Nuestra Señora de Malvinas
domingo, 19 de enero de 2025
El peronismo, la mortal secta socialista que infectó el alma de la Patria Argentina; secta de la cual debemos limpiarnos y purificarnos si queremos sobrevivir como Nación
miércoles, 8 de mayo de 2024
Nuestra Señora de Luján conduce a Nuestra Patria a la feliz eternidad
La Virgen de Luján, que es la Inmaculada Concepción, está
relacionada, por la Divina Voluntad, con nuestra Patria Argentina. Nuestra
Señora de Luján es Patrona, Dueña y Señora de la Patria Argentina, pero no por
una decisión humana, sino por decisión divina. En otras palabras, fue por un
designio de la Santísima Trinidad, que la Inmaculada Concepción, bajo la
advocación de “Nuestra Señora de Luján”, sea la Patrona de la Nación Argentina.
Por un lado, fue la Virgen en persona quien realizó el
milagro de la carreta y los bueyes, milagro por el cual dio a entender que Ella
misma había elegido el bendito lugar de Luján para quedarse allí. Entonces, con
el milagro de la carreta -los bueyes solo se movían cuando la sagrada imagen de
la Inmaculada Concepción, transportada en la carreta, era descargada
momentáneamente-, la Virgen hacía conocer el deseo de su Inmaculado Corazón, el
de hacer, lo que luego sería la Nación Argentina, su morada santa. Nada hicimos
para merecer tanta misericordia divina y nada seguimos sin hacer, pero eso es
otra historia y resalta aún más la gratuidad del Divino Amor manifestado a los
argentinos a través de la Virgen de Luján.
Además, como reafirmando esta decisión de la Virgen, fue
Ella quien, por indicación divina, inspiró en el General Belgrano el deseo de
hacer un acto de devoción mariana, esto es, el dar a la Bandera Nacional
Argentina los colores celeste y blanco del Manto de la Virgen de Luján. Como no
puede haber acto de devoción mariana sin que medie la gracia y como la Virgen
es Mediadora de todas las gracias, fue entonces la Virgen quien quiso, a través
del General Belgrano, que su Manto celeste y blanco ondeara a lo largo y ancho
de nuestro territorio patrio, como distintivo de la Nación Argentina, esto es,
como su Bandera Nacional.
Entonces, la Inmaculada Concepción, la Madre de Dios, la
Virgen María, no solo quiso quedarse, por disposición de la Trinidad, en nuestra
Patria Argentina, sino que quiso que nuestra Patria y por lo tanto nosotros,
como argentinos, nos identificáramos como Nación con su Manto celeste y blanco,
de manera que la Bandera Argentina se puede considerar, con toda razón, como la
extensión y prolongación del Manto de la Inmaculada Concepción.
Que la Virgen se haya querido quedar en nuestra Patria para
ser su Patria, Dueña y Señora, lo confirman sus apariciones -aprobadas por la
Iglesia Católica- en San Nicolás de los Arroyos. Dice así la Virgen en uno de
sus mensajes, refiriéndose a nuestra Patria: “(…) Esta tierra es
tierra santa, la Gracia del Señor se palpa y se recibe a cada instante; tierra
bendita, donde la Madre quiere morar para poder aguardar allí, la
llegada de sus hijos. Amén. Amén”. En otro mensaje, dice: “(…) Veo una nube
celeste que cubre todo el Campito. En la Santa Misa del Campito, siento Su voz
que me dice: “Es mi Manto que protege a tu pueblo”. “(…) Agrega:
“Mi día está cercano, ese día en que Yo habitaré entre vosotros y ocuparé mi
lugar. SOY PATRONA DE VOSOTROS, DE TU PUEBLO.
