Nuestra Señora de Malvinas
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martes, 27 de mayo de 2025

SAN MARTÍN NO ERA MASON



SAN MARTÍN NO ERA MASON


El propósito de este artículo es difundir tres Documentos, publicados en una revista especializada [1], cuyo director, Patricio Mac Guirre, ha realizado un aporte extraordinario a

la historia argentina, demostrando lo que afirmamos en el título. Desde mediados del siglo pasado algunos historiadores han sostenido que el General San Martín fue masón, e incluso, interpretan su retiro del Perú como resultado de una decisión masónica disponiendo que Bolívar se hiciera cargo del mando en la gesta libertadora.


Recientemente, con motivo de cumplirse el aniversario de las batallas de San Lorenzo y de Caseros, la “Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones” publicó una carta en La Nación (26/1/98), manifestando que la masonería argentina “desea expresar, con serena unción, que San Martín y Urquiza han integrado el rol de sus miembros más conspicuos”.


[2].


Sorprende este tipo de aseveraciones, ya que, como lo admite uno de sus biógrafos más conocidos “no existe ningún documento para probar que San Martín haya sido masón” [3].


Cabe agregar el testimonio de dos ex-presidentes de la República, que desempeñaron, además, el cargo de Gran Maestre de la Masonería Argentina.

Bartolomé Mitre escribió:

“La Logia Lautaro no formaba parte de la masonería y su objetivo era sólo político” [4].


Es importante destacar que para esta cuestión Mitre consultó al General Matías Zapiola, quien había integrado la Logia. Por su parte, Domingo Faustino Sarmiento opinó: “Cuatrocientos hispanoamericanos diseminados en la península, en los colegios, en el comercio o en los ejércitos se entendieron desde temprano para formar una sociedad secreta, conocida en América con el nombre de Lautaro. Para guardar secreto tan comprometedor, se revistió de las fórmulas, signos, juramentos y grados de las sociedades masónicas, pero no eran una masonería como generalmente se ha creído...” [5].


La Revista Masónica Americana, en su Nº 485 del 15 de junio de 1873, publicó la nómina de las logias que existieron en todo el mundo hasta 1872, y en ella no figura la Lautaro [6].


Así, el único antecedente que pueden exhibir quienes defienden la hipótesis comentada, es una medalla acuñada por la logia “La Parfaite Amitié”, de Bruselas, en 1825.

Al respecto puede señalarse que la medalla sólo contiene la efigie del General y la inscripción “Au General San Martín”, sin dársele el tratamiento de “hermano” (H..). Como la Masonería no limita los homenajes a sus propios miembros, y la figura del Libertador era suficientemente conocida en Europa, dicho elemento no aporta ninguna evidencia [7].


Además, se ha llegado a determinar que en 1825 el rey de Bélgica, Guillermo I, dispuso acuñar diez medallas diseñadas por el grabador oficial del reino, Juan Henri Simeón, con la efigie de otras tantas personalidades de la época.


Aparentemente, debido a las necesidades políticas internas, el rey concedió a la logia citada la acuñación de la medalla destinada a San Martín. Hay que añadir que eso ocurrió en 1825, y en los siguientes veinticinco años que vivió San Martín en el viejo continente, no se produjo ningún hecho ni documento que lo vinculara a la organización.


Sobre la posición de San Martín en materia religiosa, ha investigado especialmente el P. Guillermo Furlong, quien llega a esta conclusión: “Hemos de aseverar que San Martín no sólo fue un católico práctico o militante, sin que fue además, un católico ferviente y hasta apostólico” [8].

Pero hay un testimonio curioso, que viene a confirmar lo dicho, con ocasión de una misión pontificia en Buenos Aires, presidida por Mons. Muzi, en 1824, estando San Martín ya alejado de toda función oficial. En esa oportunidad, el Gobernador Rivadavia no recibió al Vicario Apostólico, y tuvo actitudes sumamente descorteses.


