Nuestra Señora de Malvinas
Mostrando entradas con la etiqueta peronismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta peronismo. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de enero de 2025

El peronismo, la mortal secta socialista que infectó el alma de la Patria Argentina; secta de la cual debemos limpiarnos y purificarnos si queremos sobrevivir como Nación

 


El peronismo, la mortal secta socialista que infectó el alma de la Patria Argentina; secta de la cual debemos limpiarnos y purificarnos si queremos sobrevivir como Nación

domingo, 31 de marzo de 2024

El Peronismo es la serpiente cuyos huevos eclosionaron en las peores bandas de criminales subversivos apátridas que nos hundieron en la guerra civil entre argentinos

 


El Peronismo es la serpiente cuyos huevos eclosionaron en las peores bandas de criminales subversivos apátridas que nos hundieron en la guerra civil entre argentinos. Y aun así, se colocan en el papel de víctimas y no de victimarios, como lo que realmente son. ¡Basta de peronismo!


domingo, 4 de febrero de 2024

Peronismo y Sionismo, cáncer nacional argentino: nacionalismo, socialismo y pragmatismo

 


Perón y el nazi Richter



Peronismo y Sionismo: nacionalismo, socialismo y pragmatismo

         La base ideológica del peronismo es la del movimiento sionista laborista inglés que tiene tres pilares: nacionalismo, socialismo (nacionalsocialismo, nazismo) y pragmatismo (ausencia de valores morales).

         Por estas razones el peronismo es el culpable de haber introducido al sionismo en la cima del poder político-financiero-sindical de Argentina y el de haber desviado a la Nación de su destino de grandeza, hasta conducirla a un estado de guerra civil, que condujo al Gobierno Militar del General Jorge Rafael Videla.

         Las conexiones intrínsecas entre peronismo y sionismo las revelan los mismos sionistas:

“En “Los orígenes de Israel”, el libro del historiador polaco-israelí Zeev Sternhell, donde refuta el extendido mito de que haya sido la ideología socialista la que primó en los dirigentes del sionismo laborista que gobernaron al Yishuv, es decir a la comunidad judía establecida en Palestina antes de la creación del Estado en 1948. Según Sternhell, lo que verdaderamente buscó esta dirigencia fue generar una cohesión entre las clases sociales con el objetivo de evitar los conflictos internos y fortalecer la empresa sionista, por lo que la ideología predominante fue la nacionalista, sin por ello dejar de aceptar las raíces socialistas iniciales. Incluso, apunta que la Histadrut, el sindicato de trabajadores judíos nacido en 1920 y que trabajaba codo a codo con el Yshuv, no perseguía objetivos revolucionarios y anticapitalistas, sino ganar poder dentro de la estructura sionista para tener la chance de dar empleo y absorber a la mayor cantidad de inmigrantes, sin responder en muchos casos a las demandas materiales de los mismos trabajadores.

De hecho, Sternhell plantea que el inicial primer ministro israelí, David Ben Gurion, quien fuera una figura central en la Histadrut y en el partido político Mapai -conformado por el Hapoel Hatzair, que rechazaba el socialismo, y Ajdut Avodá, que había surgido luego de que el sector nacionalista se impusiera al socialista-, fue un artífice de la destrucción de la organización obrera Gdud-Ha-Avoda, la única sólida en su objetivo de fundar el país sobre verdaderas bases socialistas, así como del combate contra el salario familiar que reclamaba un sector de la Histadrut, y contra la red educativa de enseñanza obrera, sosteniendo que el concepto de lucha de clases “oscurecía el carácter nacional”.

En la Argentina, Juan Perón afirmó en su momento que el suyo no era un movimiento de izquierda, sino que propugnaba una “izquierda justicialista por sobre todas las cosas; no es una izquierda comunista o anárquica. (…) una izquierda justicialista que quiere realizar una comunidad”, una comunidad “socialista” (N. del R.). El peronismo es un movimiento de izquierdas desde un inicio, un movimiento sin Dios, en donde el que es endiosado es el mismo Perón, tal como lo dice Eva Perón: “Perón es más que Dios”.

