Nuestra Señora de Malvinas

viernes, 31 de marzo de 2017

¡Gloria eterna a los Héroes de Malvinas!


¡Gloria eterna a los Héroes de Malvinas e ignominia sin fin a los infames traidores a la Patria!
¡Las Islas Malvinas fueron, son y serán argentinas!

         El hecho de que una Nación posea héroes que lucharon y dieron sus vidas por su Patria, como nuestros soldados que lucharon y murieron en Malvinas, es un motivo de orgullo para los argentinos todos, pues indica que la Patria tuvo y tiene hijos valiosísimos, que así como ayer en Malvinas no dudaron en combatir para recuperar nuestras Islas, así tampoco sus hijos de hoy dudarán cuando deban defender el honor patrio.
         La Batalla de Malvinas fue la gesta más heroica de todas las gestas heroicas de la Patria, porque fue llevada a cabo para recuperar el territorio patrio, ocupado por el infame usurpador inglés, que no sabe de gestos de hombría, honra y valor, sino de atraco, robo, asalto, saqueo y despojo de todo lo que su avaricia ambiciona.
Los gloriosos héroes de Malvinas, los soldados argentinos de todos los rangos, desde el general más encumbrado, hasta el soldado conscripto más bajo en la escala jerárquica, además de haber lavado la deshonra de la Patria Argentina, hollada por los invasores ingleses, nos llenan de un sano y santo orgullo, porque nos demuestran que el valor del dueño que intenta recuperar lo que le robaron es superior a la cobardía del ladrón, que se apropia indebidamente de lo ajeno; nos demuestran que la verdad de que las Islas Malvinas son argentinas es superior a la mentira del robo inglés, y nos demuestran que cuando la Patria es ofendida, sus hijos más nobles y dignos lavan esta afrenta con su propia sangre.
En la Batalla de Malvinas se destacaron, de entre todos los héroes, aquellos que nunca se rindieron, disparando hasta el último cartucho; aquellos que se quedaron ametrallando a los enemigos, para poner a salvo al resto de los compañeros; aquellos que arriesgaron sus vidas para salvar la Bandera Nacional, celeste y blanca, como el manto de la Virgen. A ellos, y a todos los héroes combatientes de Malvinas, a los que están sepultados en suelo patrio ocupado ilegalmente por el pirata inglés, a los que murieron en las heladas aguas del Atlántico, al hundirse el Crucero A.R.A. General Belgrano, a los que combatieron y regresaron con el dolor de haber perdido la Batalla de Puerto Argentino, a todos ellos, nuestro mayor agradecimiento, reconocimiento y honor, por haber peleado contra los enemigos jurados de la Patria, contra los ladrones de tierras ajenas, los ingleses. A nuestros bravos héroes –y también santos, porque el que muere por la Patria, muere por Dios, que es Quien nos regaló la Patria-, les decimos: ¡Gloria eterna a los Héroes de Malvinas!

Que Nuestra Señora de Malvinas, en cuyo nombre se inició el Operativo de Recuperación de las Islas, llamado “Operativo Virgen del Rosario”, cubra con su manto, en el cielo, a las almas de nuestros bravos héroes y santos soldados argentinos que lucharon en Malvinas, y que a nosotros nos conceda al menos un mínimo del coraje y valentía que ellos tuvieron, porque la Patria sigue acechada, por los enemigos externos, que continúan ocupando ilegalmente el suelo argentino, y por los enemigos internos, argentinos cipayos vendidos a ideologías populistas y neo-marxistas, que buscan socavar la Patria en sus más profundos cimientos morales y espirituales, reemplazando su Ser nacional católico e hispano por una ideología anti-cristiana y neo-pagana. Es decir, los enemigos de la Patria no son solo los usurpadores e invasores ingleses, sino también muchos argentinos que buscan quitar el Nombre de Dios y de la Virgen del alma de la Patria Argentina. Si por haber luchado contra los enemigos externos, pedimos para nuestros héroes al Altísimo, por medio de Nuestra Señora de Malvinas y también por la intercesión del Ángel Custodio de Argentina, la gloria eterna para los Héroes de Malvinas, como también de igual manera pedimos la ignominia sin fin para los usurpadores y para los infames traidores a la Patria.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Gran noticia para la Patria: reconocimiento de soberanía sobre plataforma marítima aumenta 35% el territorio nacional y fortalece reclamo de Malvinas frente a usurpadores ingleses



Florencio Aceñolaza y el nuevo mapa oficial de la Argentina, incluyendo en verde el límite de la plataforma continental aprobada por la ONU. 


