Nuestra Señora de Malvinas
miércoles, 20 de junio de 2012
La creación de la Bandera fue un acto de devoción mariana
viernes, 25 de mayo de 2012
El 25 de Mayo debe amanecer como un día sagrado, memorable, augusto y patrio
lunes, 2 de abril de 2012
Malvinas Argentinas por siempre
lunes, 28 de noviembre de 2011
Soberanía y globalización. El ejemplo de los héroes de Vuelta de Obligado

En un mundo dominado por la globalización, en el cual se intenta imponer un pensamiento único -el pensamiento materialista y hedonista, el pensamiento ateo y relativista-, hechos como el Combate de la Vuelta de Obligado son contrarios al modelo de imposición globalizante.
Y los hechos de Obligado son contrarios al modelo del Nuevo Orden porque fueron motivados por principios infinitamente superiores a los de la globalización. En Obligado primaron el amor a la Patria, el amor a la Bandera Nacional, el amor a la tierra, el amor a los compatriotas. Y como todos estos amores están fundados y surgen de un solo amor, el amor a Dios, fue el amor a Dios el que movió a los corazones de los héroes de Obligado.
Por el contrario, el Nuevo Orden Mundial –del cual los agresores franceses e ingleses eran sus preclaros antecesores-, propicia el amor al dinero, como fuente de todos los malos deseos: la rapiña de la tierra y de los bienes ajenos, el desprecio por los nativos del lugar y la violación de la soberanía nacional y territorial.
Hoy nuestra Patria se enfrenta a múltiples amenazas, una más peligrosa que la otra, las cuales intentan demolerla desde sus cimientos, re-escribiendo la historia desde una perspectiva anti-cristiana, materialista, atea y agnóstica.
Hoy a nuestra Patria la intentan invadir –y en gran medida ya lo han hecho- corsarios que, a diferencia de los de antaño, que navegaban en buques, se desplazan por los aires, por las ondas de televisión, de radio, de Internet; hoy la Patria se ve mortalmente amenazada por quienes, desde la falsificación histórica de su pasado, pretenden construir un “relato” ideológico según el cual nuestra Patria no es cristiana, porque no nació a la sombra de la cruz, y tampoco es mariana, porque su Bandera Nacional no se identifica con el Manto de María Inmaculada.
Hoy nuestra Patria se ve amenazada en sus cimientos, porque hay quienes intentan llamar blanco a lo negro y negro a lo blanco, bueno a lo malo y malo a lo bueno: hay quienes intentan hacer pasar la anti-natura por natura, disfrazando a lo perverso con aspecto de bondad; hay quienes intentan hacer creer a los argentinos –a los pocos que todavía no han aceptado esta falsificación del pasado que confunde el presente y enturbia el futuro- que los agresores de ayer, tanto foráneos como nativos, no eran tales en realidad, y por eso merecen ser glorificados con toda la gloria mundana.
Hoy nuestra Patria se ve amenazada en sus cimientos porque por todos los medios posibles, se intenta construir un “relato” ateo, materialista y relativista.
Hoy, como ayer en Obligado, la Patria necesita héroes que, desafiando al pensamiento único, afirmen con todas sus fuerzas que Dios existe, que nuestra Patria es mariana y católica, que el destino de sus miembros es un destino de eternidad, la feliz eternidad en la contemplación de las Tres Divinas Personas.
La fuerza para contrarrestar y vencer al materialismo y relativismo del pensamiento único globalizante, que lleva a la negación de Dios y al hundimiento de la Patria, radica en las palabras del Dueño de la Patria, el Rey de reyes y Señor de señores, Cristo crucificado: “Las fuerzas del infierno no prevalecerán” (cfr. Mc 8, 27-30).
miércoles, 17 de agosto de 2011
El General San Martín y el destino de la Patria
Si no quieren perecer, los integrantes de una Nación deben siempre volver la mirada a sus pro-hombres, a sus próceres, y mucho más cuando esos pro-hombres son considerados "padres de la Patria", como el General Don José de San Martín.