Pero las similitudes pueden observarse también en aspectos más específicos. En su reciente libro «Mi tierra prometida», Ari Shavit plantea la siguiente descripción de los inicios de Israel: “En el corazón del fraccionamiento Bizaron de Tel Aviv, el partido laborista tiene una sólida y leal mayoría. Incluso el estado mental es el del partido laborista: nacionalismo contenido, socialismo moderado, (nacional-socialismo, nazismo, N. del R.), pragmatismo». Si estas últimas descripciones remiten también a un movimiento autóctono, es sin dudas al partido laborista argentino, que de hecho contribuyó con el 80% de los votos que recibió Juan Perón para acceder a su primera presidencia, y que luego se disolvería para dar paso al partido justicialista[1]”. El partido justicialista tiene como base “intelectual” el nacionalismo-socialismo-pragmatismo del partido laborista sionista; es un nacional-socialismo (nazismo) criollo, pragmático, es decir, sin límites morales: el fin justifica los medios.

Por esto el peronismo es el cáncer terminal, cuya metástasis es el kirchnerismo y si la Argentina no recibe un proceso de des-peronización, nunca saldrá del estado de postración económica, pero ante todo moral y espiritual en el que se encuentra, porque quien gobierna Argentina no es Cristo Rey sino Sión.



[1] Cfr. Peronismo y sionismo, Julian Blejmar; https://nuevasion.org/archivos/6279

 

sábado, 27 de mayo de 2023

El nauseabundo origen sionista del peronismo

 "En la Argentina, Juan Perón afirmó en su momento que el suyo no era un movimiento de izquierda, sino que propugnaba una “izquierda justicialista por sobre todas las cosas; no es una izquierda comunista o anárquica. (…) una izquierda justicialista que quiere realizar una comunidad”.

Pero las similitudes pueden observarse también en aspectos más específicos. En su reciente libro «Mi tierra prometida», Ari Shavit plantea la siguiente descripción de los inicios de Israel: “En el corazón del fraccionamiento Bizaron  de Tel Aviv, el partido laborista tiene una sólida y leal mayoría. Incluso el estado mental es el del partido laborista: nacionalismo contenido, socialismo moderado, pragmatismo». Si estas últimas descripciones remiten también a un movimiento autóctono, es sin dudas al partido laborista argentino, que de hecho contribuyó con el 80% de los votos que recibió Juan Perón para acceder a su primera presidencia, y que luego se disolvería para dar paso al partido justicialista".
(https://nuevasion.com.ar/archivos/6279)

"Permiso para pensar", el documental que revela el origen del cáncer de Argentina, la infame ideología peronista

 


En este documental se revela el origen de este nefasto cáncer ideológico llamado "peronismo", 
cuya metástasis criminal es el kirchnerismo.
La violencia, el culto a la persona del líder, la irracionalidad, el fanatismo, el latrocinio, el fanatismo, en fin, todo lo que define a una secta maligna, son las características que desde su inicio presenta la punta de lanza del sionismo británico en nuestra infausta Patria Argentina.
Maldita y mil veces maldita, es esta inmunda ideología peronista, cuya estructura partidaria es solo la fachada de una secta perversa, violenta, irracional, anti-argentina.
Mil veces maldita, perversa ideología peronista-kirchnerista, por la traición a la Patria Argentina.



viernes, 31 de marzo de 2023

El peronismo, nacido del sionismo, en acto de Alta Traición, abre las puertas de la Patria para la entrada del sionismo

 

Peronismo y sionismo

La siguiente columna se sumerge en un análisis, no exento de polémica, que consiste en detectar similitudes entre el sionismo y el peronismo. “En parte, el derrotero de ambos movimientos de emancipación social fue similar”, afirma el autor. Estas líneas se proponen entonces analizar desde las similitudes iniciales entre ambas corrientes políticas hasta las divergencias más recientes.