De
esta manera la Virgen, con sus apariciones en San Nicolás, confirma la
intención del milagro de Luján: quedarse en nuestra Patria Argentina para
bendecirla con su presencia. Y la Virgen quiere quedarse en Nuestra Patria para
bendecirla, protegerla, para que los otros pueblos se acerquen a su Hijo
Jesucristo a través de su Manto, la Bandera Nacional Argentina y así llevarnos,
a nuestra Nación y a todos los pueblos de la tierra, a la feliz eternidad en
los cielos, en donde por la Misericordia Divina adoraremos al Cordero de Dios
por los siglos sin fin.
martes, 13 de junio de 2023
Inmaculada Concepción de Luján, Patrona de la Patria Argentina, aplasta a los enemigos internos y externos de Dios y de la Patria
Llegará un día en el que las siniestras tinieblas que envuelven a nuestra Patria Argentina serán disipadas para siempre por el triunfo del Inmaculado Corazón de Nuestra Señora de Luján y será entonces cuando brillará sobre nuestra Patria la Luz Eterna del Hombre-Dios Jesucristo.
lunes, 8 de mayo de 2023
jueves, 2 de febrero de 2023
Poema para la Patria Argentina
Poema para la Patria Argentina
Así como
la Patria vivió y vive
Horas de
angustia,
De incertidumbre,
De amargura;
Así como
la Patria tuvo y tiene
Enemigos
despiadados,
Crueles,
Sanguinarios,
Demoníacos,
Poderosos;
Así como
la Patria combatió y combate
La causa
de los santos,
De la
Santa Iglesia,
De la
Madre de Dios,
De la
Trinidad,
De Jesús,
el Hombre-Dios;
Así la
Patria estuvo, está y estará
En el
Manto celeste y blanco de la Inmaculada,
En las manos
de la Virgen,
En los Sagrados
Corazones de Jesús y María,
En la
Misericordia Divina,
A los
pies de la Santa Cruz,
En la cima del
Monte Calvario.
lunes, 20 de junio de 2022
La Bandera Argentina es el Manto de la Inmaculada Concepción de Luján
Con
el rigor histórico que requiere el caso podemos afirmar que la Bandera Nacional
Argentina creada por el General Manuel Belgrano, no se originó en los colores
del cielo, sino en el Manto de la Inmaculada Virgen de Luján. El
General Belgrano era ferviente devoto de la Virgen de Luján y para la creación de la
Bandera Nacional tomó los colores del Manto de la Inmaculada de Luján, como un
acto de devoción mariana, según los datos del historiador Vicente Sierra[1], quien afirma lo siguiente: “Cuando el
rey Carlos III consagró España y las Indias a la Inmaculada en 1761,
y proclamó a la Virgen principal Patrona de sus reinos, creó
también la Orden Real de su nombre, cuyos caballeros recibían,
como condecoración, el medallón esmaltado con la imagen azul y blanca
de la Inmaculada, pendiente al cuello de una cinta de tres franjas: blanca
en el medio, y azules a los costados. El artículo 40 de los estatutos
de la Orden, retomados en 1804, dice: ‘Las insignias serán una banda de
seda ancha dividida en tres franjas iguales, la del centro blanca y las dos
laterales de color azul celeste”[2]. Entonces, como podemos ver, tanto la España
Peninsular, como la España de Ultramar –entre ellos, el Virreinato del Río de
la Plata-, estaban consagradas a la Virgen y es en su honor por el cual se
crea la Orden Real de la Inmaculada, que lleva los colores
azul y blanco.
Luego
Sierra aporta un dato, tomado a su vez de Bartolomé Mitre: “Mitre dijo que los
colores nacionales blanco y azul celeste pudieron ser adoptados ‘en señal de
fidelidad al rey de España, Carlos IV, que usaba la banda celeste de la Orden de
Carlos III, como puede verse en sus retratos al óleo… La cruz de esta orden es
esmaltada de blanco y celeste, colores de la
Inmaculada Concepción de la Virgen, según el simbolismo
de la Iglesia’. El artículo IV de los estatutos de dicha orden, decretados
en 1804, dice: ‘Las insignias… serán una banda de seda ancha dividida en tres
fajas iguales, la del centro blanca, y las dos laterales de color azul
celeste’. Augusto Fernández Díaz recuerda que, cuando en el último ensayo de
gobierno republicano en España, se acordó cambiar la bandera rojo y gualda por
otra de tres franjas: rojo, gualda y morado, Miguel de Unamuno, entonces
diputado, dijo: ‘…Bandera monárquica podríais acaso llamar a la celeste y
blanca de los Borbones de la casa española, cuyos colores son también los
de la República Argentina y los de la
Purísima Concepción”[3].
