¡Te agradecemos de todo corazón, Santo Padre Benedicto XVI, tu servicio a la Santa Madre Iglesia! ¡Que el Espíritu Santo suscite un sucesor con tu misma fe, sabiduría y caridad!
Nuestra Señora de Malvinas
lunes, 11 de febrero de 2013
martes, 30 de octubre de 2012
Todo en el 25 de Mayo es obra de Dios
“A Ti, Dios, te cantamos”. Así comienza el himno llamado Te Deum, que la Iglesia canta en acción
de gracias a Dios en ocasión de fechas patrias.
Cuando una gesta patria logra llevarse a cabo, es justo
dar gracias a Dios, porque es Dios quien, con su ayuda, permite que la gesta se
concrete.
Sin embargo, en el caso del Veinticinco de Mayo, las
cosas son distintas: no es Dios quien, con su ayuda, permite que unos patriotas
inspirados por su amor a la patria vean realizados sus ideales y sus esfuerzos:
es Dios mismo quien inspira y suscita sentimientos patrióticos en los corazones
de hombres nobles y leales, y es Él quien permite que la gesta se lleve a cabo.
Es decir, en el Veinticinco de Mayo, es Dios el autor de
la obra y es quien al mismo tiempo interviene para que la gesta se realice y
llegue a buen puerto. Esto lo dice un testigo presencial de los hechos de Mayo,
el Padre Francisco de Paula Castañeda: “Por nuestra
parte, ninguna cosa buena hemos hecho (...) y aún la del 25 de Mayo no es obra nuestra, sino de Dios”[1].
Según el Padre Castañeda, la gesta del Veinticinco de
Mayo es obra de Dios, no obra nuestra –“aún la del 25 de Mayo no es obra nuestra, sino de Dios”-, y su
culminación exitosa se debe al mismo Dios, y no a nosotros, que “ninguna cosa
buena hemos hecho”.
Todo lo que el Veinticinco de Mayo implica –también su
continuación, el Nueve de Julio de 1816-, esto es, la nobleza de los corazones
de los patriotas, su lealtad, su amor a la religión y a Jesucristo, el amor a
la Madre Patria y a la Patria naciente, se lo debemos a Dios. La gesta
pacífica, noble y leal del Veinticinco de Mayo, que es al mismo tiempo
proclamación de noble lealtad al Rey encarcelado, Fernando VII, y declaración
del inicio de nuestra independencia política, es obra de Dios, y no obra de los
hombres. Es por eso que, al revés que en toda gesta patriótica, en donde es
Dios quien acompaña y da fuerzas a los patriotas para que logren concretar sus
objetivos, en el Veinticinco de Mayo de 1810, Dios no se limita a acompañar y a
ayudar a los patriotas, sino que es Él mismo quien inicia la obra y la lleva a
su realización, a través de los patriotas de Mayo. Por lo tanto, si en toda
gesta patria se debe cantar el Te Deum
en acción de gracias, en el Veinticinco de Mayo, debemos, además de cantar el Te Deum, postrarnos ante los altares en
acción de gracias por haber recibido del amor de Dios un día sagrado y sublime.
Lo dice así el Padre Castañeda: “...en este día, todos con entusiasmo divino,
llenos de piedad, humanidad y religión, debemos postrarnos delante de los
altares, confesando a voces el ningún mérito que ha precedido en nosotros a
tantas misericordias”.
Todo en el 25 de Mayo es obra de Dios: desde la
inspiración de la nobleza de corazón de los patriotas, hasta el hecho mismo del
inicio de nuestra independencia política.
“A Ti, Dios Trino te adoramos”. Así debe comenzar nuestro
propio himno de acción de gracias, porque según el Padre Castañeda, en el
Veinticinco de Mayo no solo no hubo revolución -porque revolución quiere decir
traición, asesinato, venganza, injusticia, y nada de esto hubo en la gesta
patriótica gestada en el Cabildo de Buenos Aires-, sino que fue una gesta
límpida, noble y leal, y por lo mismo es un día tan sublime, tan glorioso, tan
augusto, que solo acción de gracias debemos dar a Dios, y el mejor modo de
agradecer a Dios por tantas misericordias, es por medio del sacrificio en cruz
de su Hijo Jesucristo, la acción de gracias eterna y de valor infinito, la
Santa Misa.
Así responde el Padre Castañeda ante la pregunta de qué
es el Veinticinco de Mayo y cómo debemos agradecer a Dios por este día: “(...)
el día Veinticinco de Mayo es (un día) solemne, sagrado, augusto y patrio...
