Nuestra Señora de Malvinas
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miércoles, 6 de septiembre de 2023

Evita, la fanática sectaria e idólatra, que de modo blasfemo colocaba a Perón por encima de Dios y quería MATAR a todos los no-peronistas

El siguiente artículo pertenece al P. Javier Olivera Ravassi. 

Lo que nos pertenece es el título y la definición de Eva Perón, según nuestro parecer: una prostituta muy sagaz, arrivista, idólatra, pagana, violenta, blasfema. Pobre Patria Argentina, padece del cáncer del peroncho-kirchnerismo, un cáncer maligno, agresivo, del cual debe ser arrancada hasta la última célula, si la Patria quiere sobrevivir.

 

“Santa Evita” Perón

Hace un par de días que, la Confederación General del Trabajo (CGT) junto con un grupo de sacerdotes pertenecientes al movimiento de “Curas villeros”, ha comenzado a mover el avispero para pedir la apertura del proceso de canonización de Eva Duarte de Perón, esposa del extinto presidente de la Argentina, el Gral. Juan Domingo Perón.

De nada sirve ahora ponerse a narrar la vida de “Evita”, como se hacía llamar la ex carismática actriz que llegó a ser una de las mujeres más influyentes de su tiempo; ni de su juventud turbia y un tanto desordenada; ni tampoco –vale decirlo– de su muy probable conversión al final de su vida, luego de conocer a Roncalli y su muerte con todos los sacramentos (como atestiguaba el padre Benítez, su confesor e incondicional defensor).

– “Al final de cuentas, María Magdalena fue prostituta y ahora es santa” – se dirá.

– “Sí, pero no sólo se convirtió, sino que pasó gran parte de su vida como penitente, viviendo en una cueva y purgando sus pecados”.

Ahora bien: ¿Santa Evita? ¿será verdad?

Y…, cosas “veredes Sancho que non crederes” decía Don Quijote.

La verdad que uno a veces no sabe qué pensar o qué decir cuando le preguntan por estos temas.

O es como en tiempos de los Cristeros, cuando los mártires decían que “el cielo está barato” o es que hay una gran confusión y los santos se han devaluado.

Si seguimos, por ejemplo, al actual Catecismo de la Iglesia Católica, leemos sobre las canonizaciones lo siguiente:

al canonizar a ciertos fieles, es decir, al proclamar solemnemente que esos fieles han practicado heroicamente las virtudes y han vivido en la fidelidad a la gracia de Dios, la Iglesia reconoce el poder del Espíritu de santidad, que está en ella, y sostiene la esperanza de los fieles proponiendo a los santos como modelos e intercesores (cf. Lumen Gentium, 40; 48-51)”[1].

– ¿Y Evita? “¿clasifica?”.

Pues hoy por hoy ya no sabemos qué decir…; lo que sí podemos hacer es traer a la memoria ciertas frases o discursos que, seguramente, algunos nunca oyeron.

– “La religión es para el hombre y no el hombre para la religión; y por eso la religión ha de ser profundamente popular, olvidándonos de los ritos excesivos y de las complicaciones teológicas”[2].

– “Después de Perón todos somos iguales”[3].

– “Perón se parece más bien a otra clase de genios, a los que crearon nuevas filosofías o nuevas religiones”[4].

– “Yo no concibo el cielo sin Perón”[5].

Y más, de sus discursos:

– “No nos alcanzará el alambre de fardo para colgar a los contreras».

– «No dejaré piedra sobre piedra que no sea peronista».

– “Con las cenizas de los traidores construiremos la Patria de los humildes”.

– “Solamente los fanáticos -que son idealistas y son sectarios- no se entregan. Los fríos, los indiferentes, no deben servir al pueblo. No pueden servirlo aunque quieran”.

– «No dejar en pie ningún ladrillo que no sea peronista».

 

Porque una cosa es que alguien se haya ido al Cielo por pura misericordia divina y otra muy distinta que sea santo.

