Aclaración necesaria con relación a la serie "El Eternauta". Personalmente, me agrada muchísimo, leí la historieta original cuando era adolescente y me fascinó desde el inicio. Además, me enorgullece que su autor sea argentino y que la trama se desarrolle en mi Patria, Argentina. Sin embargo, hay un problema en relación a su autor, Héctor Oesterheld, porque como todos sabemos, fue una de las víctimas de la guerra civil preparada, organizada y desencadenada por el afán irracional de dinero y de poder de ese infame dictador llamado JUAN DOMINGO PERÓN. Es muy fácil hacer leña del árbol caído; es muy fácil subirse al tren de lo "políticamente correcto" (en este caso, demonizar al Ejército Argentino, que tomó el control del país e impidió que se desintegrara y convirtiera en un satéilite comunista de Cuba y de Rusia). Hacer esto es fácil, pero al mismo tiempo es falso y artero, porque implica ocultar la otra mitad de la historia, la de los guerrilleros asesinos y cobardes surgidos de la Partidocracia Argentina y que fue quienes comenzaron el derramamiento de sangre en nuestra Patria. Por eso, para los que fácil y mentirosamente se suben al tren de lo "políticamente correcto", hay que sacarles las vendas de los ojos (que se pusieron voluntariamente). Para estos, va lo siguiente: Héctor Oesterheld no fue desaparecido por "una de las peores dictaduras" de Argentina; fue un gobierno militar PEDIDO por toda la sociedad argentina y por TODOS los partidos políticos que integraban y que integran la PARTIDOCRACIA ARGENTINA (incluido el propio peronismo, causante de la trágica guerra civil que ensangrentó por años a la sociedad argentina), para frenar la infame guerra civil creada y desatada por el TIRANO DICTADOR JUAN DOMINGO PERÓN. Y si no se aclara que TODA la familia Oesterheld era montonera (la guerrilla asesina peronista) y que una de sus hijas asesinó cobarde y cruelmente a un policía (le disparó una ráfaga de ametralladora y estando en el suelo, todavía vivo, lo roció con combustible y le prendió fuego) y asesinó además a un niño de tres (3) años, entonces se está hablando, con ocasión de la excelente serie de "El Eternauta", de forma artera y falsa. Por último, es curioso que solo se hable de los "desaparecidos" que "desaparecieron" en el período de tiempo del Proceso de Reorganización Nacional, pero al mismo tiempo se haga un silencio SEPULCRAL sobre los DESAPARECIDOS POR EL PERONISMO A TRAVÉS DE LA ALIANZA ARGENTINA ANTICOMUNISTA (Triple A), unos mil quinientos aproximadamente, lo cual convierte al Partido Peronista en el único partido que cuenta en su haber con DESAPARECIDOS EN DEMOCRACIA. ¿Por qué tanto silencio cómplice y cobarde?
27DIC76 Cnl ANDRÉS J FERNÁNDEZ CENDOYA (EA) asesinado por Montoneros. Tras 12 días de agonía en Hospital Churruca, muere a consecuencia de las graves quemaduras, provocadas por el estallido de la bomba colocada en Sec Planeamiento Min Def (15DIC76).
El Coronel retirado Angel Arturo Sureda fue asesinado por Montoneros el 31 de mayo de 1977 cuando salía de su casa en Temperley, Buenos Aires.
Salía a pie para dirigirse a la estación de tren, cuando fue interceptado por dos terroristas que bajaron de un Peugeot 404 y le dispararon. Sureda murió instantáneamente y los criminales huyeron.
Tenía 53 años, estaba casado con Beatriz Cordella Thomas y tenía 2 hijos.
Montoneros se adjudicó el asesinato en Evita Montonera N°19, página 19 diciendo claramente: “El Coronel retirado Angel Sureda fue asesinado por Montoneros”. Así se hacían cargo de un asesinato, como de tantos otros.