Pues bien, el testimonio corresponde a un integrante de esta misión, el P. Mastai Ferreti; quien sería luego el Papa Pío IX, apuntó en su Diario de Viaje: “San Martín(...)recibido por el Vicario, le hizo las más cordiales manifestaciones” [9].


La Masonería fue condenada por el Papa Clemente XII mediante la Bula In Eminenti, del 4 de mayo de 1738, donde se prohibe “muy expresamente(...)a todos los fieles, sean laicos o clérigos (...) que entren por cualquier causa y bajo ningún pretexto en tales centros(...)bajo pena de excomunión...”.


Esta condenación fue confirmada por el Papa Benedicto XIV en la Constitución Apostólica Providas del 15 de abril de 1751, y como consecuencia, fue también prohibida la Masonería en España, ese año, por una pragmática de Fernando VI. Por ello es importante esclarecer este punto, pues “el catolicismo profesado por San Martín establece una incompatibilidad con la Masonería, a menos que fuera infiel a uno o a la otra” [10]. Consta en las Memorias de Tomás de Iriarte, que Belgrano rechazó la posibilidad de ingresar en la organización, “aduciendo, precisamente, la condenación eclesiástica que pesaba sobre la secta” [11].


Consideramos que los documentos obtenidos por Maguire aclaran definitivamente esta cuestión. El primero, responde a un cuestionario solicitando informes sobre logias: Lautaro, Caballeros Racionales Nº 7 y Gran Reunión Americana.


Las personas siguientes: Francisco Miranda, Carlos María de Alvear, Simón Bolívar [12], José de San Martín, Matías Zapiola, Vicente Chilabert, Bernardo O’Higgins, Luis López Méndez y Andrés Bello.


El segundo documento es la respuesta de la Gran Logia de Escocia, y el tercero, la correspondiente a la Gran Logia de Irlanda. Transcribimos a continuación la traducción de los tres documentos, y luego las copias de los originales en inglés.


En conclusión, si no existe ningún documento que contradiga el contenido de estas cartas de las propias autoridades masónicas, y, además, el análisis de su obra demuestra que el Gran Capitán “hizo lo contrario de lo que la Masonería procuraba, y fue hostigado por ésta” [13], el veredicto no merece ninguna duda: San Martín no fue Masón.


Documento I


Gran Logia Unida de Inglaterra Londres, 21 de agosto de 1979


Estimado Señor, Su carta del 7 de agosto de 1979, dirigida al Gran Maestre, me ha sido derivada para su contestación.


1. La Logia Lautaro era una sociedad secreta política, fundada en Buenos Aires en 1812, y no tenía relación alguna con la Francmasonería regular.


2. La tres Logias que Ud. menciona en su carta, jamás aparecieron anotadas en el registro o en los Archivos ni de los Antiguos ni de los Modernos ni de la Gran Logia Unida de Inglaterra: no hubieran sido reconocidas como masónicas en este país entonces o posteriormente.


3. Las seis personas mencionadas en su carta, de acuerdo a nuestros archivos, nunca fueron miembros de Logias bajo la jurisdicción de la Gran Logia Unida de Inglaterra.


4. La Gran Logia de Inglaterra no era el único organismo masónico existente durante el período en el cual Ud. está interesado. Existían Grandes Logias independientes en Irlanda, Escocia, Francia, Holanda y Estados Unidos de América, todas las cuales autorizaban la instalación de logias propias.


5. Nunca han existido medios legales para prohibir que extranjeros en Inglaterra crearan sus propias Logias, pero tal acción siempre ha sido considerada por la Gran Logia de Inglaterra como una invasión de su soberanía territorial, y las logias así creadas no serían reconocidas como regulares, ni se permitiría a sus miembros concurrir a las Logias inglesas, o que los masones ingleses concurrieran a aquellas.


