Nuestra Señora de Malvinas
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jueves, 12 de octubre de 2023

Más víctimas de los subversivos montoneros, infames traidores a la Patria

 



Estas son algunas de las víctimas del ataque terrorista montonero al Regimiento de Formosa que recordaremos mañana.
Este era Edmundo Sosa con su mamá, Catalina. Tenía 22 años y una hermanita de 3 llamada Mariana.
Después del 5 de octubre no regresó más a su casa. Su madre, al ver el ataúd con su ñatito Edmundo dentro, dijo “No podía llorar, no podía creer que él estuviera ahí, era algo impresionante, no podía creer que un día antes habíamos hablado".
Su historia está contada en el Libro Los otros muertos, de Carlos Manfroni y Victoria Villarruel.


martes, 9 de mayo de 2023

¡Por la Patria, al pie del cañón!

 


¡Por la Patria, al pie del cañón!
Colegio Militar de la Nación
"Orden, Valor, Gloria"

viernes, 31 de marzo de 2023

El peronismo, nacido del sionismo, en acto de Alta Traición, abre las puertas de la Patria para la entrada del sionismo

 

Peronismo y sionismo

La siguiente columna se sumerge en un análisis, no exento de polémica, que consiste en detectar similitudes entre el sionismo y el peronismo. “En parte, el derrotero de ambos movimientos de emancipación social fue similar”, afirma el autor. Estas líneas se proponen entonces analizar desde las similitudes iniciales entre ambas corrientes políticas hasta las divergencias más recientes.

Por Julian Blejmar

Peronismo y sionismo fueron definidos en algún momento como “movimientos de liberación nacional”. Raanan Rein académico israelí experto en peronismo, me señaló en una entrevista que no veía puntos en común en relación al término, ya que si bien este concepto era utilizado por movimientos del Tercer Mundo que al igual que Israel luchaban contra el colonialismo, la esencia del sionismo era distinta. Así que más allá de la llamativa coincidencia en esta definición, probablemente la cosa no venía por allí, aunque no podía dejar de notar paralelismos entre ambos.
Una pista la encontré en “Los orígenes de Israel”, el libro del historiador polaco-israelí Zeev Sternhell, donde refuta el extendido mito de que haya sido la ideología socialista la que primó en los dirigentes del sionismo laborista que gobernaron al Yishuv, es decir a la comunidad judía establecida en Palestina antes de la creación del Estado en 1948. Según Sternhell, lo que verdaderamente buscó esta dirigencia fue generar una cohesión entre las clases sociales con el objetivo de evitar los conflictos internos y fortalecer la empresa sionista, por lo que la ideología predominante fue la nacionalista, sin por ello dejar de aceptar las raíces socialistas iniciales. Incluso, apunta que la Histadrut, el sindicato de trabajadores judíos nacido en 1920 y que trabajaba codo a codo con el Yshuv, no perseguía objetivos revolucionarios y anticapitalistas, sino ganar poder dentro de la estructura sionista para tener la chance de dar empleo y absorber a la mayor cantidad de inmigrantes, sin responder en muchos casos a las demandas materiales de los mismos trabajadores.
De hecho, Sternhell plantea que el inicial primer ministro israelí, David Ben Gurion, quien fuera una figura central en la Histadrut y en el partido político Mapai -conformado por el Hapoel Hatzair, que rechazaba el socialismo, y Ajdut Avodá, que había surgido luego de que el sector nacionalista se impusiera al socialista-, fue un artífice de la destrucción de la organización obrera Gdud-Ha-Avoda, la única sólida en su objetivo de fundar el país sobre verdaderas bases socialistas, así como del combate contra el salario familiar que reclamaba un sector de la Histadrut, y contra la red educativa de enseñanza obrera, sosteniendo que el concepto de lucha de clases “oscurecía el carácter nacional”.
En la Argentina, Juan Perón afirmó en su momento que el suyo no era un movimiento de izquierda, sino que propugnaba una “izquierda justicialista por sobre todas las cosas; no es una izquierda comunista o anárquica. (…) una izquierda justicialista que quiere realizar una comunidad”.
Pero las similitudes pueden observarse también en aspectos más específicos. En su reciente libro «Mi tierra prometida», Ari Shavit plantea la siguiente descripción de los inicios de Israel: “En el corazón del fraccionamiento Bizaron  de Tel Aviv, el partido laborista tiene una sólida y leal mayoría. Incluso el estado mental es el del partido laborista: nacionalismo contenido, socialismo moderado, pragmatismo». Si estas últimas descripciones remiten también a un movimiento autóctono, es sin dudas al partido laborista argentino, que de hecho contribuyó con el 80% de los votos que recibió Juan Perón para acceder a su primera presidencia, y que luego se disolvería para dar paso al partido justicialista.
Shavit ahonda en la tipología de los seguidores del laborismo. «Nadie es demasiado santurrón, nadie insiste en ser absolutamente recto. Lo han visto todo. Creen en el trabajo duro de colocar un ladrillo tras otro. Pero también saben que para llegar al lugar correcto, a veces uno debe tomar una ruta enrevesada».
No parece ser la única afrenta de Shavit contra quienes juzgan desde la platea a un grupo de desposeídos que debió forjar un espacio para sí mismo. Va más allá, y frente a las atrocidades que también ocurrieron en la gesta de Israel, afirma que “una cosa me queda clara: el comandante de brigada y el gobernador militar tenían razón en enojarse con los sensibleros liberales israelíes de años posteriores que condenan lo que hicieron en Lod, pero disfrutan los frutos de su acto. Condeno al Bulldozer. Rechazo al francotirador. Pero no maldeciré al comandante de brigada y al gobernador militar y a los muchachos del grupo de entrenamiento. Al contrario. En todo caso, apoyo a los criticados. Porque sé que si no fuera por ellos, el Estado de Israel no habría nacido, yo no habría nacido. Hicieron el sucio, asqueroso trabajo que permite que mi pueblo, yo mismo, mi hija y mis hijos vivan”.
Ni el nacimiento de la Argentina ni la superviencia del pueblo argentino estaban en juego en la Argentina peronista. Eso está claro, y es por eso que el primer peronismo tampoco tuvo que cargar con muertos. Pero sí con un trabajo sucio, que permitió a muchos descendientes de oprimidos, hoy autodefinidos como liberales, tener un espacio en la sociedad argentina.