La Organización de las Naciones Unidas (ONU) le reconoció a la Argentina un planteo técnico de soberanía sobre la plataforma marítima, lo que supone no sólo un fuerte respaldo en la disputa contra Reino Unido por Malvinas, sino que el país agrandará su territorio por lo menos un 35%.

La Comisión de Límites de la Plataforma Continental (CLPC) —un grupo de expertos internacionales que funciona en las Naciones Unidas— adoptó por consenso las recomendaciones sobre una presentación argentina realizada en 2009, sobre el límite exterior de su plataforma continental. Esa presentación fue liderada por el geólogo tucumano (por adopción, ya que nació en Entre Ríos) Florencio Aceñolaza.

La resolución de la ONU supone en los hechos que la Argentina agrandará un 35% su plataforma marítima, es decir 1,7 millón de kilómetros cuadrados hasta el límite del tramo que comprende a las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, lo que supone un avance en la disputa contra el Reino Unido.

La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, a la que el país se adhirió en 1994, determina el derecho de cada estado ribereño del mundo a fijar su límite exterior, conforme a normas técnicas y procesales, y en ese contexto la Argentina realizó su presentación en mayo de 2009.

"Ésta es una ocasión histórica para la Argentina. Hemos dado un gran paso en la demarcación del límite exterior de nuestra plataforma continental: el límite más extenso de la Argentina y nuestra frontera con la humanidad", dijo la canciller Susana Malcorra.

La Comisión del Límite Exterior de la Plataforma Continental (CLPC) adoptó por unanimidad las recomendaciones sobre la presentación argentina y la reconoció como un leading case, porque el país fue el primero en usar todos los elementos permitidos por las normas vigentes.

"Es un logro muy significativo de la política exterior argentina. Estamos reafirmando nuestros derechos de soberanía sobre los recursos de nuestra plataforma continental: minerales, hidrocarburos y especies sedentarias. La demarcación del límite exterior de la plataforma continental constituye un verdadero ejemplo de política de Estado: se ha trabajado con profesionalismo durante casi 20 años", destacó Malcorra.

El líder de la presentación realizada en 2009, el geólogo Florencio Aceñolaza, ex secretario general de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), sostuvo que la resolución de Naciones Unidas "pone de manifiesto que el conflicto con Gran Bretaña por Malvinas sí existe" y permite a la Argentina operar en una superficie marítima que hasta esta semana no estaba reconocida en el mundo como suya.

"Ahora se puede desarrollar la minería, la actividad petrolera y de recursos vivos sin ningún problema. Es un reconocimiento oficial sobre un territorio marítimo que no teníamos aún reconocido", explicó Aceñolaza.

Indicó que "la superficie argentina emergida, es decir la que no está bajo el agua, es de aproximadamente 3,5 millones de kilómetros cuadrados, y lo que está bajo el mar, incluyendo Malvinas, es alrededor de 4 millones de kilómetros cuadrados".

"La presentación argentina fue por todo ese territorio, que es prácticamente otra Argentina. Debido al conflicto con Reino Unido, la ONU se excusó de expedirse sobre la parte que comprende a las Malvinas y las Antillas del Sur, pero sí opinó sobre el tramo precedente", explicó Aceñolaza, y agregó que esto supone que el país agranda oficialmente su territorio un 35% y que "el otro 65% está pendiente".

"Ojalá que la Argentina tome una conciencia marítima y tome nota de que una parte importante del territorio está sumergido pero tiene potencialidad", expresó y agregó: "Es un paso adelante enorme. La argentina tiene que empezar a pensar cómo proteger y desarrollar una política económica sobre ese territorio". - See more at: http://www.contextotucuman.com/nota/37823/el-tucumano-acenolaza-fue-el-artifice-de-la-presentacion-ante-la-onu-que-permite-agrandar-35_por_ciento-la-superficie-de-la-argentina-y-fortalece-el-derecho-sobre-malvinas.html#sthash.JGyL1Pvg.bGf6YwnO.dpuf