Sinceramente suyo, James William Stubbs, Gran Secretario


Documento II


Gran Logia de Escocia Edimburgo, 30 de junio de 1980


Estimado Señor, Con eferencia a su carta del 17 de junio concerniente a las seis personas mencionadas en su comunicación, le informo que las conexiones que la Gran Logia de Escocia tuvo con Sudamérica fueron establecidas en fecha muy posterior a las de la Gran Logia Unida de Inglaterra, ya que la primera Logia Escocesa no fue autorizada hasta 1867.


Lamento no poder ayudarle en su investigación. Afectuosamente suyo, Gran Secretario


Documento III


Gran Logia de Irlanda Dublin, 24 de junio de 1980


Estimado Señor, Gracias por su carta del 17 de junio y por la copia de las cartas que Ud. recibió de la Gran Logia Unida de Inglaterra.


La Gran Logia de Irlanda nunca estuvo activa en Sud América y no hemos tenido relación alguna con los organismos que Ud. menciona.


La respuesta a las preguntas que Ud. específicamente formula son:


1. No hemos emitido patentes (Cartas de Instalación) a ninguna de las Logias arriba mencionadas y no existe registro alguno de ninguno de los nombres que menciona, como miembros de logias irlandesas.


2. No existe posibilidad alguna de que una logia nuestra haya emitido patentes o iniciado a ninguna de las personas mencionadas, por cuanto no estaban activas en sus áreas.


3. Desde el establecimiento de la Gran Logia de Irlanda en 1725 se estableció que temas de Política o Religión no podían ser considerados en ninguna de nuestras logias, ni éstas tampoco debían comprometerse en actividad política alguna. Este principio permanece vigente hasta el presente día.


Sinceramente suyo, J.O. Harte Gran Secretario


El testamento de San Martín


.....Quien es considerado, con justicia, el Padre de la Patria, San Martín, fue combatido y obligado al exilio por aquellos que no aceptaban que el alma de la patria fuese cristiana. Que renegaban de la tradición hispánica, pues preferían los postulados masónicos de la Revolución Francesa. Aún desde Europa, San Martín continuó hasta su muerte preocupándose por el cuerpo y el alma de la Argentina. En varias de sus cartas aboga por una mano firme que ponga orden en la patria. Cuando esa mano firme enfrenta al invasor extranjero, en la Vuelta de Obligado, San Martín redacta su testamento, disponiendo:


“El sable que me ha acompañado en la independencia de América del Sur, le será entregado al general de la República Argentina don Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que como argentino he tenido de ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla.” . . .


______________________________________________________

NOTAS:


[1] Revista Masonería y otras sociedades secretas, Buenos Aires, Nº 2, noviembre de 1981, págs. 20-25; Nº 3, diciembre de 1981, págs. 15-20; Nº 5, febrero de 1982, págs 30-35.


[2] Carlos Steffens Soler: San Martín en su conflicto con los liberales, Librería Huemul, Buenos Aires, 1983, pág 27.


[3] Ricardo Rojas :El Santo de la Espada, Buenos Aires, 1983, pág. 71.


[4] Cit. por Héctor Piccinali: Testimonios católicos del General San Martín, Revista Mikael, Buenos Aires Nº 16, 1978, pág. 90.


[5] El General San Martín, cit. por H. Piccinali, op.cit. pág. 90


[6] Armando Tonelli: El General San Martín y la Masonería, Buenos Aires, 1944, págs 23-24.


[7] Roque Raúl Aragón: La Política de San Martín, Córdoba, Universidad Nacional de Entre Ríos, 1982, pág. 18-19; Cayetano Bruno: La religiosidad del General San Martín, Ed. Don Bosco, Boulogne, Buenos Aires, 1978, págs 21-22. A. J. Pérez Amuchástegui, sin prestar ninguna evidencia, opina que “es obvio que el General, como dice Le Belge, tenía que estar vinculado a esa hermandad para que le honrase” (Ideología y Acción de San Martín, Buenos Aires, Eudeba, 1966, pág. 88).


[8] Guillermo Furlong: El General San Martín, ¿Masón - Católico - Deísta?, Buenos Aires, Theoría, 1963, pág 136.