¡Hoy acompañamos a la familia Sureda y pedimos para ellos y para todas las víctimas del terrorismo Verdad, Justicia y Reparación!
El último grito del soldado Hermindo Luna, ametrallado a sangre fría por los montoneros
Como conscripto fue uno de los defensores del ataque al Regimiento de Infantería 29 de Formosa, el 5 de octubre de 1975, donde murieron 12 soldados. Se negó a rendirse y a balazos partieron su cuerpo en dos.
“Un tirón de orejas por mi cumpleaños”, contó Jovina Luna, sobre lo último que recuerda de su hermano Hermindo Luna, diez años mayor que ella.
En septiembre de ese fatídico 1975 Jovina -que cumplía 11 años el mismo día que mataron a su hermano- le había pedido a su padre, Jesús Esteban, como regalo un viaje en tren, ya que no lo conocía.
Convinieron en ir a visitar a Hermindo, que estaba en el cuartel. Ese 1 de octubre le dieron una grata sorpresa. Estuvieron juntos un rato y cuando se despidieron el chico le dio a Jovina ese tirón de orejas típico de los que cumplen años. “Que lo pases bien -le deseó- y decile a mi viejita que pronto voy a ir a verla”.
Su papá y su hermana serían los últimos de la familia que lo vieron con vida.
Trabajar en el campo
Los Luna eran una familia humilde. En un principio vivían en el Paraje Lamadrid, del departamento Patiño, a 30 kilómetros de Las Lomitas, muy cerca de la frontera con Paraguay.
Era un punto perdido en el mapa de dos o tres casas precarias donde ni había luz. El padre albañil se las arreglaba con changas, mientras que la madre, Secundina Vázquez, era ama un casa que amasaba panes para vender por la zona. Así criaron a 13 hijos -10 varones y 3 mujeres- que a medida que crecían ayudaban en la economía familiar.
Hermindo había nacido el 26 de junio de 1954 y creció sintiendo amor por el campo: lo que más le gustaba era trabajar con los animales. Aprendió a ser hábil para manejarse en el monte y, ya en su infancia, forjó una fortaleza que sorprendía.
Con el tiempo, los Luna se mudaron a Las Lomitas, donde también colaboraba en sembrar para el sustento familiar. Cuando creció, con dos de sus hermanos mayores, Nicasio y Mario, construyeron un horno de ladrillos. En uno de los momentos de descanso, se dieron el gusto y se tomaron una foto. Se lo ve a Hermindo, sonriente, el primero desde la izquierda, con pantalones claros. Es una de las pocas fotos que guarda su familia.
Hermindo (primero desde la izquierda), feliz frente a la cámara el día que instaló junto a sus hermanos el horno de barro
No había podido ir a la escuela, ya que donde había nacido en un paraje donde no había ningún establecimiento educativo cerca. Además, el trabajo estaba primero. Sin embargo, se esforzó por estudiar y a los 18 pudo terminar la primaria en la nocturna de Las Lomitas.
Le gustaba ir al cine a ver películas de acción y en sus ratos libres se sentaba a dibujar y pintar, en cualquier papel que encontraba. “Lo hacía muy bien. Cuando yo era chica con mis hermanos veíamos esos dibujos y los rompíamos, de puro traviesos que éramos. Qué arrepentida estoy de no haberlos conservado”, se lamenta Jovita.
Sin embargo, aunque le rompían los dibujos, Hermindo nunca se enojaba con sus hermanos, “era muy compinche”, recuerdan.
Le gustaba el fútbol y era hincha de River, pero no tanto por fanatismo sino porque ese era el cuadro de su madre, por quien tenía devoción. Su padre y hermanos eran de Independiente, pero nunca lograron torcer su amor por la camiseta de los millonarios.
No tenía demasiados amigos, pero todos eran muy unidos. También tenía una novia, a quien no veía demasiado, por culpa de las tareas del campo y porque el horno de ladrillos estaba lejos de su casa, cerca de un espejo de agua indispensable para la elaboración de ladrillos.