Otro
antecedente mariano de la Bandera Nacional como signo distintivo
de Argentina se encuentra en la Reconquista de Buenos Aires, en donde
las tropas patriotas se identifican con los colores del Manto de la
Inmaculada Concepción; esta identificación sería el “embrión” de la actual
Escarapela Nacional Argentina. Otro historiador, Aníbal Rottjer, dice así:
“Si bien la escarapela azul y blanca no se usó en 1810, y sólo aparece al año
siguiente, como distintivo de la Sociedad Patriótica, sus colores
habían adquirido una especial significación, por haberlos usado los voluntarios
que prepararon la Reconquista
y que, reunidos en Luján, combatieron luego en la Chacra de Perdriel.
Las crónicas de Luján nos hablan del “Real pendón de la Villa de
Nuestra Señora”, bordado en 1760 por las monjas catalinas de Buenos Aires. En
él había dos escudos: uno con las armas del rey y otro con la imagen de la
Pura y Limpia Concepción de María Santísima, singular patrona y fundadora
de la villa”. El Cabildo de Luján entregó este estandarte a las tropas de
Pueyrredón, “como su mejor contribución para el servicio y la defensa
de la Patria”. Después de implorar el auxilio de la Virgen, y usando,
como distintivo de reconocimiento, los colores de su imagen, por medio de dos
cintas anudadas al cuello, una azul y otra blanca, y que llaman de la medida
de la Virgen, porque cada una medía 38 centímetros, que era la altura
de la imagen de la Virgen de Luján, los 300 soldados improvisados se
lanzan al ataque contra 700 veteranos de Beresford, y mueren en la acción tres
argentinos y veinte británicos. Los dispersos se unen más tarde a las fuerzas
de Liniers y obtienen, días después, la victoria definitiva, que se atribuyó
oficialmente a la intervención de la Virgen María, como consta en las
actas del Cabildo de 1806. Estos colores los conservaron los húsares de
Pueyrredón en la Defensa,
durante las jornadas de julio de 1807”[4].
Como
se puede ver claramente, los patriotas argentinos, que se levantan en armas
para combatir al invasor inglés, se identifican con los colores celeste y
blanco y con la imagen de la Inmaculada Concepción. A tal punto llega la
identificación de con la Madre de Dios y con los colores de su manto,
que el Coronel Domingo French en una proclama en Luján el 25 de septiembre de
1812, dice así: “¡Soldados! Somos de ahora en adelante el Regimiento de la
Virgen. Jurando nuestras banderas os parecerá que besáis su manto.
…Al que faltare a su palabra, Dios y la Virgen, por la Patria, se lo
demanden”[5].
El
historiador Aníbal Rottjer aporta datos relativos a la devoción a la
Inmaculada, tanto por parte de los reyes de España como por parte del General
Belgrano: “Carlos III, Carlos IV y Fernando VII vestían sobre el pecho la banda
azul y blanca con el camafeo de la Inmaculada, y el manto real lucía estos
mismos colores, como puede observarse en los retratos que adornan los salones
del escorial y el palacio de Oriente en Madrid, donde se custodian también las
condecoraciones con la cruz esmaltada en blanco y celeste. Pueyrredón y
Azcuénaga los usaron, como caballeros de esa Orden, y Belgrano, como
congregante mariano en las universidades de Salamanca y de Valladolid. Ya hemos
referido en otro lugar que Belgrano, al recibirse de abogado, juró “defender el
dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María,
Patrona de las Españas” y que, al ser nombrado secretario del Consulado,
declaró en el acta fundamental de la institución que la ponía “bajo la
protección de Dios” y elegía “como Patrona a la
Inmaculada Virgen María”, cuyos colores, azul y blanco, colocó en el
escudo que ostentaba el frente del edificio”[6].