[9] P. Cayetano Bruno: Historia de la Iglesia en la Argentina, cit. por Héctor Piccinali en San Martín y el Liberalismo, Revista Gladius, Buenos Aires, Nº 19, 25/12/90, pág. 116.


[10] Roque Raúl Aragón, op.cit., pág.19.


[11] Tomás de Iriarte: Memorias. Tomo I, cit. por Aragón, op.cit., nota 8, pág.19.


[12] Existe documentación probatoria de que Bolívar perteneció a una logia de París, dependiente de la Masonería Francesa, por eso no figura registrado en la rama anglosajona.


[13] Aragón, op. cit., pág. 21 Ver menos

— con Leonardo Omar Falcon. 

jueves, 17 de agosto de 2023

General San Martín, Padre de la Patria Argentina, católico

 


         Los hombres que aman a su Patria verdaderamente, deben tener ante sí de forma permanente las figuras de sus pro-hombres, de sus próceres, de los hombres que dieron sus vidas por la Patria. En caso contrario, si en el se olvidan a sus próceres del pasado, el futuro está definitivamente comprometido en un sentido negativo y desastroso para la Patria.

         En nuestro caso, si debemos tener siempre presente a los próceres, el primero de ellos debe ser el Padre de la Patria Argentina, el General Don José de San Martín. De él podemos imitar sus grandes virtudes, tanto naturales como sobrenaturales: además de su integridad moral, el General San Martín profesaba la religión católica y de tal manera, que estableció capellanías en el Ejército Argentino, para que se celebrara la Santa Misa en todo momento, sobre todo en las batallas decisivas; era un ferviente devoto de la Virgen, a la cual atribuyó sus triunfos en el campo de batalla, nombrándola en agradecimiento -tal como lo haría el General Belgrano con la Virgen de la Merced- como “Generala del Ejército de los Andes”; mandaba también que sus soldados, además de participar de la Santa Misa, rezaran el Santo Rosario y que se les impusiera el Escapulario de la Virgen del Carmen.

         En estos tiempos en los que vivimos, caracterizados por el dominio del espíritu del Anticristo a todo nivel y en prácticamente todas las instituciones de la Patria, incluida la misma Iglesia, debemos más que nunca contemplar la figura de nuestro Padre de la Patria, el General San Martín, para aprender de él sus devociones católicas: a la Santa Misa, a la Virgen, al Escapulario de la Virgen del Carmen y poner en práctica nuestro ser católico argentino, que es hispano y católico. Solo de esta manera estaremos en grado de defender a nuestra Patria Argentina de los gravísimos ataques que viene sufriendo desde hace décadas: desde el marxismo comunista, ateo y materialista, hasta el liberalismo destructor de la fe con su relativismo, pasando por el sionismo, el socialismo y la masonería intra y extra-eclesiástica.

         Hoy más que nunca el espíritu religioso católico que iluminaba a nuestro Padre de la Patria, el General San Martín, debe también iluminarnos a nosotros, y esto debemos implorarlo como un don del cielo, para que nuestra amada Patria Argentina, cuya Madre Patria es España -de la cual hemos recibido el lenguaje, la cultura y sobre todo la Santa Fe Católica- no solo no perezca ante sus innumerables y formidables enemigos, que parecen haber ya triunfado, para que no solo no triunfen nunca, sino que sean aplastados bajo la Santa Cruz de Nuestro Señor Jesucristo.

