¿Por qué lleva la Bandera Argentina los colores celeste y
blanco? Según la historiografía liberal y atea, se debe a que se inspiró en “los
colores del cielo”. Según la historia real y verídica, el General Belgrano, ferviente
devoto de la Virgen, tomó los colores del manto de la Inmaculada Concepción,
como forma de homenaje a la Madre de Dios. Es decir, el General Belgrano le dio los colores celeste y blanco a la Bandera Nacional, tomándolos del manto de la Virgen, como una forma de homenaje a Nuestra Señora. El hecho tiene una trascendencia que supera lo que podemos apreciar en un primero: si
la Bandera Nacional lleva los colores de la Inmaculada Concepción, se trata de
un acto de devoción mariana; si es un acto de devoción mariana, es una gracia
y, como tal, una intervención celestial, sobrenatural, de parte de Dios Trino,
que es la Gracia Increada en sí misma y de quien emana toda gracia; si es así,
el acto de dar a la Bandera Argentina los colores de la Virgen, es decir, si
fue una gracia, fue por lo tanto una intervención de María Santísima en
persona, pues Ella es “Medianera de todas las gracias”; si es así, esto
significa que la Nación Argentina lleva como estandarte nacional un pabellón
con los colores del manto de María, porque fue María, la Madre de Dios en
persona, quien intervino, concediendo esta gracia al General Belgrano. En otras
palabras, los colores celeste y blanco de la Bandera Argentina lleva los
colores de la Inmaculada Concepción por expreso deseo del Cielo. Quien contempla
la Bandera Argentina, contempla el manto de María Inmaculada, y esto no por
obra del hombre, sino por intervención divina.
Si bien no existe ningún documento escrito por parte de
Belgrano en el que afirme esta teoría, existen sin embargo numerosos
testimonios históricos y por lo tanto, creíbles en su veracidad, que dan cuenta
de esta teoría: el manto celeste y blanco de la Inmaculada Concepción se
prolonga y refleja en la Bandera Argentina.
Utilizaremos
un artículo que recopila el trabajo de diversos historiadores, en el que se demuestra
la teoría que sostenemos, con abundante documentación[1].
“Cuando
el rey Carlos III consagró a España y las Indias a la Inmaculada en 1761, y
proclamó a la Virgen principal Patrona de sus reinos; creó también la Orden
Real de su nombre, cuyos caballeros recibían, como condecoración, el medallón
esmaltado con la imagen azul y blanca de la Inmaculada, pendiente al cuello de
una cinta de tres franjas: blanca en el medio, y azules a los costados. El
artículo 40 de los estatutos de la Orden, reformados en 1804, dice: Las
insignias serán una banda de seda ancha dividida en tres franjas iguales, la
del centro blanca y las dos laterales de color azul celeste”[2].
“Mitre
dijo que los colores nacionales blanco y azul celeste pudieron ser adoptados
‘’en señal de fidelidad del rey de España, Carlos IV, que usaba la banda
celeste en la Orden de Carlos III, como puede verse en sus retratos al óleo… la
cruz de esta orden es esmaltada de blanco y celeste, colores de la Inmaculada
Concepción de la Virgen, según el simbolismo de la Iglesia’. El artículo IV de
los estatutos de dicha orden, decretados en 1804, dice: ‘Las insignias… serán
una banda de seda ancha divididas en tres fajas iguales, la del centro blanca,
y las dos laterales de azul celeste’. Augusto Fernández Díaz recuerda
que, cuando el último ensayo de gobierno republicano de España, se acordó
cambiar la bandera rojo y gualda por otra de tres franjas: rojo, gualda y
morado, Miguel de Unamuno, entonces diputado, dijo:… Bandera monárquica
podríais acaso llamar a la celeste y blanca de los Borbones de la casa
española, cuyos colores son
también los de la República Argentina y los de la Purísima Concepción”[3].
“Si
bien la escarapela azul y blanca no se usó en 1810, y sólo aparece al año
siguiente, como distintivo de la Sociedad Patriótica; sus colores habían
adquirido una especial significación, por haberlos usado los voluntarios que
prepararon la Reconquista, y
que, reunidos en Luján, combatieron luego en la Chacra de Perdriel. Las
crónicas de Luján nos hablan del… Real Pendón de la Villa de Nuestra
Señora, bordado en 1760 por las monjas catalinas de Buenos Aires. En él había
dos escudos: unos con las armas del rey y otro con la imagen de la Pura y
Limpia Concepción de María Santísima, singular patrona y fundadora de la villa.