Por Julian Blejmar

Peronismo y sionismo fueron definidos en algún momento como “movimientos de liberación nacional”. Raanan Rein académico israelí experto en peronismo, me señaló en una entrevista que no veía puntos en común en relación al término, ya que si bien este concepto era utilizado por movimientos del Tercer Mundo que al igual que Israel luchaban contra el colonialismo, la esencia del sionismo era distinta. Así que más allá de la llamativa coincidencia en esta definición, probablemente la cosa no venía por allí, aunque no podía dejar de notar paralelismos entre ambos.
Una pista la encontré en “Los orígenes de Israel”, el libro del historiador polaco-israelí Zeev Sternhell, donde refuta el extendido mito de que haya sido la ideología socialista la que primó en los dirigentes del sionismo laborista que gobernaron al Yishuv, es decir a la comunidad judía establecida en Palestina antes de la creación del Estado en 1948. Según Sternhell, lo que verdaderamente buscó esta dirigencia fue generar una cohesión entre las clases sociales con el objetivo de evitar los conflictos internos y fortalecer la empresa sionista, por lo que la ideología predominante fue la nacionalista, sin por ello dejar de aceptar las raíces socialistas iniciales. Incluso, apunta que la Histadrut, el sindicato de trabajadores judíos nacido en 1920 y que trabajaba codo a codo con el Yshuv, no perseguía objetivos revolucionarios y anticapitalistas, sino ganar poder dentro de la estructura sionista para tener la chance de dar empleo y absorber a la mayor cantidad de inmigrantes, sin responder en muchos casos a las demandas materiales de los mismos trabajadores.
De hecho, Sternhell plantea que el inicial primer ministro israelí, David Ben Gurion, quien fuera una figura central en la Histadrut y en el partido político Mapai -conformado por el Hapoel Hatzair, que rechazaba el socialismo, y Ajdut Avodá, que había surgido luego de que el sector nacionalista se impusiera al socialista-, fue un artífice de la destrucción de la organización obrera Gdud-Ha-Avoda, la única sólida en su objetivo de fundar el país sobre verdaderas bases socialistas, así como del combate contra el salario familiar que reclamaba un sector de la Histadrut, y contra la red educativa de enseñanza obrera, sosteniendo que el concepto de lucha de clases “oscurecía el carácter nacional”.
En la Argentina, Juan Perón afirmó en su momento que el suyo no era un movimiento de izquierda, sino que propugnaba una “izquierda justicialista por sobre todas las cosas; no es una izquierda comunista o anárquica. (…) una izquierda justicialista que quiere realizar una comunidad”.
Pero las similitudes pueden observarse también en aspectos más específicos. En su reciente libro «Mi tierra prometida», Ari Shavit plantea la siguiente descripción de los inicios de Israel: “En el corazón del fraccionamiento Bizaron  de Tel Aviv, el partido laborista tiene una sólida y leal mayoría. Incluso el estado mental es el del partido laborista: nacionalismo contenido, socialismo moderado, pragmatismo». Si estas últimas descripciones remiten también a un movimiento autóctono, es sin dudas al partido laborista argentino, que de hecho contribuyó con el 80% de los votos que recibió Juan Perón para acceder a su primera presidencia, y que luego se disolvería para dar paso al partido justicialista.
Shavit ahonda en la tipología de los seguidores del laborismo. «Nadie es demasiado santurrón, nadie insiste en ser absolutamente recto. Lo han visto todo. Creen en el trabajo duro de colocar un ladrillo tras otro. Pero también saben que para llegar al lugar correcto, a veces uno debe tomar una ruta enrevesada».
No parece ser la única afrenta de Shavit contra quienes juzgan desde la platea a un grupo de desposeídos que debió forjar un espacio para sí mismo. Va más allá, y frente a las atrocidades que también ocurrieron en la gesta de Israel, afirma que “una cosa me queda clara: el comandante de brigada y el gobernador militar tenían razón en enojarse con los sensibleros liberales israelíes de años posteriores que condenan lo que hicieron en Lod, pero disfrutan los frutos de su acto. Condeno al Bulldozer. Rechazo al francotirador. Pero no maldeciré al comandante de brigada y al gobernador militar y a los muchachos del grupo de entrenamiento. Al contrario. En todo caso, apoyo a los criticados. Porque sé que si no fuera por ellos, el Estado de Israel no habría nacido, yo no habría nacido. Hicieron el sucio, asqueroso trabajo que permite que mi pueblo, yo mismo, mi hija y mis hijos vivan”.
Ni el nacimiento de la Argentina ni la superviencia del pueblo argentino estaban en juego en la Argentina peronista. Eso está claro, y es por eso que el primer peronismo tampoco tuvo que cargar con muertos. Pero sí con un trabajo sucio, que permitió a muchos descendientes de oprimidos, hoy autodefinidos como liberales, tener un espacio en la sociedad argentina.

