reconocimiento, por parte del P. Castañeda, del origen celestial del 25 de Mayo, porque si no fuera así, no tendría razón de ser que nos postremos ante los altares eucarísticos, y sin embargo, el P. Castañeda nos anima a esto, precisamente, a postrarnos ante los altares eucarísticos en acción de gracias a Dios por habernos concedido un día tan magno, tan grandioso, tan maravillosamente celestial.
Continúa el P. Castañeda afirmando que debemos postrarnos ante los altares para confesar, precisamente, que este día patrio viene de Dios y de su misericordia: “(…) confesando a voces el ningún mérito que ha precedido en nosotros a tantas misericordias”. Esto es, que el 25 de Mayo es un don divino que nosotros los argentinos no lo merecimos de ninguna manera, pero que Dios nos lo dio por su Infinita Misericordia.
En otro momento, afirma el P. Castañeda de modo más explícito que el 25 de Mayo es obra de la Divina Voluntad y no de la voluntad de los hombres: “Por nuestra parte, ninguna cosa buena hemos hecho (...) y aún la del 25 de Mayo no es obra nuestra, sino de Dios”[2]. El 25 de Mayo es Opus Dei, es obra de Dios, dice el P. Castañeda, y esta aseveración se comprueba cuando constatamos la cantidad de males de las que el 25 de Mayo nos libró, el más g rave de todos, el perder nuestro Ser nacional hispano y católico, porque si algo distingue al 25 de Mayo, es que la separación de la Madre Patria fue meramente política y con el fin precisamente de no perder lo que éramos, una parte de la España católica. En otras palabras, el 25 de Mayo se llevó a cabo para preservar la identidad hispana y católica, amenazadas por el monstruo imperial anglo-francés y es por eso que podemos afirmar, con toda veracidad, que el 25 de Mayo es el día de la fundación de la Patria Argentina Hispana y Católica.
         En otra parte, el P. Castañeda, también refiriéndose al 25 de Mayo, dice qué es este día; es decir, luego de describir su origen –Dios-, nos lo describe en su esencia: “(...) el día Veinticinco de Mayo es (un día) solemne, sagrado, augusto y patrio...”. Es un día “solemne, sagrado, augusto y patrio”, un día verdaderamente santo, porque es un don de Dios Tres veces Santo y por ser un don de Dios, es un día solemne, augusto, maravilloso, verdaderamente patrio y es con este espíritu con el cual debemos festejar este día. Por contrapartida, podemos ver cuánto daño hacen los políticos de cualquier ideología cuando, por intereses mezquinos, convierten a este día patrio en una ocasión de mítin político, rebajándolo a una rastrera oportunidad para hacer politiquería que nada bueno aporta a la Nación.  
Continúa el P. Castañeda, en relación a la esencia de este día patrio: “(...) el día 25 de Mayo es el padrón y monumento eterno de nuestra heroica fidelidad a Fernando VII; es también el origen y el principio de nuestra absoluta independencia política; es el fin de nuestra servidumbre. Es y será siempre un día memorable y santo, que ha de amanecer cada año para perpetuar nuestras glorias, nuestro consuelo y nuestras felicidades”[3]. Parece una contradicción que sea “monumento de fidelidad” y al mismo tiempo “origen de la independencia”, pero es solo una contradicción aparente: el 25 de Mayo es “padrón y monumento” de nuestra “heroica fidelidad” al rey de España porque éste último había caído prisionero de los franceses y por lo tanto no tenía poder sobre estas tierras, pero los patriotas de Mayo, inspirados por Dios, se declararon fieles hijos de la Madre Patria España, al Rey y, sobre todo, a la religión católica, porque no aprovecharon este momento de debilidad para la rebelión, sino para manifestar su unión indisoluble al Rey y a España, asumiendo el auto-gobierno de la Patria según lo establecían las leyes de España para situaciones como las que se vivían en ese entonces. Por otra parte, el 25 de Mayo, afirma Castañeda, “Es también el origen y el principio de nuestra absoluta independencia política; es el fin de nuestra servidumbre” y es así porque es el origen de nuestra independencia política –concretada al asumir el auto-gobierno previsto en la ley de entonces-, pero no religiosa ni cultural, porque gracias al 25 de Mayo nos mantuvimos fieles hijos de España católica, proclamándonos fieles a la cultura y a la religión. Entonces, porque nos declaramos fieles al Rey y en fidelidad al Rey y a las leyes vigentes asumimos el auto-gobierno de la Patria, es que es “padrón y monumento de fidelidad al Rey”, pero al mismo tiempo el 25 de Mayo es el origen de nuestra independencia política porque puso fin -antes de comenzar- a la servidumbre a la que nos quería someter el imperio anglo-francés. Parece una contradicción, pero no lo es en absoluto y al revisar los acontecimientos, se resalta no solo la nobleza de los Patriotas de Mayo, sino ante todo el origen divino del 25 de Mayo, como dice Castañeda, porque si nos lo hubiéramos propuesto hacerlo por nosotros mismos, no sería el día “sagrado, augusto y patrio” que es en sí mismo. Por todas estas razones, uniéndonos al P. Castañeda, afirmamos que el 25 de Mayo de 1810 “es y será siempre un día memorable y santo, que ha de amanecer cada año para perpetuar nuestras glorias, nuestro consuelo y nuestras felicidades” y será así porque será el día en el que conmemoremos que, como Nación y como Patria, nacimos hispanos y católicos.



