Nuestra Señora de Malvinas
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miércoles, 2 de abril de 2025

“Señor Presidente Milei, Usted se equivoca gravemente en Malvinas”

 



Señor Presidente Milei, nos dirigimos respetuosamente a Usted en su carácter de Presidente de la Nación Argentina, para manifestar nuestro público desacuerdo con su postura en relación a su posición estratégica para recuperar nuestras Islas Malvinas, según lo expresado en su discurso dirigido a la Nación en el Día de las Islas Malvinas, el 02 de Abril de 2025. En el mismo, expresaba que “queremos que Argentina sea potencia para que los malvinenses se decidan a ser argentinos”[1].

Estamos de acuerdo con la primera parte de esta afirmación, en el sentido de que por supuesto de que deseamos con todas nuestras fuerzas que nuestra Patria Argentina sea una potencia en todos los sentidos -económica, militar, cultural, futbolística, etc.-, pero estamos en total desacuerdo con la segunda parte de la afirmación, cuando usted afirma que la Argentina debe ser potencia para que los malvinenses “deseen ser argentinos”. Esto último es absolutamente inaceptable, ya que significa, desde un inicio, admitir una derrota no solo en el plano militar -la Batalla de Malvinas fue una Batalla, no la Guerra- sino también en el plano diplomático -significa conceder estatus de “nación independiente” a los actuales habitantes usurpadores de las Islas Malvinas- y, peor aún, significa una absoluta rendición en el plano patriótico, puesto que implica la renuncia total y definitiva, de antemano, al considerar “prima facie” a las Islas Malvinas como lo que son, una parte integral, indivisible, del Territorio Nacional Argentino, una porción indivisible de la Patria Argentina, que pertenece a la Patria Argentina tanto como pertenecen Jujuy, Capital Federal, Mendoza, Ushuaia, Antártida Argentina. Preguntar a los malvinenses si quieren ser argentinos es como preguntar a los nacidos en Jujuy si quieren ser argentinos; es como preguntar a los nacidos en Mendoza si quieren ser argentinos; es como preguntar a los nacidos en Río Grande, Tierra del Fuego, si quieren ser argentinos. Las Islas Malvinas SON TERRITORIO ARGENTINO, FORMAN PARTE INTEGRAL DEL TERRITORIO NACIONAL ARGENTINO y el hecho de que estén ilegalmente ocupadas por los piratas y usurpadores británicos desde el 14 de junio de 1982, no significa que pertenezcan a la siniestra Corona Inglesa: simplemente, las Islas Malvinas, gloriosamente recuperadas al usurpador inglés por el Glorioso Ejército Argentino el 2 de Abril de 1982, con el Operativo “Rosario” y bajo la guía del A.R.A. “Santísima Trinidad”, fueron nuevamente capturados por el corsario británico luego de la Batalla de Malvinas y, por el momento, permanecen cautivas, ilegalmente, bajo el dominio inglés. Pero este dominio inglés no legitima, ni la posesión inglesa, ni la auto-determinación de los isleños, puesto que los isleños son “nativos argentinos de habla y cultura inglesa”; los nativos nacidos en las Islas Malvinas son “nativos argentinos nacidos en territorio argentino capturado ilegítimamente por Inglaterra” y esta condición de ilegitimidad no les concede la ciudadanía, ni inglesa, ni autónoma, es decir, no les proporciona una “identidad isleña”, puesto que sería una vergonzosa identidad proporcionada por la todavía más vergonzosa ocupación ilegal de los piratas ingleses, cuya única “legitimidad”, sería la que los llevó a ocupar las Islas, el infausto 2 de enero de 1833[2], la legitimidad de la fuerza bruta, la legitimidad que surge de la barbarie, a punta de pistola.