 

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi, SE

viernes, 1 de abril de 2022

Gloria eterna a los Héroes de Malvinas, ignominia eterna a los usurpadores británicos

 



Hay tres cosas por las que vale la pena dar la vida: Dios, Patria y Familia. Los oficiales y soldados del Ejército Argentino dieron la vida por Dios, por la Patria y por la Familia. Por Dios, porque dieron la vida por la Patria y quien da la vida por la Patria, la da por Dios, Quien es el que nos dio la Patria; dieron la vida por la Patria, porque la Patria era mancillada continuamente por los usurpadores británicos, desde el día en que a punta de pistola y haciendo uso de la fuerza, injusta y armada, ocuparon ilegalmente el suelo patrio, nuestras Islas Malvinas; dieron la vida por la Familia, porque quien agrede a Dios y a la Patria, está agrediendo a la Familia, creación de Dios y núcleo central de la Nación Argentina que puebla la Patria.

Por haber dado la vida por Dios, la Patria y la Familia, nuestros valientes soldados argentinos reciben el premio inmortal de ser considerados Héroes de la Patria, porque derramaron su sangre para lavar la afrenta que sufría nuestra Patria a manos del invasor y usurpador inglés. Pero también podemos decir que son santos, porque dieron su vida por la Patria y el que da la vida por la Patria la da también por Dios y Dios premia, a quien le ofrenda su vida, con la vida eterna en su Reino, el Reino de Dios, Reino de paz, de alegría, de justicia, de santidad.

Los soldados argentinos que combatieron en Malvinas son por lo tanto Héroes y Santos y una Nación que tiene Héroes y Santos debe sentirse orgullosa, porque los Héroes y los Santos representan lo mejor del ser humano, la flor y nata de la Nación.

Al recordar la Gesta de Malvinas, honramos la memoria de nuestros valientes soldados argentinos caídos en combate, cuya sangre regó el suelo malvinense. Sus cuerpos descansan en la turba de las Islas Malvinas, pero sus almas vigilan desde el Cielo, más alto que las estrellas, porque están junto a Dios Trino y al Cordero y desde el suelo, con su sangre derramada en la turba malvinense y desde el Cielo, con sus almas en alegre y gloriosa contemplación del Cordero de Dios, nos dicen, en lo más profundo de nuestros corazones: “Las Islas Malvinas fueron, son y serán argentinas”.

lunes, 17 de junio de 2019

La Bandera Argentina tiene los colores de la Virgen por deseo de Dios


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          La Bandera Argentina lleva los colores celeste y blanco y la razón es que el General Belgrano, su creador, quiso explícitamente que llevara los colores del manto de la Virgen. No es verdad, como enseña el mito liberal y masónico, que los colores se deben al cielo y las nubes. Está comprobado, históricamente, que el General Belgrano, quien era devoto de la Inmaculada Concepción, quiso honrar a la Virgen, dándole a la Bandera los colores de su manto. El dato es histórico y lo da el hermano del General, el Sargento Belgrano, quien declaró: “Mi hermano quiso honrar a la Inmaculada Concepción dándole a la Bandera los colores de su manto”. Es decir, lo que hizo el general Belgrano, fue un acto de devoción a la Virgen, un acto de devoción mariana. Esto es de suma importancia para la consideración del origen de los colores de la Bandera Argentina, porque si fue un acto de devoción mariana, esto implica una intervención directa de Dios, quien fue el que puso en la mente y en el corazón de Belgrano la intención y el deseo de que la Bandera de la nueva Nación llevara los colores de la Virgen Inmaculada. Esta intervención de Dios no es intrascendente, porque cambia radicalmente el origen de los colores: si la elección de los colores del manto de la Inmaculada para que fueran los colores de la nueva bandera no vino de Belgrano, sino de Dios, es porque esto fue una gracia de Dios y si fue una gracia, la idea y el deseo vinieron de Dios y no de Belgrano. Es decir, debido a que lo que hizo Belgrano fue un acto de devoción mariana, esto quiere decir que fue necesaria la gracia para ello y si fue una gracia, vino de Dios, que es la Gracia Increada y Fuente de toda gracia. Esto significa, en pocas palabras, que el gesto de Belgrano no se originó en él, sino que fue solo una respuesta a la intervención divina, por lo que fue Dios y no Belgrano, quien quiso que la Argentina llevara los colores del manto de la Inmaculada Concepción.
          Cuando besemos el manto de la Inmaculada, nos parecerá estar besando a la Bandera Nacional y cuando besemos a la Bandera Nacional, nos parecerá estar besando el manto de la Virgen Inmaculada. ¡Dichosa nuestra Patria, cuya Bandera Nacional es el manto celeste y blanco de la Virgen Inmaculada de Luján!

