Nuestra Señora de Malvinas
jueves, 3 de abril de 2025
jueves, 12 de octubre de 2023
Más víctimas de los subversivos montoneros, infames traidores a la Patria
martes, 15 de agosto de 2023
martes, 9 de mayo de 2023
viernes, 31 de marzo de 2023
El peronismo, nacido del sionismo, en acto de Alta Traición, abre las puertas de la Patria para la entrada del sionismo
- Cultura
- 22/02/2016
Peronismo y sionismo
La siguiente columna se sumerge en un análisis, no exento de polémica, que consiste en detectar similitudes entre el sionismo y el peronismo. “En parte, el derrotero de ambos movimientos de emancipación social fue similar”, afirma el autor. Estas líneas se proponen entonces analizar desde las similitudes iniciales entre ambas corrientes políticas hasta las divergencias más recientes.

Peronismo y sionismo fueron definidos en algún momento como “movimientos de liberación nacional”. Raanan Rein académico israelí experto en peronismo, me señaló en una entrevista que no veía puntos en común en relación al término, ya que si bien este concepto era utilizado por movimientos del Tercer Mundo que al igual que Israel luchaban contra el colonialismo, la esencia del sionismo era distinta. Así que más allá de la llamativa coincidencia en esta definición, probablemente la cosa no venía por allí, aunque no podía dejar de notar paralelismos entre ambos.
Una pista la encontré en “Los orígenes de Israel”, el libro del historiador polaco-israelí Zeev Sternhell, donde refuta el extendido mito de que haya sido la ideología socialista la que primó en los dirigentes del sionismo laborista que gobernaron al Yishuv, es decir a la comunidad judía establecida en Palestina antes de la creación del Estado en 1948. Según Sternhell, lo que verdaderamente buscó esta dirigencia fue generar una cohesión entre las clases sociales con el objetivo de evitar los conflictos internos y fortalecer la empresa sionista, por lo que la ideología predominante fue la nacionalista, sin por ello dejar de aceptar las raíces socialistas iniciales. Incluso, apunta que la Histadrut, el sindicato de trabajadores judíos nacido en 1920 y que trabajaba codo a codo con el Yshuv, no perseguía objetivos revolucionarios y anticapitalistas, sino ganar poder dentro de la estructura sionista para tener la chance de dar empleo y absorber a la mayor cantidad de inmigrantes, sin responder en muchos casos a las demandas materiales de los mismos trabajadores.
De hecho, Sternhell plantea que el inicial primer ministro israelí, David Ben Gurion, quien fuera una figura central en la Histadrut y en el partido político Mapai -conformado por el Hapoel Hatzair, que rechazaba el socialismo, y Ajdut Avodá, que había surgido luego de que el sector nacionalista se impusiera al socialista-, fue un artífice de la destrucción de la organización obrera Gdud-Ha-Avoda, la única sólida en su objetivo de fundar el país sobre verdaderas bases socialistas, así como del combate contra el salario familiar que reclamaba un sector de la Histadrut, y contra la red educativa de enseñanza obrera, sosteniendo que el concepto de lucha de clases “oscurecía el carácter nacional”.
En la Argentina, Juan Perón afirmó en su momento que el suyo no era un movimiento de izquierda, sino que propugnaba una “izquierda justicialista por sobre todas las cosas; no es una izquierda comunista o anárquica. (…) una izquierda justicialista que quiere realizar una comunidad”.
Pero las similitudes pueden observarse también en aspectos más específicos. En su reciente libro «Mi tierra prometida», Ari Shavit plantea la siguiente descripción de los inicios de Israel: “En el corazón del fraccionamiento Bizaron de Tel Aviv, el partido laborista tiene una sólida y leal mayoría. Incluso el estado mental es el del partido laborista: nacionalismo contenido, socialismo moderado, pragmatismo». Si estas últimas descripciones remiten también a un movimiento autóctono, es sin dudas al partido laborista argentino, que de hecho contribuyó con el 80% de los votos que recibió Juan Perón para acceder a su primera presidencia, y que luego se disolvería para dar paso al partido justicialista.