A
su vez, el historiador P. Guillermo Furlong, profundiza en la devoción mariana
del General Belgrano y relaciona esta devoción con la creación de la insignia
nacional: “…al fundarse el Consulado en 1794, q1uiso Belgrano que su patrona
fuese la Inmaculada Concepción y que, por esta causa, la bandera
de dicha institución monárquica constara de los colores azul y blanco. Al
fundar Belgrano en 1812 el pabellón nacional, ¿escogería los colores azul y
blanco por otras razones diversas de las que tuvo en 1794? El Padre Salvaire no
conocía estos curiosos datos y, sin embargo, confirma nuestra opinión al
afirmar que ‘con indecible emoción cuentan no pocos ancianos, que al dar
Belgrano a la gloriosa bandera de su Patria, los colores blanco y azul celeste,
había querido, cediendo a los impulsos de su piedad, obsequiar a la
Pura y Limpia Concepción de María, de quien era ardiente devoto’”[7].
El
P. Salvaire también da testimonio de la devoción mariana del General Belgrano,
en particular a la advocación de la Virgen de Luján, como
antecedentes inmediatos a su particular elección de los colores de la
Bandera Nacional: “Al emprender la marcha (hacia el Paraguay) pasa (Belgrano)
por la Villa de Nuestra Señora de Luján donde se detiene para
satisfacer el deseo que le anima de poner su nueva carrera y las grandes
empresas que idea su mente, bajo la protección de la milagrosa Virgen de Luján.
Manda, al efecto, celebrar en ese Santuario una solemne misa en honor
de la Virgen a la que asiste personalmente, a la cabeza del Ejército
de su mando, y robusteciendo su corazón con el cumplimiento de este acto
religioso, prosigue lleno de fe y de esperanza el camino que le trazara el
deber y el honor”[8].
Otro
historiador, Eizaguirre, nos ofrece los testimonios de un cabildante de Luján y
del hermano de Belgrano, que confirman que la creación de la
Bandera Nacional fue un acto de devoción mariana y de amor a la
Purísima Concepción de la Virgen: “José Lino Gamboa, antiguo
cabildante de Luján, juntamente con Carlos Belgrano, hermano del General,
afirmó que: ‘Al dar Belgrano los colores celeste y blanco a la bandera patria,
había querido, cediendo a los impulsos de su piedad, honrar a la
Pura y Limpia Concepción de María, de quien era ardiente devoto por
haberse amparado a su Santuario de Luján’”[9].
También
afirma lo mismo el citado Aníbal Rottjer: “El sargento mayor Carlos Belgrano,
que desde 1812 era comandante militar de Luján y presidente de su Cabildo,
dijo: ‘Mi hermano tomó los colores de la bandera del manto de la
Inmaculada de Luján, de quien era ferviente devoto’. Y en este sentido se
han pronunciado también sus coetáneos, según lo aseveran afamados
historiadores”[10].
Recurriendo
a hechos históricos y no a meras hipótesis, constatamos cómo los colores de nuestra
Enseña Nacional no son sino unan prolongación de los colores del Manto de la
Inmaculada Concepción y por esta razón, nuestro Ser Nacional Argentino es,
desde su nacimiento, hispano, católico y mariano, profundamente mariano. Parafraseando
a Liniers, podemos decir que al ver la Bandera, vemos el Manto de la
Inmaculada de Luján, porque la Bandera Nacional Argentina surge del Manto
de la Inmaculada Concepción de Luján y así, ser argentinos y ser marianos, ser
patriotas y ser hijos de la Virgen, es para nosotros una misma y única
cosa.