viernes, 17 de agosto de 2018

El General San Martín, católico y Padre de la Patria



         Por lo general, hay dos elementos que se continúan en el General San Martín: su condición de católico –sus enemigos dicen que era masón- y su condición de libertador –sus detractores afirman que no fue en realidad libertador de pueblos-. Ambos elementos son falsos y veremos por qué.
         Con respecto a si San Martín era masón o católico, está comprobado que no era masón y que sí era católico. No era masón porque nunca perteneció a la masonería y la Logia Lautaro a la que pertenecía no era masónica sino una agrupación de carácter cívico-militar que nada tenía que ver con la Iglesia de Satanás. Además, no hay registro alguno de que haya pertenecido a ninguna logia masónica en los archivos de la Masonería[1]. Por otra parte, además de sus virtudes personales, vividas en el día a día y que hicieron de él una gran persona, más allá de su condición de patriota y Padre de la Patria, San Martín se mostró siempre, exteriormente, no solo como católico practicante, sino como ferviente devoto de la Santísima Virgen María y también de la Eucaristía y la Santa Misa. En efecto, es conocido que a su tropa le prohibía la blasfemia –bajo pena de atravesar sus lenguas con hierro candente a quien profiriera alguna blasfemia-, cosa que la Masonería propicia, sino que además era devoto de la Virgen, al punto de hacer colocar a la tropa, antes de cada batalla –al igual que otro gran prócer, el General Belgrano- el Escapulario de Nuestra Señora del Carmen, algo que la Masonería repudia y rechaza tajantemente. Además, el General San Martín era conocido por su piedad mariana, piedad que llegó a su culmen cuando se encomendó a la Madre de Dios antes de las batallas, donándole su bastón de mando y nombrándola Generala del Ejército Argentino luego del triunfo de las armas patriotas. Esto es algo que un masón no haría jamás, puesto que la Virgen es la que los ha vencido, desde el momento en que Ella es la que aplasta la cabeza de Satanás. También era el General San Martín ferviente devoto de la Santa Misa y de la Eucaristía, preocupándose porque no faltasen capellanes que celebraran la Santa Misa, hicieran rezar el Rosario e impusieran el Escapulario de la Virgen del Carmen a sus tropas. De esta manera, queda fehacientemente demostrado que el General San Martín no fue masón, sino un devoto católico.
         El otro elemento que le cuestionan sus detractores es su condición de libertador, porque dicen que no debería haber declarado la independencia de los países. Esto es falso porque la independencia de la Nación Argentina, al decir del P. Castañeda, fue “obra de Dios y no de los hombres”, consecuencia de haber quedado acéfalo el poder en la Madre Patria España, al ser tomado prisionero el Rey de España, Fernando VII, poniendo así en marcha, de modo inmediato, el mecanismo que preveía que las Provincias Españolas de ultramar, en estos casos extremos, debían asumir su auto-gobierno[2]. Lo mismo se diga de los países que liberó el General San Martín, Chile y Perú. Por otra parte, la división del imperio español de ultramar ya era un hecho y si San Martín no hubiera intervenido para darles la Independencia y así cohesionarlos a España al permanecer unidos a ella por la religión, el idioma y la cultura, los filibusteros anglo-sajones, potencia mundial en ese momento, no hubieran dudado un instante en apoderarse de estas tierras, como si de aves de rapiña se tratasen, intención que demostraron claramente los piratas ingleses con las Invasiones Inglesas, el robo descarado de nuestras Islas Malvinas y el intento de violación de la soberanía territorial por parte de la escuadra francesa en Obligado. El General San Martín fue por lo tanto un auténtico y genuino Libertador.
         Queda entonces demostrado que nuestro Padre de la Patria, además de sus virtudes personales, fue un católico practicante y un verdadero Libertador de naciones, por lo cual hay que dar gracias a Dios Nuestro Señor, al habernos concedido un Padre de la Patria del cual podemos estar siempre orgullosos.



[1] Cfr. Aníbal A. Rottjer, La Masonería en la Argentina y el mundo, Editorial Nuevo Orden, Buenos Aires6 1983, 397ss.
[2] Cfr. Guillermo Furlong, Fray Francisco de Paula Castañeda. Un testigo de la Patria naciente, Ediciones Castañeda, 1994, 381-382.