lunes, 28 de enero de 2019

La Patria tiene una sola Bandera: la Azul y Blanca y no vamos a permitir que nadie pretenda reemplazarla por un trapo rojo


En Tucumán se declaró la Independencia y en Tucumán se derrotó militarmente al marxismo castrista, que pretendía separar a nuestra provincia del resto del País. El glorioso Ejército Argentino derrotó a la subversión marxista. Ahora nos toca combatir al neo-marxismo cultural, que está más vivo y fuerte que nunca. Lo haremos con la ayuda de nuestra celestial protectora, la Patrona y Dueña de la Argentina, Nuestra Señora de Luján, que aplastó la cabeza de la serpiente.

OPERATIVO INDEPENDENCIA

"...a sangre y fuego, por Dios y por la Patria" 

La noche al acecho en el monte tucumano se hizo larga y fatigosa. Ya el calor de noviembre comienza a hacerse sentir pese a lo temprano de la hora. Por la senda estrecha se desplaza la sección al paso largo, de regreso a la base táctica. Adelantado y como punta de infantería, marcha el grupo de tiradores del Cabo Primero Wilfredo N. Mendez.

Son montañeses. Con gran orgullo dicen que "son del Regimiento de Infantería 22 y han venido desde San Juan a demostrarles a esos delincuentes que la Patria tiene una sola Bandera: la Azul y Blanca y que ellos no van a permitir que nadie pretenda reemplazarla por un trapo rojo".

De pronto, un claro en la espesura. No muy amplio pero peligroso para su cruce. El delincuente subversivo, que no da la cara, suele aprovechar esos lugares para, desde seguro escondite como la alimaña, sorprender con el fuego, producir alguna baja y luego huir cobardemente. Hay que adoptar alguna medida de seguridad, pero sin demorarse mucho porque el resto de la Sección está cerca y no hay tiempo que perder. Ademas, el Cabo Primero Mendez no es de los que esperan mucho. Siempre va al frente y no ha venido desde San Juan para "andar achicandose". Ordena efectuar unos disparos en dirección a los posibles escondites del monte y luego dice:

-Adelante el Grupo, seguirme !

Pero la sospecha del Cabo Primero no impidió la emboscada. Ya en el claro, un nutrido fuego proveniente de la espesa vegetación se centraliza sobre el cuerpo del bravo suboficial y sus nueve soldados.

Los heridos propios son varios. Cinco en total. Dos de ellos de muerte. Hay tres que, aun heridos, siguen empuñando con fuerza su fusil. Los otros dos estan por expirar. Uno de ellos, el que iba como siempre a la cabeza, el que estaba más cerca del lugar de donde provenían los disparos, es el Cabo Primero Mendez. Todavía le queda un tenue hilo de vida, que se cortará en breves segundos. En ese pequeñísimo lapso entre la vida y la muerte, en esa fracción previa al pasaje a la eternidad habrá ocupado su mente lo que siempre fue el norte de su existencia: Dios, que ya lo va a recibir por bueno y por leal a las virtudes humanas, su Patria y su Familia. Por esa trilogía está a punto de morir.