Shavit ahonda en la tipología de los seguidores del laborismo. «Nadie es demasiado santurrón, nadie insiste en ser absolutamente recto. Lo han visto todo. Creen en el trabajo duro de colocar un ladrillo tras otro. Pero también saben que para llegar al lugar correcto, a veces uno debe tomar una ruta enrevesada».
No parece ser la única afrenta de Shavit contra quienes juzgan desde la platea a un grupo de desposeídos que debió forjar un espacio para sí mismo. Va más allá, y frente a las atrocidades que también ocurrieron en la gesta de Israel, afirma que “una cosa me queda clara: el comandante de brigada y el gobernador militar tenían razón en enojarse con los sensibleros liberales israelíes de años posteriores que condenan lo que hicieron en Lod, pero disfrutan los frutos de su acto. Condeno al Bulldozer. Rechazo al francotirador. Pero no maldeciré al comandante de brigada y al gobernador militar y a los muchachos del grupo de entrenamiento. Al contrario. En todo caso, apoyo a los criticados. Porque sé que si no fuera por ellos, el Estado de Israel no habría nacido, yo no habría nacido. Hicieron el sucio, asqueroso trabajo que permite que mi pueblo, yo mismo, mi hija y mis hijos vivan”.
Ni el nacimiento de la Argentina ni la superviencia del pueblo argentino estaban en juego en la Argentina peronista. Eso está claro, y es por eso que el primer peronismo tampoco tuvo que cargar con muertos. Pero sí con un trabajo sucio, que permitió a muchos descendientes de oprimidos, hoy autodefinidos como liberales, tener un espacio en la sociedad argentina.
Bifurcaciones
En parte, el derrotero de ambos movimientos de emancipación social fue similar. Para Shavit “el proyecto sionista no se convirtió en lo que se suponía que debía ser: un grandioso proyecto de ingeniería bien planeado como el canal de Suez o el canal de Panamá. No se convirtió en una gran empresa de progreso que resolviera racionalmente uno de los problemas más desagradables de la humanidad. (…) en lugar de eso, el sionismo se convirtió en el proceso rebelde de improvisar soluciones imperfectas ante retos serios, atender nuevas necesidades, ajustarse a condiciones nuevas y crear nuevas realidades. Se reinventó a sí mismo una y otra vez, enfrentando en diferentes formas lo que es básicamente una situación imposible”.
Pero si la situación imposible en la Argentina fue doblegar a la oligarquía, a la que el peronismo incluso buscó sumarse en los ‘90, de la lectura del texto de Shavit, se pueden inferir, sin embargo, las grandes diferencias que se vislumbraron en la última década entre los hijos del laborismo israelí y los del laborismo argentino. Sobre los primeros, señala el autor israelí que: “Ellos fomentaron una cultura política edípica cuyo tema principal era el parricidio. De cierto modo, nunca crecieron. Nunca se convirtieron en líderes. (…) su visión estaba distorsionada y su alcance de la realidad se hizo cada vez más estrecha hasta que finalmente quedaron desconectados de ella. Los bienintencionados líderes de la izquierda israelí y del movimiento israelí por la paz se tornaron irrelevantes”. Sin embargo, la irrelevancia de la izquierda argentina –no siempre bienintencionada-, no significó la disolución final del movimiento que contuvo a una parte importante de la misma, el peronismo, sino que por el contrario lo mostró en su faceta más combativa de las últimas tres décadas.