lunes, 21 de noviembre de 2016

El Combate de Obligado y el amor a la Patria como don de Dios


         ¿Por qué se debe defender la Patria hasta, incluso, el don de la vida? Porque se trata de un don de Dios, en el que se comprenden y se abarcan muchos otros dones, también de Dios. En la Patria no sólo está comprendida la extensión geográfica de la Nación, sino su historia, su cultura, sus habitantes –los que estuvieron, los que están y los que estarán-, su historia y, sobre todo, su religión, que en el caso de nuestra Patria Argentina, es la Santa Religión Católica, Apostólica y Romana. La defensa de la Patria, defensa de la cual la Resistencia a las Invasiones Inglesas, el Combate de Obligado, el Combate contra el Marxismo internacional y la Batalla de Malvinas, son acabadas expresiones de heroicidad, constituyen para todas las generaciones de argentinos hasta dónde llega el sacrosanto deber de defender la Patria. En este sentido, nuestra Patria Argentina puede enorgullecerse de contar, entre sus hijos, a grandes héroes y santos, desde los Padres fundadores de la Patria –San Martín, Belgrano, Rosas y tantos otros-, hasta los soldados más ignotos caídos en Malvinas, cuyos cuerpos descansan en suelo argentino, la turba malvinense o en el fondo del Mar Argentino, mientras sus heroicas almas “hacen guardia junto a las estrellas”.
         Porque la Patria es un don de Dios, defenderla hasta dar la vida por ella, es un deber sagrado, deber al que todos los argentinos están llamados a responder con su propia sangre. ¿De qué hay que defender a la Patria? De los enemigos externos, sea que vengan disfrazados de liberales, socialistas, comunistas, marxistas, pero también de los enemigos internos, los apátridas, que traicionan a la Patria renegando de su cultura, de su historia y de su religión Católica, exaltando ideologías pre-cristianas y anti-cristianas.

         Hoy, como ayer, es necesario, más que nunca, amar a la Patria como don de Dios y defenderla de quienes quieren hacerla desaparecer.

miércoles, 12 de octubre de 2016

Nuestra Señora del Pilar, Patrona de la Hispanidad y Vencedora celestial del paganismo


¿Por qué se celebra el 12 de Octubre el Día de la Raza? ¿Qué relación tiene con nuestras vidas como americanos y con nuestra vida espiritual? Para poder responder a estas preguntas, tenemos que saber que la razón por la que se celebra el 12 de Octubre, es porque en ese día se produjo un asombroso milagro –o más bien, dos milagros, como veremos, en una sola fecha-, que unió dos continentes, el Continente Europeo, en donde florecía la cristiandad, y el Continente Americano, en donde reinaba el paganismo.
¿Qué sucedió ese día y porqué decimos que es un milagro –o dos- que une dos continentes? El día 12 de octubre de 1492 sucedió que, mientras en España, los devotos de la Virgen del Pilar cantaban alabanzas a la Madre de Dios en su santuario de Zaragoza -pues ese mismo día era ya el día de la Virgen del Pilar-, precisamente ese mismo día, las tres carabelas de Cristóbal Colon –la Niña, la Pinta y Santa María- descubrían al otro lado del Atlántico –llevando de esta manera a cabo, bajo la guía y protección de Jesucristo y de María Virgen, a quienes los Reyes Católicos habían confiado la empresa, una de las más grandes gestas de la historia de la Humanidad-, las desconocidas tierras de América.