No se trata de una semblanza biográfica, sino de la rememoración de su pensamiento, de su querer, de sus creencias, de su obrar, para tomar de esos lugares la guía, la brújula, el timón que oriente los pasos en el devenir histórico de la Nación, el cual se hace, a medida que pasa el tiempo, cada vez más incierto y oscuro.
La Nación Argentina no es inmune a los vaivenes ideológicos del mundo, que son dos en definitiva: el neo-liberalismo y el comunismo marxista, con sus variantes socialistas. Ambas corrientes de pensamiento, si bien en la superficie aparecen como antagonistas, y si bien ambos buscan, al menos en teoría, la felicidad del hombre, son en realidad la misma cosa, y en vez de procurar la felicidad humana, al ser aplicados sólo traen dolor y pesar, porque el hombre no es un "homo economicus", sino un "homo religioso" por naturaleza, y sólo aquí, en la "re-ligación" con su Creador, encuentra la felicidad máxima y suprema.
Consideramos que nuestra atribulada Nación se encuentra, ya desde hace muchos años, inmersa en esta batalla ideológica, en la que se busca el triunfo, a toda costa, de una u otra ideología, y nos parece que, de seguir así, nos encaminamos hacia un abismo de anarquía, de caos, de violencia y de desintegración nacional.
Bajo estas ideologías, se construyen escuelas, se aumentan los salarios, se busca el esparcimiento del pueblo. Esto en sí mismo no es erróneo; sí lo es el fin al que conducen. Por supuesto que importa la cantidad de escuelas que se construyan; pero hay que ver qué es lo que se enseña en ellas, porque si en ellas se enseñan principios contrarios a la moral natural, entonces la escuela, en vez de construir el país, contribuye a su desintegración. Por supuesto que es importante el aumento de los salarios, pero si estos se usan para alimentar la fiebre consumista, en vez de ser un medio para que el hombre practique la fraternidad, preocupándose por el más necesitado. Por supuesto que el pueblo debe buscar un sano esparcimiento con un ocio sano, necesario para relajar el espíritu y continuar con más fuerzas el duro trabajo con el que se procura el sustento diario, pero si el esparcimiento es un medio para saturar el Domingo, Día de la Resurrección de Jesús, con fútbol, carreras, deportes varios, haciendo olvidar al hombre que debe dedicar este día a Dios, para agradecerle por su Amor, para adorarlo por su inmensa majestad, para pedirle por lo que necesite, entonces el esparcimiento dictado por las ideologías no es más que un instrumento de descristianización y de construcción del ateísmo práctico.
¿Y qué tiene que ver esto en una semblanza del General San Martín?
Como decíamos al principio, para encontrar la brújula que oriente el rumbo, que indique cuál es el norte, es decir, el destino trascendente del país, una Nación debe volver la mirada hacia sus próceres, y el primero de ellos es el General San Martín, porque la grandeza de los pro-hombres, y la claridad de su mirada espiritual, constituyen esta brújula que tan desesperadamente necesitamos en estos oscuros tiempos.
Ahora bien, podría creerse que la grandeza de San Martín reside en su genio militar, pues la empresa de cruzar los Andes con todo un ejército -eso solo es en sí mismo una gran proeza-, y el arriesgar su vida por una empresa noble -la independencia de un país y de un continente entero-, son hechos que hablan por sí solos de la magnificencia de su espíritu.
Sin embargo, no radica aquí la grandeza de nuestro Padre de la Patria. Su grandeza mayor, entre todas, es su fe, su profunda fe católica demostrada, por ejemplo, en el disponer la celebración de la Santa Misa en las acampadas del Ejército, en plena campaña; en el hacer colocar el escapulario de Nuestra Señora del Carmen a toda la tropa; en nombrar a la Madre de Dios "Generala del Ejército de los Andes", en una muestra de devoción mariana similar a la del General Belgrano.