Para finalizar, queremos, sí, que Argentina sea potencia, en todos los aspectos, entre ellos, el militar: queremos que Argentina sea una potencia militar, para que Argentina esté en grado de recuperar las Islas Malvinas militarmente. En este caso, no es una “guerra de agresión”, sino “acto de defensa ante un injusto agresor”: el injusto agresor es Inglaterra, que agrede desde hace doscientos años a nuestra Patria Argentina ocupando ilegalmente Nuestras Islas Malvinas por la fuerza militar y los agredidos somos nosotros, los argentinos. Y si alguien se siente “ofendido” por pretender que seamos una “potencia militar” para ejercer una “legítima defensa ante el injusto agresor”, ¿acaso no hacen lo mismo, desde hace cientos de años, las potencias democráticas europeas como Francia, Alemania, Inglaterra, etc.? ¿Y más cercanos en el tiempo, no invocan el mismo principio, China, Rusia, Estados Unidos, Israel, Irán, Ucrania y últimamente toda la Unión Europea? ¿Porqué todos los países tienen derecho a armarse militarmente y Argentina es el único país que no lo puede hacer, solo porque algunos pusilánimes, cobardes y traidores se opongan?

Entonces, estamos de acuerdo con la primera parte de la propuesta, que Argentina sea una potencia, sobre todo militar, pero no con la segunda parte de la propuesta, “para que los isleños deseen ser argentinos”, porque ya son “nativos argentinos con cultura inglesa” a los cuales solo se les debe dar el Pasaporte Argentino, previa devolución de las Islas Malvinas a la Patria Argentina por parte de Inglaterra. Si es que Inglaterra no fuera una Nación usurpadora, claro está.

Padre Álvaro Sánchez Rueda.

DNI: 17.615.228


martes, 8 de julio de 2014

El Cristo de los Congresales y la firma de la Declaración de la Independencia


         El Cristo de los Congresales y la firma de la Declaración de la Independencia
         Cuando se lee acerca de la historia de la redacción de los documentos oficiales españoles y del Río de la Plata del año 1816, el año de la Independencia de nuestra Nación Argentina, se observa que se colocaban “membretes y escudos para dotar de la mayor solemnidad posible a los procedimientos cuya instrucción y resolución se consideraban extremadamente importantes”[1].
         En el caso del Acta de la Independencia de la Nación Argentina, puesto que se trataba verdaderamente de “una instrucción y una resolución extremadamente importante”, era necesario que fuera el Acta fuera sellada con un sello real, lo cual, paradójicamente, era imposible, porque la Independencia era, precisamente, de la Casa Real de España. Sin embargo, el Acta de Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata lleva un Sello Real, indeleble, invisible a los ojos humanos, y ese Sello Real es la Sangre del Cordero de Dios, porque la Independencia de la Nación Argentina es, según Fray Castañeda, “obra de Dios”[2] y no de los hombres y fue firmada a los pies del “Cristo de los Congresales”, una talla de madera donada por los Franciscanos para la ocasión[3] y que presidió la Jura solemne de la Independencia y posterior firma del Acta.
         Por lo tanto, en estos días oscuros en los que vivimos, días en los que siniestras sombras se mueven detrás de los telones de los acontecimientos históricos, para encaminar no solo a nuestra Nación, sino a la Humanidad entera, por coloridos, espaciosos, bulliciosos, pero falsos caminos que conducen al Abismo eterno, en donde no hay redención, por medio de leyes inicuas que contradicen a la Divina Sabiduría y al Divino Amor, porque son leyes contrarias a la naturaleza humana, debemos los argentinos, al festejar un nuevo Aniversario de nuestra Independencia –mera independencia política y económica, y no cultural ni religiosa de nuestra Madre Patria España-, elevar nuestros ojos hacia el Cristo de los Congresales y, con el espíritu que animó a los Patriotas del 9 de Julio, envueltos en el Manto de la Inmaculada, nuestra Enseña Patria, arrodillados a los pies de Jesús crucificado, implorar piedad, misericordia y luz divina para nuestra amada Patria, para que jamás perdamos el rumbo impreso el Día de nuestro Nacimiento como Nación, Día Feliz querido por el mismo Dios Trino, al decir de los patriotas; pidamos también que, por la Sangre del Cordero, sobre nuestra Patria derramada, todos los argentinos lleguemos, un día, guiados por Santa María, la Madre de Dios, a la Patria Eterna, la Ciudad de la Santísima Trinidad, en el Reino de los cielos.