Bifurcaciones
En parte, el derrotero de ambos movimientos de emancipación social fue similar. Para Shavit “el proyecto sionista no se convirtió en lo que se suponía que debía ser: un grandioso proyecto de ingeniería bien planeado como el canal de Suez o el canal de Panamá. No se convirtió en una gran empresa de progreso que resolviera racionalmente uno de los problemas más desagradables de la humanidad. (…) en lugar de eso, el sionismo se convirtió en el proceso rebelde de improvisar soluciones imperfectas ante retos serios, atender nuevas necesidades, ajustarse a condiciones nuevas y crear nuevas realidades. Se reinventó a sí mismo una y otra vez, enfrentando en diferentes formas lo que es básicamente una situación imposible”.
Pero si la situación imposible en la Argentina fue doblegar a la oligarquía, a la que el peronismo incluso buscó sumarse en los ‘90, de la lectura del texto de Shavit, se pueden inferir, sin embargo, las grandes diferencias que se vislumbraron en la última década entre los hijos del laborismo israelí y los del laborismo argentino. Sobre los primeros, señala el autor israelí que: “Ellos fomentaron una cultura política edípica cuyo tema principal era el parricidio. De cierto modo, nunca crecieron. Nunca se convirtieron en líderes. (…) su visión estaba distorsionada y su alcance de la realidad se hizo cada vez más estrecha hasta que finalmente quedaron desconectados de ella. Los bienintencionados líderes de la izquierda israelí y del movimiento israelí por la paz se tornaron irrelevantes”. Sin embargo, la irrelevancia de la izquierda argentina –no siempre bienintencionada-, no significó la disolución final del movimiento que contuvo a una parte importante de la misma, el peronismo, sino que por el contrario lo mostró en su faceta más combativa de las últimas tres décadas.
Por eso, las similitudes iniciales entre estos dos movimientos parecen haber dado paso a las divergencias. Según Shavit, quienes recibieron el legado del laborismo israelí “No recordaron ni entendieron la historia. Sus constantes ataques hacia el nacionalismo, la milicia y la narrativa sionista consumieron la existencia de Israel desde adentro. Los negocios inculcaron ad absurdum la ilusión de normalidad al iniciar una privatización que arrasó con todo y estableció un régimen capitalista agresivo que no satisfacía las necesidades de una nación en conflicto. La academia inculcó ad absurdum una rígida corrección política al convertir los medios constructivos de autocrítica en una obsesiva finalidad deconstructiva por sí misma. Los medios promovieron una falsa conciencia que combinaba el consumismo alocado con una moralidad hipócrita. (…) Engañaron a los israelíes haciéndolos creer que Tel Aviv era Manhattan, que el mercado es lo que manda y que el dinero es Dios. Al hacerlo, les quitaron a los jóvenes israelíes las herramientas normativas necesarias para luchar por su país. Una nación sin igualdad, sin solidaridad y sin fe en su propia causa es una nación por la que no vale la pena luchar”.
Salta a la vista que, a diferencia de los anteriores párrafos, las similitudes no brillan por su presencia, si establecemos la comparación con la Argentina peronista de la última década. Con la excepción de la precisa descripción sobre los medios de comunicación, el punto en el que justamente se apoyó la derecha para regresar al poder.
A esta altura, muchos ya habrán enumerado las también grandes diferencias. Sin dudas serán ciertas. Pero no por ello podrán suprimir muchas de las similitudes.

(https://nuevasion.com.ar/archivos/6279)

Jordán Bruno Genta: "El marxismo es un ataque a la Religión, a la Patria y a la Familia"

 



"El hombre no puede existir sin Religión , sin Estado y sin Propiedad Privada; y la conciencia marxista de clase es la crítica de la Religión , del Estado y de la Propiedad Privada ".


Del significado del Comunismo Marxista y de la Revolución Rusa en la Historia Universal.

Jordán Bruno Genta


PRO CAUSA DE CANONIZACIÓN DEL PROFESOR JORDÁN BRUNO GENTA.

viernes, 1 de abril de 2022

Gloria eterna a los Héroes de Malvinas, ignominia eterna a los usurpadores británicos

 



Hay tres cosas por las que vale la pena dar la vida: Dios, Patria y Familia. Los oficiales y soldados del Ejército Argentino dieron la vida por Dios, por la Patria y por la Familia. Por Dios, porque dieron la vida por la Patria y quien da la vida por la Patria, la da por Dios, Quien es el que nos dio la Patria; dieron la vida por la Patria, porque la Patria era mancillada continuamente por los usurpadores británicos, desde el día en que a punta de pistola y haciendo uso de la fuerza, injusta y armada, ocuparon ilegalmente el suelo patrio, nuestras Islas Malvinas; dieron la vida por la Familia, porque quien agrede a Dios y a la Patria, está agrediendo a la Familia, creación de Dios y núcleo central de la Nación Argentina que puebla la Patria.

Por haber dado la vida por Dios, la Patria y la Familia, nuestros valientes soldados argentinos reciben el premio inmortal de ser considerados Héroes de la Patria, porque derramaron su sangre para lavar la afrenta que sufría nuestra Patria a manos del invasor y usurpador inglés. Pero también podemos decir que son santos, porque dieron su vida por la Patria y el que da la vida por la Patria la da también por Dios y Dios premia, a quien le ofrenda su vida, con la vida eterna en su Reino, el Reino de Dios, Reino de paz, de alegría, de justicia, de santidad.

Los soldados argentinos que combatieron en Malvinas son por lo tanto Héroes y Santos y una Nación que tiene Héroes y Santos debe sentirse orgullosa, porque los Héroes y los Santos representan lo mejor del ser humano, la flor y nata de la Nación.

Al recordar la Gesta de Malvinas, honramos la memoria de nuestros valientes soldados argentinos caídos en combate, cuya sangre regó el suelo malvinense. Sus cuerpos descansan en la turba de las Islas Malvinas, pero sus almas vigilan desde el Cielo, más alto que las estrellas, porque están junto a Dios Trino y al Cordero y desde el suelo, con su sangre derramada en la turba malvinense y desde el Cielo, con sus almas en alegre y gloriosa contemplación del Cordero de Dios, nos dicen, en lo más profundo de nuestros corazones: “Las Islas Malvinas fueron, son y serán argentinas”.

miércoles, 7 de julio de 2021

La Independencia Nacional, amenazada por el globalismo luciferino

 



         Cuando los congresistas del Congreso de Tucumán firmaron, a los pies de Cristo crucificado –llamado por esto “el Cristo de los Congresales”- la Independencia de la Nación Argentina, el 9 de Julio de 1816, muy probablemente tenían en mente una Patria substancialmente distinta a la que tenemos hoy. Por un lado, al firmar en castellano y a los pies del crucifijo, pensaban en una Patria hispana y católica: hispana, porque la separación con España –no querida, no deseada, no buscada-, fue más bien de orden político, pero nunca cultural, por lo que continuamos siendo lo que éramos: españoles americanos, españoles de ultramar; pensaban en una Patria católica, porque no por casualidad la firma de la Independencia se llevó a cabo a los pies de Cristo crucificado; además, un buen porcentaje de congresistas eran sacerdotes de Cristo, pertenecientes a la Iglesia Católica. En síntesis, nunca hubo intención de renegar de nuestras gloriosas raíces hispanas y católicas y por eso mismo, los congresistas proyectaban al futuro una Patria hispana y católica, una Patria que tuviera por Madre Patria a España y por Alma de la Nación a la Religión Católica.