[1] Cfr. Guillermo Furlong, Fray Francisco de Paula Castañeda. Un testigo de la Patria naciente, Ediciones Castañeda, 1994, 381-382.
[2] Cfr. Castañeda, ibidem.
[3] Cfr. Castañeda, ibidem.

sábado, 12 de mayo de 2018

La Virgen de Luján quiso quedarse en nuestras tierras para ser la Madre de nuestra Patria



         Todos conocemos el milagro de la carreta por medio del cual la Virgen de Luján expresó su deseo de quedarse en nuestra Patria Argentina. Es como una madre que, viendo que sus hijos se han ido a vivir lejos y que viven lejos de Dios, decide ir a visitarlos pero para quedarse con ellos y para enseñarles el camino de regreso a Dios. Éste es el propósito de la Virgen de Luján con el milagro de la carreta: quedarse en nuestra Patria para enseñarnos el camino para volver a Dios. Y el Camino para volver al Padre es su Hijo Jesús, quien afirma de sí mismo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.
         Ser devotos de la Virgen de Luján no es entonces el acudir ante su imagen una vez al año para la misa y la procesión, ni tampoco dejarle flores y acordarse de Ella cuando las cosas no van bien. Por un lado, significa recordar que es la Dueña y Patrona de nuestra Patria Argentina, ya que nuestra Bandera Nacional lleva los colores celeste y blanco de su manto; por otro lado, significa cumplir lo que Ella nos dice en el Evangelio: “Hagan lo que Él (Jesús) les diga”. Significa entonces esforzarnos por amar al prójimo, perdonar setenta veces siete, cargar la cruz de cada día y seguir a Jesús por el Camino Real del Calvario, y ser crucificados con Él, para dar muerte al hombre viejo y para que nazca el hombre nuevo, el hombre de la gracia, que vive según los Mandamientos de Cristo Dios.
         La Virgen ha dado sobradas muestras de su amor maternal por los argentinos; somos los argentinos los que no le damos muestras de amor filial o si se la damos, es tan escasa esa muestra que casi no es nada.
         Solo el día en el que todos los argentinos nos reunamos bajo el manto celesta y blanco de la Virgen de Luján, dejando de lado la falsedad y el cinismo propios de nuestra religión mal practicada por parte nuestra; dejando de lado las falsas religiones; dejando de lado las banderías políticas que lo único que hacen es enfrentarnos entre nosotros, cubriéndonos con el manto celeste y blanco de la Inmaculada, la Bandera Nacional y dejando de lado las banderas falsas de las ideologías comunistas, indigenistas y liberales; amándonos como hijos adoptivos de la Madre celestial que se aman en el Amor del Señor Jesús; solo ese día, en nuestra Patria comenzará a resplandecer el Sol naciente de Justicia, el Hijo de María de Luján, Cristo Jesús, representado en el sol de la Enseña Nacional Argentina.

