
Cuando los congresistas del Congreso de Tucumán firmaron, a
los pies de Cristo crucificado –llamado por esto “el Cristo de los Congresales”-
la Independencia de la Nación Argentina, el 9 de Julio de 1816, muy
probablemente tenían en mente una Patria substancialmente distinta a la que
tenemos hoy. Por un lado, al firmar en castellano y a los pies del crucifijo,
pensaban en una Patria hispana y católica: hispana, porque la separación con
España –no querida, no deseada, no buscada-, fue más bien de orden político,
pero nunca cultural, por lo que continuamos siendo lo que éramos: españoles
americanos, españoles de ultramar; pensaban en una Patria católica, porque no
por casualidad la firma de la Independencia se llevó a cabo a los pies de
Cristo crucificado; además, un buen porcentaje de congresistas eran sacerdotes
de Cristo, pertenecientes a la Iglesia Católica. En síntesis, nunca hubo intención
de renegar de nuestras gloriosas raíces hispanas y católicas y por eso mismo,
los congresistas proyectaban al futuro una Patria hispana y católica, una Patria
que tuviera por Madre Patria a España y por Alma de la Nación a la Religión
Católica.
Pues bien, si los congresistas, de alguna manera, se
hicieran presentes en nuestros días, verían que la Patria, hispana y católica,
reniega cada día más de sus raíces y de su origen, español y católico, en aras de un indigenismo neo-pagano pergeñado intelectualmente por los sionistas británicos. Verían una
Patria devastada desde el punto de vista económico, moral, espiritual; verían
una Patria dominada y gobernada por una banda de delincuentes que se hacen
llamar “políticos”; verían una Patria invadida por ideologías contrarias en un
todo a la Ley de Dios, como por ejemplo la ideología de género, que llama “derecho
humano” a todo lo que transgrede la Ley Divina; verían que en la Patria se ha
sancionado una ley que, a futuro, provocará un verdadero genocidio entre los
niños argentinos por nacer; verían a los subversivos apátridas –es una
redundancia, porque todo subversivo es apátrida por definición- siendo
recordados como héroes, cuando fueron villanos de toda villanía y verían a los
hijos de estos criminales subversivos, convertidos en altos dirigentes
políticos, con el único mérito de ser hijos de subversivos y afiliados a la
Masonería; verían a la ideología comunista-socialista, atea y satanista por
definición, campear sin oposición en las facultades del país, sin que hayan
apenas jóvenes amantes de la Patria y de la Santa Cruz de Jesús que salgan en su defensa. Verían, por fin, un gobierno apátrida, subordinado
al globalismo luciferino del Nuevo Orden Mundial, cuyo objetivo final es la
instauración de un Gobierno Mundial o Estado Universal Comunista, en el que las
Patrias desaparezcan y en el que sea adorado el Ángel caído, Lucifer, al puesto
del Hombre-Dios, Nuestro Señor Jesucristo.
Para que esto no suceda, los españoles americanos nacidos en
Argentina, debemos ponernos en acción y la primera acción es postrarnos a los
pies de Cristo crucificado y, cubiertos con las banderas de España y Argentina,
implorar a la Patrona y Dueña de la Argentina que aplaste la cabeza de la
Serpiente Antigua. Sólo así, eliminados los mayores peligros para nuestra
grandeza nacional –la Masonería y el Comunismo-, la Patria será floreciente y
plena de gracia divina, tal como la pensaron los congresales de Tucumán.