Al igual que en tiempos en que la Virgen se le manifestó al Apóstol Santiago, el 2 de enero del año 40 d. C., en que las tierras de España estaban bajo el imperio del fetichismo pagano, ahora también, la Virgen del Pilar, en su día, llevaba, por las personas de los conquistadores de América, el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo a las tierras americanas, dominadas por el más salvaje y cruel paganismo (recordemos la antropofagia ritual[1], por ejemplo). Es decir, mientras en un extremo del Atlántico se cantaba a la Virgen del Pilar por haber derrotado al paganismo en España, en el otro extremo del Atlántico, los Conquistadores Españoles, animados por la fe que concede el Espíritu Santo, cantaban a la Virgen del Pilar por haberlos conducido a una tierra en la que también, al fin de los tiempos, habría de triunfar, sobre la idolatría, el fetichismo, y el más oscuro el politeísmo[2], la Santa Religión Católica, la Religión cuyo estandarte es la Cruz ensangrentada.
Es entonces esto lo que se celebra el 12 de Octubre: el Día en el que Nuestra Señora del Pilar triunfaba en España por sobre el error y la herejía y el día en el que esta misma Señora, siglos más tarde, en la persona de los Conquistadores Españoles de América –con excepciones, pero la más grande reunión de héroes y santos que haya conocido la Humanidad-, hacía pie en América que así se convertía en América Hispana, orgullosa hija de la Madre Patria España, de quien heredaría lo más precioso que tiene: su ser hispano-católico, es decir, su cultura, su lengua y su religión católico-romana, al tiempo que se vería librada del culto irracional e inhumano de la superstición pre-hispánica.
Es por esto que decimos que el 12 de Octubre se celebra un milagro, o más bien, un doble milagro, que une dos continentes: el primer milagro, que el descubrimiento de América coincida con la festividad de Nuestra Señora del Pilar en España; el segundo milagro, significado en la presencia de la Madre de Dios y su Hijo Jesucristo en estas tierras americanas, en las personas de los Conquistadores. Es este doble milagro de la Virgen es lo que le valió a María Santísima el título de “Patrona de la Hispanidad” [3], otorgado por el Santo Padre Juan Pablo II en el año 1984, y también el de “Vencedora del paganismo”, porque venció al paganismo al manifestarse al Apóstol Santiago, y habrá de vencer al paganismo que hoy domina el mundo, el gnosticismo difundido a escala planetaria por la secta luciferina Nueva Era o New Age.
Nuestra Señora del Pilar, signo de la victoria sobre el paganismo, al concederle el Pilar a Santiago -y, por medio suyo, a toda España y a toda Hispanoamérica-, le dijo que el Pilar habría de permanecer allí “hasta el fin de los tiempos”, como un signo “del poder de Dios” que obraría “portentos y maravillas” a quienes se confíen a su maternal intercesión. Podemos entonces, confiados en las palabras de María Santísima, pedirle a Ella, que es la Patrona de la Hispanidad y la Vencedora celestial del paganismo, que interceda por España y por Hispanoamérica, en estos atribulados y oscuros tiempos en los que vivimos, caracterizados por la más grande locura que haya afectado a la humanidad desde Adán y Eva: rechazar al Hombre-Dios Jesucristo y su Santa Religión Católica, Apostólica y Romana, y entronizarse el hombre a sí mismo como su propio y único dios.