(...) el día 25 de Mayo es el padrón y monumento eterno de nuestra heroica
fidelidad a Fernando VII; es también el origen y el principio de nuestra
absoluta independencia política; es el fin de nuestra servidumbre. Es y será
siempre un día memorable y santo, que ha de amanecer cada año para perpetuar
nuestras glorias, nuestro consuelo y nuestras felicidades”.
[1] Cfr.
Guillermo Furlong, Fray Francisco
de Paula Castañeda. Un testigo de la naciente Patria Argentina. 1810-1830, Ediciones
Castañeda, Argentina 1994, 382.
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domingo, 21 de octubre de 2012
El Combate de Obligado y la nueva lucha por la libertad
En
el Combate de Obligado, los patriotas argentinos tuvieron que luchar física y
materialmente contra un enemigo visible, que pretendía, por la sola fuerza de
las armas, avasallar y hollar el suelo patrio, profanándolo con su violenta
presencia. Los enemigos de la Patria, movidos por la sed de la codicia,
atropellando toda razón y justicia, intentaron invadir el suelo patrio, con el
objetivo espúreo del comercio y de la ganancia ilícita.
Los
valientes patriotas de la Vuelta de Obligado, amparados en la razón y en el
justo derecho a la defensa, movidos por el amor a la Patria y a su Santa
Religión Católica, arriesgaron sus vidas para salir en defensa de lo que no
puede ser de ninguna manera entregado en manos viles.
El
cristiano debe ver, en esta gloriosa batalla, una figura de lo que es su propia
batalla espiritual para salvar el alma: el enemigo al que se enfrenta, no es
material y visible, como en Obligado, sino inmaterial e invisible, los tenebrosos
“principados de los aires” (cfr. Ef
6, 12); las armas que deben empuñar tampoco son materiales, como sí lo eran en
Obligado, sino espirituales: el Rosario, la Santa Misa, la Confesión
sacramental, la vida de la gracia; lo que debe defender no es la tierra, sino
su alma, de los asaltos y embates del demonio; lo que debe conquistar no es la
paz de una ciudad de terrena, sino la paz que nace como de una fuente
inagotable, el Cordero de Dios, quien con su luz alumbra a la Jerusalén
celestial.
Al
conmemorar una vez más la gesta de Obligado, el católico debe, recordando la
valentía de los defensores de la Patria, inspirarse en ellos para librar,
armado con las armas de la fe, la Palabra de Dios, el crucifijo y el Santo
Rosario, una nueva batalla, mucho más importante que Obligado, la batalla por la Verdad, que es la única que hace verdaderamente libres (cfr. Jn 8, 31-36).
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lunes, 24 de septiembre de 2012
El bastón de mando de la Virgen de la Merced, Generala del Ejército Argentino
El 24 de septiembre de 1812, el General Belgrano, conocido
por su profunda devoción a la Virgen, le hizo una promesa antes de la batalla:
si ganaban los patriotas, le concedería el bastón de mando de su Ejército,
nombrándola Generala del Ejército Argentino.
La Batalla se libró en el lugar llamado “Campo de las carreras”,
y fue favorable para los patriotas, ya que los españoles fueron superados en
todo el frente, contribuyendo a la victoria patriota una gran manga de
langostas, que apareció de improviso en el campo de batalla, evitando al mismo
tiempo un número más alto de muertes.
Sumada al Éxodo Jujeño, la Batalla de Tucumán contribuyó, en
gran medida, a lograr la Independencia Nacional, al debilitarse
considerablemente el ejército realista.
Unidos y protegidos bajo el manto de la Virgen de la Merced,
todo un pueblo salió triunfante en la lucha por la independencia.
A doscientos años de esa gloriosa Batalla, los argentinos –como
todos los seres humanos desde Adán y Eva- enfrentamos un enemigo mucho más
temible, y nos vemos envuelto en una batalla mucho más trascendente, ya que lo
que está en juego es la salvación eterna: esta batalla es espiritual, y se
libra no en un campo de tierra, como el Campo de las carreras, sino en el
corazón de cada hombre; el enemigo no son los realistas, sino el demonio, el
mundo y la carne, que pretenden derrotarnos con la insidia de la tentación; las
armas no son sables ni fusiles, sino el Rosario, la Misa y la Confesión; el
triunfo consiste no en la independencia de una Nación, sino en la conquista de
la vida eterna, y si la Virgen obró milagros, como el de la manga de langostas,
para evitar mayores daños y muertes, también para nosotros obra la Virgen continuamente
numerosos milagros, en esta desigual lucha contra
“las potestades malignas de los aires” (cfr. Ef 6, 12), evitándonos muchísimos males; y al igual que Belgrano,
también contamos con una poderosísima ayuda, la Virgen de la Merced, para
vencer en esta batalla: así como Belgrano le dio su bastón de mando,
nombrándola Generala del Ejército Argentino, así también nosotros le entregamos
el bastón de mando de nuestra alma, nombrándola Generala Victoriosa, Dueña y
Señora de nuestros corazones, para que sea Ella la que nos obtenga el triunfo
tan ansiado, la vida eterna y la contemplación de su Hijo Jesús en los cielos.