Por eso, las similitudes iniciales entre estos dos movimientos parecen haber dado paso a las divergencias. Según Shavit, quienes recibieron el legado del laborismo israelí “No recordaron ni entendieron la historia. Sus constantes ataques hacia el nacionalismo, la milicia y la narrativa sionista consumieron la existencia de Israel desde adentro. Los negocios inculcaron ad absurdum la ilusión de normalidad al iniciar una privatización que arrasó con todo y estableció un régimen capitalista agresivo que no satisfacía las necesidades de una nación en conflicto. La academia inculcó ad absurdum una rígida corrección política al convertir los medios constructivos de autocrítica en una obsesiva finalidad deconstructiva por sí misma. Los medios promovieron una falsa conciencia que combinaba el consumismo alocado con una moralidad hipócrita. (…) Engañaron a los israelíes haciéndolos creer que Tel Aviv era Manhattan, que el mercado es lo que manda y que el dinero es Dios. Al hacerlo, les quitaron a los jóvenes israelíes las herramientas normativas necesarias para luchar por su país. Una nación sin igualdad, sin solidaridad y sin fe en su propia causa es una nación por la que no vale la pena luchar”.
Salta a la vista que, a diferencia de los anteriores párrafos, las similitudes no brillan por su presencia, si establecemos la comparación con la Argentina peronista de la última década. Con la excepción de la precisa descripción sobre los medios de comunicación, el punto en el que justamente se apoyó la derecha para regresar al poder.
A esta altura, muchos ya habrán enumerado las también grandes diferencias. Sin dudas serán ciertas. Pero no por ello podrán suprimir muchas de las similitudes.
(https://nuevasion.com.ar/archivos/6279)
Jordán Bruno Genta: "El marxismo es un ataque a la Religión, a la Patria y a la Familia"
"El hombre no puede existir sin Religión , sin Estado y sin Propiedad Privada; y la conciencia marxista de clase es la crítica de la Religión , del Estado y de la Propiedad Privada ".
Del significado del Comunismo Marxista y de la Revolución Rusa en la Historia Universal.
Jordán Bruno Genta
PRO CAUSA DE CANONIZACIÓN DEL PROFESOR JORDÁN BRUNO GENTA.
jueves, 27 de octubre de 2022
martes, 20 de septiembre de 2022
lunes, 1 de agosto de 2022
viernes, 1 de abril de 2022
Gloria eterna a los Héroes de Malvinas, ignominia eterna a los usurpadores británicos
Hay
tres cosas por las que vale la pena dar la vida: Dios, Patria y Familia. Los oficiales
y soldados del Ejército Argentino dieron la vida por Dios, por la Patria y por
la Familia. Por Dios, porque dieron la vida por la Patria y quien da la vida por
la Patria, la da por Dios, Quien es el que nos dio la Patria; dieron la vida
por la Patria, porque la Patria era mancillada continuamente por los
usurpadores británicos, desde el día en que a punta de pistola y haciendo uso
de la fuerza, injusta y armada, ocuparon ilegalmente el suelo patrio, nuestras
Islas Malvinas; dieron la vida por la Familia, porque quien agrede a Dios y a la
Patria, está agrediendo a la Familia, creación de Dios y núcleo central de la
Nación Argentina que puebla la Patria.
Por
haber dado la vida por Dios, la Patria y la Familia, nuestros valientes
soldados argentinos reciben el premio inmortal de ser considerados Héroes de la
Patria, porque derramaron su sangre para lavar la afrenta que sufría nuestra
Patria a manos del invasor y usurpador inglés. Pero también podemos decir que
son santos, porque dieron su vida por la Patria y el que da la vida por la
Patria la da también por Dios y Dios premia, a quien le ofrenda su vida, con la
vida eterna en su Reino, el Reino de Dios, Reino de paz, de alegría, de
justicia, de santidad.
Los
soldados argentinos que combatieron en Malvinas son por lo tanto Héroes y Santos
y una Nación que tiene Héroes y Santos debe sentirse orgullosa, porque los Héroes
y los Santos representan lo mejor del ser humano, la flor y nata de la Nación.
