Nuestra Señora de Malvinas

martes, 3 de mayo de 2011

¡Gloria eterna a los héroes del ARA Belgrano!

Los 323 héroes argentinos
se hundieron con el ARA Belgrano,
en el fondo del mar,
y allí con sus cuerpos descansan .
Pero con sus almas
subieron hasta las estrellas,
desde donde velan,
junto al Ángel Custodio de Argentina,
por la recuperación de nuestras Islas Malvinas.

La dolorosa foto del ARA Belgrano, hundiéndose, evoca el cobarde y artero torpedeo al que fue sometido, torpedeo por el cual fue finalmente hundido, llevándose la vida de 323 héroes argentinos.

La foto evoca dolor, porque murieron soldados argentinos, y porque la Patria recibía una herida más de quien es su agresor desde el año 1833.

Sin embargo, la foto del ARA Belgrano, dando su último adiós, evoca también una paradoja: quienes se hundieron en el fondo del mar con el buque de guerra, paradójicamente, subieron hasta las estrellas, en donde se encuentran los ángeles guerreros, que en nombre de Dios velan por las almas de los hombres nobles.

También paradójicamente, quienes desde las sombras ordenaron el vil ataque, y quienes lo ejecutaron, amparándose en la oscuridad de las aguas profundas, al hundir el Belgrano y asesinar cobardemente a los marinos, y al herir, una vez más, a la Patria, fueron ellos quienes se hundieron en la ignominia, en la bajeza, en la vileza y en el deshonor. Porque aunque hayan triunfado militarmente, fue un triunfo basado en el error, en la rapiña, en la codicia por lo ajeno, en la soberbia por no pedir perdón y devolver, con sana vergüenza, lo que se reconoce como robado. Jamás puede ser un triunfo noble, el basado en el despojo, en la mentira, en el robo a mano armada, como lo fueron nuestras Islas Malvinas.

Los héroes del ARA Belgrano descansan en el mar, con sus cuerpos, pero con sus almas vigilan desde las estrellas, y junto a los Arcángeles Arcabuceros, y al Ángel Custodio de Argentina, guardián de la Patria, oran al Dios Omnipotente para que perdone a los agresores de la Patria, y devuelvan las Islas a la Nación Argentina.

¡Gloria eterna a los héroes del ARA Belgrano!

jueves, 21 de abril de 2011

El temple de los Soldados Argentinos


COMBATE DE RIOBAMBA

21 de Abril de 1822

El 21 de Abril de 1822 en el valle de Riobamba se libró “uno de los más brillantes combates de la caballería de la guerra de la Independencia”.

El general Sucre en su segunda campaña hacia Quito en territorio del actual Ecuador, dispuso un reconocimiento por dos escuadrones, uno de los Dragones de Colombia y otro de los Granaderos a caballo. Éstos marcharon a la cabeza y luego de atravesar el pueblo, se encontraron con toda la caballería realista fuerte de cuatro escuadrones con 420 hombres. Lavalle al frente de sus 96 granaderos sin inmutarse “tuvo la elegante osadía de cargarlos con una intrepidez de que habrá raros ejemplos” según reportó Sucre al general Bolívar.

En el parte que elevó a San Martín, relataba Lavalle:

“El escuadrón que formaba 96 hombres parecía un pelotón respecto de 400 hombres que tenían los enemigos. Ellos esperaron hasta la distancia de quince pasos poco más o menos, cargando también; pero cuando oyeron la voz de a degüello y vieron morir a cuchilladas 3 ó 4 de los más valientes, volvieron caras y huyeron en desorden. La superioridad de sus caballos los sacó por entonces del peligro con pérdida solamente de 12 muertos, y fueron a reunirse al pie de sus masas de infantería….La retirada se hizo al tranco del caballo; cuando el general Tobía, puesto a la cabeza de sus tres escuadrones, los puso a la carga sobre el mío….En efecto: cuando los 400 godos habían llegado a cien pasos de nosotros, mandé volver caras por pelotones y los cargamos por segunda vez; en este nuevo encuentro se sostuvieron con alguna más firmeza que en el primero, y no volvieron caras hasta que vieron morir 2 capitanes que los animaban. En fin, los godos huyeron de nuevo, arrojando al suelo las lanzas y carabinas, y dejando muertos en el campo 4 oficiales y 45 individuos de tropa. 50 Dragones de Colombia que vinieron a reforzar el escuadrón, lo acompañaron en la segunda carga y se condujeron con braveza….El escuadrón perdió 1 granadero muerto y 2 heridos, después de haber batido a un número tan superior de enemigos.” (1)