martes, 31 de julio de 2012
Ataque vandálico a la Virgen de Luján en cementerio de Malvinas
Reproducimos la información tal como la publica el diario La Nación del día 31 de julio de 2012, en su edición digital (http://www.lanacion.com.ar/1494906-denuncian-vandalismo-en-el-cementerio-argentino-en-malvinas). Nos sumamos al repudio de tan lamentable hecho, al tiempo que iniciamos una novena en reparación y desagravio al ultraje sufrido por Nuestra Señora de Luján, Patrona de la Argentina. Invitamos a todos los argentinos a desagraviar a Nuestra Madre del cielo.
A poco más de cumplirse 30 años de la guerra de Malvinas, los familiares de los soldados argentinos caídos en combate denunciaron que en los últimos días se atacó violentamente el cementerio de Darwin en el archipiélago. Principalmente fue perjudicada la imagen de la Virgen de Luján que bendice el lugar.
Las autoridades de la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur señalaron a LA NACION que se produjo un "acto vandálico" en el Monumento a los combatientes.
La organización de familiares recibió un comunicado ayer de Sebastián Socodo, encargado del mantenimiento del camposanto argentino. No se sabe cuándo fue exactamente el ataque ni quienes.
"Hay fuertes impactos en un blindex de vidrio que protegía la urna donde está la imagen de la Virgen. Parecen balas pero aún no sabemos", contó a este diario Cesar González Trejo, apoderado de la comisión y ex combatiente de Malvinas. "No se dañó la imagen pero podrían haberlo hecho", expresó.
Según se supo, la policía isleña ya tomó cartas en el asunto pero no hubo avances en la investigación.
La comisión de familiares le envío notas al canciller argentino Héctor Timerman y al embajador británico en la Argentina, John Freeman, "para que en sus respectivos ámbitos de responsabilidad garanticen una investigación urgente y exhaustiva acerca del acto profanatorio cometido".
"Este acto se enmarca en una escalada de hostilidad por parte de algunos sectores británicos con proyección en ámbitos de influencia local, hacia el más importante homenaje que el pueblo argentino les rindiera a los 649 soldados caídos en el conflicto armado de 1982. esa actitud deviene, a nuestro entender, de un clima artificialmente provocado que atentó contra la sacralizad del lugar histórico", indicó la comisión a través de un comunicado..
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domingo, 8 de julio de 2012
Jesús crucificado y el 9 de Julio
La conmemoración de la Independencia
Patria no puede quedar en un mero recuerdo, sino que se debe
mirar al pasado para que nos ilumine el presente, para así construir un futuro
luminoso para nuestra Nación Argentina.
Por lo
tanto, es necesario tener presente la profunda religiosidad de los Congresales
de Tucumán, religiosidad puesta de manifiesto, entre otras cosas, en el hermoso
crucifijo que presidía la Sala
de la Firma de la Independencia en la Casa Histórica, llamado desde
entonces “Cristo de los Congresales”.
La
presencia del crucifijo no era ocasional; por el contrario, era intención
manifiesta de los Congresales que Nuestro Señor Jesucristo, el Hombre-Dios, el
Salvador del género humano, estuviera presente en el origen y nacimiento de
nuestra Patria. Con orgullo podemos decir los argentinos que nuestra Patria
nació a la sombra de la Cruz
del Salvador, cobijada bajo el manto celeste y blanco de la Virgen Inmaculada, Nuestra
Señora de Luján.
Por lo
tanto, al mirar el pasado, y al contemplar, maravillados, a la Cruz de Nuestro Señor
presidiendo el augusto y solemne momento del nacimiento de nuestra Patria, no
podemos dejar de considerar que Argentina, y todos los argentinos, llevamos el
sello indeleble de la Cruz
en nuestro Ser nacional. Y con nuestro Ser nacional, no solo nuestra
religiosidad, sino toda nuestra cultura, que es la expresión más acabada del
pensamiento, de la voluntad y del obrar de una nación, debe reflejar, de un
modo u otro, a Cristo crucificado. En otras palabras, todo lo que los
argentinos pensamos, hacemos y decimos, en cuanto argentinos y pertenecientes a
una Nación que se llama “Argentina”, debe reflejar a Cristo, el Hombre-Dios.
