
Cuando un explorador se adentra por un terreno desconocido, y tanto más, si en el recorrer de su exploración comienza la noche y las tinieblas crecen y aumentan el peligro de extravío, debe detenerse, hacer una pausa, revisar el plan de ruta, consultar sus mapas, y así, con nueva determinación, y con el objetivo nuevamente a la vista, emprender la marcha.
Hoy nuestra Patria parece este explorador desorientado: se ha internado en los desiertos ardientes del laicismo secularizante, cuando abandona los asuntos más vitales para su ser nacional, como la regulación de las leyes familiares y matrimoniales, a las voluntades humanas de legisladores ciegos y necios; camina en los bordes de abismos interminables y oscuros precipicios, cuando su norte no parece ser más que el del éxito económico, cuando lo que busca con todo afán y esfuerzo es la diversión vacía y hueca de la farándula televisiva y del deporte;
Hoy
Es imperioso por lo tanto detenernos, hacer un alto en esta carrera desenfrenada hacia el abismo, para volver los pasos hacia atrás, hacia terreno firme. Es imperioso volver a las raíces de nuestro ser nacional, es preciso, de modo urgente, volver la mirada a aquellos que forjaron nuestra nación; es necesario, de toda necesidad, leer las vidas y empaparse de las virtudes y de la religiosidad de tantos héroes nacionales, el primero de todos, el General Don José de San Martín.
Es conocida por todos su ferviente religiosidad, su devoción a
No es hora de revisar sus hazañas militares y políticas, esas son de sobra conocidas. No es hora de admirar al San Martín estratega, grande entre los grandes.
Es hora de contemplar al San Martín católico, al San Martín religioso, al San Martín devoto de
Fue su religiosidad, su amor a Dios Trinidad, a Jesucristo y a
Así como San Martín, por su religiosidad y por la práctica ferviente de su catolicismo, fue conducido a las cumbres de la vida eterna, y a la liberación de su alma por la gracia, así nuestra Patria, reflejada en aquél que le dio nacimiento terrenal como Nación, debe hoy volver a las raíces de su ser nacional, la religión católica, para ser ella también liberada de las tinieblas, y conducida a las cumbres de la vida eterna en Cristo.
Sólo la gracia de Cristo Dios nos librará de la caída en el abismo espiritual en el que ya nos encontramos.
Al recordar a nuestro Padre de