[1] Traemos a colación la siguiente cita, extraída de un “blog” no precisamente pro-hispano y católico: “Volviendo a los mexicas, fray Diego Durán escribió sobre el sacrificio ritual de niños en una importante celebración del Valle de México a la que asistían los gobernantes. Varios meses del calendario mexica estaban consagrados al sacrificio de niños en las cumbres de los montes, al igual que los distantes incas. Los niños eran transportados en literas adornadas mientras sus verdugos los acompañaban cantando y bailando. Se les hacía llorar para que sus lágrimas presagiaran una buena temporada de lluvias. Mientras más llorara el niño, más contentos estaban los dioses. El nombre mexica del primer mes es atlcahualo. Equivale a una parte de febrero en su contraparte gregoriana (los meses del calendario mexica duraban veinte días). Se sacrificaban niños a la deidad del agua Tláloc, y a Chalchitlicue, la señora de la falda de verde jade y la diosa de las aguas termales. En otras ceremonias los niños eran ahogados. En el tercer mes del calendario se volvían a sacrificar niños. El etnólogo francés Christian Duverger escribió algo que me perturbó. En las páginas 128s de la traducción de su libro La flor letal aparece este pasaje: Los suplicios. En el contexto de las violentas estimulaciones presacrificiales, creo que conviene dejar un lugar a la tortura, justamente porque sólo es practicada por los aztecas antes del sacrificio humano. La tortura no está obligatoriamente integrada al preludio sacrificial, pero puede ocurrir. El arrancar las uñas a los niños que debían ser sacrificados al dios de la lluvia es un buen ejemplo de tortura ritual. Las uñas pertenecían a Tláloc. Por medio de los sacrificios del mes atlcahualo los mexicanos rendían homenaje a los tláloques [servidores de Tláloc], y llamaban la lluvia; para que el rito fuera eficaz, convenía que los niños lloraran abundantemente en el momento del sacrificio. Después se les aplicaba una mascarilla de hule caliente y eran arrojados a una pila que hacía que el hule se endureciera y no los dejara respirar. Tláloc, el dios de la lluvia, era uno de los dos dioses más honrados por los mexicas. Junto con el de Huitzilopochtli, su templo azul claro existía en el punto más alto de Tenochtitlan. A partir de los esqueletos hallados desde finales del siglo XX hasta principios del XXI se determinó que docenas niños, en su mayoría varones de unos seis años, fueron sacrificados y enterrados en la esquina noroeste del primer templo dedicado a Tláloc (recuérdese que el templo consistía de varias capas; sólo la primera sobrevivió, en meros cimientos, a la gran destrucción española). En julio de 2005 los arqueólogos que trabajan en las ruinas anunciaron otro descubrimiento en los cimientos: un sacrificio infantil a Huitzilopochtli, probablemente con motivo a la consagración del edificio”; cfr. . http://images.google.de/imgres?imgurl=https%3A%2F%2Fnacionalismocriollo.files.wordpress.com%2F2011%2F05%2Fcodex1.jpg&imgrefurl=https%3A%2F%2Fnacionalismocriollo.wordpress.com%2Fcategory%2Fmundo-precolombino%2F&h=1520&w=2951&tbnid=PNBIsF2gFbc9dM%3A&docid=bb7LAY6R8ibbCM&ei=a_r-V7PMFcWvwASDkKCYDw&tbm=isch&iact=rc&uact=3&dur=563&page=0&start=0&ndsp=47&ved=0ahUKEwjzreLE5tbPAhXFF5AKHQMICPMQMwgrKA0wDQ&bih=901&biw=1920; cfr. http://www.usc.es/revistas/index.php/semata/article/viewFile/1083/1007
[2] Al conmemorar a la Virgen del Pilar, y como un paréntesis al tema de su rol en la Conquista y Evangelización de América, no se puede dejar de mencionar uno de sus milagros más resonados, el haber impedido el estallido de tres bombas que fueron arrojadas sobre el templo de Zaragoza, por parte del gobierno republicano pro-marxista, en la Guerra Civil Española de los años 1936-1939. Muchos vieron en este hecho un signo de la especial protección de la Virgen sobre las tropas nacionalistas. Por otra parte, de toda España acudían peregrinos a pie a dar gracias a la Virgen por haberlos librado de los peligros de la guerra. 