Al
recordar la Gesta de Malvinas, honramos la memoria de nuestros valientes
soldados argentinos caídos en combate, cuya sangre regó el suelo malvinense. Sus
cuerpos descansan en la turba de las Islas Malvinas, pero sus almas vigilan
desde el Cielo, más alto que las estrellas, porque están junto a Dios Trino y
al Cordero y desde el suelo, con su sangre derramada en la turba malvinense y
desde el Cielo, con sus almas en alegre y gloriosa contemplación del Cordero de
Dios, nos dicen, en lo más profundo de nuestros corazones: “Las Islas Malvinas
fueron, son y serán argentinas”.
miércoles, 7 de julio de 2021
La Independencia Nacional, amenazada por el globalismo luciferino
Cuando los congresistas del Congreso de Tucumán firmaron, a
los pies de Cristo crucificado –llamado por esto “el Cristo de los Congresales”-
la Independencia de la Nación Argentina, el 9 de Julio de 1816, muy
probablemente tenían en mente una Patria substancialmente distinta a la que
tenemos hoy. Por un lado, al firmar en castellano y a los pies del crucifijo,
pensaban en una Patria hispana y católica: hispana, porque la separación con
España –no querida, no deseada, no buscada-, fue más bien de orden político,
pero nunca cultural, por lo que continuamos siendo lo que éramos: españoles
americanos, españoles de ultramar; pensaban en una Patria católica, porque no
por casualidad la firma de la Independencia se llevó a cabo a los pies de
Cristo crucificado; además, un buen porcentaje de congresistas eran sacerdotes
de Cristo, pertenecientes a la Iglesia Católica. En síntesis, nunca hubo intención
de renegar de nuestras gloriosas raíces hispanas y católicas y por eso mismo,
los congresistas proyectaban al futuro una Patria hispana y católica, una Patria
que tuviera por Madre Patria a España y por Alma de la Nación a la Religión
Católica.
Pues bien, si los congresistas, de alguna manera, se
hicieran presentes en nuestros días, verían que la Patria, hispana y católica,
reniega cada día más de sus raíces y de su origen, español y católico, en aras de un indigenismo neo-pagano pergeñado intelectualmente por los sionistas británicos. Verían una
Patria devastada desde el punto de vista económico, moral, espiritual; verían
una Patria dominada y gobernada por una banda de delincuentes que se hacen
llamar “políticos”; verían una Patria invadida por ideologías contrarias en un
todo a la Ley de Dios, como por ejemplo la ideología de género, que llama “derecho
humano” a todo lo que transgrede la Ley Divina; verían que en la Patria se ha
sancionado una ley que, a futuro, provocará un verdadero genocidio entre los
niños argentinos por nacer; verían a los subversivos apátridas –es una
redundancia, porque todo subversivo es apátrida por definición- siendo
recordados como héroes, cuando fueron villanos de toda villanía y verían a los
hijos de estos criminales subversivos, convertidos en altos dirigentes
políticos, con el único mérito de ser hijos de subversivos y afiliados a la
Masonería; verían a la ideología comunista-socialista, atea y satanista por
definición, campear sin oposición en las facultades del país, sin que hayan
apenas jóvenes amantes de la Patria y de la Santa Cruz de Jesús que salgan en su defensa. Verían, por fin, un gobierno apátrida, subordinado
al globalismo luciferino del Nuevo Orden Mundial, cuyo objetivo final es la
instauración de un Gobierno Mundial o Estado Universal Comunista, en el que las
Patrias desaparezcan y en el que sea adorado el Ángel caído, Lucifer, al puesto
del Hombre-Dios, Nuestro Señor Jesucristo.
Para que esto no suceda, los españoles americanos nacidos en
Argentina, debemos ponernos en acción y la primera acción es postrarnos a los
pies de Cristo crucificado y, cubiertos con las banderas de España y Argentina,
implorar a la Patrona y Dueña de la Argentina que aplaste la cabeza de la
Serpiente Antigua. Sólo así, eliminados los mayores peligros para nuestra
grandeza nacional –la Masonería y el Comunismo-, la Patria será floreciente y
plena de gracia divina, tal como la pensaron los congresales de Tucumán.
domingo, 20 de junio de 2021
El trapo rojo del Dragón comunista no reemplazará jamás al manto celeste y blanco de la Inmaculada Concepción, la Bandera Nacional Argentina
Hoy nuestra Patria, cuya Bandera Nacional es el Manto
celeste y blanco de la Inmaculada Concepción de Luján, se encuentra en un
gravísimo peligro, porque quienes conforman el des-gobierna que guía a la
Nación a un abismo sin fin, son los herederos ideológicos de los criminales
subversivos apátridas, los guerrilleros del ERP, la FAP, montoneros, quienes
pretendían convertir a la Argentina en un satélite de la Cuba comunista y de la
Unión Soviética, estados ateos y anticristianos por esencia y por antonomasia.