De este temple son los soldados argentinos. Con ése valor llevaron la libertad a la América del Sur. Con ésa voluntad de servicio y ésa entrega forjaron esta Patria. Por eso podían cantar a toda voz ¡Oh juremos con gloria morir! Somos los herederos de tanta nobleza y valentía. No reneguemos de ése legado.

(1) “Historia de los Granaderos a Caballo”- Isidoro Ruiz Moreno

viernes, 1 de abril de 2011

Los héroes de Malvinas claman al cielo, desde sus tumbas, que las Islas Malvinas fueron, son y serán argentinas



La sangre de los héroes de Malvinas,
los militares y los civiles que dieron sus vidas por la Patria,
clama, desde la turba malvinense,
ante Dios y ante los hombres,
que las Islas Malvinas
fueron, son y serán argentinas
¡Viva la Patria!


Se cumple un nuevo aniversario de la noble gesta de Malvinas, y con dolor constatamos que todavía nuestra Patria sangra por esa gran herida que son las Islas Malvinas.
A pesar de la gesta realizada por los modernos héroes de Argentina, los militares y los civiles que dieron sus vidas por la Patria, por la recuperación de las Islas, constatamos con pesar y dolor, que nuestras Islas siguen en poder del Gran Invasor.
Aún más, pareciera que la usurpación de nuestras Islas no sólo no ha menguado ni, mucho menos, desaparecido, sino que avanza a pasos incontenibles: quienes ocuparon ilegítimamente nuestro suelo patrio, continúan, ilegítimamente, profanándolo, horadando su suelo, pisoteando sus turbas, arrebatando inicuamente sus riquezas.
El Injusto Ocupante roba las riquezas de las Islas, pero no nos importan las riquezas; no nos importan ni el petróleo, ni las ovejas, ni nada que pueda dar rédito económico. Nos importa el honor de nuestra Patria, mancillado día a día por quienes hicieron del latrocinio de los pueblos la herramienta básica para construir un imperio de sangre.
Repetimos nuevamente: no nos importan las riquezas materiales que puedan encontrarse en Malvinas. Aún si fueran rocas peladas, sin ningún valor comercial ni material, lo mismo clamaríamos al cielo, como lo hacemos hoy, porque regresen al seno de la Patria.
No puede la Patria tener paz, unidad, prosperidad, si su suelo está mancillado por una bandera extranjera agresora; no puede la Patria tener paz, si su herida más grande, las Islas Malvinas, sangran de modo abundante, provocándole gran dolor.
No nos interesan las reservas de petróleo, de turba, ni la lana de las ovejas. Eso es igual a nada. Nos interesa ver restaurado el honor patrio, y la única manera de verlo restaurado, es la recuperación y la re-integración de las Islas Malvinas al territorio nacional y al destino de grandeza que nuestra Patria posee, previo pedido de perdón por la potencia neo-colonial ocupante.
Mientras las Islas permanezcan cautivas, la Patria se asomará, día a día, a las orillas del mar patagónico, y deslizando lágrimas de tristeza y amor por el retorno de sus hijas amadas, implorará la ayuda del Dios de los corazones, pidiéndole que envíe a sus santos ángeles, para que les sean restituidas para siempre las Islas que le fueron vil y arteramente arrancadas de su seno.
Hasta que las Islas regresen al seno de la Patria, de donde nunca debieron salir, los gloriosos héroes de la Patria, sus hijos más dilectos, los héroes de Malvinas, los militares y los civiles que derramaron su sangre y entregaron sus vidas por el honor nacional, clamarán al cielo, ante Dios y ante los hombres, desde sus tumbas, excavadas en la turba, que las Malvinas fueron, son y serán argentinas.
No podrán acallar este clamor, que desde el suelo de Malvinas, desde las tumbas de los héroes argentinos que allí descansan en la espera del Juicio Final, se eleva hasta los cielos, ni la prepotencia militar, ni su arrogante cinismo, que niega la devolución de las Islas, ni la explotación económica descarada que de sus riquezas hace el ilegítimo ocupante.
Son ellos, los héroes de Malvinas, los que regaron el suelo de las Islas con su sangre, los que mitigan el dolor y el pesar de ver, día a día, a nuestra Patria mancillada.
Gracias eternas a los héroes de la Patria, y que desde el cielo, en donde brillan para siempre como estrellas, ellos, junto a San Miguel Arcángel, el Ángel Custodio de Argentina, y los Santos Ángeles Custodios de todos los argentinos patriotas, nos asistan en esta desigual lucha, para que no muramos sin ver flamear, en las Islas Malvinas, la Bandera de la Patria, el Manto celeste y blanco de la Dueña de la Patria, la Virgen de Luján.
¡Viva la Patria!