         Pues bien, si los congresistas, de alguna manera, se hicieran presentes en nuestros días, verían que la Patria, hispana y católica, reniega cada día más de sus raíces y de su origen, español y católico, en aras de un indigenismo neo-pagano pergeñado intelectualmente por los sionistas británicos. Verían una Patria devastada desde el punto de vista económico, moral, espiritual; verían una Patria dominada y gobernada por una banda de delincuentes que se hacen llamar “políticos”; verían una Patria invadida por ideologías contrarias en un todo a la Ley de Dios, como por ejemplo la ideología de género, que llama “derecho humano” a todo lo que transgrede la Ley Divina; verían que en la Patria se ha sancionado una ley que, a futuro, provocará un verdadero genocidio entre los niños argentinos por nacer; verían a los subversivos apátridas –es una redundancia, porque todo subversivo es apátrida por definición- siendo recordados como héroes, cuando fueron villanos de toda villanía y verían a los hijos de estos criminales subversivos, convertidos en altos dirigentes políticos, con el único mérito de ser hijos de subversivos y afiliados a la Masonería; verían a la ideología comunista-socialista, atea y satanista por definición, campear sin oposición en las facultades del país, sin que hayan apenas jóvenes amantes de la Patria y de la Santa Cruz de Jesús que salgan en su defensa. Verían, por fin, un gobierno apátrida, subordinado al globalismo luciferino del Nuevo Orden Mundial, cuyo objetivo final es la instauración de un Gobierno Mundial o Estado Universal Comunista, en el que las Patrias desaparezcan y en el que sea adorado el Ángel caído, Lucifer, al puesto del Hombre-Dios, Nuestro Señor Jesucristo.

         Para que esto no suceda, los españoles americanos nacidos en Argentina, debemos ponernos en acción y la primera acción es postrarnos a los pies de Cristo crucificado y, cubiertos con las banderas de España y Argentina, implorar a la Patrona y Dueña de la Argentina que aplaste la cabeza de la Serpiente Antigua. Sólo así, eliminados los mayores peligros para nuestra grandeza nacional –la Masonería y el Comunismo-, la Patria será floreciente y plena de gracia divina, tal como la pensaron los congresales de Tucumán.

domingo, 20 de junio de 2021

El trapo rojo del Dragón comunista no reemplazará jamás al manto celeste y blanco de la Inmaculada Concepción, la Bandera Nacional Argentina

 



         Hoy nuestra Patria, cuya Bandera Nacional es el Manto celeste y blanco de la Inmaculada Concepción de Luján, se encuentra en un gravísimo peligro, porque quienes conforman el des-gobierna que guía a la Nación a un abismo sin fin, son los herederos ideológicos de los criminales subversivos apátridas, los guerrilleros del ERP, la FAP, montoneros, quienes pretendían convertir a la Argentina en un satélite de la Cuba comunista y de la Unión Soviética, estados ateos y anticristianos por esencia y por antonomasia. Las palabras del criminal y asesino de masas Santucho no eran dichas por casualidad: “Debemos MATAR un millón de argentinos, para instaurar el socialismo y el comunismo”. “MATAR” un millón de argentinos, decir una frase así, refleja el odio y la intención preternaturales, satánicas, que movían a los brutales asesinos subversivos de la década de los setenta. Luego de haber sido derrotados militarmente, lamentablemente ganaron –por el momento- la batalla cultural y es así que lograron colocar a un “camarada” suyo, el marxista Raúl Alfonsín –marxista y abogado defensor de los apátridas y criminales subversivos- como “padre de la democracia”, enmascarando su profundo odio hacia Dios y hacia la Patria, tal como lo demostraría, entre otras cosas, con su lema: “Con la democracia se come, se cura y se educa”, intentando, con esta frase materialista y marxista, desplazar a Dios, quien es El que con su Providencia nos alimenta, nos cura y nos educa y además limitando al argentino a un trozo de materia sin espíritu, al establecer al menos implícitamente que lo único que hacía falta era un gobierno “democrático”. Luego se sucedieron diversos gobiernos, hasta el actual, todos caracterizados por carecer, en absoluto, de un proyecto nacional de crecimiento y desarrollo material y espiritual, constituyendo en cambio una casta política oligárquica desentendida del Pueblo Argentino y dedicada a enquistarse en el poder para lograr más poder y más riquezas para sí mismos. Hoy, quienes nos gobiernan, son los herederos ideológicos de los subversivos apátridas quienes, por carecer de Dios y de Patria, niegan a Dios –ley infame y genocida del aborto aprobada por este gobierno- y traicionan a la Patria –entre otras cosas, destrucción de las Fuerzas Armadas y entrega de nuestra soberanía nacional a China al otorgarle una base militar en la Patagonia Argentina, con lo cual quedamos bajo la órbita del Dragón rojo, el comunismo chino, además de la cesión de aguas territoriales para la depredación a las flotas pesqueras piratas chinas, la práctica rendición total frente al enemigo usurpador inglés en Malvinas y muchas otras traiciones más-. Es por esto que nuestra Patria, cuya Bandera Nacional es el Manto celeste y blanco de la Inmaculada Concepción, Nuestra Señora de Luján, es el próximo objetivo de los apátridas, quienes tratan de implantar un régimen comunista al estilo chino-cubano-soviético y así reemplazar a nuestra Bandera Nacional por el trapo rojo del Dragón del Apocalipsis, el Comunismo.

         Es hora de que despertemos del letargo en el que nos encontramos los argentinos y nos demos cuenta que detrás de la política se encuentran dos grandes enemigos de Dios y de la Patria, la Masonería y el Comunismo, por lo que en realidad se trata de una lucha espiritual del Pueblo Argentino, ya que la Masonería es la Bestia y el Comunismo es el Dragón del Apocalipsis. Y si es una lucha espiritual, las armas son espirituales: el Santo Rosario, la Santa Misa, el vivir en gracia, el invocar con frecuencia al Ángel Custodio de Argentina. Nuestras únicas esperanzas de sobrevivir como Nación, nuestra única esperanza de que la Bandera Nacional, el Manto celeste y blanco de Nuestra Señora de Luján, no sea reemplazado jamás por el trapo rojo del Dragón rojo comunista, son el Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María. ¡Viva la Patria! ¡Viva el Sagrado Corazón de Jesús! ¡Viva la Patrona y Dueña de la Argentina, Nuestra Señora de Luján!

viernes, 7 de mayo de 2021

Nuestra Señora de Luján, socorre a tu Pueblo Argentino

 



         Nuestra Señora de Luján, Límpida e Inmaculada Concepción, fuiste Tú la que elegiste quedarte en nuestro suelo argentino; fuiste Tú la nos eligió, como Nación, para ser la Madre, la Patrona, la Dueña, del Pueblo Argentino. No fuimos nosotros quienes te elegimos a Ti, sino que Tú, por designio divino, quisiste, por medio del milagro de la carreta y los bueyes, quedarte en nuestra Patria, para ser su Dueña y Señora. Nuestra Señora de Luján, Tú fuiste la que, por orden de la Trinidad, concediste al General Belgrano el deseo de que nuestra Bandera Nacional llevara los colores, no del cielo, sino los colores celestiales de tu Manto de Inmaculada Concepción y es por esa razón que nuestra Bandera Argentina es la más hermosa del mundo, porque lleva los colores de tu Manto. Tú elegiste quedarte a lo largo y ancho de nuestra amada Patria, primero como Nuestra Señora de Luján y luego bajo innumerables advocaciones, todas las cuales describen tu condición de ser nuestra amada Madre del cielo.