Al servicio militar
Cuando llegó el día del sorteo del servicio militar, Hermindo tenía la ansiedad a flor de piel. Toda la familia rodeó la radio. Por el número que salió, supo que le correspondía Ejército. Estaba nervioso de que lo destinaran a otra provincia como le había ocurrido a uno de sus hermanos, que debió hacer la colimba en la Marina, en la lejanísima ciudad de Buenos Aires.
Cuando le avisaron que su destino sería el Regimiento 29 de Formosa, se alegró. Se quedaría en sus pagos.
Se fue al servicio militar contento porque le había tocado un regimiento cerca de su casa
El día que partía para incorporarse al Ejército, toda la familia se levantó más temprano que de costumbre. Lo acompañaron hasta la estación del tren y lo despidieron. Lo recuerdan feliz agitando su mano por fuera de la ventanilla.
En junio tuvo unos días de licencia, que aprovechó para visitarlos. Y luego, nuevamente, partió hacia el cuartel. Sus superiores lo evocan como una persona siempre dispuesta y que disfrutaba atender la caballeriza, ya que le permitía estar en contacto con los animales.
El ataque
Ese domingo 5 de octubre de 1975, después de almorzar, los conscriptos habían jugado un partido de fútbol y se encaminaban a las duchas.
Entre ellos estaba Marcelino Torales, albañil, un chico humilde y peronista que soñaba con ser cantante como Sandro. Pero también, entre ellos, había un traidor:Luis Mayol, un santafecino que estudiaba Derecho y que era un militante montonero. Fue el que le abriría el portón de entrada a 5 camionetas con una treintena de montoneros que llegaban dispuestos, a sangre y fuego, a tomar el Regimiento.
Era la Operación Primicia, el bautismo de fuego del Ejército Montonero en pleno gobierno democrático de Isabel Perón.
Los montoneros también asesinaron a Edmundo Sosa, un joven que había cedido su franco a otro soldado porque su compañero necesitaba viajar a Clorinda para ganarse unos pesos acarreando bolsas de harina. El destino lo convirtió en una víctima del horror.
Los terroristas abatieron al sargento Víctor Zanabria que intentaba operar la radio para dar la alerta. Otro grupo asesinó a sangre fría a 5 conscriptos que dormían.
Hermindo Luna fue asesinado por el grupo de guerrilleros el 5 de octubre de 1975, cuando no se rindió y los enfrentó al grito de "¡Acá no se rinde nadie, mierda!"
Cuando se dirigieron a otra de las cuadras donde descansaban soldados, se toparon con Hermindo Luna, que a sus 21 años hizo frente a 5 montoneros.
Hermindo los ve armados con sus FAL. Le gritan con furia: “Rendite, dame el arma, que la cosa no es con vos”. Luna se pone en alerta y lanza la frase en la que deja grabada todo su valor y amor por la Patria: “¡Acá no se rinde nadie, mierda!”.
Una ráfaga de ametralladora lo partió en dos. Cayó muerto sin soltar su fusil.
Los disparos alertaron a sus compañeros que hasta ese momento dormían una plácida siesta,
Algunos soldados intentaron refugiarse en los baños y los montoneros les arrojaron granadas por las ventanas.
El soldado Mayol guió a los atacantes hasta el depósito de armas, ya que el objetivo del ataque era robarlas, pero encontraron una tenaz resistencia de conscriptos.
Luego de hacerse con 18 FAL y un FAP –un número increíblemente bajo- emprendieron la retirada, temiendo que los refuerzos no demorarían en llegar. Los montoneros sufrieron varias bajas, producto del fuego de una ametralladora que los soldados habían dispuesto cerca del mástil. Uno de los muertos sería el propio Mayol, a quien su fusil se le había trabado al intentar matar al subteniente Massaferro.