Bifurcaciones
En parte, el derrotero de ambos movimientos de emancipación social fue similar. Para Shavit “el proyecto sionista no se convirtió en lo que se suponía que debía ser: un grandioso proyecto de ingeniería bien planeado como el canal de Suez o el canal de Panamá. No se convirtió en una gran empresa de progreso que resolviera racionalmente uno de los problemas más desagradables de la humanidad. (…) en lugar de eso, el sionismo se convirtió en el proceso rebelde de improvisar soluciones imperfectas ante retos serios, atender nuevas necesidades, ajustarse a condiciones nuevas y crear nuevas realidades. Se reinventó a sí mismo una y otra vez, enfrentando en diferentes formas lo que es básicamente una situación imposible”.
Pero si la situación imposible en la Argentina fue doblegar a la oligarquía, a la que el peronismo incluso buscó sumarse en los ‘90, de la lectura del texto de Shavit, se pueden inferir, sin embargo, las grandes diferencias que se vislumbraron en la última década entre los hijos del laborismo israelí y los del laborismo argentino. Sobre los primeros, señala el autor israelí que: “Ellos fomentaron una cultura política edípica cuyo tema principal era el parricidio. De cierto modo, nunca crecieron. Nunca se convirtieron en líderes. (…) su visión estaba distorsionada y su alcance de la realidad se hizo cada vez más estrecha hasta que finalmente quedaron desconectados de ella. Los bienintencionados líderes de la izquierda israelí y del movimiento israelí por la paz se tornaron irrelevantes”. Sin embargo, la irrelevancia de la izquierda argentina –no siempre bienintencionada-, no significó la disolución final del movimiento que contuvo a una parte importante de la misma, el peronismo, sino que por el contrario lo mostró en su faceta más combativa de las últimas tres décadas.
Por eso, las similitudes iniciales entre estos dos movimientos parecen haber dado paso a las divergencias. Según Shavit, quienes recibieron el legado del laborismo israelí “No recordaron ni entendieron la historia. Sus constantes ataques hacia el nacionalismo, la milicia y la narrativa sionista consumieron la existencia de Israel desde adentro. Los negocios inculcaron ad absurdum la ilusión de normalidad al iniciar una privatización que arrasó con todo y estableció un régimen capitalista agresivo que no satisfacía las necesidades de una nación en conflicto. La academia inculcó ad absurdum una rígida corrección política al convertir los medios constructivos de autocrítica en una obsesiva finalidad deconstructiva por sí misma. Los medios promovieron una falsa conciencia que combinaba el consumismo alocado con una moralidad hipócrita. (…) Engañaron a los israelíes haciéndolos creer que Tel Aviv era Manhattan, que el mercado es lo que manda y que el dinero es Dios. Al hacerlo, les quitaron a los jóvenes israelíes las herramientas normativas necesarias para luchar por su país. Una nación sin igualdad, sin solidaridad y sin fe en su propia causa es una nación por la que no vale la pena luchar”.
Salta a la vista que, a diferencia de los anteriores párrafos, las similitudes no brillan por su presencia, si establecemos la comparación con la Argentina peronista de la última década. Con la excepción de la precisa descripción sobre los medios de comunicación, el punto en el que justamente se apoyó la derecha para regresar al poder.
A esta altura, muchos ya habrán enumerado las también grandes diferencias. Sin dudas serán ciertas. Pero no por ello podrán suprimir muchas de las similitudes.

(https://nuevasion.com.ar/archivos/6279)

viernes, 19 de marzo de 2021

miércoles, 3 de febrero de 2021

«Isabelita»: otra de las tantas páginas negras que oculta el peronismo

 

Aunque muchos asocian erróneamente a Cristina Kirchner como la primera “presidenta”, como a ella le gusta que le digan, lo cierto es que no fue la primera mandataria argentina. Sin embargo, la historia de la viuda de Perón es casi un tabú para el justicialismo.

 

Aunque muchos asocian erróneamente a Cristina Kirchner como la primera “presidenta”, como a ella le gusta que le digan, lo cierto es que no fue la primera mandataria argentina. Sin embargo, la historia de la viuda de Perón es casi un tabú para el justicialismo.
Junto al «brujo» José López Rega, Ministro de «Bienestar Social» entre el 73 y el 75. Para muchos el responsable de la Triple A y el terrorismo de Estado, mucho antes del Gobierno de Videla. (Twitter)

Esta semana, María Estela Martínez de Perón (su verdadero nombre, ya que no es ni Isabel, ni Isabelita) estará en las noticias por su cumpleaños número noventa. “Exiliada” en España, la expresidente argentina ha sufrido varios dolores de cabeza con la justicia, que en más de una oportunidad buscó infructuosamente una extradición por los supuestos crímenes de lesa humanidad cometidos durante su Gobierno (julio de 1974-marzo de 1976).