Las palabras del criminal y asesino de masas Santucho no eran dichas por
casualidad: “Debemos MATAR un millón de argentinos, para instaurar el
socialismo y el comunismo”. “MATAR” un millón de argentinos, decir una frase
así, refleja el odio y la intención preternaturales, satánicas, que movían a
los brutales asesinos subversivos de la década de los setenta. Luego de haber
sido derrotados militarmente, lamentablemente ganaron –por el momento- la
batalla cultural y es así que lograron colocar a un “camarada” suyo, el
marxista Raúl Alfonsín –marxista y abogado defensor de los apátridas y
criminales subversivos- como “padre de la democracia”, enmascarando su profundo
odio hacia Dios y hacia la Patria, tal como lo demostraría, entre otras cosas,
con su lema: “Con la democracia se come, se cura y se educa”, intentando, con
esta frase materialista y marxista, desplazar a Dios, quien es El que con su
Providencia nos alimenta, nos cura y nos educa y además limitando al argentino
a un trozo de materia sin espíritu, al establecer al menos implícitamente que lo
único que hacía falta era un gobierno “democrático”. Luego se sucedieron
diversos gobiernos, hasta el actual, todos caracterizados por carecer, en
absoluto, de un proyecto nacional de crecimiento y desarrollo material y espiritual,
constituyendo en cambio una casta política oligárquica desentendida del Pueblo
Argentino y dedicada a enquistarse en el poder para lograr más poder y más
riquezas para sí mismos. Hoy, quienes nos gobiernan, son los herederos
ideológicos de los subversivos apátridas quienes, por carecer de Dios y de
Patria, niegan a Dios –ley infame y genocida del aborto aprobada por este
gobierno- y traicionan a la Patria –entre otras cosas, destrucción de las
Fuerzas Armadas y entrega de nuestra soberanía nacional a China al otorgarle
una base militar en la Patagonia Argentina, con lo cual quedamos bajo la órbita
del Dragón rojo, el comunismo chino, además de la cesión de aguas territoriales
para la depredación a las flotas pesqueras piratas chinas, la práctica
rendición total frente al enemigo usurpador inglés en Malvinas y muchas otras
traiciones más-. Es por esto que nuestra Patria, cuya Bandera Nacional es el
Manto celeste y blanco de la Inmaculada Concepción, Nuestra Señora de Luján, es
el próximo objetivo de los apátridas, quienes tratan de implantar un régimen
comunista al estilo chino-cubano-soviético y así reemplazar a nuestra Bandera
Nacional por el trapo rojo del Dragón del Apocalipsis, el Comunismo.
Es hora de que despertemos del letargo en el que nos
encontramos los argentinos y nos demos cuenta que detrás de la política se
encuentran dos grandes enemigos de Dios y de la Patria, la Masonería y el
Comunismo, por lo que en realidad se trata de una lucha espiritual del Pueblo
Argentino, ya que la Masonería es la Bestia y el Comunismo es el Dragón del
Apocalipsis. Y si es una lucha espiritual, las armas son espirituales: el Santo
Rosario, la Santa Misa, el vivir en gracia, el invocar con frecuencia al Ángel
Custodio de Argentina. Nuestras únicas esperanzas de sobrevivir como Nación,
nuestra única esperanza de que la Bandera Nacional, el Manto celeste y blanco
de Nuestra Señora de Luján, no sea reemplazado jamás por el trapo rojo del
Dragón rojo comunista, son el Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón
de María. ¡Viva la Patria! ¡Viva el Sagrado Corazón de Jesús! ¡Viva la Patrona
y Dueña de la Argentina, Nuestra Señora de Luján!