Fue este espíritu de fe, de fe sobrenatural, de creencia en un Dios providente que premia a los buenos y castiga a los malos; fue su convicción en un infierno que espera engullir en sus fauces, para toda la eternidad, a quienes libre y voluntariamente se decidan en contra de Dios y de su Cristo; fue su convicción y su fe firme en Jesucristo, como Redentor de los hombres -murió con un crucifijo en las manos, en la más absoluta pobreza-, lo que le dio al General San Martín la lucidez y claridad mental y espiritual para guiar su vida, la de su familia, la de una Nación entera, a la proeza de la Independencia, de combatir y derrotar a sus enemigos.
Lo que guió a San Martín no fue una ideología política, ni de derecha ni de izquierda; no fue ni el liberalismo ni el comunismo -en germen en la época en el socialismo internacional-, sino su fe católica. Y es aquí en donde los argentinos debemos detenernos y reflexionar, para no seguir equivocando el rumbo, para detenernos en esta alocada carrera hacia el abismo, en el cual finalizaremos en poco tiempo, si la revolución mental y espiritual que implican las ideologías de derecha y de izquierda continúan imperando en los corazones argentinos.
¿Cuál es el mensaje que nos deja la vida extraordinaria del General San Martín? Volver a la Fe católica; confiar en Dios Nuestro Señor Jesucristo, que murió en cruz para salvarnos, para atravesar no ya los picos altísimos de la Cordillera de los Andes para derrotar a un enemigo terreno y ocasional, sino para atravesar el umbral de la muerte, que nos conduzca a las alturas insospechadas de la unión con Dios Uno y Trino; recurrir a la Madre de Dios, para que tome el bastón de mando de nuestras almas, para que sea Ella la Generala que conduzca nuestras vidas, y nos guíe hacia la victoria contra los tres grandes enemigos, el demonio, el mundo y la carne, para que sea Ella la que enarbole, por nosotros, el victorioso estandarte ensangrentado de la cruz de Jesús.
¿Qué nos diría el General San Martín a nosotros, que vivimos en el siglo XXI, si fuéramos parte de su glorioso Ejército? Si fuéramos soldados del General San Martín, nos diría: cree en el Hombre-Dios Jesucristo; recurre a la protección e intercesión de la Madre de Dios; asiste a Misa todos los días, para recibir a Jesús en la Eucaristía; espera confiado el fin de tus días, revestido con su escapulario, el escapulario del Carmen, y así, fortalecido con la Fe en la Santa Iglesia Católica, podrás atravesar el umbral de la muerte en paz para iniciar la feliz eternidad, la comunión de vida y de amor con las Tres Personas de la Santísima Trinidad.
viernes, 15 de julio de 2011
NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN DE CUYO PATRONA Y GENERALA DEL EJÉRCITO DE LOS ANDES

NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN DE CUYO
PATRONA Y GENERALA DEL EJÉRCITO DE LOS ANDES
PATRONA DE LA EDUCACIÓN DE MENDOZA
PATRONA DE LA 8º BRIGADA DE MONTAÑA
¿Cuál es el origen del nombre “del Carmen”? El nombre “del Carmen” viene de un monte que se encuentra en Tierra Santa, el Monte Carmelo, que significa en hebreo “viña de Dios”. Según el Libro de los Reyes, allí vivió el Profeta Elías con un grupo de jóvenes, dedicados a la oración. Según este libro bíblico, alrededor del año 300 a. J. C., se produjo en toda la región una gran sequía; el Profeta entonces subió a la montaña para pedir lluvia, y cuando estaba en oración, vio a lo lejos una nube luminosa blanca que se acercaba, y a medida que se acercaba, comenzaba a caer el agua de lluvia en abundancia. El hecho físico fue un símbolo de lo que debería suceder después: la nube luminosa es la Virgen que alumbra al Redentor: ayudado por Dios, el profeta Elías comprendió que la visión era un símbolo de la llegada del Salvador esperado –simbolizado por la lluvia-, que nacería de una doncella inmaculada –simbolizada por la nube blanca- para traer a la tierra, agostada por el pecado, la lluvia de la gracia de Dios. La visión del profeta Elías –una nube luminosa de la cual brota agua en abundancia- se hace realidad con el nacimiento virginal de María. Ella es la Nube de luz que derrama la lluvia de la gracia de Dios por medio del nacimiento de su Hijo Jesús. Jesús, el Hombre-Dios, nace de María y con su gracia divina y con el don Espíritu Santo, riega los áridos corazones de los hombres, agostados por la rebelión contra Dios.