martes, 8 de mayo de 2018

Nuestra Señora de Luján y el Ser Nacional Argentino



         Desde que las naciones se constituyeron en los modernos estados tal como los conocemos en el día de hoy, tuvieron siempre algo fundante en sus inicios, algo que marcó, como una impronta indeleble, el ser de esa nación que se constituía, precisamente, en estado. En algunos, será una batalla; en otros, un evento trágico; en otros, una revolución; en otros –peor aún- será un hombre que, con su arrogancia y despotismo, marcará a toda la nación a hierro y fuego –como por ejemplo, los países comunistas como Corea del Norte con Kim Il Sung, la Unión Soviética con Stalin, China con Mao Tsé Tung, etc., todos tiranos inhumanos-. En muy pocos países, el tránsito hacia de la nación hacia el estado moderno será de origen sobrenatural y celestial, como en el caso de Argentina.
         En efecto, en Argentina, no fueron los hombres los que constituyeron, ni la nación, ni el estado nacional, sino la Madre de Dios, con su manifestación milagrosa a orillas del río Luján. Fue la Virgen la que quiso quedarse en nuestras tierras, aun antes de que fuéramos Nación y Estado argentino, para que cuando naciéramos, tuviéramos la impronta suya, la huella indeleble del amor maternal y celestial de la Madre de Dios. De tal manera esto fue así, que nuestro Ser Nacional Argentino se originó, sin lugar a dudas, en torno a la Virgen de Luján. A partir de la milagrosa presencia de la Virgen en Luján, por el milagro de las carretas, y en lo sucesivo, toda nuestra vida nacional giró en torno y a los pies de Nuestra Señora de Luján y en situaciones tan trascendentales como por ejemplo, la elección de la Bandera Nacional. Como es sabido y ha sido estudiado y comprobado por renombrados historiadores, el General Manuel Belgrano, el creador de la Bandera Nacional Argentina, tomó los colores del manto celeste y blanco de la Inmaculada de Luján, “de la cual era ferviente devoto”, tal como lo relata en primera persona el hermano del General, el Sargento Belgrano.
         La Virgen de Luján estuvo desde antes incluso que fuéramos nación argentina y estado argentino; está entre nosotros en la etapa embrionaria, si así puede decirse, cuando pertenecíamos con orgullo a la Madre Patria España como una de las Provincias Ultramarinas de España. Estuvo con nosotros antes de nacer como Nación Argentina, nos dio los colores de nuestra enseña Nacional, estuvo en todo acontecimiento trascendente para la Nación y continúa estándolo, porque es una Madre amorosa que no se olvida de sus hijos argentinos. Somos nosotros, los argentinos, los que nos comportamos con Ella, la mayoría de las veces, como hijos desagradecidos y desamorados. Todos los males que nos aquejan como Nación desaparecerán, como cera que se derrite al fuego, cuando nos postremos, como Nación, ante la Dueña y Patrona de la Nación Argentina, la Inmaculada Virgen Virgen de Luján y depositemos en sus maternales y amorosas manos los problemas que nos agobian como Nación.

domingo, 6 de mayo de 2018

Orígenes de los males de la Patria: Nicolás Márquez: Raúl Alfonsín: un canalla al servicio del eurocomunismo. Por Nicolás Márquez