miércoles, 23 de marzo de 2011

Cristo en la cruz ha derribado para siempre el odio que enfrentaba a los hermanos

Que la Sangre del Cristo de la Jura de la Independencia
selle la paz de Dios en los corazones de los argentinos

Ante un nuevo aniversario del golpe militar de 1976, que diera origen al engendro nefasto llamado “Proceso militar”, y frente a la percepción de que las causas ideológicas que lo generaron siguen aún vigentes, con el consiguiente daño que se produce a la Patria, cabe reflexionar atentamente, para detener la vorágine de odio y de rencor, de enemistad y de enfrentamiento que cada día envuelve más y más a los argentinos.

Considerando el tema que nos preocupa, es necesario dejar en claro nuestra consigna, que refleja nuestra posición, y nuestra consigna es que no queremos: ni militares golpistas, ni subversivos marxistas; ni triple A, ni Montoneros; ni gobierno democrático corrupto, ni gobierno por golpe militar aún más corrupto; ni izquierda, ni derecha; ni comunismo, ni liberalismo; ni Marx, ni Adam Smith; ni olvido, sin pedir perdón, ni memoria, sin perdonar.

No más golpes de Estado, nunca más; no más guerrilla subversiva, nunca más; no más divisiones entre los argentinos, nunca más; no más enfrentamientos, nunca más; no más rencor, no más odio, nunca, nunca, nunca más.

Queremos una Argentina justa, solidaria, fraterna, sin divisiones ideológicas, sin enfrentamientos, producto de los fantasmas ideológicos maniqueos que consideran, al que no piensa como uno, que el otro es un enemigo al cual hay que eliminar.

No es una utopía pensar que los argentinos podemos dedicarnos, todos juntos, unidos bajo una misma hermandad nacional, a solucionar los graves problemas -de orden económico, moral, espiritual- que aquejan a nuestra Patria, que no son de hoy ni de ayer, sino de siempre.

No es una utopía, pero también es cierto que ninguna ideología, de ningún signo, ni de derecha, ni de izquierda, ni de centro, habrá de traer paz, tranquilidad, prosperidad y unidad a la Nación Argentina.

Ninguna ideología, del signo que sea, unirá en una misma hermandad a los argentinos, porque la ideología, por definición -sea de derecha, de izquierda o de centro-, es sectaria, cainita, disolvente, generadora y perpetuadota de enfrentamientos, puesto que su misma naturaleza maniquea le exige, para sobrevivir, una contraparte “negativa”, a la cual hay que destruir para progresar. Pero, al mismo tiempo que destruye a su contraparte, la ideología debe reconstruirla nuevamente, so pena de quedarse inmóvil y petrificada, y la reconstruye para destruirla nuevamente, repitiendo el proceso hasta el infinito.

La ideología funciona con un perverso mecanismo de tesis-antítesis-síntesis, ya que de lo contrario desaparece, y es por este motivo que es incapaz de traer paz y orden.