viernes, 7 de mayo de 2021
Nuestra Señora de Luján, socorre a tu Pueblo Argentino
Nuestra Señora de Luján, Límpida e Inmaculada Concepción,
fuiste Tú la que elegiste quedarte en nuestro suelo argentino; fuiste Tú la nos
eligió, como Nación, para ser la Madre, la Patrona, la Dueña, del Pueblo
Argentino. No fuimos nosotros quienes te elegimos a Ti, sino que Tú, por
designio divino, quisiste, por medio del milagro de la carreta y los bueyes,
quedarte en nuestra Patria, para ser su Dueña y Señora. Nuestra Señora de
Luján, Tú fuiste la que, por orden de la Trinidad, concediste al General
Belgrano el deseo de que nuestra Bandera Nacional llevara los colores, no del
cielo, sino los colores celestiales de tu Manto de Inmaculada Concepción y es
por esa razón que nuestra Bandera Argentina es la más hermosa del mundo, porque
lleva los colores de tu Manto. Tú elegiste quedarte a lo largo y ancho de
nuestra amada Patria, primero como Nuestra Señora de Luján y luego bajo
innumerables advocaciones, todas las cuales describen tu condición de ser
nuestra amada Madre del cielo.
Es por esta razón que nosotros, tus hijos argentinos, que peregrinamos
en el desierto de la historia y del tiempo humanos hacia la Jerusalén celestial -en donde habremos de adorar, por la misericordia de Dios y por la eternidad, a
la Lámpara de la Jerusalén del cielo, el Cordero de Dios, tu Hijo-, nosotros,
tus hijos argentinos, nos dirigimos a Ti para pedirte que nos socorras en estos
tiempos tan llenos de dolor, de angustia, de tribulación, que pareciera que
nunca se terminarán y que, de no mediar una divina intervención, todo será para
peor en nuestra Patria.
Mira a nuestra Patria Argentina, acosada por enemigos
externos e internos, tan feroces y despiadados, que no cejarán en su acoso
hasta ver destruida y fracasada en su totalidad a nuestra Patria. Mira, oh
Madre de Luján, cómo los infames usurpadores ingleses, osan hollar el suelo
patrio cada día, ocupando ilegalmente y por la fuerza nuestras Islas Malvinas,
sin que podamos desalojarlos de una vez y para siempre; mira cómo los enemigos
internos de la Patria, que son también enemigos de Dios, la acosan desde sus
mismas entrañas, matando a los niños argentinos por nacer por medio de la ley
del aborto; mira cómo los enemigos internos de la Patria cambian las leyes que rigen nuestra vida humana, por leyes que expulsan
a Dios de todo el ámbito de la vida nacional; mira cómo los enemigos internos,
si pudieran, quemarían hasta sus cimientos todas las iglesias del país –como ya
lo intentó hacer una de las sectas que tiraniza nuestra Patria desde hace
setenta años- y si pudiera, derribaría todas las cruces de Nuestro Señor y las
reemplazaría por las imágenes del Dragón del Apocalipsis, el Comunismo ateo; mira cómo los
enemigos internos, si pudieran, eliminarían la enseñanza de la Sagrada Religión
Católica del suelo de nuestra Patria, para reemplazarla por las infames creencias
paganas pre-hispánicas, sanguinarias, caníbales y satánicas; mira cómo los
enemigos internos pervierten la educación de niños y jóvenes, enseñándoles, por
la ideología de género, todo tipo de perversión, contraria a la Ley de Dios;
mira cómo los enemigos internos nos han desarmado, intelectual y materialmente,
para que la Patria sea invadida por toda clase de enemigos, de males, de
ideologías anti-cristianas, de perversiones paganas, de males innumerables y de
todo tipo, materiales, morales, espirituales.