[1] http://www.minhap.gob.es/Documentacion/Publico/SGT/LOS%20SIMBOLOS%20DE%20LA%20HACIENDA%20PUBLICA/capitulo%20IV.pdf
[2] Guillermo Furlong, Vida y obra de Fray Francisco de Paula Castañeda. Un testigo de la naciente Patria Argentina. 1810-1830, Ediciones Castañeda, Argentina 1994, 381.
[3] http://franciscanostucuman.blogspot.com.ar/2007/02/reliquias-historicas-muebles-y-cristo.html

miércoles, 7 de mayo de 2014

La Virgen de Luján y la actual encrucijada de la Nación Argentina


         La Madre de Dios, la Virgen Santísima, quiso quedarse en nuestras tierras argentinas y lo hizo mediante el conocido milagro de la carreta tirada por los bueyes la cual, llegada a un cierto punto, no avanzó más, hasta que el bulto que transportaba la imagen de la Inmaculada Concepción fue retirada de la carreta y depositada en el suelo. Con este milagro, ocurrido en el mes de Mayo del año 1630, la Virgen daba a entender que quería quedarse en lo que luego sería el Santuario Nacional y Basílica de Luján, para presidir nuestra Nación Argentina como su Dueña, Patrona y Señora. Nuestra Patria nació literalmente a la sombra de la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo y fue regada con su Sangre, porque el 1º de abril de 1520 se celebró la primera Santa Misa en el puerto de San Julián, en lo que luego sería la provincia de Santa Cruz. Ya Nuestro Señor Jesucristo, años antes del milagro de la Virgen de Luján, había regado con su Sangre nuestra Patria; por lo tanto, la Virgen, lo único que venía a hacer, con su milagro de la carreta, era venir a reclamar un territorio, el territorio de la Argentina, que pertenecía a su Hijo Jesucristo, Rey de las naciones. Y puesto que todo lo que pertenece a Jesucristo, le pertenece a la Virgen, la Virgen venía a reclamar lo que le pertenecía a Ella, Reina de las naciones.
         La Nación Argentina le pertenece a la Virgen de Luján desde antes  de su nacimiento, y esto se comprueba en su historia, como acabamos de ver, y se ve reflejado en su manto, pues su manto es de color celeste y blanco, como los colores de la Bandera Argentina, y esto no es casualidad, puesto que el creador de la Bandera Argentina, el General Don Manuel Belgrano, quiso explícitamente que la Enseña Nacional Argentina llevara los colores de la Inmaculada de Luján, como modo de honrar a su Purísima Concepción. Así lo testifica, bajo juramento, su hermano, el cabo Belgrano. Es decir, el acto de creación de la Bandera Nacional fue un acto de devoción mariana y, como tal, fue una gracia de Dios, un acto querido por el cielo mismo; en otras palabras, los argentinos llevamos en nuestra Bandera Nacional los colores de la Inmaculada de Luján por voluntad explícita del cielo.
         Pero aquí debemos detenernos: Nuestro Señor Jesucristo, Rey de las Naciones, bañó con su Preciosísima Sangre nuestra tierra, bendiciéndola y santificándola y sellándola con su Sangre; la Virgen Santísima eligió nuestra Patria Argentina para constituirse en su Dueña, Patrona y Señora, y nos concedió el privilegio inmerecido de que nuestra Bandera Nacional sea su mismo Manto celestial, además de concedernos numerosísimos milagros; ¿puede decirse que los argentinos, a la luz de los últimos acontecimientos, hemos correspondido a estos inmerecidos privilegios celestiales? La violencia, el materialismo, las leyes contra natura, el avance de la droga en amplias capas de la población, la mentira como forma de comunicación, el engaño, la aceptación de la violación de los Mandamientos de Dios a diario, ¿no nos hacen indignos, a los argentinos, de tantos beneficios concedidos por el cielo? ¿No corremos el riesgo de que Jesucristo, Nuestro Señor, y de que la Virgen, Nuestra Reina del cielo, se arrepientan de haber elegido a nuestra Patria y de haberla colmado de tantos beneficios y privilegios?
         No permitamos que Jesús derrame en vano su Preciosísima Sangre por nosotros y le roguemos a la Virgen de Luján que nos alcance de su Hijo Jesús la gracia de la contrición del corazón y así, arrodillados los argentinos ante el crucifijo, besando los pies de Nuestro Señor, cubiertos con el Manto de la Virgen de Luján, con el corazón contrito y humillado, pidamos perdón por nuestros pecados como argentinos y hagamos el propósito de construir una Patria Santa, una Patria Católica, una Patria en la que, santificada por la Sangre del Cordero, y protegida por el maternal Manto celeste y blanco  de la Virgen de Luján, florezcan generaciones de héroes y santos argentinos para el cielo, para la eternidad, que alaben y adoren al Cordero que reina en los cielos por los siglos sin fin.