La paz volverá a la Argentina, y a todos sus habitantes, no por las ideologías, del signo que sean, sino cuando sea Cristo Dios, Rey pacífico, quien reine en los corazones de los argentinos; la paz llegará a los argentinos cuando sea su gracia la que ilumine nuestras mentes, cuando sea su Ley, la Ley Nueva, la ley de la caridad, la que guíe nuestro obrar.

Esto es posible, porque en Cristo desaparece la Enemistad; en su cruz se da muerte al enfrentamiento entre los hombres; con su cruz y con su Sangre, Cristo derriba el muro de odio que se levanta entre los hombres, impidiendo ver que uno es el hermano del otro, y que los dos son hijos de un mismo Dios.

Al contemplar a Cristo crucificado y resucitado, desaparece del horizonte del hombre el muro de enemistad y de odio cainita que lo enfrentaba a su hermano, a su prójimo, y en Cristo se reconcilia y se hermana, con una fraternidad infinitamente más fuerte que la biológica, porque queda unido a su hermano por la Sangre y el Espíritu de Cristo.

En Cristo, muerto en cruz y resucitado, el hombre encuentra la paz, no la que da el mundo (cfr. Jn 14, 27), que es una paz basada en meros factores externos, sin transformación interior, sino la paz de Dios, una paz que originándose en el Corazón mismo de Cristo Dios se derrama sobre los hombres, en su ser más profundo e interior, disolviendo para siempre, en la beata alegría y en el perdón del Ser divino, el odio ciego que desde Caín se transmite a los hombres.

Que Cristo sea nuestra paz, que Él ha derribado de una vez para siempre al muro de odio que separaba a los hombres, y que ha destruido, con el poder de su Sangre, a la Enemistad, lo dice San Pablo: “Cristo es nuestra paz; Él derribó con la cruz el muro de odio que enfrentaba a los pueblos y dio muerte a la Enemistad” (cfr. Ef 2, 13-14).

Es esta paz, la que brota de Cristo crucificado, el Cristo que gloriosamente preside el Congreso de Tucumán, que nos hizo nacer como Nación, la que queremos para nuestra Patria.

En los orígenes fundacionales del Ser nacional, sobre las entrañas mismas de la Patria Naciente en Tucumán, se derrama la gloriosa Sangre del Hombre-Dios, la Sangre que sella en la paz de Dios los corazones de los hombres.

Es esta paz la que imploramos a la Trinidad, por la intercesión de la Madre de Nuestra Patria, la Virgen de Luján, y por la intercesión del Ángel Custodio de Argentina.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Al Ángel Custodio de Argentina le pidamos por la recuperación de nuestras Islas Malvinas


En Fátima, Portugal, antes de las apariciones de la Virgen María y como preparación para estas apariciones, se les aparece a los pastorcitos un ángel, que se presenta a sí mismo como “el ángel de Portugal”, el “ángel de la paz”.

En esta aparición, se destacan dos aspectos: por un lado, el hecho de que toda una nación tenga un ángel custodio, lo cual, nos dice que también nuestra Patria tiene su ángel custodio; por otro lado, el hecho de que se presentara como “el ángel de la paz”, algo significativo, teniendo en cuenta que Europa y el mundo se encontraban envueltos en una Guerra Mundial, la Primera, y se encaminaban a la Segunda, mucho más devastadora: el ángel se presenta como “el ángel de la paz”, como el garante del cielo de algo de lo que el mundo carecía en ese entonces, y que, a la luz de los acontecimientos, constituiría un don preciadísimo de Dios y un signo de predilección divina para con ese país, ya que Portugal prácticamente no intervino en la Segunda Guerra, lo cual hace suponer que también el ángel de Argentina tiene un don especial de Dios para nuestra Patria.

En sus apariciones, el Ángel de Portugal les mostró a los pastorcitos un Cáliz, que tenía una Hostia que se sostenía en el aire, y de la cual se vertía sangre, adoró la hostia con la frente en el suelo, les enseñó la oración de reparación, les dio la comunión, y les dijo: “Orad así. Los corazones de Jesús y de María están atentos a vuestras súplicas”.