[3] http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=saintfeast&localdate=20161012&id=16743&fd=0 Este nombramiento por parte del Santo Padre Juan Pablo II tuvo lugar al hacer escala en su viaje a Santo Domingo para iniciar la conmemoración del descubrimiento de América. Sin embargo, ya en el año 1908 se había afianzado la dimensión hispánica de la Virgen del Pilar, con el tributo que se le ofreció de todas las banderas de las naciones hispanoamericanas, que cuelgan actualmente en los muros del Pilar.

miércoles, 17 de agosto de 2016

El legado espiritual del Padre de la Patria, el General San Martín


         El General San Martín se destacó por sus logros y hazañas exteriores como por ejemplo sus brillantes campañas bélicas que, ideadas por su genio militar estratégico, lograron la independencia[1] de Argentina, Chile y Perú -de hecho, el Cruce de los Andes está considerado como una de las más brillantes maniobras militares de la historia-. Sin embargo, su mayor grandeza proviene no de estas proezas externas, sino de su interior, es decir, de su espíritu noble, honrado, humilde, magnánimo; pocos hombres públicos pueden mostrar mayor grandeza espiritual que San Martín ya que –entre otras cosas-, habiendo alcanzado la máxima gloria militar en las batallas más decisivas, sin embargo no permitió nunca que la soberbia y la vanagloria se apoderen de él, rechazando en todo momento la tentación de asumir la totalidad del poder político y convertirse así en un dictadorzuelo de poca monta. Por el contrario, se conformó con algo mucho más alto y grandioso que una mera fracción de poder temporal y fue el ganar para los pueblos hispanoamericanos la anhelada libertad por la que luchaban[2]. En otras palabras, lejos de ser un hombre sediento de gloria y de poder mundanos, su grandeza moral y espiritual lo llevaba a despreciar la fama y el poder y a anhelar sólo el mayor bien para los pueblos, que en esos momentos históricos eran el auto-gobierno y la independencia.
Por otra parte, y llevado por el amor a su Patria y a sus compatriotas, se rehusó a formar parte de un sistema que dividía en facciones irreconciliables y enemigas entre sí y que llevaba al enfrentamiento entre los argentinos por algo mucho más bajo que la Patria y eran las egoístas y mezquinas cuestiones partidarias. Para San Martín, la Patria era la síntesis y el objetivo superior de todo argentino bien nacido, y era contrario a la división de los argentinos en bandos antagónicos que, según su certera previsión, habría de conducir a la Patria, por medio del enfrentamiento permanente de las facciones artificialmente creadas entre sí, a la antesala de su postración, decadencia y ruina definitiva. Para no participar en esta división cruenta y artificial entre argentinos, es que decidió, movido por la pureza y rectitud de sus principios -en el que el amor a Dios y a la Patria estaban en primer lugar-, el auto-exilio hasta su muerte, ocurrida en Boulogne-Sur-Mer, Francia.
Demostrando entonces su grandeza de espíritu, San Martín decidió retirarse antes de participar de una lucha intestina y fratricida por el poder, desatada entre aquellos hermanos suyos a los que había conducido a la liberación política, considerando al mismo tiempo que había cumplido con su deber de liberar a los pueblos y, como él mismo lo declaró, no tenía intenciones de manchar su sable con la sangre de hermanos.
En febrero de 1824 partió rumbo a Europa, acompañado por su hija Merceditas, que en esa época tenía siete años. Residió un tiempo en Gran Bretaña y de allí se trasladó a Bruselas (Bélgica), donde vivió modestamente ya que su escasa renta apenas le alcanzaba para pagar el colegio de Mercedes. Hacia 1827 se deterioró su salud y su situación económica empeoró sensiblemente. Además de estas penurias económicas, San Martín sufrió también la pena y la nostalgia de verse lejos de su patria[3] y esta nostalgia la sentía entrañablemente, porque amaba a su Patria naciente y amaba a sus compatriotas, los argentinos, sus hermanos.
El cimiento de su gigantesca estatura moral y espiritual estaba dado, en San Martín, por una profunda y fervorosa fe católica, la misma fe en la cual la Patria había nacido y que había heredado de la Madre España. Esta fe se manifestaba públicamente: hacía celebrar la Santa Misa para el Ejército; mandaba imponer el Escapulario de la Virgen del Carmen a los soldados antes de cada batalla; castigaba duramente las blasfemias contra Jesucristo y contra la Religión Católica y, ante todo, era un gran devoto de la Virgen, manifestando esta devoción mariana públicamente al nombrar a Nuestra Señora del Carmen como Generala del Ejército de los Andes, de modo similar a lo que hizo el General Belgrano con la Virgen de la Merced, nombrándola Generala del Ejército Argentino.
Hoy, nuestra Patria afronta graves peligros, pero el más grande de todos, es el de olvidar que nació a los pies de la Santa Cruz de Nuestro Señor Jesucristo y arropada en el manto celeste y blanco de la Inmaculada Concepción, la Virgen de Luján. El General San Martín, con su vida ejemplar y con su amor a Jesús y a la Virgen, nos señala el camino a seguir como Nación, como hijos de nuestra amada Patria Argentina, para precisamente no olvidar nuestros orígenes.
Pobre, aislado voluntariamente de los centros de poder, incapaz de agredir a sus hermanos, amante de Dios y de la Patria hasta dar la vida, he ahí el ejemplo maravilloso del General San Martín, el Padre de la Patria del cual los argentinos estamos orgullosos, al cual los argentinos debemos imitar para que la Patria no sucumba frente a sus enemigos internos y externos, y por el cual tenemos un motivo más para dar gracias a Dios, y es el habernos dado a tan grande hombre, héroe y santo, como Padre de nuestra amada Patria Argentina.




[1] Una independencia de España, hay que decirlo, forzada por las circunstancias, como el apresamiento del rey Fernando VII por parte los franceses y que, por otra parte, fue solo política pero no cultural ni religiosa puesto que conservamos el acervo cultural español y, lo más importante de todo, la religión católica, traída a estas tierras por los Conquistadores españoles.
[2] http://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/san_martin.htm
[3] Cfr. ibidem.

sábado, 9 de julio de 2016

¡Viva la Patria, nacida bajo la Santa Cruz de Jesús y arropada con el Manto celeste y blanco de la Inmaculada Concepción!