         Es por esta razón que nosotros, tus hijos argentinos, que peregrinamos en el desierto de la historia y del tiempo humanos hacia la Jerusalén celestial -en donde habremos de adorar, por la misericordia de Dios y por la eternidad, a la Lámpara de la Jerusalén del cielo, el Cordero de Dios, tu Hijo-, nosotros, tus hijos argentinos, nos dirigimos a Ti para pedirte que nos socorras en estos tiempos tan llenos de dolor, de angustia, de tribulación, que pareciera que nunca se terminarán y que, de no mediar una divina intervención, todo será para peor en nuestra Patria.

         Mira a nuestra Patria Argentina, acosada por enemigos externos e internos, tan feroces y despiadados, que no cejarán en su acoso hasta ver destruida y fracasada en su totalidad a nuestra Patria. Mira, oh Madre de Luján, cómo los infames usurpadores ingleses, osan hollar el suelo patrio cada día, ocupando ilegalmente y por la fuerza nuestras Islas Malvinas, sin que podamos desalojarlos de una vez y para siempre; mira cómo los enemigos internos de la Patria, que son también enemigos de Dios, la acosan desde sus mismas entrañas, matando a los niños argentinos por nacer por medio de la ley del aborto; mira cómo los enemigos internos de la Patria cambian las leyes que rigen nuestra vida humana, por leyes que expulsan a Dios de todo el ámbito de la vida nacional; mira cómo los enemigos internos, si pudieran, quemarían hasta sus cimientos todas las iglesias del país –como ya lo intentó hacer una de las sectas que tiraniza nuestra Patria desde hace setenta años- y si pudiera, derribaría todas las cruces de Nuestro Señor y las reemplazaría por las imágenes del Dragón del Apocalipsis, el Comunismo ateo; mira cómo los enemigos internos, si pudieran, eliminarían la enseñanza de la Sagrada Religión Católica del suelo de nuestra Patria, para reemplazarla por las infames creencias paganas pre-hispánicas, sanguinarias, caníbales y satánicas; mira cómo los enemigos internos pervierten la educación de niños y jóvenes, enseñándoles, por la ideología de género, todo tipo de perversión, contraria a la Ley de Dios; mira cómo los enemigos internos nos han desarmado, intelectual y materialmente, para que la Patria sea invadida por toda clase de enemigos, de males, de ideologías anti-cristianas, de perversiones paganas, de males innumerables y de todo tipo, materiales, morales, espirituales.

         ¡Oh Señora Nuestra de Luján, Purísima y Limpidísima Concepción, Madre, Patrona y Dueña de la Argentina! Postrados ante la Santa Cruz de tu Hijo Jesús y besando filial y amorosamente tu sagrado manto celeste y blanco, que nos recuerda a nuestra Bandera Nacional, te pedimos que nos socorras en estos oscuros tiempos por los que transitamos los argentinos, para que la gracia de Dios, que viene por tus manos y por tu Inmaculado Corazón, convierta a los corazones de los argentinos, de los gobernantes y del pueblo y así convertidos y profesando la verdadera fe católica, la fe en tu Hijo Jesucristo como Dios Salvador y Redentor del mundo, se vea libre de sus enemigos internos y externos y así se dirija, con la vista puesta en el Sol de justicia, Jesús Eucaristía, guiados por tu mano y cobijados bajo tu Manto celeste y blanco, hacia la Jerusalén celestial.

viernes, 20 de noviembre de 2020

El ejemplo del Combate de Obligado frente a las amenazas externas e internas a la Patria

 


El 20 de noviembre de 1845, una escuadra naval anglo-francesa, en claro y abierto desafío a la soberanía nacional y a la integridad territorial de la Confederación Argentina, comenzó a remontar, aguas arriba, el río Paraná. La respuesta del Ejército Argentino, bajo el mando del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas, hizo frente a la incursión enemiga, tomando posiciones en el recodo del río Paraná conocido como “Vuelta de Obligado”. Allí, era paso ineludible para la flota pirata anglo-francesa que se dirigía a Corrientes. En las costas de ese recodo, el General Mansilla apostó sus principales baterías: la denominada Restaurador Rosas, mandada por Álvaro Alzogaray, la General Brown, por Eduardo Brown, hijo del almirante y la Manuelita, al mando de Juan Bautista Thorne. Eran servidas por unos ciento setenta artilleros, más otros sesenta de reserva; las baterías estaban guarnecidas por quinientos soldados de infantería del 2do Batallón de Patricios, al mando del coronel Ramón Rodríguez y otra cantidad similar de milicianos, con varios cañones, que ocupaban los espacios entre esas baterías. La reserva estaba constituida por seiscientos infantes y dos escuadrones de caballería al mando de José Cortina. Detrás de ellos, unos trescientos vecinos, reunidos voluntariamente y a último momento, para apoyar a las tropas venidas desde Buenos Aires. En la orilla del río se colocaron tres anclas a las que se asieron tres gruesas cadenas, que atravesaban el río hasta la orilla opuesta, sujetadas a un bergantín armado con seis cañones al mando de Thomas Craig. Las cadenas corrían sobre las proas, cubiertas y popas de veinticuatro buques desmantelados, hundidos y fondeados en línea. Con estos se propuso Mansilla señalar a los invasores y piratas anglo-franceses que el pasaje del río no era libre y que si querían continuar camino, debían combatir. A las 08.30 de la mañana del 20 de noviembre de 1845 dio inicio el Combate de Obligado –tal como pasaría a la Historia el enfrentamiento entre las fuerzas invasoras anglo-francesas y el Ejército Argentino-, el cual duró ocho horas; al finalizar, los invasores habían sufrido cientocincuenta bajas, en tanto que los argentinos, unos setecientos cincuenta, además de perder dieciocho cañones. La victoria alcanzada por los invasores piratas anglo-franceses fue pírrica, puesto que luego de la Vuelta de Obligado todos en la Confederación se pusieron al servicio de la Patria. En toda América y en Europa se consideró a Rosas como el único jefe americano que había resistido las violencias y agresiones de las dos mayores potencias mundiales de ese entonces. El Brigadier General y todos los patriotas que combatieron en Obligado, hicieron saber al mundo, con su heroica resistencia, que el honor de la Patria y su integridad territorial no están en juego y que si alguien pretende mancillarla, los argentinos patriotas darán sus vidas –como lo demostraron, por ejemplo, en la Gesta de Malvinas- para impedirlo. Como consecuencia del heroico accionar del Ejército Argentino, la Nación Argentina conmemora este día como el Día de la Soberanía Nacional.