A nosotros no se nos aparece un ángel, pero la Iglesia nos da lo mismo que el ángel de Portugal a los pastorcitos: a los pastorcitos, el ángel de Portugal se presentó como el ángel de la paz: a nosotros la Iglesia nos da la paz de Cristo Dios; en Fátima, el ángel les mostró un cáliz con una Hostia de la cual caía sangre: a nosotros, la Iglesia nos muestra la Hostia y el cáliz que contiene la sangre del Cordero; en Fátima, el ángel les enseñó la oración de la adoración frente a Jesús Sacramentado –“Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo, Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni Te adoran, ni Te aman”- y les enseñó a adorar a Cristo Dios en la Eucaristía: a nosotros, la Iglesia nos da la oportunidad, en la Misa, de adorar al Cordero en el Sacramento del altar, arrodillándonos frente a Su Presencia sacramental y repitiendo la misma oración de adoración de los pastorcitos.

Al ángel custodio de Argentina, que se hace presente en la santa misa, adorando a Jesús Sacramentado junto con todos los ángeles del cielo, le pedimos que así como el ángel de Portugal le dio a ese país la paz en medio de la guerra, a nosotros nos de no la falsa paz que da la rendición, sino la paz verdadera que viene con la justicia de recuperar, aún por la guerra, el territorio patrio arrebatado por el ladrón anglosajón; al ángel custodio de Argentina, que adora en el altar con nosotros a Jesús Eucaristía, le pedimos por la recuperación de nuestras Islas Malvinas, para que pronto flamee para siempre en sus prados nuestra Bandera Nacional, el Manto de María de Luján. Que los corazones de Jesús y de María, así como escucharon las súplicas de los pastorcitos, así escuchen nuestras súplicas por nuestras Islas y por nuestra Patria.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Hoy es necesaria una gesta más grande que la de Obligado



Si bien no está dentro del decálogo dado por Dios al hombre, el amor a la Patria forma parte de uno de los amores del cristiano, después del amor a Dios y del amor al prójimo.

Amar a la patria no es algo secundario; ni es algo de lo que el cristiano pueda excusarse: el amor a la Patria es tan importante en su camino al cielo, que si no hay este amor, difícilmente pueda un cristiano salvarse.

El motivo es que la Patria es un don de Dios: es Dios quien, en su Sabiduría y en su amorosa Providencia, dispuso que naciéramos en un lugar determinado, en un tiempo determinado, en una nación determinada; es Dios quien dispuso, en definitiva, que perteneciéramos a una Patria determinada y no a otra.

Es por este motivo principal, por ser la Patria un don venido del cielo, que el cristiano debe amar a su Patria, aún sin considerar otros elementos.

La Patria, a la cual el cristiano debe amar, luego del amor debido a Dios y al prójimo, no es la mera extensión geográfica sino, además de la tierra, el conjunto de valores vividos y sedimentados por un pueblo determinado a lo largo de la historia que, compartiendo una historia común, poseen también un destino común, un destino de eternidad: así como no habremos de salvarnos egoístamente, es decir, así como no vamos a salvarnos sin amar a nuestros hermanos y padres biológicos, y al prójimo en general –de ahí la importancia de la ausencia del rencor y del perdón al prójimo-, así tampoco vamos a salvarnos sin el amor a la Patria, porque quien no ama a su Patria, no ama a Dios, que fue quien se la donó, en un gesto de su amor infinito, y no ama verdaderamente a su prójimo, que es un compatriota suyo, merecedor del amor cristiano, más que otro prójimo, por compartir una misma Patria y un mismo destino eterno.

La Patria entonces es un destino común en la eternidad, un destino compartido por todos los que conforman esa unidad geográfica, cultural e histórica que es una Patria determinada.