lunes, 18 de agosto de 2014

San Martín, Padre de la Patria católico


         Pocas naciones de la tierra pueden ostentar el hecho de que sus próceres que le dieron origen, sean católicos, como sí lo puede hacer la Nación Argentina, porque San Martín, el Padre de la Patria Argentina, fue católico y católico practicante, y no masón ni integrante de la masonería, tal como muchos pretenden erróneamente atribuírselo. La polémica no es indiferente, porque el masón pertenece a una sociedad secreta prohibida por la Iglesia Católica y por lo tanto, estaría excomulgado ipso facto, mientras que si no es masón, continuaría perteneciendo a la Iglesia, hasta que se demuestre lo contrario.
Existen abundantes pruebas, tomadas tanto desde las mismas filas de la masonería, como de la misma conducta pública de San Martín, que hacen imposible el hecho de que San Martín pertenezca a la masonería, al tiempo que hacen creíble el hecho de que su catolicismo haya sido un catolicismo sincero y veraz y no un catolicismo farisaico o de mera apariencia. Autores de gran valía intelectual, como por ejemplo, el historiador mendocino Enrique Díaz Araujo, sostienen que son los mismos masones quienes niegan que San Martín haya pertenecido alguna vez a la masonería, al tiempo que destacan la conducta de San Martín en el Ejército de los Andes, como el hecho de que mandara a rezar el Santo Rosario y a celebrar la Santa Misa, ambas cosas que no haría nunca un masón que se precie como tal, puesto que significan, el uno, honrar a la Virgen –el Rosario- y la otra, adorar a Dios Uno y Trino –la Santa Misa-, todo lo cual es lo que busca silenciar un masón, debido a sus principios laicistas. En otras palabras, San Martín no podría mandar a hacer públicamente lo que como masón estaría obligado a acallar, ya que se estaría contradiciendo a sí mismo y a sus mandantes de la logia masónica. San Martín, además, impone severas penas en el Ejército de los Andes, a todo aquel que “blasfeme el nombre de Dios”, lo cual también es contradictorio con su supuesta condición masónica. Dice así Díaz Araujo: “Al reglamento del ejército de los Andes en el Plumerillo, le pone una cláusula donde dice que el que blasfeme del nombre de Dios o de su amada Madre, la primera vez se le aplicarán treinta azotes en público, y la segunda vez, se le atravesará la lengua con un fierro caliente, y la tercera, será ejecutado directamente. Esas eran las sanciones que preveía el reglamento militar para el Plumerillo”. Con respecto a la forma de gobierno, continúa Díaz Araujo: “Cuando le pregunta Godoy Cruz qué sistema de gobierno había que adoptar en Tucumán le dice “Cualquiera”; no importaba mucho, pero “Cualquiera que no atente contra nuestra Santa Religión”, que eso es lo que importa.”. Es decir, la conducta pública de San Martín reflejaba una clara defensa de la religión católica, lo cual contrasta con los principios laicistas, liberales y agnósticos de la masonería, que pretende, por todos los medios, quitar la religión católica de la vida pública y, por supuesto, también de la vida privada y de las conciencias de los hombres. Además, hay que recordar que San Martín, al igual que Belgrano, tuvo gestos de devoción marianos de indudable inspiración divina –todo acto de devoción a la Virgen es una gracia de Dios-: Belgrano creó la Bandera