         Ahora bien, al recordar a los Héroes de Obligado, no podemos dejar pasar por alto los gravísimos peligros que enfrenta nuestra Patria, asechada por enemigos externos –los ingleses usurpadores de Malvinas, entre los primeros-, pero sobre todo apuñalada impíamente por enemigos internos.

Podemos enumerar algunas de las amenazas internas que se encuadran en un verdadero atentado contra la Patria, por lo que sus promotores son plausibles de ser acusados del delito de traición a la Patria y sedición: el infame artículo 75 inciso 17 de la Constitución reformada –reformada al solo efecto de lograr la reelección de un presidente peronista, cuándo no-, que atenta gravemente contra la integridad territorial, al propiciar y promover la secesión territorial a favor de pseudo-originarios –los verdaderos originarios están integrados en la Nación Argentina y en su territorio-; la aparición de pseudo-mapuches, supuesto pueblo originario que nunca existió como tal, un plan perverso destinado a atentar contra el territorio nacional, orquestado desde Inglaterra; el accionar subversivo y apátrida de un delincuente como Juan Grabois, quien incita a la usurpación ilegítima de tierras, violentando groseramente el derecho natural y constitucional a la propiedad privada; la instalación -desde todo punto de vista ilegítima y sumamente peligrosa para los intereses de la Nación Argentina, por el peligro de colonización ideológica que conlleva- de una base militar del Partido Comunista Chino en la provincia de Neuquén; el abandono de una política de defensa contra potenciales agresores externos, por parte de una gran mayoría la clase política argentina, que ha dejado a la Nación Argentina prácticamente sin capacidad de respuesta frente a un agresor externo; la incomprensible e inaceptable ausencia de presupuesto para equipar, modernizar y renovar a las Fuerzas Armadas, indispensables –junto a la Iglesia Católica- para la vida e integridad de la Patria; el adoctrinamiento con ideologías subversivas y apátridas por parte de numerosas instituciones educativas, en todos los niveles de la Educación, pero sobre todo en la Educación Universitaria -incluyendo lamentablemente, en esta tarea subversiva contra los valores morales, espirituales occidentales y cristianos, a muchas universidades sedicentes católicas-; y como estos, muchos otros males invaden y carcomen las entrañas de nuestra Patria Argentina, como la ley del aborto, la ley de Educación Sexual Integral (ESI), la promoción desde el Estado de la ideología de género, destructora de la familia, etc. Dentro de los enemigos externos, como ya lo dijimos, los primeros a tener en cuenta son los piratas ingleses, que usurpan ilegítimamente y a la fuerza nuestras Islas Malvinas y por último, cualquier país que por alguna razón entre en conflicto con nuestra Patria.

Podemos decir, en conclusión, que los peligros que enfrenta nuestra amada Patria Argentina en estos turbulentos y atribulados momentos, son numerosísimos y mucho más graves que los que enfrentaron los Héroes de Obligado al combatir al enemigo anglo-francés. Que su valentía y heroicidad nos sirvan, como luminoso ejemplo, para dar la lucha contra los enemigos de Dios, del altar y de la Patria, una lucha que se libra ante todo en los planos cultural, moral y espiritual. Que Nuestro Señor Jesucristo, Dueño de la Nación Argentina, la Virgen Inmaculada de Luján, Patrona de Argentina, y el Ángel Custodio de Argentina, nos asistan en esta desigual batalla que entablamos contra “las potestades de los aires” y contra los enemigos externos e internos de Nuestra Patria.

lunes, 8 de julio de 2019

Argentina debe regresar al 9 de Julio de 1816


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          En un mundo globalizado como en el que vivimos, las naciones tienden a unificar su gobierno, su comercio, sus relaciones exteriores, para acomodarse a un no muy lejano gobierno mundial, en el que todas las naciones del mundo se encontrarán bajo su dominio. Sin embargo, este proceso de asimilación global no es inocuo, porque implica, para las naciones, dejar de lado sus orígenes fundacionales, en aras de esta integración global. Lo negativo de este gobierno mundial en ciernes es que se trata de un gobierno tecnocrático, eficientista, en el que solo importan los datos macro y microeconómicos y en donde las personas son dejadas de lado en aras de la eficiencia económica. La integración en un gobierno mundial implica también dejar de lado los nacionalismos y los orígenes fundacionales de las naciones, los cuales son vistos como obstáculos en la integración global. En nuestro caso, no fue por casualidad que la Independencia de la Nación argentina se firmara a los pies de Cristo crucificado, puesto que se aceptaba a la religión católica como la religión de la Nueva Nación que surgía sobre la faz de la tierra.
          La integración global supone, para nuestra Patria, dejar de lado aquello que nos constituyó como Nación y es la creencia en un Dios que se hizo carne y que murió en la Cruz para redimirnos y en una Madre celestial que nos dio su manto celeste y blanco como Bandera Nacional. Integrarnos a un gobierno global significa dejar de lado nuestra religión católica, que es la religión fundante de nuestra Nación. En efecto, el Acta de la Independencia se firmó a los pies del llamado “Cristo de los Congresales”, un crucifijo donado para la ocasión por los franciscanos por lo que podemos decir, con toda razón, que el Acta de la Independencia fue empapada con la Sangre del Redentor Jesucristo.
          Sólo si Argentina vuelve a sus orígenes fundacionales, esto es, la firma del Acta de la Independencia a los pies del crucifijo y sólo si la Nación Argentina se postra ante los pies de Jesús crucificado, cubierta la Nación por el manto celeste y blanco de la Inmaculada Concepción, será capaz de resistir los embates globalistas y salir airosa de sus pretensiones ateas. De otra manera, si no regresamos a nuestros orígenes fundacionales -Cristo crucificado y la Inmaculada Concepción-, sucumbiremos presa de los globalistas materialistas y ateos que buscan destronar a Dios y su Cristo del corazón de los argentinos.

lunes, 28 de enero de 2019

La Patria tiene una sola Bandera: la Azul y Blanca y no vamos a permitir que nadie pretenda reemplazarla por un trapo rojo


En Tucumán se declaró la Independencia y en Tucumán se derrotó militarmente al marxismo castrista, que pretendía separar a nuestra provincia del resto del País. El glorioso Ejército Argentino derrotó a la subversión marxista. Ahora nos toca combatir al neo-marxismo cultural, que está más vivo y fuerte que nunca. Lo haremos con la ayuda de nuestra celestial protectora, la Patrona y Dueña de la Argentina, Nuestra Señora de Luján, que aplastó la cabeza de la serpiente.