Para el cristiano, para su salvación eterna, es importantísimo el amor a la Patria, porque, como vemos, no es posible la salvación si no se ama la Patria que Dios nos dio, porque la ausencia de su amor significa, en el fondo, ausencia de amor verdadero y sobrenatural a Dios y al prójimo que es compatriota, y dentro de ese amor, está el rezar por los compatriotas más alejados de Dios, que traman contra la unidad y la armonía de la Patria.

Más que rezar por un prójimo desconocido, el patriota debe rezar, en primer lugar, por sus compatriotas, mucho más si esos compatriotas se encuentran alejados de la Iglesia y de Dios.

Si no hay oración por la conversión de un compatriota alejado –oración persistente, tenaz, acompañada de sacrificios, mortificaciones, ayunos-, entonces el cristiano es un cristiano tibio, sin ningún mérito delante de Dios, según las mismas palabras de Jesús, al referirse a aquellos que aman sólo a sus amigos: “Si amáis a los que os aman, ¿qué méritos tenéis? Lo mismo hacen los paganos” (cfr. Lc 6, 32). El cristiano que no reza y se sacrifica por un compatriota alejado de Dios, se comporta, sencillamente, como un pagano, según las propias palabras de Jesús.

El verdadero amor a la Patria no es sencillo, no es cómodo, no es fácil, porque implica oración, ayuno, sacrificios, negación de sí mismos, amor al compatriota que es enemigo. No es fácil, hoy menos que nunca, porque también implica oración y sacrificios por la misma Patria, para que en la Patria reine Cristo en los corazones de los compatriotas, y para que este reinado espiritual de Cristo se concrete luego en leyes humanas y cristianas, que reflejen la Sabiduría y el Amor de Dios Uno y Trino.

Hoy se suma, a la humillación padecida por la Patria, desde hace años, a manos de Inglaterra, país invasor que ocupa de modo ilegal un territorio patrio, las Islas Malvinas, la humillación de ver a la Patria acosada por leyes inicuas, como las leyes de unión civil entre personas del mismo sexo, la ley del divorcio, o el intento de legislar sobre el aborto. Hoy, más que nunca, es necesario un amor patrio fuerte, sobrenatural, que lleve a los verdaderos patriotas a sacrificarse por la Patria.

Al Ángel Custodio de Argentina le pedimos que aumente nuestro amor a nuestra Argentina y a todos los argentinos, y que con la luz que recibe de su contemplación de Dios Uno y Trino, nos ilumine para vencer a todos los enemigos de la Patria, internos y externos, para que los argentinos seamos capaces de una nueva gesta, mayor aún a la de Obligado: si en Obligado se debía impedir el avance de los barcos de las potencias coloniales de Inglaterra y Francia, que querían mancillar nuestro suelo, hoy, además de ser necesaria la expulsión del territorio nacional de una potencia ocupante -Inglaterra que ocupa las Islas Malvinas-, hoy es necesaria la derrota definitiva de una potencia oscura, preternatural, el ángel caído, que busca conquistar los corazones de nuestros compatriotas, para arrastrarlos a la oscuridad eterna.

Hoy es necesaria una gesta mayor que la de Obligado, una gesta espiritual y sobrenatural, y para vencer en esta gesta es que invocamos la protección, la asistencia y la ayuda del Ángel Custodio de Argentina, del Rey de los ángeles, Jesucristo, y de la Reina de los ángeles, la Virgen María.

Que ellos nos asistan en esta desigual lucha contra los ángeles caídos, en los que está en juego el destino temporal de nuestra Patria, y el destino eterno nuestro y de nuestros compatriotas.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Esta patria está consagrada a Mí, por eso Yo la defiendo

M. "Reza hija por los pecadores de tu patria que vienen a corromper la armonía nacional. Donde no hay amor no hay patria.
Cada patria es sagrada para Mí porque guarda los sentimientos más íntimos de Mis hijos.
El que es fiel a su patria es fiel a Dios. El que ama a su patria ama a Dios.
Esta patria está consagrada a Mí, por eso Yo la defiendo, y la quiero salvar.
El que construye su patria construye con Dios.
El que destruye su patria destruye a Dios".
("Déjate amar". Mensajes de Jesús a Fabiana Corraro).