LA NUBE LUMINOSA ES LA VIRGEN QUE ALUMBRA AL REDENTOR
A partir de entonces, la pequeña comunidad del Monte Carmelo se dedicó a rezar por la que sería madre del Redentor, comenzando así la devoción a Nuestra Señora del Carmen (o Carmelo). Con la llegada del Redentor, la comunidad se convirtió en un monasterio cristiano que continuó orando siempre a la Virgen María como Nuestra Señora del Monte Carmelo.
Según la tradición católica, la Virgen María, antes de su Asunción, visitó a los monjes y los estimuló a continuar con sus oraciones. Luego vino la pasión y muerte, seguidas de la resurrección y marcha al Cielo de Jesús, y más tarde de su Madre. La comunidad se convirtió en un monasterio cristiano, que continuó orando a la Virgen como Nuestra Señora del Carmelo.
Siglos más tarde, se producen las invasiones musulmanas, y a causa de estas invasiones, los monjes se ven obligados a trasladarse a Europa.
LA VIRGEN DEL CARMEN HACE A SUS HIJOS EL DON DE SU MANTO, EL ESCAPULARIO
La Virgen había visitado el monasterio del Monte Carmelo cuando estaba en Tierra Santa, y lo vuelve a visitar cuando el monasterio se traslada a Europa a causa de las persecuciones. En el siglo XIII, la Virgen María se le apareció a San Simón Stock, quien en ese momento era Superior del convento, como Nuestra Señora del Carmen. El motivo de la aparición, de la venida desde el cielo, era hacer a sus hijos del Carmelo un don inapreciable: su propio manto, el escapulario de la Virgen del Carmen. Según relata el mismo San Simón Stock, se encontraba él en oración, cuando se le aparece la misma Madre de Dios para decirle: “Amadísimo hijo, recibe el escapulario de mi orden para que quien muriese llevándolo piadosamente, no padezca el fuego eterno”. La Virgen María hace el don del escapulario, que significa su manto bendito: quien lo usare en vida y quien muriera con el escapulario, su manto, no padecería el fuego eterno.
El Papa Gregorio XIII declaró verdadera esta aparición después de serios estudios, basándose además en los dones sobrenaturales que recibían los que usaban el escapulario. Esta aparición fue reconocida también por el Papa Juan XXII, que recibió una nueva aparición de la Virgen, en la que prometía sacar del purgatorio el primer sábado después de su muerte a sus devotos.
LA VIRGEN DEL CARMEN EN MENDOZA
La Virgen María no se apareció visiblemente en nuestras tierras, sin embargo, encontró el modo de hacerse presente: llegó con los misioneros españoles bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen. La devoción se había difundido por toda Europa y entre sus devotos, se encontraban santos como San Juan de la Cruz y Santa Teresa; por eso es que llega a estas tierras americanas con los misioneros y los conquistadores, y empieza a ser venerada por los indígenas y criollos desde mediados del siglo XVI.
Ya en el siglo XVIII se encuentra en Mendoza la imagen que hoy veneramos, pues don Pedro de Núñez “caballero de gran fortuna y devoción, donó la imagen y todo lo necesario para el culto de la Virgen del Carmen”, según documentos de la época.
Primero estuvo en el templo de los Padres Jesuitas, y allí se fundó la Cofradía. En 1776, debido a la expulsión de la Orden por obra de la masonería, la imagen fue trasladada a la iglesia de San Francisco. En ese lugar, realizaría grandes milagros a favor de la Patria, y recibiría el reconocimiento agradecido del Padre de la Patria, Don José de San Martín. En el año 1814, el Libertador nombró a la Virgen del Carmen Generala de su Ejército, dando testimonio público de devoción mariana, y superando los respetos humanos de una época en la que el liberalismo masónico había difundido la idea de que “la religión es asunto privado”.