¡Oh Señora Nuestra de Luján, Purísima y Limpidísima
Concepción, Madre, Patrona y Dueña de la Argentina! Postrados ante la Santa
Cruz de tu Hijo Jesús y besando filial y amorosamente tu sagrado manto celeste
y blanco, que nos recuerda a nuestra Bandera Nacional, te pedimos que nos
socorras en estos oscuros tiempos por los que transitamos los argentinos, para que
la gracia de Dios, que viene por tus manos y por tu Inmaculado Corazón,
convierta a los corazones de los argentinos, de los gobernantes y del pueblo y
así convertidos y profesando la verdadera fe católica, la fe en tu Hijo
Jesucristo como Dios Salvador y Redentor del mundo, se vea libre de sus enemigos
internos y externos y así se dirija, con la vista puesta en el Sol de justicia,
Jesús Eucaristía, guiados por tu mano y cobijados bajo tu Manto celeste y
blanco, hacia la Jerusalén celestial.
viernes, 20 de noviembre de 2020
El ejemplo del Combate de Obligado frente a las amenazas externas e internas a la Patria
El 20 de noviembre de 1845, una escuadra naval anglo-francesa, en claro y abierto desafío a la soberanía nacional y a la integridad territorial de la Confederación Argentina, comenzó a remontar, aguas arriba, el río Paraná. La respuesta del Ejército Argentino, bajo el mando del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas, hizo frente a la incursión enemiga, tomando posiciones en el recodo del río Paraná conocido como “Vuelta de Obligado”. Allí, era paso ineludible para la flota pirata anglo-francesa que se dirigía a Corrientes. En las costas de ese recodo, el General Mansilla apostó sus principales baterías: la denominada Restaurador Rosas, mandada por Álvaro Alzogaray, la General Brown, por Eduardo Brown, hijo del almirante y la Manuelita, al mando de Juan Bautista Thorne. Eran servidas por unos ciento setenta artilleros, más otros sesenta de reserva; las baterías estaban guarnecidas por quinientos soldados de infantería del 2do Batallón de Patricios, al mando del coronel Ramón Rodríguez y otra cantidad similar de milicianos, con varios cañones, que ocupaban los espacios entre esas baterías. La reserva estaba constituida por seiscientos infantes y dos escuadrones de caballería al mando de José Cortina. Detrás de ellos, unos trescientos vecinos, reunidos voluntariamente y a último momento, para apoyar a las tropas venidas desde Buenos Aires. En la orilla del río se colocaron tres anclas a las que se asieron tres gruesas cadenas, que atravesaban el río hasta la orilla opuesta, sujetadas a un bergantín armado con seis cañones al mando de Thomas Craig. Las cadenas corrían sobre las proas, cubiertas y popas de veinticuatro buques desmantelados, hundidos y fondeados en línea. Con estos se propuso Mansilla señalar a los invasores y piratas anglo-franceses que el pasaje del río no era libre y que si querían continuar camino, debían combatir. A las 08.30 de la mañana del 20 de noviembre de 1845 dio inicio el Combate de Obligado –tal como pasaría a la Historia el enfrentamiento entre las fuerzas invasoras anglo-francesas y el Ejército Argentino-, el cual duró ocho horas; al finalizar, los invasores habían sufrido cientocincuenta bajas, en tanto que los argentinos, unos setecientos cincuenta, además de perder dieciocho cañones. La victoria alcanzada por los invasores piratas anglo-franceses fue pírrica, puesto que luego de la Vuelta de Obligado todos en la Confederación se pusieron al servicio de la Patria. En toda América y en Europa se consideró a Rosas como el único jefe americano que había resistido las violencias y agresiones de las dos mayores potencias mundiales de ese entonces. El Brigadier General y todos los patriotas que combatieron en Obligado, hicieron saber al mundo, con su heroica resistencia, que el honor de la Patria y su integridad territorial no están en juego y que si alguien pretende mancillarla, los argentinos patriotas darán sus vidas –como lo demostraron, por ejemplo, en la Gesta de Malvinas- para impedirlo. Como consecuencia del heroico accionar del Ejército Argentino, la Nación Argentina conmemora este día como el Día de la Soberanía Nacional.