Con sorpresa, estamos asistiendo a un sinfín de adulaciones y publicaciones (hoy tendencia en twitter) en honor a la memoria y trayectoria del ex presidente Raúl Alfonsín, quien se consagrara como tal en diciembre de 1983. Lo curioso del caso, es que de manera hegemónica, todos quienes comentan en torno al personaje en cuestión, lo hacen de manera elogiosa o panegírica, como si el fallecido Presidente en vez de haber sido lo que verdaderamente fue (un canalla al servicio del eurocomunismo), hubiese sido en cambio una suerte de estadista o pro-hombre ejemplar a quien los “poderosos” le pusieron zancadillas, impidiéndole así llevar a buen puerto sus nobles intenciones durante su desafortunado gobierno (1983/1989).
Vayamos a cuentas.
 Poseedor de una oratoria tan enérgica como insustancial, su discurso demagógico no exento de notable habilidad para arrancar encendidos aplausos de la muchedumbre, durante su campaña recolectora de votos en 1983, supo embaucar a una multitud que, horrorizada por la lista que por entonces ofrecía el peronismo, volcó sus preferencias por el presunto mal menor.
Tras ganar las elecciones, Alfonsín, lo primero que hizo al asumir, fue llevar adelante un revanchismo contra el gobierno cívico-militar saliente (cuyo golpe de Estado, en marzo de 1976, fuera apoyado y aprobado por la UCR, la cual comandó 310 intendencias, durante el gobierno del presidente Jorge Rafael Videla), impulsando un juicio a las cúpulas castren2ses a través del decreto 158/83 (atropellando la independencia del Poder Judicial), cuya letra, además, contenía la condena en el decreto mismo. Maliciosamente, toda su revisión sobre el pasado (a la sazón bien reciente) fue impuesta a partir del 24 de marzo de 1976 y no se revisó una coma de todas las responsabilidades y felonías cometidas tanto por el terrorismo subversivo como por la partidocracia, antes de dicha fecha.
 Salvo excepciones, los medios televisivos se mantuvieron en manos del Estado, a efectos de controlar la prensa, llevando adelante una profusa campaña psicológica de inequívoca tendencia marxista, dentro de la cual se atentó contra la libertad de prensa, encarcelando a periodistas opositores como Daniel Lupa, y se descubrió una lista negra de 30 periodistas (entre ellos, Rosendo Fraga y Carlos Manuel Acuña), con la orden de encarcelarlos por no compartir la filosofía del régimen, y cuyas detenciones finalmente se frenaron con motivo del escándalo acaecido. Hasta un personaje de la frivolidad, como Mirtha Legrand, tuvo problemas profesionales, teniendo que mudar de canal, por cometer el delito virtual de no adular al mandón favorito de la socialdemocracia latinoamericana.
 En los años 70, fue simpatizante y abogado de los terroristas del ERP y mantuvo aceitados contactos con el terrorismo montonero, a varios de cuyos miembros agasajó con afectuosos almuerzos (entre ellos, al indultado Miguel Bonasso), en agradecimiento por haber colocado en sus órganos de prensa a su discípulo Leopoldo Moreau. Incluso, fue acusado de participar en la negociación a favor de la guerrilla, en el caso del secuestro y crimen de lesa humanidad del empresario Oberdán Sallustro, a la sazón víctima del ERP.
 Con estos antecedentes setentistas, durante su mandato, las deliberadas simpatías para con la guerrilla marxista no cesaron y salvo el caso semiparódico del lider montonero Mario Firmenich (quien apenas estuvo en cárcel unas semanas), jamás se promovió un solo juicio a un terrorista, dedicando toda su gestión a humillar a los militares, quienes, paradójicamente, en enero de 1989, lo salvaron del intento de golpe de Estado perpetrado por el ataque terrorista de la organización MTP (Movimientos Todos por la Patria), por entonces comandado por el asesino serial y ex guerrillero Enrique Gorriarán Merlo.
 En política internacional, de la mano del canciller socialista Dante Caputo, la Argentina tuvo relaciones carnales con las tiranías marxistas de la época, votando, incluso, ante la ONU, en la Comisión de Derechos Humanos, en marzo de 1987, de manera negativa en la acusación que pesaba sobre Cuba por sus consabidas violaciones a los de derechos humanos. Es más, la empobrecida Argentina alfonsinista otorgó créditos incobrables a Nicaragua y Cuba por 400 y 600 millones de dólares, respectivamente. Asimismo, en su afán por consolidar lazos con los despotismos de la época, en avieso desprecio por la democracia y el sistema republicano, firmó “convenios culturales” con países de la talla de la República Argelina (3/12/84), Nicaragua (16/2/84), Cuba (9/8 y 13/11/84), Rusia (26/1 y 26/86) y Bulgaria (29/7/86).
 Para júbilo de los delincuentes, Alfonsín fue también el padre del garantismo penal, promoviendo la sanción de las leyes 23.050 y 23.077, las cuales ampliaban la eximición de prisión y disminuían las penas para el infanticidio, ocupación de inmuebles y muchos otros delitos.
 En cuanto a la administración de la cosa pública, la burocracia y el despilfarro socialista se expandieron desmesuradamente, y de ocho secretarías de Estado se pasó a 42; de 20 subsecretarías, a 96 y se nombró a 280.000 agentes públicos. Ferviente admirador del eurocomunismo, Alfonsín logró que, en 1985, el 50% de los medios de producción estuvieran en manos estatales y la Argentina se constituyó, poco después, en el país no comunista de mayor estatismo del mundo, secundando a Méjico.