La
Santísima Madre de Dios, la Virgen María, bajo la advocación de la Inmaculada
Concepción es, comprobadamente, la Patrona y Dueña de estas tierras
argentinas, ya que nuestra Nación se identifica con los colores de su Manto y
es por este motivo que, a Ella, la Virgen de Luján, nuestra Madre del
cielo, de quien orgullosos llevamos su Manto, que hemos tomado como Enseña
Patria, le suplicamos:
¡Oh Virgen Santísima, Purísima e Inmaculada Concepción, Patrona, Señora
y Dueña de la Nación Argentina, ven y con tu Manto celeste y blanco protege
a tus hijos argentinos que hoy se encuentran bajo el pesado ataque del Enemigo Dios
y de las almas!
Ven,
Inmaculada Concepción, cuyo Manto celeste y blanco es Nuestra Enseña Nacional,
ven, Madre Nuestra y con el poder divino que la Trinidad Santísima te ha
participado, Reconquista para Dios Uno y Trino los corazones de los que
habitamos en esta tierra Argentina, que es de Tu propiedad desde antes de
nacer.
Ven,
Inmaculada Concepción, Virgen Santísima y Purísima, y cubre con tu real
insignia, tu Manto celeste y blanco, a las almas de tus atribulados hijos
argentinos.
Ven,
oh Santa Madre de Dios, Purísima e Inmaculada Virgen de Luján y derriba las
banderas paganas y luciferinas que pretenden flamear sobre nuestra Patria y así
ensombrecen el horizonte de la Nación, ven, Virgen Santísima y derriba las
banderas del dragón y de la bestia -el arcoíris y el trapo rojo- y haz que
flameen, en los corazones de los argentinos y en Nuestra amada Patria
Argentina, los colores celeste y blanco de tu Manto de Purísima Concepción de Luján.
Ven,
oh Aurora que anuncias al Sol de justicia, Cristo Jesús; ven, oh Estrella Purísima de la mañana, Tú que
anuncias la llegada del Rey de reyes y Señor de señores, Tu Hijo Jesucristo, y
disipa las espesas sombras que cubren nuestra Patria.
Ven,
Virgen Purísima de Luján, aleja de nuestros corazones y de Nuestra Patria a la
Serpiente Antigua; cúbrenos a tus hijos argentinos con tu Manto celeste y
blanco y condúcenos hacia la Patria celestial, en donde Contigo contemplaremos
y adoraremos a Dios Uno y Trino y al Cordero por los siglos sin fin.
[1]
Cfr. Sierra, V., Historia de la Argentina, Ediciones Garriga
Argentina, Tomo V, 1962, L. III, cap. II.
[2] Cfr. Rottjer, A., El
general Manuel Belgrano, Ediciones Don Bosco, Buenos Aires 1970, 62.
[3] Cfr. Sierra, o. c.
[4] Cfr. Rottjer, o. c.,
61-62.
[5] Proclama del Coronel Domingo
French, pronunciada en Luján el 25 de septiembre de 1812; en P. Salvaire,
J. M., Historia de Nuestra Señora de Luján, Tomo II, 1885, 268ss.
[6] Cfr. Rottjer, o. c.,
62-63.
[7] Furlong, G., Belgrano,
el Santo de la espada y de la pluma, Club de Lectores, Buenos Aires 1974,
35-36.
[8] Salvaire, o. c.,
262-263.
[9]
Eizaguirre, J. M., La Bandera Argentina, Peuser, Buenos Aires
1900, 43.