Ahora bien, al recordar a los Héroes de Obligado, no podemos
dejar pasar por alto los gravísimos peligros que enfrenta nuestra Patria,
asechada por enemigos externos –los ingleses usurpadores de Malvinas, entre los
primeros-, pero sobre todo apuñalada impíamente por enemigos internos.
Podemos
enumerar algunas de las amenazas internas que se encuadran en un verdadero
atentado contra la Patria, por lo que sus promotores son plausibles de ser
acusados del delito de traición a la Patria y sedición: el infame artículo 75
inciso 17 de la Constitución reformada –reformada al solo efecto de lograr la
reelección de un presidente peronista, cuándo no-, que atenta gravemente contra
la integridad territorial, al propiciar y promover la secesión territorial a
favor de pseudo-originarios –los verdaderos originarios están integrados en la
Nación Argentina y en su territorio-; la aparición de pseudo-mapuches, supuesto
pueblo originario que nunca existió como tal, un plan perverso destinado a
atentar contra el territorio nacional, orquestado desde Inglaterra; el accionar
subversivo y apátrida de un delincuente como Juan Grabois, quien incita a la
usurpación ilegítima de tierras, violentando groseramente el derecho natural y
constitucional a la propiedad privada; la instalación -desde todo punto de
vista ilegítima y sumamente peligrosa para los intereses de la Nación
Argentina, por el peligro de colonización ideológica que conlleva- de una base
militar del Partido Comunista Chino en la provincia de Neuquén; el abandono de
una política de defensa contra potenciales agresores externos, por parte de una
gran mayoría la clase política argentina, que ha dejado a la Nación Argentina
prácticamente sin capacidad de respuesta frente a un agresor externo; la
incomprensible e inaceptable ausencia de presupuesto para equipar, modernizar y
renovar a las Fuerzas Armadas, indispensables –junto a la Iglesia Católica-
para la vida e integridad de la Patria; el adoctrinamiento con ideologías
subversivas y apátridas por parte de numerosas instituciones educativas, en
todos los niveles de la Educación, pero sobre todo en la Educación
Universitaria -incluyendo lamentablemente, en esta tarea subversiva contra los
valores morales, espirituales occidentales y cristianos, a muchas universidades
sedicentes católicas-; y como estos, muchos otros males invaden y carcomen las
entrañas de nuestra Patria Argentina, como la ley del aborto, la ley de
Educación Sexual Integral (ESI), la promoción desde el Estado de la ideología
de género, destructora de la familia, etc. Dentro de los enemigos externos, como
ya lo dijimos, los primeros a tener en cuenta son los piratas ingleses, que usurpan
ilegítimamente y a la fuerza nuestras Islas Malvinas y por último, cualquier
país que por alguna razón entre en conflicto con nuestra Patria.
Podemos
decir, en conclusión, que los peligros que enfrenta nuestra amada Patria
Argentina en estos turbulentos y atribulados momentos, son numerosísimos y
mucho más graves que los que enfrentaron los Héroes de Obligado al combatir al
enemigo anglo-francés. Que su valentía y heroicidad nos sirvan, como luminoso
ejemplo, para dar la lucha contra los enemigos de Dios, del altar y de la
Patria, una lucha que se libra ante todo en los planos cultural, moral y
espiritual. Que Nuestro Señor Jesucristo, Dueño de la Nación Argentina, la
Virgen Inmaculada de Luján, Patrona de Argentina, y el Ángel Custodio de
Argentina, nos asistan en esta desigual batalla que entablamos contra “las
potestades de los aires” y contra los enemigos externos e internos de Nuestra
Patria.
miércoles, 4 de noviembre de 2020
lunes, 8 de julio de 2019
Argentina debe regresar al 9 de Julio de 1816




