         

martes, 1 de abril de 2014

¡Las Islas Malvinas fueron, son y serán argentinas!


Las Islas Malvinas fueron, son y serán argentinas, y eso lo decimos nosotros, quienes tenemos conciencia de que las Islas nos pertenecen desde siempre, desde que la Patria es Patria, pero también lo proclaman, ante la historia y ante Dios, los cuerpos de los Héroes de Malvinas que yacen sepultados en el suelo de las Islas y en el fondo del Mar Argentino. Sus cuerpos sepultados en la turba malvinense y en el fondo del océano son mudos testigos de que las Islas Malvinas pertenecieron, pertenecen y pertenecerán a la Nación Argentina, y de que ellos, en nombre del Pueblo Argentino, son sus legítimos dueños y están ahí para lavar y reparar la afrenta de quienes, por la violencia, la irracionalidad y la soberbia, se apropiaron de lo que no les pertenecía[1]. Pero si los cuerpos de los Héroes de la Nación, que yacen en la turba malvinense y en el fondo del mar son testimonio, son mudos testigos, no son mudos testigos sus almas, porque sus almas viven en el cielo, más alto que las estrellas; sus almas viven y están ante la presencia del Cordero, alabándolo y cantando sus alabanzas, porque si son héroes son también Santos,  puesto que quien da su vida por la Patria, la da también por Dios, porque la Patria es un don de Dios y es así que amar a la Patria es amar a Dios y dar la vida por la Patria es también dar la vida por Dios que nos la regaló, y quien da la vida por la Patria y por Dios, da la vida por los padres y por los compatriotas, que en la Patria habitan por mandato de Dios. El que esto hace, el que da la vida por la Patria y por Dios, se gana el cielo, y es así que los Héroes combatientes de Malvinas, además de Héroes, son Santos y están ante el Cordero, adorándolo por los siglos sin fin y testimoniando, con su adoración, que dieron sus vidas por una causa justa: por Dios y por la Patria.
Por todo esto, y aunque nosotros nos calláramos, los Héroes y Santos de Malvinas, cuyos cuerpos descansan en las turbas de las Islas y en el fondo del océano, nos repiten sin cesar, no un día, sino todos los días, desde más allá de las estrellas: “¡Las Islas Malvinas fueron, son y serán Argentinas!”.