La habrá ocupado también su vocación de soldado cabal; de soldado "hasta la muerte" en el más fiel reflejo de la expresión; de soldado que piensa, aun en ese trance, en su Grupo que queda sin Jefe y que eso suele ser grave en el combate. Por todo eso y como un último acto de servicio empuja valientemente a sus hombres hacia la decisión y la victoria con un grito:

-VIVA LA PATRIA !

Inmediatamente despues, un segundo disparo lo alcanza y le quita definitivamente la vida. Pero aquel grito del Jefe ya inerte, ha llegado al oído y al corazón de sus soldados, algunos heridos y otros aplastados contra el suelo para evitar el fuego que no cesa. Tambien escuchan ahora, la voz de los delincuentes que intiman a la rendición. La ven facil. El jefe muerto, varios heridos. Es la oportunidad de hacerse de unos cuantos fusiles y rematar a lo que quedan vivos.

De pronto, una voz firme y una orden:

-CALLENSE, HIJOS DE P....! VIVA LA PATRIA ! El grupo fuego y al frente, carrera...mar !

De dónde surgió ese nuevo Jefe? Es un bravo soldado. Fiel exponente de esa valerosa clase 1954, que viendo a su Jefe muerto, toma el mando del Grupo y hasta con los heridos pasa al ataque, poniendo rápidamente en fuga a los autores de la agresión artera. El Grupo perdió a su Jefe, el Cabo Primero Wilfredo N. Mendez y al Soldado Benito E. Perez que, herido en la acción, muere durante la evacuación.

El Regimiento 22 de Infantería de Montaña engrosó la lista de sus héroes. El cuadro de suboficial revivió, una vez más, los laureles que le legó el Sargento Cabral y confirmó sus virtudes más salientes: valor, lealtad, patriotismo y fe en la victoria final.

La Patria, se enorgulleció una vez más de la juventud que anualmente se incorpora a las filas de las Fuerzas Armadas para cumplir con la sublime obligación de aprender a defenderla. Está segura que entre esos jóvenes, siempre habra quien en las situaciones más difíciles, tomará la Bandera Azul y Blanca y dira al resto: Adelante ! y será seguido sin vacilaciones y con valentía en el camino hacia la gloria.


"...y demostrarles a esos delincuentes que la Patria tiene una sola Bandera: la Azul y Blanca y no vamos a permitir que nadie pretenda reemplazarla por un trapo rojo".
(https://web.facebook.com/photo.php?fbid=1899846296918170&set=a.1520594848176652&type=3&theater)

sábado, 2 de diciembre de 2017

Amar la patria es el amor primero y es el postrero amor después de Dios


Canción del amor patrio

Amar la patria es el amor primero
y es el postrero amor después de Dios;
y si es crucificado y verdadero,
ya son un solo amor, ya no son dos.

Amar la patria hasta jugarse entero,
del puro patrio Bien Común en pos,
y afrontar marejada y viento fiero:
eso se inscribe al crédito de Dios.

Dios el que no se ve, Dios insondable;
de todo lo que es Bien, oscuro abismo,
sólo visible por oscura Fe.

No puede amar, por mucho que d’Él hable
del fondo de su, gélido egoísmo,
quien no es capaz de amar ni lo que ve.
Leonardo Castellani

viernes, 24 de noviembre de 2017

Cuando ocurren tragedias como la del ARA San Juan

      