Nacional tomando los colores del manto de la Inmaculada Concepción y le donó el bastón de mando a la Virgen de la Merced luego de la Batalla de Tucumán del 24 de Septiembre de 1812, además de hacer rezar la Santa Misa y el Rosario a la tropa y de hacerles imponer el Escapulario de la Virgen del Carmen antes de cada batalla, mientras que San Martín tuvo gestos de devoción marianos idénticos: les hacía rezar el Rosario, les facilitaba la celebración de la Santa Misa con capellanes militares, les hacía imponer el Escapulario del Carmen y, al igual que el General Belgrano, le entregó el bastón de mando a la Virgen, proclamándola Generala del Ejército de los Andes, todo lo cual, no haría un masón, ni en sus peores pesadillas.
La historia misma, y los hechos, verídicos, por lo tanto, se encargan de dar por tierra con las falsificaciones liberales de la historia, para dar paso a la verdad: San Martín, el Padre de la Patria Argentina –al igual que Belgrano, el creador de la Bandera Nacional-, fue católico y no masón, lo cual quiere decir que adoró a Jesucristo, el Hombre-Dios, fue un fiel devoto de la Virgen y que por lo tanto, en su empresa más trascendental, la de ser el Padre de la Patria, encomendada a él por la Divina Providencia, no fue guiado por la siniestra conjura de hombres sin Dios, sino por la luz de la cruz de Jesús; quiere decir, además, que San Martín se dejó llevar -como un niño tomado de la mano de su madre- por la Madre de Dios, a lo largo de toda su vida, pero no solo para cumplir la gesta que lo convertiría en el héroe más grande de Argentina y de América, el Paso de los Andes, sino ante todo, quiere decir que San Martín se dejaría guiar por la Madre de Dios para cumplir la gesta que lo convertiría en algo infinitamente más grande que ser un héroe y es el hecho de ser santo, porque con toda seguridad, San Martín, guiado por la luz de la cruz de Jesús y tomado de la mano de la Madre de Dios, cruzó más allá de la cima de los Andes y llegó más alto que las estrellas: llegó al Reino de los cielos, a la morada del Rey eterno, Jesucristo.
Es por esto que pocas naciones de la tierra tienen el honor de poseer un Padre de la Patria que es, a la vez, héroe y santo, como el General Don José de San Martín. Tener un Padre de la Patria que es héroe y santo es de fundamental importancia para una nación, porque en cierta manera, una nación queda sellada en su origen y así sus integrantes están llamados a imitar al arquetipo. Por gracia de Dios, en el origen de nuestro arquetipo, están la Santa Cruz de Nuestro Señor Jesucristo y el manto celeste y blanco de la Inmaculada Concepción de María Santísima, porque Jesús y María fueron quienes iluminaron y guiaron al Padre de la Patria, Don José de San Martín, en el Cruce de los Andes y en el Paso a la Patria Eterna, la Jerusalén celestial, hacia la cual todos nos dirigimos. Tener un Padre de la Patria héroe y santo es un orgullo para todos los argentinos, pero también significa un compromiso, porque significa que estamos llamados a imitarlo en sus virtudes naturales y sobrenaturales, en su amor a la Patria, en su amor a la cruz y en su amor a la Virgen. En esto radica la importancia de saber por qué San Martín nunca fue masón y sí fue, en cambio, un católico practicante, un hijo fiel y devoto de la Santa Iglesia Católica.