OPERATIVO INDEPENDENCIA

"...a sangre y fuego, por Dios y por la Patria" 

La noche al acecho en el monte tucumano se hizo larga y fatigosa. Ya el calor de noviembre comienza a hacerse sentir pese a lo temprano de la hora. Por la senda estrecha se desplaza la sección al paso largo, de regreso a la base táctica. Adelantado y como punta de infantería, marcha el grupo de tiradores del Cabo Primero Wilfredo N. Mendez.

Son montañeses. Con gran orgullo dicen que "son del Regimiento de Infantería 22 y han venido desde San Juan a demostrarles a esos delincuentes que la Patria tiene una sola Bandera: la Azul y Blanca y que ellos no van a permitir que nadie pretenda reemplazarla por un trapo rojo".

De pronto, un claro en la espesura. No muy amplio pero peligroso para su cruce. El delincuente subversivo, que no da la cara, suele aprovechar esos lugares para, desde seguro escondite como la alimaña, sorprender con el fuego, producir alguna baja y luego huir cobardemente. Hay que adoptar alguna medida de seguridad, pero sin demorarse mucho porque el resto de la Sección está cerca y no hay tiempo que perder. Ademas, el Cabo Primero Mendez no es de los que esperan mucho. Siempre va al frente y no ha venido desde San Juan para "andar achicandose". Ordena efectuar unos disparos en dirección a los posibles escondites del monte y luego dice:

-Adelante el Grupo, seguirme !

Pero la sospecha del Cabo Primero no impidió la emboscada. Ya en el claro, un nutrido fuego proveniente de la espesa vegetación se centraliza sobre el cuerpo del bravo suboficial y sus nueve soldados.

Los heridos propios son varios. Cinco en total. Dos de ellos de muerte. Hay tres que, aun heridos, siguen empuñando con fuerza su fusil. Los otros dos estan por expirar. Uno de ellos, el que iba como siempre a la cabeza, el que estaba más cerca del lugar de donde provenían los disparos, es el Cabo Primero Mendez. Todavía le queda un tenue hilo de vida, que se cortará en breves segundos. En ese pequeñísimo lapso entre la vida y la muerte, en esa fracción previa al pasaje a la eternidad habrá ocupado su mente lo que siempre fue el norte de su existencia: Dios, que ya lo va a recibir por bueno y por leal a las virtudes humanas, su Patria y su Familia. Por esa trilogía está a punto de morir.

La habrá ocupado también su vocación de soldado cabal; de soldado "hasta la muerte" en el más fiel reflejo de la expresión; de soldado que piensa, aun en ese trance, en su Grupo que queda sin Jefe y que eso suele ser grave en el combate. Por todo eso y como un último acto de servicio empuja valientemente a sus hombres hacia la decisión y la victoria con un grito:

-VIVA LA PATRIA !

Inmediatamente despues, un segundo disparo lo alcanza y le quita definitivamente la vida. Pero aquel grito del Jefe ya inerte, ha llegado al oído y al corazón de sus soldados, algunos heridos y otros aplastados contra el suelo para evitar el fuego que no cesa. Tambien escuchan ahora, la voz de los delincuentes que intiman a la rendición. La ven facil. El jefe muerto, varios heridos. Es la oportunidad de hacerse de unos cuantos fusiles y rematar a lo que quedan vivos.

De pronto, una voz firme y una orden:

-CALLENSE, HIJOS DE P....! VIVA LA PATRIA ! El grupo fuego y al frente, carrera...mar !

De dónde surgió ese nuevo Jefe? Es un bravo soldado. Fiel exponente de esa valerosa clase 1954, que viendo a su Jefe muerto, toma el mando del Grupo y hasta con los heridos pasa al ataque, poniendo rápidamente en fuga a los autores de la agresión artera. El Grupo perdió a su Jefe, el Cabo Primero Wilfredo N. Mendez y al Soldado Benito E. Perez que, herido en la acción, muere durante la evacuación.

El Regimiento 22 de Infantería de Montaña engrosó la lista de sus héroes. El cuadro de suboficial revivió, una vez más, los laureles que le legó el Sargento Cabral y confirmó sus virtudes más salientes: valor, lealtad, patriotismo y fe en la victoria final.

La Patria, se enorgulleció una vez más de la juventud que anualmente se incorpora a las filas de las Fuerzas Armadas para cumplir con la sublime obligación de aprender a defenderla. Está segura que entre esos jóvenes, siempre habra quien en las situaciones más difíciles, tomará la Bandera Azul y Blanca y dira al resto: Adelante ! y será seguido sin vacilaciones y con valentía en el camino hacia la gloria.


"...y demostrarles a esos delincuentes que la Patria tiene una sola Bandera: la Azul y Blanca y no vamos a permitir que nadie pretenda reemplazarla por un trapo rojo".
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viernes, 24 de noviembre de 2017

Cuando ocurren tragedias como la del ARA San Juan

      