Escaparon en un Boing 737 y aterrizarían en un campo por Rafaela, y en un Cessna 182 con rumbo a Corrientes.
El Boing 737 de Aerolíneas en que huyeron los terroristas para aterrizar en un campo de Rafaela y de allí tomar un Cessna para seguir su ruta hacia Corrientes
En el regimiento quedaron 24 muertos, 12 por cada lado. Fallecieron el subteniente Ricardo Massaferro, el sargento Víctor Zanabria, que dejó una esposa y dos hijos, y los soldados Antonio Arrieta, Heriberto Ávalos, José Coronel, Dante Salvatierra, Ismael Sánchez, Tomás Sánchez, Edmundo Sosa, Marcelino Torantes, Alberto Villalba y Hermindo Luna. También murieron tres civiles, ajenos a la acción.
“Un día que nunca olvidaré”
Ese mismo día, en la casa de los Luna, era todo alegría. La familia se había reunido para festejarle los cumpleaños del padre, que había sido el día 1, y a Jovina, que los cumplía ese día. Comieron empanadas y asaron un chivito.
La noticia la recibirían al día siguiente. En el pueblo no había teléfono y el único enlace eran los radioaficionados, que solían contactarse con el puesto local de Gendarmería. “Fue un día que nunca más olvidaré”, nos dice Jovina.
Jovina Luna, la hermana de Hermindo, realizó una denuncia penal por el cobro de indemnizaciones por parte de familiares de 9 de los 13 integrantes del comando de Montoneros que cayeron durante el ataque al Regimiento 29 de Formosa. Según la presentación, existió un pago fraudulento de indemnizaciones por estas falsas víctimas de la represión ilegal del Estado cuando, en realidad, fueron abatidos al intentar copar una guarnición militar, matando a soldados conscriptos durante un gobierno constitucional.
Fue su hermano Remigio quien recibió, en su trabajo, el telegrama que comunicaba del fallecimiento de Hermindo. A los tres días el cuerpo llegó a Las Lomitas. Lo velaron en la casa, a cajón cerrado. En el pueblo no existían las casas fúnebres. No pudieron verlo por última vez y la familia debió consolarse con abrazar el féretro.
Su hermana aún recuerda como si fuera hoy la cantidad de gente que se acercó, así como la fila interminable que los acompañó hasta el cementerio.
Su padre Jesús fallecería en 2003 y su madre Secundina, tres años después. Uno de sus tantos sobrinos lleva su nombre, y a uno de sus hijos Jovina siempre le dice “cómo te parecés a tu tío”. Porque todos saben cómo murió Hermindo, pero también deben saber cómo vivió.
Hoy recordamos a María Leonor Berardi, que tenía 15 años cuando la asesinaron. ¿Su crimen? Pasar caminando por el lugar equivocado.
El 25 de enero de 1977, a las 9.30, estalló una bomba vietnamita destinada a la Comisaría 14 de Rosario, Santa Fe, y María Leonor, que pasaba cerca, fue impactada por las esquirlas y murió, así como el agente Miguel Angel Bracamonte.
Una pareja de terroristas Montoneros había pedido usar el baño del club lindero a la comisaría y allí había dejado la bomba formada por pequeños trozos de metal que funcionan como proyectiles cuando el explosivo estalla.
El atentado fue adjudicado a Montoneros en Estrella Roja Nº 92, órgano de difusión del ERP.
CELTYV reclama Verdad, Justicia y Reparación por María Leonor, por Miguel Angel y por todas las víctimas del terrorismo!
no han recibido ninguna indemnización ni resarcimiento y cargan
con el estigma de llorar a personas que cometieron el error de morir en el
bando equivocado. Pero ¿cuántos son? El estudio privado más completo indica
que Montoneros, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y una red de
grupos guerrilleros menores mataron a 1094 personas en once años, entre
1969 y 1979.
Para tener una dimensión, se puede recordar que la organización separatista
vasca ETA mató a 864 personas, pero en cincuenta años, entre 1961 y 2011.