San Martín decidió con su Estado Mayor que la Virgen del Carmen fuera la Protectora del Ejército, según dice el general Espejo en su obra ‘El Paso de los Andes’: “La devoción a la Virgen del Carmen estaba muy arraigada en Cuyo y casi todos los soldados llevaban su escapulario, por eso fue ella la que tuvo preferencia”. El mismo general en su obra describe más adelante la piadosa ceremonia del 5 de enero de 1817, durante la cual San Martín le entrega su bastón de mando después de la victoria de Chacabuco y la nombra Generala. En esa misma ceremonia, hace bendecir también la Bandera de los Andes, “saludada por dianas y la banda con cajas y clarines, mientras rompía una salva de veintiún cañonazos, ante el ejército de gran gala y todo el pueblo de Mendoza”, según crónicas de la época.
Más tarde, después de sus triunfos, entregará el General definitivamente su bastón, dejando una carta en la que agradece la protección de María para con el Ejército de los Andes: “La protección que ha prestado al Ejército de los Andes su Patrona y Generala la Virgen del Carmen son demasiado visibles...”.
Ambas reliquias, el bastón y la carta, se conservan hoy en el Camarín de la Virgen, como testigos del reconocimiento del General San Martín a la intervención milagrosa de la Virgen del Carmen a favor del Ejército patriota. La Virgen del Carmen lleva también la bandera argentina, por el hecho de que es Generala del Ejército Argentino, y además, como testimonio del reconocimiento de la nación argentina a su Protectora. La imagen también está acompañada por las banderas de Perú y Chile, al ser esta advocación Patrona de los dos países vecinos.
LA VIRGEN DEL CARMEN DE CUYO, CORONADA POR EL SANTO PADRE
Por iniciativa de Fray Leonardo Maldonado, el Papa Pío X decretó: “que la Sagrada Imagen de la Virgen María bajo el título del Carmen que se venera en la Iglesia de San Francisco en Mendoza, sea con voto solemne coronada con corona de oro”. Apoyó su resolución en la “Suficiente constancia que existe de la popular veneración de la imagen, de su fama y celebridad como también de las gracias admirables y celestiales, dones concedidos copiosamente por ella”.
La corona, ofrenda de sus devotos, le fue impuesta en una ceremonia el 8 de septiembre de 1911 y es un recuerdo de tal solemnidad que se decretó tal día como Fiesta Patronal de la Provincia y en ese día, desde 1950, es también honrada muy especialmente la Santísima Virgen del Carmen de Cuyo, en las escuelas de Mendoza, como Patrona de la Escuela Primaria, instituida en tal carácter por decisión superior; y de la educación en sus tres niveles por decreto del 30 de septiembre de 1980.
A nuestra Madre, la Virgen María, Nuestra Señora del Monte Carmelo, le encomendamos nuestra Patria y nuestras almas, pidiendo la gracia de vestir piadosamente su manto, el escapulario, en esta vida, para ser revestidos de la gloria de la Trinidad en el cielo.
viernes, 8 de julio de 2011
El 9 de Julio es un día "augusto, soberano, memorable"
Según la tradición oral,el Acta de Independencia
de las Provincias Unidas
del Río de la Plata
se firmó
el 9 de Julio de 1816,
en una mesa
presidida por esta talla
del Siglo XVIII, llamada
"Cristo de los congresales".
A poco menos de doscientos años de la gesta de su Independencia política, la Argentina parece haber perdido el rumbo y de tal manera, que ya no sabe ni qué celebra, cuando celebra la Independencia.
En la gesta de la Independencia del 9 de Julio, actuaron fuerzas naturales y sobrenaturales –según lo atestigua Fray Castañeda- que lograron romper la dependencia con un sistema político español que sólo acarrearía males para estas tierras, pues estaba unido a la ideología liberal-humanista de la Revolución Francesa, y con esta última, entraría a estas tierras la disolución y la esclavización a oscuros poderes extra-nacionales.