9 de Julio de 1816 - 9 de Julio de 2016

¡Viva la Patria, nacida bajo la Santa Cruz de Jesús y 

arropada con el Manto celeste y blanco 

de la Inmaculada Concepción!


jueves, 7 de julio de 2016

El 9 de Julio de 2016 debe mirar al 9 de Julio de 1816


Cristo de los Congresales de Tucumán.

         Decía Cicerón que “los pueblos que olvidan su historia están obligados a repetirla”. Los argentinos, que hemos vivido, desde el origen mismo de la Nación, una dolorosa historia de enfrentamientos, divisiones, discordias, luchas internas y fratricidas, debemos, si no queremos repetir esta triste historia, volver la vista a dos eventos históricos que dieron origen a nuestra Nación, para empaparnos con el mismo espíritu de los patriotas de la época: el 25 de Mayo de 1810 y el 9 de Julio de 1816, cristalización de los anhelos independentistas de Mayo.
         Según testigos de la época, como Fray Francisco Paula de Castañeda, “la obra del 25 de Mayo no fue obra nuestra, sino de Dios”[1], y lo que obró Dios en ese entonces, por medio de los patriotas de Mayo, fue el germen de lo que se cristalizaría seis años después, en el Congreso de Tucumán: la asunción, por parte de una de las provincias ultramarinas de España, de su auto-gobierno, como muestra no de una revolución y una rebelión contra la Madre Patria, sino como muestra del más leal, filial y noble sentimiento de pertenencia a España, pues esta Nación en germen asumía su auto-control, su autonomía en el gobierno y luego su independencia, conforme al derecho vigente y debido al grave riesgo que suponía el haber sido apresado el rey Fernando VII por parte de las tropas napoleónicas. Así como Mayo no fue una revolución –en el sentido más duro y cruel de esa palabra, en la que están implicados delitos de toda clase, como conspiraciones, homicidios, traiciones-, así también el 9 de Julio de 1816 no fue un renegar de los lazos más profundos que nos unían a la Madre Patria –su religión y su cultura, que fueron las que nos dieron el ser como Nación-, sino solamente cortar el hilo más débil, la dependencia política, en vista de los graves acontecimientos sucedidos en la Península, como consecuencia, entre otras cosas, de la intromisión de potencias extranjeras que pretendían, precisamente, hacer de esta “España ultramarina, hispana, criolla e indígena”, que era nuestra Patria naciente, un coto de caza para su propio provecho.
         Para no repetir los errores del pasado –y también del presente en el que lamentablemente vivimos los argentinos-, constituidos por desencuentros y enfrentamientos crueles y sangrientos, y para construir desde nuestro hoy un futuro de hermandad, el 9 de Julio de 2016 debe mirar al 9 de Julio de 1816 y también al 25 de Mayo de 1810 e impregnarse de su espíritu patriota, que al tiempo que declaraba su nobilísima fidelidad a la Corona de España, se independizaba de esta al considerar, en una lectura adecuada de los acontecimientos históricos, que había llegado la hora de nuestro auto-gobierno independiente, pero sin renegar jamás del más valioso legado de la Madre Patria España: la religión católica y su cultura hispana.
         En nuestros días, nuestra Patria se ve amenazada por peligros gravísimos, de igual o mayor tenor que en su mismo nacimiento. Al mirar hacia atrás, vemos -entre muchos otros- dos grandes dones de Dios para con nuestra Nación: su Bandera, que lleva los colores del manto celeste y blanco de la Virgen de Luján, y el Cristo de los Congresales, que presidió la firma de la Declaración de la Independencia en la Casa Histórica, el 9 de Julio de 1816, quedando así sellada, con la Sangre del Redentor, el nacimiento de Nuestra Nación bajo la Santa Cruz. Es hora de que nuestra amada Patria Argentina vuelva a sus sagrados orígenes que le dieron vida: la Cruz de Jesús y el Manto Inmaculado de María. Si queremos un futuro de paz entre los argentinos -que es la paz de Cristo, la única paz verdadera-, es hora de que nuestro ser nacional argentino vuelva a impregnarse y empaparse con la Sangre de Nuestro Señor y que la Patria vuelva a ser arropada por el Manto celeste y blanco de la Madre de Dios. Es hora de retornar a nuestros orígenes sagrados como Nación independiente y soberana.
        




[1] Cfr. Guillermo Furlong, Fray Francisco de Paula Castañeda. Un testigo de la Patria naciente, Ediciones Castañeda, 1994, 381-382.