Nuestra Señora de Malvinas
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jueves, 30 de marzo de 2023

Oración al Ángel Custodio de la Patria Argentina

 


Ángel arcabucero de Argentina


Ángel Custodio de Argentina


Ángel Custodio de España



Ángel Custodio de Portugal


Los grandes teólogos de la Iglesia Católica han sostenido, como presentada en la Sagrada Escritura, la doctrina de que la Divina Providencia ha encomendado a un Ángel, la custodia y protección de cada pueblo o nación.


Comentando sobre el capitulo décimo de la profecía de Daniel los Padres y escritores católicos toman ocasión de aquellas palabras “el Príncipe del Reino de los Persas, el Príncipe de los Griegos y el Príncipe de los Judíos” para exponer la común doctrina de que la Divina Providencia ha encomendado a la custodia y protección de un Ángel cada uno de los pueblos o naciones.


“Que cada Nación tiene su propio Ángel Custodio lo afirma la Escritura” dice Teodoreto. “Unos Ángeles están al frente de las naciones, otros acompañan a cada uno de los fieles” afirma San Basilio.


Además de la contemplación de Dios que los beatifica, los buenos Ángeles están ocupados en la guarda de la Iglesia, de las naciones y de los individuos; cada pueblo tiene su Ángel al frente, dicen San Gregorio, Casiano y San Isidoro.


San Cirilo se hace eco autorizado de la general creencia de que cada Reino tiene un Ángel particularmente encargado de guiarle.


San Gregorio Nacianceno y San Juan Crisóstomo enseñan que a cada Nación ha sido dado un Ángel Guardián que la protege e inspira santos pensamientos a los que guía.


San Jerónimo, San Hilario y San Ambrosio describen al Ángel de cada Reino intercediendo por sus hijos y cubriéndoles con su protección.


San Juan Damasceno dice de ellos: “Mensajeros y ministros de Dios ejecutan su voluntad, se muestran a veces a los hombres, están destinados para guardianes de ciertas regiones de la tierra, de ciertas naciones; se ocupan de nuestros intereses y nos prestan auxilio.”


Ángeles custodios de iglesias y comunidades.


Santo Tomás de Aquino sostiene que, siendo los Ángeles servidores de la Providencia Divina, no sólo la vida de cada ser humano sino también las naciones, ciudades, iglesias y comunidades están bajo la protección y el cuidado de Ángeles. Esta afirmación también es compartida por otros teólogos.


En relación especialmente a los Ángeles custodios de naciones, en la Suma Teológica, se puede leer:


“Según se dijo atrás (artículo 3), la ley fue dada por medio de los Ángeles. Pero el ministerio de los Ángeles no sólo lo concedió a los judíos, sino a todas las naciones, según se lee en el Eclo 17,14: Dio a cada nación un jefe”.


(Suma Teológica, Santo Tomás de Aquino, Parte II, cuestión 98, artículo 4). Hace referencia a Eclesiástico 17, 17: “Para cada nación constituyó un jefe, pero la porción del Señor es Israel”.


Hay Ángeles custodios de las naciones, como el que se apareció a los tres pastorcitos en Fátima. Hay Ángeles que cuidan las Iglesias, las diócesis, los pueblos. Cuando se celebra la Santa Misa hay muchos que están presentes y lo mismo adorando continuamente al Santísimo Sacramento. San Juan Crisóstomo vio repetidas veces la Iglesia llena de Ángeles durante el Santo Sacrificio.


San Francisco Javier, para la evangelización de los países del Extremo Oriente, puso su confianza en Jesús, la Virgen y los nueve coros angélicos, especialmente en San Miguel, y afirmaba: “No espero poco del Arcángel San Miguel a cuyo cuidado he encomendado este gran reino del Japón. Cada día me encomiendo a todos los Ángeles custodios de los japoneses”. Del Santo Cura de Ars se cuenta que al divisar por primera vez el pueblo al que iba a ser destinado se arrodilló y se encomendó al Ángel custodio de la parroquia.


Sobre la intervención de los Ángeles en la vida de los hombres, podemos leer que también se les ha dado la misión de proteger naciones, ciudades e iglesias. La visión del profeta Daniel es la que confirma esta misión (Dn. 7 y 8). El cuidado de la Iglesias se confirma con el pasaje de Ap. 1:20 cuando se refiere a los Ángeles de las siete Iglesias.


ORACIÓN AL SANTO ÁNGEL CUSTODIO DE LA PATRIA


Oh, bienaventurado espíritu celestial, a quien la Divina Misericordia se ha dignado confiar el glorioso país de (aquí se nombra), para que lo defiendas y custodies; postrados ante ti y en amorosa unión contigo damos al Señor humildes y fervientes gracias por haber tenido para con nosotros la misericordiosa providencia de ponernos bajo tu protección; contigo le alabamos y bendecimos y a su divino servicio rendidamente nos ofrecemos.