 En dicho lapso, se inauguró, además, la execrable práctica clientelista consistente en traficar miseria con “planes sociales”, los cuales, por entonces, estuvieron materializados en las famosas “cajas de PAN”, las que fueron quintuplicadas con motivo del desparramo de miseria que generó su “administración”, cuya cartera de economía fue mayormente capitaneada por Juan Vital Sourrouille.
 Tan amante de la oratoria como de la pereza laboral, en 1986, por ejemplo, pronunció 130 discursos (uno cada dos días) y concurrió a su despacho 2,3 días por semana.2
 En materia económica, tras pulverizar el signo peso, en 1985, lanzó el tristemente célebre plan Austral, un programa estatista basado en la emisión de moneda sin respaldo y controles de precios, el cual, por su perversión intrínseca, obviamente implosionó de manera dramática, y, para paliar los destrozos económicos y financieros, el “equipo de lujo” que lo asesoraba (así calificó públicamente a sus ministros, que no dejaron institución por destrozar) lanzó otra “genialidad”: el “Plan Primavera”, inaugurado el 3 de agosto de 1988. El cual no era otra cosa que una renovada aventura socialista que derivó en la hiperinflación más alta de la historia argentina. Desde el 10 de diciembre de 1983 hasta su abandono del poder, el 8 de julio de 1989, la inflación acumulada fue del 664.801 por ciento, la más alta en la historia mundial, después de la Segunda Guerra Mundial. La depreciación monetaria fue del 1.627.429 por ciento, y, entre el 6 de febrero y el 8 de julio de 1989, el Austral (signo monetario de entonces) se devaluó un 3.050 por ciento.
 Durante los cinco años y medio de gestión progresista, el poder adquisitivo se desplomó entre un 107 y un 121 por ciento. La deuda externa recibida al comenzar su gestión arañaba los 40 mil millones de dólares, mientras que, cuando huyó de su cargo, dejó al país con 67 mil millones de dólares de deuda externa, treinta mil millones de dólares de deuda interna (ambos guarismos fueron unificados en los años 90), y sólo 38 millones de dólares de reserva en el Banco Central, con el país en default y la gente peregrinando despavorida por los desabastecidos mercados, para poder arrancar un paquete de azúcar o de yerba de las góndolas semivacías de la década del 80.
 Durante los últimos tramos de su gobierno, en el país no había luz (la televisión empezaba a las 17, para que la gente no consumiera corriente eléctrica), no había agua, no funcionaban los teléfonos, peligraba la reserva de gas2 y, en tanto, Alfonsín seguía soñando en quedar en el olimpo de los próceres divagando con “el traspaso de la Capital a Viedma” y otros emprendimientos faraónicos. La sociedad empobrecida y angustiada escuchaba atónita el cúmulo de tonterías verbalizadas por el presidente-desertor, quien se escapó de su cargo seis meses antes de lo que ordenaba la Constitución Nacional, cuyo preámbulo se cansó de recitar en su campaña electoral, a efectos de hacerse pasar por un “gran demócrata”, que, además, no lo fue.
 Tras su fuga, se dedicó a perturbar la política nacional desde fuera del poder institucional, destruyendo la Constitución Nacional en el ominoso “Pacto de Olivos” que él acordó con el entonces presidente Carlos Menem, y que fuera la antesala de la pésima reforma constitucional de 1994.
 Ya en el año 2001, asociado implícitamente con Eduardo Duhalde, formó parte de la conspiración desestabilizadora que acabó en el derrocamiento de su par y correligionario, el presidente Fernando de la Rúa.1
 Hoy 31 de marzo, a nueve años de su deceso, a través del grueso de los medios de comunicación y redes sociales, periodistas, políticos, funcionarios y opinólogos de las más diversas tendencias y orígenes se encargan de homenajear y cantar loas a su persona. Por ende, dese estas líneas no podemos dejar de manifestar nuestra indignación ante tan irresponsable y desmemoriado ensalzamiento a una trayectoria plagada de horrores y características negativas, puesto que esto último no sólo constituye un premio inmerecido, sino que, además, se falsea la historia otra vez, pretendiendo hacer pasar por estadista a quien fuera uno de los peores gobernantes de la triste historia argentina.
(https://prensarepublicana.com/raul-alfonsin-un-canalla-al-servicio-del-eurocomunismo-por-nicolas-marquez/)
………………………………………………………………………………..
Adquirí ya mismo el nuevo libro de Nicolás Márquez en versión digital clickendo aquí en AMAZON, o en versión de papel en las librerías Cúspide, o también obtenélo A DOMICILIO Y SIN COSTO DE ENVÍO ALGUNO clickeando en la siguiente imagen:
IMPORTANTE: Tras efectuar la operación mandar datos postales y celular al siguiente mail: nickmarquez2001@yahoo.com.ar

Uno de los orígenes de los males de la Patria: el indulto de Cámpora a los terroristas condenados por la Cámara Federal Penal

La imagen puede contener: 6 personas, personas sonriendo, personas de pie y texto

El 25/05/73 
Cámpora indultó y el Congreso amnistió a los dos mil terroristas condenados por la Cámara Federal Penal que fue disuelta y los jueces dejados cesantes.