En treinta y nueve años menos, Montoneros, el ERP y otros grupos menores
liquidaron a 230 personas más. Como explico en mi último libro, Los 70,
la década que siempre vuelve, son muertos que se han quedado sin derechos
humanos en un país tan generoso en muchos otros casos. Nada que objetar a
las indemnizaciones a las víctimas de la dictadura y a los nietos recuperados;
por el contrario, es justo que el Estado los indemnice por los delitos de lesa
humanidad cometidos en otros tiempos a través de un uso tan nefasto del
aparato estatal.
.Crédito: Sebastián Dufour
Otra cosa son las distorsiones progresivas en el concepto original de víctimas
del terrorismo de Estado. Que han estirado la lista de víctimas más allá de la
dictadura; ahora parten de junio de 1955. También son justos los pagos a los
llamados "presos políticos" -los detenidos en la dictadura- aunque no tanto
que se extiendan a guerrilleros apresados y condenados antes del golpe de
Estado, durante los gobiernos constitucionales del peronismo, por ataques,
secuestros, atentados y muertes. Es muy difícil de justificar, en cambio, que,
además, se hayan hecho acreedores todos ellos a una pensión mensual
graciable, sin aportes, por un valor entre tres y cuatro veces superior al de la
jubilación mínima. Al igual que las indemnizaciones a todos quienes se
consideren exiliados, que resultaron asimilados a los "presos políticos"
durante la dictadura por la Corte Suprema de Justicia incluso en el monto
completo del beneficio. Y ya es absurdo que el oro público bendiga también a
los hijos de los exiliados a través de sentencias judiciales que se clonan con el argumento de que la dictadura les impidió nacer en el país de sus padres. El
caso, por ejemplo, de un sueco o un británico que apenas balbucea el
castellano y nunca pensó en vivir en la Argentina: viene, cobra (según el dólar
oficial) y vuelve a su país.
Los muertos de los grupos guerrilleros son invisibles para
los gobiernos, el Congreso y el Poder Judicial. Debido a
que murieron a manos de jóvenes que profesaban nobles ideales, no hay victimarios y, por lo tanto, tampoco
víctimas. Son muertos menores, de segunda clase, según
lo han entendido todos los gobiernos democráticos -de derecha, centro e izquierda- que se han sucedido desde el retorno a la democracia, en 1983, se presume con el
respaldo de una porción predominante de la opinión
pública
Por el contrario, los muertos de los grupos guerrilleros son invisibles para los
gobiernos, el Congreso y el Poder Judicial. Debido a que murieron a manos de
jóvenes que profesaban nobles ideales, no hay victimarios y, por lo tanto,
tampoco víctimas. Son muertos menores, de segunda clase, según lo han
entendido todos los gobiernos democráticos -de derecha, centro e izquierda-
que se han sucedido desde el retorno a la democracia, en 1983, se presume
con el respaldo de una porción predominante de la opinión pública. Una
muestra más de la supremacía moral que se otorga a las guerrillas y a sus
simpatizantes, que los blinda de tal manera que nadie parece en grado de
preguntarles libremente por qué los mataron. Y si alguien les pregunta o les
reclama, se arriesga a que inmediatamente lo vinculen con la derecha o que lo
acusen de estar a favor de la teoría de los dos demonios.
Por las dudas, aclaro rápidamente: no creo en la teoría de los dos demonios;
como dice el papa Francisco en Fratelli tutti, su última encíclica, "la violencia
ejercida desde las estructuras y el poder del Estado no está en el mismo nivel
que la violencia de los grupos particulares". Pero agrega: "De todos modos, no
se puede pretender que solo se recuerden los sufrimientos injustos de una
sola de las partes".
A pesar de la proliferación en el Estado de un Ministerio de Justicia y
Derechos Humanos de la Nación, una Secretaría de Derechos Humanos y
numerosas subsecretarías y direcciones nacionales y a secas vinculados a esa
temática, no existe ninguna nómina oficial sobre los muertos de las guerrillas.