Acepta, Ángel Santo, estos piadosos cultos que a tu honor dedicamos, ilumina nuestras inteligencias, conforta nuestras voluntades, presenta al Señor nuestras plegarias avaloradas con las tuyas; defiéndenos del enemigo de nuestras almas, que también lo es, y muy feroz, de nuestra Patria; alcánzanos del Señor que saquemos fruto y provecho espiritual de estos cultos, que crezcamos en la veneración a ti, en tu amor y en la docilidad a tus enseñanzas y dirección para que defendidos, custodiados y regidos por ti sirvamos fidelísimamente a Dios en nuestra vida privada y pública; para que se salven muestras almas y las de nuestros compatriotas todos; para que (se nombra el país) sea siempre el paladín de la Fe Católica y Dios Nuestro Señor la bendiga, prospere y glorifique. Amén.


Fuente: radiocristiandad

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Al Ángel Custodio de la Patria Argentina


         
         Amado Ángel Custodio de Argentina, nos dirigimos a Ti, a quien la Divina Providencia ha puesto para que veles sobre nuestra Patria, para que, intercediendo ante Dios Uno y Trino, a quien tú adoras, amas y sirves, y por la mediación de María Santísima, nos concedas a los argentinos la paz del Señor Jesús, la única paz verdadera que puede dar reposo al alma. Pero para obtener esta paz celestial, que inunda al alma desde lo más profundo del ser, es necesario que los argentinos elevemos la mirada para contemplar a Jesús Misericordioso y clamar su misericordia, según sus propias palabras: “La humanidad no encontrará la paz, hasta que no se vuelva con confianza a mi Misericordia”[1]. No encontraremos la paz, hasta que no elevemos la mirada a Jesús Misericordioso.
         Santo Ángel Custodio de Argentina, vela sobre nuestra amada Patria, nacida bajo la Santa Cruz del Salvador y cobijada por el Manto celeste y blanco de la Patrona y Dueña de la Patria, Nuestra Señora de Luján.
         En nuestros días los argentinos necesitamos, hoy más que nunca, arrodillarnos ante Jesús crucificado, el mismo Jesús que, desde la cruz, presidió en el Congreso de Tucumán la Declaración de la Independencia. Los argentinos nacimos bajo la cruz de Cristo, porque fue ante Él, el Cristo de los congresales, que se declaró el nacimiento de la Patria Argentina en la Casa Historica. Los argentinos también nacimos bajo el manto de María, porque el General Belgrano le dio los colores celeste y blanco a la Bandera Nacional, como homenaje a la Inmaculada Concepción de Luján, de manera que al contemplar nuestra Enseña Patria, contemplamos, al mismo tiempo, el Manto de la Virgen.
         Como Patria y como Nación, los argentinos vivimos días oscuros, días de confrontación, división y discordia, que lleva a mirar al hermano como a un enemigo, lo cual es aborrecible a los ojos de Dios -"la discordia es peor que la hechicería" (cfr. 1 Sam 15, 23)- y esto nos sucede porque nuestras leyes, la gran mayoría de nuestras leyes humanas, no se basan en la Ley de Dios. Los argentinos vivimos días turbulentos porque nos hemos alejado, voluntariamente, del Único que puede darnos la paz, Jesucristo, el Hombre-Dios.
         Oh Santo Ángel Custodio de Argentina, tú que estás delante de Dios, adorándolo día y noche en los cielos; tú que te postras ante el Cordero de Dios; tú que te gozas y alegras por la contemplación de Dios Uno y Trino; tú que estás a las órdenes de la Madre de Dios, Reina de los ángeles, te pedimos que veles sobre nuestra Amada Patria Argentina, para que en ella reine la paz de Dios, para que los argentinos elevemos la mirada al Dador de toda paz verdadera, Cristo Jesús. Ruega también a la Dueña y Patrona de la Patria, la Virgen Inmaculada, Nuestra Señora de Luján, para que su Manto celeste y blanco se extienda sobre nuestra amada Argentina, para que la proteja y libere de sus enemigos -que no son el hermano argentino, el compatriota, sino “las potestades oscuras de los aires” (cfr. Ef 6, 12)-, para que así, protegidos por María Santísima, el amor de Dios sea infundido en los corazones de todos los argentinos.
Sólo así, arrodillados ante la Santa Cruz, abrazando y besando los pies llagados de Jesús Crucificado, y cubiertos por el Manto celeste y blanco de Nuestra Señora de Luján, los argentinos tendremos paz, no la paz “como la da el mundo” (cfr. Jn 14, 27), sino la paz que sobreviene al alma por la gracia del Dador de la paz verdadera, el Hombre-Dios Jesucristo.



[1] Diario de Sor Faustina, 300.