Obrar de
otra manera, es decir, tratar de construir un país cuyas leyes sean contrarias
a los Mandamientos divinos y al Mandamiento Nuevo de la caridad dejados por
Jesucristo, sería falsear la historia y provocar confusión y desorientación a
las futuras generaciones, además de una grave falta contra Dios, que quiso que
su Hijo estuviera desde nuestro nacimiento como Nación, para que todas las
generaciones de argentinos, sin excepción, hasta el fin de los tiempos, fueran
salvados por la preciosísima Sangre del Redentor.
Al
conmemorar la gesta de la
Independencia, agradecemos a Dios por medio de la
Santa Misa el designio de su Amor infinito
de habernos honrado con la
Presencia de Jesús crucificado en el Salón de la Casa Histórica, al tiempo que
le rogamos, que caiga sobre nosotros, sobre el pueblo argentino, la
preciosísima Sangre que mana de sus Santas Llagas.
sábado, 7 de julio de 2012
Reconquista y Defensa de Buenos Aires 5/7 de Julio de 1807
El
general inglés Whitelocke, con 9000 hombres
desembarcó en la ensenada de Barragán el 28 de junio de 1807 con la
intención imperial, de apoderarse de la ciudad de Buenos Aires.
Liniers, había reunido alrededor de 8000 hombres y pensaba detener al
invasor más allá del Riachuelo, en los Corrales de Miserere. Contaba con las
flamantes unidades criollas, las españolas y, algunas piezas de artillería.
También estaba la caballería gaucha y entre ellos los jinetes del pago de Luján
a las ordenes del alcalde López y portando en el pecho o en el sombrero la cinta celeste y blanca de 38 cm. (altura de la imagen)
de la Virgen
de Lujan, para distinguirse, reconocerse
y como protección divina.
El
día 2 la vanguardia del invasor tomó
contacto con los defensores en Miserere
y, después de una serie de pequeños
contrastes, las fuerzas patriotas se
dispersaron.
Mientras tanto en la ciudad el alcalde don Martín de
Álzaga preparó la defensa con la
entusiasta colaboración de todos los vecinos. El día 3 llegó Liniers con la
mayor parte de los dispersos y retomó el mando.
El 5 de julio a las seis y media de la
mañana y después de una salva de 21 cañonazos los invasores iniciaron el ataque
en tres columnas por las calles que llevaban a la Plaza Mayor. Al
principio tuvieron algunos éxitos y tomaron la plaza de toros (Retiro), el
parque de artillería y el convento de las Catalinas. Pero la columna sur, a
poco de entrar en el poblado fue
prácticamente destruida y debió rendirse.
El fuego de la fusilería, la artillería
y los proyectiles de todo tipo que hasta las mujeres les arrojaban desde
las terrazas, fue debilitando al invasor
refugiándose una parte importante en el convento de Santo Domingo. Allí
habiendo perdido la mitad de sus fuerzas y en un conocido acto de prepotencia intimaron rendición a la
plaza. Pero fue Liniers quien después de algunas alternativas logró la
rendición y el 7 de julio se firmó el
convenio de paz por el cual, el invasor perdió sus banderas, debió reembarcarse y
entregar la plaza de Montevideo.
Las incipientes fuerzas regulares
patriotas se volvieron a destacar por su valentía y corrección a tal punto que
el coronel Cadogan después de rendirse preguntó: “¿Que tropa es ésa de escudo en el
brazo tan valiente y tan generosa?” aludiendo a los escudos de paño grana que
portaban los Patricios. De ésa estirpe de valientes fueron los ejércitos de la Patria que libertaron a
medio continente, pelearon en la organización nacional, consolidaron su extensión territorial y
defendieron la República. Esos criollos, españoles y
nativos estuvieron dispuestos a entregar sus vidas en la justa defensa de sus
tierras, de sus derechos, de su fe. Más allá de las diferencias étnicas o
sociales los unía ese palpitar interno, ese impulso desconocido que comenzaba a
llamarse Patria. La Defensa,
consolida los sentimientos de pertenencia y de soberanía que ya se habían
manifestado en la primera invasión. Así nacía una nueva y gloriosa Nación impulsada por sus armas y custodiada por sus
ciudadanos. Fausto González
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