A nadie se le ocurrió, o nadie quiso ni pudo hacerlo. Mientras esperamos esa
lista del Estado, contamos con algunos pocos registros privados. El más
completo fue realizado por el Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo
y sus Víctimas (Celtyv) -su presidenta es Victoria Villarruel, también escritora-, que durante más de tres años analizó información publicada por cuatro
diarios nacionales y diversos libros, así como revistas de los grupos
guerrilleros.
El período analizado fue acotado a once años -del 1° de enero de 1969 al 31 de
diciembre de 1979- porque sus autores consideraron que fue "la etapa más
cruenta de los ataques terroristas y en la que presumiblemente se podía
identificar con mayor facilidad a las organizaciones responsables de los
crímenes". De esa manera, la investigación dejó afuera a las víctimas
anteriores, que comenzaron el 12 de marzo de 1960 con una bomba que
explotó en La Lucila en la casa del mayor David René Cabrera. El primer
muerto de la guerrilla fue una nena de 3 años, María Guillermina Cabrera
Rojo, que estaba durmiendo junto a sus padres y tres de sus hermanitos.
El informe se refiere solo a la "población civil", a las personas que, según los
Convenios de Ginebra, "no participan directamente en las hostilidades". No
incluye a los militares y policías que cayeron en tiroteos o en ataques a
cuarteles y comisarías. Por ejemplo, no cuentan los muertos en la defensa del
cuartel de Formosa, en 1975. Sumergido en tanta afonía pública sobre esta
cuestión, uno podría pensar que, con semejantes recortes metodológicos, los
muertos debieron haber sido más bien escasos.
Salvo algunos pocos casos más o menos conocidos. Error: aun así, el número
de víctimas de la "población civil" resulta apabullante: 1094 muertos,
2368 heridos y 758 secuestrados. En total, las víctimas por delitos cometidos
por los grupos guerrilleros en aquellos once años fueron 17.382, de amenazas
y extorsiones a robos y daños colaterales. Los datos más sustantivos son los
siguientes:
*29 niños murieron, 79 resultaron heridos y 34 fueron secuestrados; total: 142.
*4380 atentados con bombas: 1600 contra personas físicas y 2780 contra personas jurídicas.
*145 empresarios víctimas: 12 muertos, 5 heridos y 128 secuestrados.
Nombres conocidos, como los hermanos Jorge y Juan Born, Gregorio
Manoukian, Enrique Pescarmona, Oberdan Salustro, Carlos Pulenta,
Raúl Minetti y Víctor Samuelson, y tantos dueños de pequeñas y medianas
empresas.
*1756 militares y policías víctimas, sin contar a quienes murieron o fueron
heridos en combate: 653 muertos, 1069 heridos y 34 secuestrados. Los de
mayor graduación entre los muertos: Aramburu y los generales Juan Carlos
Sánchez y Cesáreo Cardozo.
*215 sindicalistas con algún tipo de agresión grave. Uno de los grupos más
atacados por los guerrilleros.
*50 muertos en Tucumán, donde en marzo de 1974 el ERP instaló un frente
rural: 31 militares y policías, y 19 civiles. Sin contar, claro, a los muertos en enfrentamientos.
Fernando "Pato" Galmarini y la esposa Marcela Durrieu ambos Montoneros fueron los responsables de las bombas colocadas en la plaza Mitre de San Isidro en 1972 donde mataron al Bombero Voluntario Ayala. Rivera Ayala, falleció al intentar desactivar una bomba colocada por terroristas en la Plaza Mitre, el 26 de julio de 1972, atentado donde quedó ciego y sordo el Sr. Ricardo Nigro, también perteneciente al Cuerpo de bomberos.
Siempre es bueno recordar el origen de algunas personas para entender lo que nos pasa.