jueves, 21 de abril de 2011

El temple de los Soldados Argentinos


COMBATE DE RIOBAMBA

21 de Abril de 1822

El 21 de Abril de 1822 en el valle de Riobamba se libró “uno de los más brillantes combates de la caballería de la guerra de la Independencia”.

El general Sucre en su segunda campaña hacia Quito en territorio del actual Ecuador, dispuso un reconocimiento por dos escuadrones, uno de los Dragones de Colombia y otro de los Granaderos a caballo. Éstos marcharon a la cabeza y luego de atravesar el pueblo, se encontraron con toda la caballería realista fuerte de cuatro escuadrones con 420 hombres. Lavalle al frente de sus 96 granaderos sin inmutarse “tuvo la elegante osadía de cargarlos con una intrepidez de que habrá raros ejemplos” según reportó Sucre al general Bolívar.

En el parte que elevó a San Martín, relataba Lavalle:

“El escuadrón que formaba 96 hombres parecía un pelotón respecto de 400 hombres que tenían los enemigos. Ellos esperaron hasta la distancia de quince pasos poco más o menos, cargando también; pero cuando oyeron la voz de a degüello y vieron morir a cuchilladas 3 ó 4 de los más valientes, volvieron caras y huyeron en desorden. La superioridad de sus caballos los sacó por entonces del peligro con pérdida solamente de 12 muertos, y fueron a reunirse al pie de sus masas de infantería….La retirada se hizo al tranco del caballo; cuando el general Tobía, puesto a la cabeza de sus tres escuadrones, los puso a la carga sobre el mío….En efecto: cuando los 400 godos habían llegado a cien pasos de nosotros, mandé volver caras por pelotones y los cargamos por segunda vez; en este nuevo encuentro se sostuvieron con alguna más firmeza que en el primero, y no volvieron caras hasta que vieron morir 2 capitanes que los animaban. En fin, los godos huyeron de nuevo, arrojando al suelo las lanzas y carabinas, y dejando muertos en el campo 4 oficiales y 45 individuos de tropa. 50 Dragones de Colombia que vinieron a reforzar el escuadrón, lo acompañaron en la segunda carga y se condujeron con braveza….El escuadrón perdió 1 granadero muerto y 2 heridos, después de haber batido a un número tan superior de enemigos.” (1)

De este temple son los soldados argentinos. Con ése valor llevaron la libertad a la América del Sur. Con ésa voluntad de servicio y ésa entrega forjaron esta Patria. Por eso podían cantar a toda voz ¡Oh juremos con gloria morir! Somos los herederos de tanta nobleza y valentía. No reneguemos de ése legado.

(1) “Historia de los Granaderos a Caballo”- Isidoro Ruiz Moreno

martes, 9 de febrero de 2010

Dos fundadores



San Martín es Padre de la Patria; George Washington también. Debido a que los dos son fundadores de naciones, los dos son militares, los dos dieron sus vidas por sus patrias, podemos compararlos a los dos.
George Washington era masón, San Martín era católico; George Washington creía en el Gran Arquitecto del universo, San Martín en Jesucristo, Rey del universo; George Washington era miembro de la masonería, secta anticristiana, ocultista, que se dedica a combatir y a ofender a Jesucristo y a la Virgen María; San Martín era miembro de la Iglesia Católica, la sociedad de Jesucristo, que se dedica en primer lugar a adorar al Hombre-Dios Jesucristo y a honrar a la Madre de Dios, la Virgen María; George Washington tenía en la masonería el grado 33, el grado más alto de esta secta anticristiana, y todos, dentro y fuera de su país, le temían y le obedecían; San Martín era un simple bautizado y miembro más de la Iglesia Católica, y hacía fila para comulgar, como cualquier otro bautizado, sin tener privilegios especiales.
George Washington murió dueño de una inmensa fortuna, con una nación que se convirtió en el tiempo en el imperio más poderoso de la historia de la humanidad, con más poder que cualquier otro imperio en la historia y con más poder que todos los imperios juntos; San Martín murió pobre, en el exilio, traicionado, con su país dividido –Uruguay, Paraguay, parte de Chile, formaban el Virreynato del Río de la Plata- y, lejos de transformarse en la primera potencia mundial, como el país fundado por Washington, su país, Argentina, no puede darle una vivienda y un trabajo dignos a la gran mayoría de sus habitantes.
George Washington está sepultado en el templo principal de la Masonería en Washington, capital de los EE.UU., y a su alrededor no hay ni un crucifijo, ni una imagen de la Virgen, ni nada que indique que Dios Uno y Trino existe; San Martín está sepultado en la catedral de la ciudad de Santa María de los Buenos Aires, cerca del sagrario, morada terrena de Cristo Eucaristía, y cerca de una imagen de la Virgen de Luján, la Madre de Dios.
Cuando murió George Washington fue cubierto su ataúd con una bandera roja, azul y blanca, con tiras y estrellas, que indican los estados que forman esta poderosa nación; sobre el ataúd de San Martín se colocó una bandera celeste y blanca, prolongación del manto de la Virgen de Luján, Reina de los cielos y de la tierra; en el aniversario de la muerte de George Washington se celebran honras masónicas fúnebres, que en realidad es un culto idolátrico a Satanás, príncipe de la mentira y de la muerte; en el aniversario de la muerte del General don José de San Martín se celebran misas, en donde se hace Presente el Hombre-Dios Jesucristo, autor de la vida y la Vida misma.