      Cuando ocurren tragedias como la del ARA San Juan, es necesario que todo el país, toda la Nación –en este caso, Argentina-, además de elevar oraciones al Altísimo por las almas de los compatriotas fallecidos, reflexione y recapacite acerca de qué es lo que llevó a semejante tragedia. En caso contrario, se corre el riesgo de repetir, en breve tiempo, otra tragedia de igual signo o incluso peor.
         ¿Por qué se llegó a esta situación?
         Podríamos decir, más allá de los hechos puntuales de corrupción y de abandono de una política de Estado que considere a las Fuerzas Armadas en su conjunto como la columna vertebral de la Nación –de lo cual rendirán cuentas ante Dios y ante los hombres, algún día, sus responsables-, debemos decir que se llegó a este estado por el abandono, el rechazo, el olvido, o la suplantación por equivalentes ideológicos –y por lo tanto, patológicos-, de la idea y de la noción misma de “Patria”.
         ¿Qué es la Patria? ¿Debemos amarla hasta dar la vida? Si es así, ¿por qué? La respuesta a estos interrogantes puede ayudarnos a construir un futuro mejor que el presente para los argentinos.
         La Patria es, para un católico, un don de Dios, un regalo de Dios; está representada en la Bandera Nacional que, en nuestro caso, se identifica y se fusiona con el Manto de la Inmaculada de Luján, pues el General Belgrano se inspiró en la Virgen de Luján para dar los colores a la Enseña Nacional. La Patria abarca mucho más que el territorio físico, geográfico, de la Nación. Es un concepto y una realidad espiritual, que trasciende lo meramente material. La Patria es la “tierra de nuestros padres”, la tierra que nos legaron nuestros padres, pero en la Patria están comprendidas, además de la extensión geográfica, la historia en común de un pueblo, sus tradiciones, su lengua, su religión. En nuestro caso, en los orígenes de nuestra Patria, está la Religión Católica, Apostólica y Romana, porque la Patria Argentina decretó su Independencia el 25 de Mayo de 1810 en un acto de asunción soberana de su derecho de auto-gobierno y como muestra, al mismo tiempo, de fidelidad al Rey de España, sin renegar nunca ni de sus orígenes hispanos ni de su religión católica, y firmó su Independencia en el Congreso de 1816 a los pies del Cristo de los Congresales; en los orígenes de nuestra Patria están el idioma español y la cultura española, como dones de la Madre Patria, España; están el Ejército y las Fuerzas Armadas, como elementos de Defensa Nacional, que posibilitaron la unidad nacional frente al intento de canibalización de los enemigos de la Patria –el Combate de Obligado es un ejemplo de cómo los enemigos anglo-franceses, de no oponérseles resistencia, se habrían apropiado de estas tierras-; está la Madre de Dios, la Virgen de Luján, como signo indiscutible de que la Virgen es la Dueña y Patrona de esta Patria Argentina, porque la Bandera Nacional, que nos identifica a los argentinos en cualquier parte del mundo, está tomada, como dijimos, de su manto celeste y blanco; están los habitantes nativos de estas tierras, que al igual como sucedió en el resto del continente americano conquistado y evangelizado por los españoles, se fusionó con la raza española, para dar lugar a innumerables razas y etnias locales, en lo que constituye un ejemplo único en el mundo de fusión de razas de forma pacífica y amistosa.
         Cuando suceden tragedias como la del ARA San Juan –en memoria de cuyos tripulantes estamos celebrando esta Santa Misa-, es necesario, como hemos dicho, además de elevar oraciones al Altísimo –la oración más grande es la Santa Misa, en la que el mismo Hombre-Dios eleva nuestras peticiones al Padre por medio de la renovación incruenta del sacrificio de la cruz-, reflexionar acerca de la realidad de la Patria y de sus orígenes fundacionales, para regresar a ellos, sobre todo, la Cruz y el Manto de la Virgen de Luján, para ser conducidos por ellos a la Patria celestial, la Jerusalén del cielo, de la cual la Patria terrena –parafraseando a José Antonio Primo de Rivera, la Patria es “unidad de destino en lo trascendente”[1]- ha de ser un anticipo en el tiempo. Y es necesario también, en medio del dolor, y con el corazón desgarrado por el dolor, dar gracias a Dios, porque a los innumerables Héroes de la Patria Argentina –los que cayeron en Malvinas, los que combatieron a los Ingleses, y tantos otros más, que lucharon hasta dar la vida contra ideologías intrínsecamente perversas-, se acaban de sumar cuarenta y cuatro héroes más. Y sin son héroes, porque dieron sus vidas por amor a la Patria, algún día serán declarados santos, porque el que da la vida por la Patria, da la vida por Dios, que es Quien nos la regaló.



[1] Cfr. José Antonio Primo de Rivera, Discurso de Fundación de Falange Española, pronunciado en el Teatro de la Comedia de Madrid, el día 29 de octubre de 1933.

martes, 8 de agosto de 2017

La Patria en grave peligro


La Verdad Tehuelche y la Gran Mentira Mapuche

Ante hechos gravísimos de público conocimiento que atentan contra la integridad de la Patria[1], no podemos permanecer callados, contemplando cómo los agresores y enemigos internos y externos de la Patria, disfrazados como grupos terroristas –RAM, Resistencia Ancestral Mapuche y CAM, Coordinadora Arauco Malleco-, pretenden inicuamente apoderarse del suelo nacional.
Nos encontramos en un momento sumamente delicado y peligroso de nuestra historia nacional, en el que los enemigos de la Patria, tanto internos como externos, intentan, por medio de la violencia armada, destruir a nuestra Patria en su identidad espiritual y moral, en su unidad nacional y en su integridad territorial.