      Cuando ocurren tragedias como la del ARA San Juan, es necesario que todo el país, toda la Nación –en este caso, Argentina-, además de elevar oraciones al Altísimo por las almas de los compatriotas fallecidos, reflexione y recapacite acerca de qué es lo que llevó a semejante tragedia. En caso contrario, se corre el riesgo de repetir, en breve tiempo, otra tragedia de igual signo o incluso peor.
         ¿Por qué se llegó a esta situación?
         Podríamos decir, más allá de los hechos puntuales de corrupción y de abandono de una política de Estado que considere a las Fuerzas Armadas en su conjunto como la columna vertebral de la Nación –de lo cual rendirán cuentas ante Dios y ante los hombres, algún día, sus responsables-, debemos decir que se llegó a este estado por el abandono, el rechazo, el olvido, o la suplantación por equivalentes ideológicos –y por lo tanto, patológicos-, de la idea y de la noción misma de “Patria”.
         ¿Qué es la Patria? ¿Debemos amarla hasta dar la vida? Si es así, ¿por qué? La respuesta a estos interrogantes puede ayudarnos a construir un futuro mejor que el presente para los argentinos.
         La Patria es, para un católico, un don de Dios, un regalo de Dios; está representada en la Bandera Nacional que, en nuestro caso, se identifica y se fusiona con el Manto de la Inmaculada de Luján, pues el General Belgrano se inspiró en la Virgen de Luján para dar los colores a la Enseña Nacional. La Patria abarca mucho más que el territorio físico, geográfico, de la Nación. Es un concepto y una realidad espiritual, que trasciende lo meramente material. La Patria es la “tierra de nuestros padres”, la tierra que nos legaron nuestros padres, pero en la Patria están comprendidas, además de la extensión geográfica, la historia en común de un pueblo, sus tradiciones, su lengua, su religión. En nuestro caso, en los orígenes de nuestra Patria, está la Religión Católica, Apostólica y Romana, porque la Patria Argentina decretó su Independencia el 25 de Mayo de 1810 en un acto de asunción soberana de su derecho de auto-gobierno y como muestra, al mismo tiempo, de fidelidad al Rey de España, sin renegar nunca ni de sus orígenes hispanos ni de su religión católica, y firmó su Independencia en el Congreso de 1816 a los pies del Cristo de los Congresales; en los orígenes de nuestra Patria están el idioma español y la cultura española, como dones de la Madre Patria, España; están el Ejército y las Fuerzas Armadas, como elementos de Defensa Nacional, que posibilitaron la unidad nacional frente al intento de canibalización de los enemigos de la Patria –el Combate de Obligado es un ejemplo de cómo los enemigos anglo-franceses, de no oponérseles resistencia, se habrían apropiado de estas tierras-; está la Madre de Dios, la Virgen de Luján, como signo indiscutible de que la Virgen es la Dueña y Patrona de esta Patria Argentina, porque la Bandera Nacional, que nos identifica a los argentinos en cualquier parte del mundo, está tomada, como dijimos, de su manto celeste y blanco; están los habitantes nativos de estas tierras, que al igual como sucedió en el resto del continente americano conquistado y evangelizado por los españoles, se fusionó con la raza española, para dar lugar a innumerables razas y etnias locales, en lo que constituye un ejemplo único en el mundo de fusión de razas de forma pacífica y amistosa.
         Cuando suceden tragedias como la del ARA San Juan –en memoria de cuyos tripulantes estamos celebrando esta Santa Misa-, es necesario, como hemos dicho, además de elevar oraciones al Altísimo –la oración más grande es la Santa Misa, en la que el mismo Hombre-Dios eleva nuestras peticiones al Padre por medio de la renovación incruenta del sacrificio de la cruz-, reflexionar acerca de la realidad de la Patria y de sus orígenes fundacionales, para regresar a ellos, sobre todo, la Cruz y el Manto de la Virgen de Luján, para ser conducidos por ellos a la Patria celestial, la Jerusalén del cielo, de la cual la Patria terrena –parafraseando a José Antonio Primo de Rivera, la Patria es “unidad de destino en lo trascendente”[1]- ha de ser un anticipo en el tiempo. Y es necesario también, en medio del dolor, y con el corazón desgarrado por el dolor, dar gracias a Dios, porque a los innumerables Héroes de la Patria Argentina –los que cayeron en Malvinas, los que combatieron a los Ingleses, y tantos otros más, que lucharon hasta dar la vida contra ideologías intrínsecamente perversas-, se acaban de sumar cuarenta y cuatro héroes más. Y sin son héroes, porque dieron sus vidas por amor a la Patria, algún día serán declarados santos, porque el que da la vida por la Patria, da la vida por Dios, que es Quien nos la regaló.