[1] Que las Malvinas sean argentinas, lo sostiene también el Santo Padre Francisco quien, siendo aún cardenal, se refirió inequívocamente a los ingleses como “usurpadores”, a las Malvinas como “suelo argentino”, y a los combatientes en Malvinas como “caídos durante la guerra que han derramado su sangre en suelo argentino”: cfr: http://patriasanta.blogspot.com.ar/2013/04/malvinas-argentinas-por-siempre.html;  http://tn.com.ar/politica/malvinas-bergoglio-reclamo-una-reinvindicacion-a-los-que-hayan-estado-o-no-en-la-g_087839

jueves, 20 de junio de 2013

Dichosa la Nación cuya Enseña nacional es el Manto celeste y blanco de la Madre de Dios


         
“Dichosa la Nación cuyo Dios es el Señor”, dice el Salmo 33, y el motivo por el cual esta nación es dichosa, radica en que Dios es infinitamente bueno y poderoso, y esta condición divina asegura al pueblo que lo tiene a Él como su Señor, su protección y bendición constantes. En el Antiguo Testamento, esa Nación fue la Nación hebrea, puesto que, por designio divino, fue el único pueblo de la Antigüedad que no solo recibió el don del monoteísmo -frente a la totalidad de los otros pueblos y naciones, que eran paganos e idólatras-, sino que además tuvo a ese Dios Uno –Yahveh- como su Protector y Guía.
Esto se vio en los innumerables prodigios, maravillas y milagros que obró Yahveh a favor de Israel, todo lo cual formaba –y forma- parte esencial de la historia de ese pueblo, al punto que no se entiende a Israel sino es en relación a Yahveh.
Análogamente, y parafraseando a la frase de la Biblia, los argentinos podemos decir: “Dichosa la Nación cuya enseña nacional es el Manto celeste y blanco de la Madre de Dios”, porque este hecho –que la Bandera de la Nación Argentina lleve los colores celeste y blanco del Manto de la Inmaculada Concepción-, no es un hecho fortuito, al azar, ya que el General Manuel Belgrano, al crear la insignia nacional, tuvo la intención explícita y manifiesta de honrar a la Bienaventurada Madre de Dios en su advocación de Nuestra Señora de Luján, la cual es, en su advocación original, la Inmaculada Concepción.
Contrariamente a lo que enseña la historiografía liberal y agnóstica, el General Belgrano no se inspiró en los colores del cielo cosmológico, sino en el Manto celeste y blanco de la imagen de la Inmaculada Concepción conocida como Nuestra Señora de Luján. Este acto de Belgrano no se debió a su alma magnánima –que si lo era-, sino que fue un verdadero acto de devoción mariana, porque su intento era honrar a la Virgen, tal como lo declaró su hermano, el sargento mayor Carlos Belgrano: “Mi hermano tomó los colores de la bandera del Manto de la Inmaculada de Luján, de quien era ferviente devoto”.
En otras palabras, el hecho de que, como argentinos, nuestra Bandera Nacional lleve los colores del Manto de la Virgen, indica que fue el mismo Dios Uno y Trino quien quiso que tuviéramos por insignia nacional el manto de la Virgen de Luján.
Este hecho no es intrascendente; por el contrario, pone de manifiesto un claro designio divino de predilección para con la Nación Argentina, designio que puede ser entrevisto en la contemplación de la misma bandera: si para una nación determinada la insignia nacional evoca su destino de grandeza, mucho más lo es en nuestro caso, porque por el hecho de ser el Manto de la Virgen, nuestra enseña evoca el destino de eternidad en los cielos al cual estamos llamados. Por este motivo, al contemplar la Bandera Nacional, no podemos pasar por alto ni su origen ni el destino de eternidad al que nos llama, so pena de contrariar los planes de Dios Trino para con nuestra Patria.

Por lo tanto, al izar la Bandera Nacional y al verla flamear en los cielos, elevemos nuestros pensamientos y nuestros corazones a la Virgen de Luján, cuyo manto sagrado representa nuestra bandera y pidamos, como argentinos y católicos, la gracia de ser fieles, hasta la muerte de cruz, a nuestra insignia nacional, el manto de la Virgen de Luján, mato que nos señala nuestro destino final, el Reino de los cielos, en donde reina para siempre Nuestro Señor Jesucristo.