En este sentido, la Declaración de la Independencia significó no simplemente el inicio del auto-gobierno de la nación por parte de gobernantes criollos, sino la preservación de la integridad territorial, cultural, religiosa y espiritual, que eran amenazadas directamente por los vientos revolucionarios y ávidos de las riquezas de estas tierras, por parte de las potencias extranjeras, principalmente, Inglaterra y Francia.
Sin embargo, cuando se leen los diarios, los noticieros, las revistas de actualidad, se habla de todo, menos de la Independencia, de sus causas, de sus consecuencias, de su relación con la actualidad.
En la Argentina de hoy, los actos patrios, que deberían ser momentos de orgulloso recuerdo de las gestas nacionales, entre ellas, la primera de todas, la Independencia nacional, “obra de Dios y no nuestra”, en las palabras de Fray Francisco de Paula Castañeda[1], de agradecimiento a Dios Uno y Trino por el don que la Patria en sí misma significa, y por los innumerables beneficios con que la ha adornado, entre ellos, la Bandera Nacional, que lleva los colores del manto de la Inmaculada de Luján.
Sin embargo, en la Argentina de hoy, nada de esto sucede.
En las vísperas de la fecha patria se habla de todo, menos de los asuntos más graves e importantes para la supervivencia de la misma. Vergonzosamente, se habla de fútbol, como si el triunfo en un simplicísimo partido de fútbol se jugara el destino nacional; se habla de política, como si fueran la política y los políticos por quienes vino a la existencia la Patria, y como si fuera por ellos que subsiste; se habla de deportes, de moda, de frivolidades televisivas -cuando no de basura televisiva-; se habla del clima, de accidentes de tránsito, de noticias policiales, pero no se habla de la Patria, de sus asuntos urgentísimos, y mucho menos se la honra.
Y luego, a los actos patrios se los convierte en vergonzosos mítines proselitistas, en donde el gobernante de turno, esquivando el Te Deum o asistiendo a él, no para adorar y dar gracias a Dios Uno y Trino, y encomendarle los destinos de la Patria, sino para obtener réditos políticos, tanto con su ausencia como con su presencia.
Fray Francisco de Paula Castañeda decía que el 25 de Mayo debía amanecer como un día sagrado, y que ese día, que era un día “augusto, soberano, sagrado”, por venir de Dios, debíamos postrarnos ante los altares, para dar gracias a Dios, porque esa obra no era nuestra, sino suya.
Lo mismo debemos decir del 9 de Julio, pues no es más que la continuación, profundización, afirmación y realización de los nobles ideales criollos del 25 de Mayo.
También el 9 de Julio debe entonces amanecer para nosotros como un día “augusto, soberano, sagrado”, y también debemos postrarnos ante los altares, para dar gracias a Dios Uno y Trino por el don de la Independencia, pero a esta acción de gracias, debemos agregarle una petición: que nos otorgue la luz necesaria para honrar a la Patria como ella se lo merece, para no desvirtuar el Día dedicado a su memoria y a su honor, para tener lucidez y afrontar los graves desafíos y problemas que la acucian día a día, y que la amenazan en su misma subsistencia.
Pero además de agradecer por la Independencia del 9 de Julio, debemos pedir también la ayuda celestial para lograr otra independencia, la independencia no ya de potencias extranjeras que amenazan el territorio, los bienes materiales, y las vidas de los que componen la nación, sino de los poderes oscuros de las tinieblas, y de sectas tenebrosas, que gobiernan en las sombras contra los intereses vitales nacionales y patrios, pero sobre todo contra las almas, buscando su perdición.
Y esa independencia, esa fuerza sagrada que nos libera de las garras del mal, personificado en el ángel caído, sólo viene de la cruz de Jesucristo, por intercesión de la Virgen de Luján.[1] Cfr. Furlong, G., Fray Francisco de Paula Castañeda. Un testigo de la Patria naciente, Ediciones Castañeda, 1994, 381-382.