[1] Cfr. José Antonio Primo de Rivera, Discurso de Fundación de Falange Española, pronunciado en el Teatro de la Comedia de Madrid, el día 29 de octubre de 1933.

lunes, 2 de octubre de 2017

Antes morir, que renegar de Dios o traicionar a la Patria.


Las mismas palabras de Lope de Vega dedicadas a la 
Madre Patria España 
-y que en estos momentos 
se aplican a los separatistas catalanes-
las hacemos nuestras y la aplicamos a Nuestra Patria Argentina.
Dios nos libre de la ignominia de ser traidores a la Patria.
Antes morir, que renegar de Dios o traicionar a la Patria.

martes, 1 de abril de 2014

¡Las Islas Malvinas fueron, son y serán argentinas!


Las Islas Malvinas fueron, son y serán argentinas, y eso lo decimos nosotros, quienes tenemos conciencia de que las Islas nos pertenecen desde siempre, desde que la Patria es Patria, pero también lo proclaman, ante la historia y ante Dios, los cuerpos de los Héroes de Malvinas que yacen sepultados en el suelo de las Islas y en el fondo del Mar Argentino. Sus cuerpos sepultados en la turba malvinense y en el fondo del océano son mudos testigos de que las Islas Malvinas pertenecieron, pertenecen y pertenecerán a la Nación Argentina, y de que ellos, en nombre del Pueblo Argentino, son sus legítimos dueños y están ahí para lavar y reparar la afrenta de quienes, por la violencia, la irracionalidad y la soberbia, se apropiaron de lo que no les pertenecía[1]. Pero si los cuerpos de los Héroes de la Nación, que yacen en la turba malvinense y en el fondo del mar son testimonio, son mudos testigos, no son mudos testigos sus almas, porque sus almas viven en el cielo, más alto que las estrellas; sus almas viven y están ante la presencia del Cordero, alabándolo y cantando sus alabanzas, porque si son héroes son también Santos,  puesto que quien da su vida por la Patria, la da también por Dios, porque la Patria es un don de Dios y es así que amar a la Patria es amar a Dios y dar la vida por la Patria es también dar la vida por Dios que nos la regaló, y quien da la vida por la Patria y por Dios, da la vida por los padres y por los compatriotas, que en la Patria habitan por mandato de Dios. El que esto hace, el que da la vida por la Patria y por Dios, se gana el cielo, y es así que los Héroes combatientes de Malvinas, además de Héroes, son Santos y están ante el Cordero, adorándolo por los siglos sin fin y testimoniando, con su adoración, que dieron sus vidas por una causa justa: por Dios y por la Patria.
Por todo esto, y aunque nosotros nos calláramos, los Héroes y Santos de Malvinas, cuyos cuerpos descansan en las turbas de las Islas y en el fondo del océano, nos repiten sin cesar, no un día, sino todos los días, desde más allá de las estrellas: “¡Las Islas Malvinas fueron, son y serán Argentinas!”.