Nos referimos, en este caso concreto, al grupo terrorista de pretendido origen mapuche –etnia indígena de origen chileno[2] que eliminó de modo sangriento a los verdaderos habitantes del sur de la Nación, los tehuelches[3]- auto-denominado RAM-CAM, cuyos mentores ideológicos se encuentran en Inglaterra, desgraciado país que construyó su imperio por medio del robo y el latrocinio a lo largo y ancho del mundo, incluidas nuestras Islas Malvinas.
Frente a los falsos reclamos territoriales de esta etnia indígena de origen chileno, debemos sacar a relucir la verdad histórica, único baluarte para los hombres de bien y principal defensa contra los agresores a la Patria.
La verdad histórica es que los Araucanos, como su nombre lo indica, son originarios de Arauco, región perteneciente a Chile; se hacen llamar “Mapuches” y llegaron a nuestro país catorce años después de la Declaración de la Independencia. En otras palabras, son chilenos de origen y llegaron a nuestra Patria cuando la Nación Argentina ya se había pronunciado como Nación independiente y soberano. Desde el inicio, los araucanos-mapuches, son ocupantes ilegítimos –invasores- de un territorio que no les pertenece. El primer grupo de invasores los constituyeron aproximadamente unos 100 indígenas capitaneados por Yanquetruz. Se afincaron en Neuquén y desde allí se fueron extendiendo hacia el sur y el norte.
A su condición de ilegítimos ocupantes de nuestro terreno patrio, le añadieron la condición de genocidas, pues está probado por la historia que los Araucanos aniquilaron a los Güenenaken, también llamados genéricamente “Tehuelches”, que eran los auténticos “aborígenes originarios” de la Patagonia norte argentina. Como es obvio, y tal como lo enseña la Historia, los Araucanos-Mapuches no son un “pueblo originario”, sino invasores e ilegítimos ocupantes de una tierra que no es la suya, además de ser genocidas. Aún más, se arrogan derechos inexistentes, como el de ser los “dueños ancestrales” (sic) de un extenso territorio ubicado en las Patagonias argentina y chilena. En su sitio en la red, dicen literalmente así, con manifiesta falsedad ideológica: “La Nación Mapuche está ubicada en el sur de los territorios que hoy ocupan los Estados de Chile y Argentina –afirma la MIL–. Hace un poco más de 130 años su territorio ancestral, y el de otros pueblos originarios aliados, se extendía desde el sur del río Bío-Bío (Chile) hasta el extremo austral del continente, y en Argentina desde los ríos Colorado y Salado hasta el estrecho de Magallanes (abarcando también) las islas Malvinas y la Antártida”[4].
El pretendido territorio araucano-mapuche, falsamente reclamado por esta etnia invasora y genocida, fue definitivamente incorporado al Territorio Nacional Argentino a través del Ejército Nacional, por medio de la Campaña del Desierto, al mando del General Roca, en su condición de Comandante en Jefe del Ejército Nacional y por encargo explícito del Sr. Presidente de la Nación Argentina en ese entonces, el Dr. Avellaneda, en 1879. Esta campaña estaba destinada a afianzar la integración, de hecho, a la geografía argentina, prácticamente la mitad de los territorios históricamente nuestros, y que estaban bajo el poder tiránico del malón Araucano, cuyos frutos más notables eran el robo de ganado, de mujeres y la provocación de incendios –tal como lo continúan haciendo en nuestros días los grupos terroristas araucano-mapuches RAM y CAM-.
En definitiva, la Campaña del Desierto, organizada por un país soberano y una Nación independiente, como la Argentina, terminó con la usurpación, el saqueo y la violencia del malón Araucano, por medio del Ejército Argentino. Lo que hizo nuestro país fue defender nuestra soberanía nacional sobre la Patagonia Argentina que los caciques chilenos ilegítimamente usurpaban. La expedición de Roca no fue una “campaña contra el indio”, sino el legítimo uso de la fuerza, por parte de un país soberano, utilizada para afianzar un territorio que era y es propio.
Los Araucanos-mapuches, además de ser invasores y genocidas, eran provistos de armas por el mismo país que nos robó las Islas Malvinas, Inglaterra, quien les proveía de fusiles Remington y carabinas Rolling Block, modelo 1866, de 11mm. El mecanismo era el siguiente: los araucanos los traían de su país, de Chile, a donde se los vendían los ingleses a cambio del ganado argentino robado en los malones. Prueba de ello, es que la columna del Ejército Nacional comandada por el General Villegas tenía como objetivo clausurar y controlar los pasos andinos por donde les llegaban a los araucanos los Rémington y el abastecimiento de municiones. Siendo los araucanos tradicionalmente muy guerreros –en el 1250 subieron hasta el norte y destruyeron el Imperio de Tiahuanaco-, al mando de Cafulcurá, ganaron las primeras batallas contra el Ejército Nacional, aunque finalmente nuestro glorioso Ejército Argentino triunfó sobre los invasores, emprendiendo la Reconquista y recuperando para la Patria esas tierras usurpadas.
Como se puede ver, sólo hay falsedad ideológica detrás de los supuestos “reclamos ancestrales”, provenientes de invasores, usurpadores y genocidas, a lo cual se le suma el hecho de haber sido pergeñado, este gravísimo atentado contra la Patria, en las oficinas del Foreign Office. En otras palabras, el uso del término “Mapuche” y las falsas reivindicaciones territoriales no son otra cosa que maniobras elaboradas en Inglaterra, con el objetivo manifiesto de desintegrar nuestro territorio nacional. Los denominados “Mapuches”[5] son sólo “originarios” –en el sentido de que allí se originaron- de Inglaterra y sus reclamos son nulos y carentes de toda legitimidad y rigor histórico.
Con respecto a la historia, no hay mención de estos invasores, como integrantes de la Nación Argentina, en la Historia Oficial de las Provincias, ni en los Museos de Historia de Neuquén, de Santa Cruz, Chubut, Río Negro, Mendoza, ni tampoco San Juan. No los mencionan ni Rosas ni Roca en la Campaña al Desierto, como así tampoco los historiadores, ni la famosa expedición a los Indios Ranqueles.
A partir de nuestra Independencia Nacional, los que nacemos en suelo argentino somos ARGENTINOS, es decir, pertenecemos a una Nación, la Nación Argentina, por lo que no caben falsas reivindicaciones indigenistas ni de pueblos originarios inexistentes. Desde comienzos del siglo XVI está presente la sangre hispana en todo el suelo argentino y los pueblos originarios de la Patagonia anteriores a esa fecha fueron las etnias TEHUELCHES, conformadas por distintos pueblos o “tribus” como los Ranqueles, los Puelches, Güenenaken, Pampas, Pehuenches, Aónikenk, etc.
El invento “mapuche” se origina en el siglo XIX, en las logias masónicas inglesas, que nunca dejaron de apetecer, como piratas que son, nuestro territorio nacional. Quien nace en suelo argentino, es ARGENTINO, y no tiene ningún derecho a reivindicar supuestos e inexistentes “reclamos ancestrales”, so pena de colaborar con la maniobra inglesa que inventó a los mapuches y su falso reclamo para desmembrar a la Patria Argentina, haciéndose además acreedor del despreciable título de “traidor a la Patria”.  
Los mapuches ocultan su verdadero origen araucano –natural de Arauco, Chile-, y ocultan además su condición de usurpadores y genocidas de los únicos y verdaderos originarios argentinos, los TEHUELCHES, a cuya etnia pertenecía uno de nuestros santos argentinos, Ceferino Namuncurá.
La Patria está en peligro, y en las personas de los próceres como San Martín, el General Belgrano, Rosas, y muchos otros más, llama a sus hijos a defenderla. Jamás permitiremos que nuestra Bandera Nacional sea cambiada por un trapo multicolor, que lo único que pretende es destruir nuestra espiritualidad católica, nuestra identidad nacional argentina y nuestro territorio patrio.



Argentina nació bajo la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo -los Congresales del 9 de Julio de 1816 firmaron el Acta de la Independencia al pie del Cristo de los Congresales- y su Bandera Nacional es el Manto celeste y blanco de la Inmaculada Concepción de Luján -el General Belgrano tomó para nuestra Enseña Nacional los colores de la Virgen de Luján, para así homenajear a la Virgen-, y así ha de permanecer, si Dios Nuestro Señor nos concede la fuerza y la sabiduría necesarias para derrotar a los enemigos internos y externos de Nuestra Patria Argentina. Que nos asistan en esta trascendental lucha el Dueño de nuestra Patria, el Hombre-Dios Jesucristo; la Patrona de nuestra Nación, la Inmaculada Virgen de Luján, y el Ángel Custodio de Argentina.

¡Viva la Patria!
¡Viva Cristo Rey, Dueño y Señor de la Patria Argentina!
¡Viva la Inmaculada Concepción, Patrona de la Patria Argentina!




[2] Cfr. Diccionario de Enciclopedia Salvat, Barcelona 1972, voz “Mapuche”: Adj.- Natural de Arauco - Perteneciente a esta Provincia de Chile.
[3] Tehuelche: Adj. y sust. - Dícese de un individuo de un pueblo amerindio cazador, que, con otros grupos, integró la llamada “Cultura de las Pampas” en Argentina y Uruguay. Exterminados en gran parte por los araucanos, quedan reducidos núcleos en Tierra del Fuego.

[5] En nuestro país, la comunidad Araucana que se hace llamar Mapuche aún no ha desarrollado acciones radicalizadas y violentas para hacerse de la posesión de tierras, pero en Chile -donde la población de etnia araucana es muy numerosa- ya han comenzado, a través de la vinculación con las F.A.R.C.