[10] Rottjer, ibidem, 66.
sábado, 22 de mayo de 2021
El 25 de Mayo nació la Patria Argentina, hispana y católica
Desde sus inicios, la Nación Argentina fue, desde siempre,
hispana y católica y por eso podemos decir, con toda razón y con todo orgullo,
que los argentinos somos, por esencia, españoles americanos y católicos. Es importante
tener en cuenta nuestras raíces, porque es como un árbol: así como es la
semilla, así es luego el árbol y así son luego sus frutos. Si es importante
tener en cuenta los orígenes, en todo momento, lo es mucho más en nuestros
días, en los que una silenciosa revolución subversiva pretende cambiar, desde
la raíz, nuestro ser nacional. Un movimiento revolucionario silente y no tanto,
pues en los últimos tiempos se hace sentir con mucha fuerza en los medios de
comunicación, pretende hacer avergonzarnos de nuestro ser nacional –hispano y
católico-, para que renunciemos a ser lo que somos y nos convirtamos en otra
cosa. No es una cuestión de menor importancia, porque aquello en lo que nos
quieren convertir, es un engendro anti-natural, que atenta contra nuestro ser
nacional, porque pretende convertirnos en un ser monstruoso, salido de las
mentes más perversas y malignas que puedan concebirse.
Si nuestro ser nacional es hispano y católico, la revolución
silente, operada en las sombras por los dos grandes enemigos de Dios y de la
Patria, la Masonería y el Comunismo, tienen el propósito de quitarnos todo
vestigio que caracteriza la esencia de nuestro ser nacional y así lo señalaba
el Episcopado Argentino en el año 1959: “A cuantos sienten en su pecho el amor
a la Patria les señalamos como enemigos de nuestras tradiciones y de nuestra
futura grandeza a la Masonería y el Comunismo, que aspiran a la destrucción de
cuanto hay de noble y sagrado en nuestra tierra”. Así, nos infunden odio,
rencor y resentimiento hacia nuestra Madre Patria España, calificando
falsamente como “genocidio” y “destrucción de las culturas amerindias” a la
Conquista y Evangelización de España, cuando en realidad se trató, más que de
una conquista, de una liberación de culturas caracterizadas por la brutalidad
siniestra del paganismo, que los conducía, además de la idolatría, al
canibalismo ritual, como por ejemplo sucedía entre los mayas, aztecas e incas,
entre otros. El ser una parte de España es, para la Nación Argentina, un
orgullo, porque España liberó a los pueblos indígenas de la barbarie de
quienes, siendo también aborígenes, los tenían sometidos y esclavizados. Entonces,
no solo no tenemos que avergonzarnos de ser parte de España, sino que debemos
estar orgullosos por formar parte de España y de que nuestro ser nacional sea
hispano.
El otro aspecto de nuestro ser nacional argentino que es
atacado por la revolución subversiva, es el de la religión católica: la Nación
Argentina pertenecía a España y España era –y es- católica, por gracia de Dios
y fue esa religión la que heredamos los argentinos al separarnos,
lamentablemente, de la Madre Patria España. Ahora bien, la religión católica no
solo es la religión más hermosa del mundo, porque trata del conocimiento y
unión con Dios Padre, en el Hijo, por el Espíritu Santo, sino que es también la
Única religión verdadera del Único Dios verdadero, Dios Uno y Trino. Fue esa
religión, la religión católica, la que heredamos de España y la que selló
nuestro ser nacional desde el primer segundo de nuestro nacimiento como Nación
y por eso debemos estar orgullosos, porque de no haber sido por España,
estaríamos adorando las piedras y los árboles.
No nos avergoncemos de nuestro ser nacional, hispano y
católico. Todo lo contrario, lo contemplemos, como la raíz y fundamento de
nuestro ser nacional y comencemos a obrar según este ser nacional, porque si
estamos en la situación trágica en la que nos encontramos en este momento de nuestra
historia nacional, es que, por un momento, hemos olvidado que somos españoles
americanos y católicos. Postrados ante Jesús crucificado y cubiertos con el
Manto celeste y blanco de la Virgen de Luján, Patrona y Dueña de la Patria
Argentina, comencemos la reconstrucción de nuestra Patria, para que, vencidos
nuestros enemigos mortales –la Masonería y el Comunismo- por la Sangre de
Cristo crucificado, demos, como argentinos, frutos de amor, paz y santidad.