[1] Que las Malvinas sean argentinas, lo sostiene también el Santo Padre Francisco quien, siendo aún cardenal, se refirió inequívocamente a los ingleses como “usurpadores”, a las Malvinas como “suelo argentino”, y a los combatientes en Malvinas como “caídos durante la guerra que han derramado su sangre en suelo argentino”: cfr: http://patriasanta.blogspot.com.ar/2013/04/malvinas-argentinas-por-siempre.html;  http://tn.com.ar/politica/malvinas-bergoglio-reclamo-una-reinvindicacion-a-los-que-hayan-estado-o-no-en-la-g_087839

jueves, 20 de junio de 2013

Dichosa la Nación cuya Enseña nacional es el Manto celeste y blanco de la Madre de Dios


         
“Dichosa la Nación cuyo Dios es el Señor”, dice el Salmo 33, y el motivo por el cual esta nación es dichosa, radica en que Dios es infinitamente bueno y poderoso, y esta condición divina asegura al pueblo que lo tiene a Él como su Señor, su protección y bendición constantes. En el Antiguo Testamento, esa Nación fue la Nación hebrea, puesto que, por designio divino, fue el único pueblo de la Antigüedad que no solo recibió el don del monoteísmo -frente a la totalidad de los otros pueblos y naciones, que eran paganos e idólatras-, sino que además tuvo a ese Dios Uno –Yahveh- como su Protector y Guía.
Esto se vio en los innumerables prodigios, maravillas y milagros que obró Yahveh a favor de Israel, todo lo cual formaba –y forma- parte esencial de la historia de ese pueblo, al punto que no se entiende a Israel sino es en relación a Yahveh.
Análogamente, y parafraseando a la frase de la Biblia, los argentinos podemos decir: “Dichosa la Nación cuya enseña nacional es el Manto celeste y blanco de la Madre de Dios”, porque este hecho –que la Bandera de la Nación Argentina lleve los colores celeste y blanco del Manto de la Inmaculada Concepción-, no es un hecho fortuito, al azar, ya que el General Manuel Belgrano, al crear la insignia nacional, tuvo la intención explícita y manifiesta de honrar a la Bienaventurada Madre de Dios en su advocación de Nuestra Señora de Luján, la cual es, en su advocación original, la Inmaculada Concepción.
Contrariamente a lo que enseña la historiografía liberal y agnóstica, el General Belgrano no se inspiró en los colores del cielo cosmológico, sino en el Manto celeste y blanco de la imagen de la Inmaculada Concepción conocida como Nuestra Señora de Luján. Este acto de Belgrano no se debió a su alma magnánima –que si lo era-, sino que fue un verdadero acto de devoción mariana, porque su intento era honrar a la Virgen, tal como lo declaró su hermano, el sargento mayor Carlos Belgrano: “Mi hermano tomó los colores de la bandera del Manto de la Inmaculada de Luján, de quien era ferviente devoto”.
En otras palabras, el hecho de que, como argentinos, nuestra Bandera Nacional lleve los colores del Manto de la Virgen, indica que fue el mismo Dios Uno y Trino quien quiso que tuviéramos por insignia nacional el manto de la Virgen de Luján.
Este hecho no es intrascendente; por el contrario, pone de manifiesto un claro designio divino de predilección para con la Nación Argentina, designio que puede ser entrevisto en la contemplación de la misma bandera: si para una nación determinada la insignia nacional evoca su destino de grandeza, mucho más lo es en nuestro caso, porque por el hecho de ser el Manto de la Virgen, nuestra enseña evoca el destino de eternidad en los cielos al cual estamos llamados. Por este motivo, al contemplar la Bandera Nacional, no podemos pasar por alto ni su origen ni el destino de eternidad al que nos llama, so pena de contrariar los planes de Dios Trino para con nuestra Patria.

Por lo tanto, al izar la Bandera Nacional y al verla flamear en los cielos, elevemos nuestros pensamientos y nuestros corazones a la Virgen de Luján, cuyo manto sagrado representa nuestra bandera y pidamos, como argentinos y católicos, la gracia de ser fieles, hasta la muerte de cruz, a nuestra insignia nacional, el manto de la Virgen de Luján, mato que nos señala nuestro destino final, el Reino de los cielos, en donde reina para siempre Nuestro Señor Jesucristo.