No obstante, lo cierto es que, más allá de su responsabilidad formal, la primera mandataria argentina no fue más que un títere de las fuerzas anárquicas que dejó el vacío de Juan Domingo Perón. Una muestra de ello se observa en un cable enviado a Washington por el embajador de Estados Unidos en Argentina, Robert Hill, quien ilustró esta situación en agosto de 1975:

“El poder político real no reside más en la presidente. A esta altura, si se queda como presidente o no es una cuestión casi de interés académico. Hay un vacío de poder en el centro y no será ella quien lo llene”.

Hay varios motivos por los que Isabelita ha sido excluida del relato peronista, casi como si no hubiese existido jamás. Es que su presidencia resume a la perfección las sangrientas responsabilidades, que llegan al mismo Perón, así como las irresponsabilidades varias que generaron y facilitaron el Golpe de Estado de 1976.

Crónica de una muerte anunciada

La fórmula “Perón-Perón”, que se impuso en las elecciones de octubre de 1973, luego del largo exilio donde conoció a su última esposa, fue el resultado de la encerrona a la que el propio General se sometió. Es que para fomentar su retorno, Perón tuvo que movilizar a la extrema izquierda del justicialismo (que soñaba de forma infantil con el “socialismo peronista”) y a la derecha sindical (que pretendía la restauración del modelo corporativista de los cuarenta y cincuenta). Estos modelos eran absolutamente incompatibles, igualmente Perón les prometió a ambos hasta último momento que su programa de gobierno sería el que ellos buscaban.

Cualquier otro vicepresidente iba a ser interpretado como un guiño hacia uno de los dos sectores, que apostaban por una traición del líder al otro espacio. Es por esta razón que terminó recurriendo a su mujer. Una bailarina de cabaret (comentario histórico, no peyorativo) que no estaba en lo más mínimo preparada para el cargo (mucho menos para la violenta situación política en Argentina). La irresponsabilidad fue extrema, ya que Perón era viejo y estaba enfermo. Falleció nueve meses después dejando a su viuda a cargo del Poder Ejecutivo en un país en llamas.

El terrorismo de Estado que no comenzó con Videla

Si hay algo que carece de inocencia es la relación del terrorismo de Estado con el Gobierno de facto que comenzó el 24 de marzo de 1976. La triple A parapolicial que comenzó a aniquilar a la guerrilla, luego del asesinato del referente sindical José Ignacio Rucci —amigo de Perón— tuvo su apogeo en aquellos años.

La violencia política era tal en la época que, aunque pocos lo reconozcan por estos días, la mayor parte del país recibió con beneplácito la llegada de Jorge Rafael Videla y compañía. Incluso los partidos políticos, que le “prestaron” al proceso miles de funcionarios e intendentes (160 jefes comunales eran peronistas). El único referente político que se manifestó abiertamente en contra del golpe fue el liberal Álvaro Alsogaray. Su tesis, absolutamente acertada, decía que un Gobierno militar, más que voltear, iba a salvar al peronismo, que se iría victimizado en lugar de hacerse cargo del desastre político y económico.

“Los propios ministros del Gobierno y los líderes de una caduca e irresponsable oposición hablan ya abiertamente del golpe de Estado. Frívolos intereses mundanos y materiales los alientan. ¿Por qué habría un golpe de Estado de liberar a los dirigentes políticos de su culpabilidad? ¿Por qué cargar con el desastre facilitándoles al mismo tiempo que escapen indemnes y gratuitamente de la trampa en que se han metido? ¿Por qué transformarlos en mártires incomprendidos de la democracia, precisamente en el momento en que se verán obligados a proclamar su gran fracaso?”, publicó el ingeniero tres días antes del 24 de marzo.

Más allá de que todo esto sea el “lado b” oculto del relato peronista, que reescribe e ignora los hechos históricos que le quedan incómodos, todo es parte del pasado reciente y está absolutamente documentado.

 

Marcelo Duclos

Marcelo Duclos

Nació en Buenos Aires en 1981, estudió periodismo en Taller Escuela Agencia y realizó la maestría de Ciencias Políticas y Economía en Eseade. Es columnista de opinión invitado de Infobae y músico.

(https://panampost.com/marcelo-duclos/2021/02/03/isabelita-paginas-negras-peronismo/)