El Cabildo de Luján entregó este estandarte a las tropas de Pueyrredón,… como
su mejor contribución para el servicio y defensa de la Patria. Después de
implorar en auxilio de la Virgen, y usando, como distintivo de reconocimiento,
los colores de su imagen, por medio de dos cintas anudadas al cuello, una azul
y otra blanca, y que llaman de la
medida de la Virgen, porque cada una medía 38 centímetros,
que era la altura de la imagen de la Virgen de Luján; los 300 soldados
improvisados se lanzan al ataque contra 700 veteranos de Beresford, y mueren en
la acción tres argentinos y veinte británicos. Los dispersos se unen más tarde
a las fuerzas de Liniers, y obtienen, días después, la victoria definitiva, que
se atribuyó oficialmente a la intervención de la Virgen María, como consta en
las actas del cabildo de 1806. Estos colores los conservaron los húsares de
Pueyrredón en la Defensa, durante
las jornadas de julio de 1807”[4].
“¡Soldados!
Somos de ahora en adelante el Regimiento de la Virgen. Jurando nuestras banderas os parecerá que
besáis su manto… Al que faltare su palabra, Dios y la
Virgen, por la Patria, se los demanden”[5].
“Carlos
III, Carlos IV y Fernando VII vestían sobre el pecho la banda azul y blanca con
el camafeo de la Inmaculada, y el manto real lucía estos mismo colores, como
puede observarse en los retratos que adornan los salones del Escorial y el
palacio de Oriente en Madrid, donde se custodian también las condecoraciones
con la cruz esmaltada en blanco y celeste. Pueyrredón y Azcuénaga los usaron,
como caballeros de esa Orden, y Belgrano, como congregante mariano en las
universidades de Salamanca y de Valladolid. Ya hemos referido en otro lugar que
Belgrano, al recibirse de abogado, juró ‘defender el dogma de la Inmaculada
Concepción de la Virgen María, patrona de las Españas’, y que, al ser nombrado
secretario del Consulado, declaró en el acta fundamental de la institución que
la ponía ‘bajo la protección de Dios’ y elegía ‘como Patrona a la Inmaculada
Virgen María’, cuyos colores, azul y blanco, colocó en el escudo que ostentaba
el frente del edificio”[6].
“…
al fundarse el Consulado en 1794, quiso Belgrano que su patrona fuese la
Inmaculada Concepción y que, por esta causa, la bandera de la dicha Institución
constaba de los colores azul y blanco. Al fundar Belgrano en 1812 el pabellón
nacional ¿escogería los colores azul y blanco por otras razones diversas de las
que tuvo en 1794? El Padre Salvaire no conocía estos curiosos datos y, sin
embargo confirma nuestra opinión al afirmar que ‘con indecible emoción cuentan
no pocos ancianos, que al dar Belgrano a la gloriosa bandera de su Patria, los
colores blanco y azul celeste, había querido, cediendo a los impulsos de
su piedad, obsequiar a la Pura y Limpia Concepción de María, de quien era
ardiente devoto’”[7].
“Al
emprender la marcha (hacia el Paraguay) pasa (Belgrano) por la Villa de Nuestra
Señora de Luján donde se detiene para satisfacer el deseo que le anima de poner
su carrera y las grandes empresas que idea en su mente, bajo la protección de
la milagrosa Virgen de Luján. Manda, al efecto, celebrar en ese Santuario una
solemne Misa en honor de la Virgen a la que asiste personalmente, a la cabeza
del Ejército de su mando, y robusteciendo su corazón con el cumplimiento de
este acto religioso, prosigue lleno de fe y de esperanza el camino que le
trazara el deber y el honor”[8].
“José
Lino Gamboa, antiguo cabildante de Luján, juntamente con Carlos Belgrano,
hermano del General, afirmó que: ‘Al dar Belgrano los colores celeste y blanco
a la bandera patria, había querido, cediendo a los impulsos de su piedad,
honrar a la Pura y Limpia Concepción de María, de quien era ardiente devoto por
haberse amparado a su Santuario de Luján’”[9].
“El
sargento mayor Carlos Belgrano, que desde 1812 era comandante militar de Luján
y presidente de su Cabildo, dijo: Mi hermano tomó los colores de la
bandera del manto de la Inmaculada de Luján de quien era ferviente devoto. Y
en este sentido se han pronunciado también sus coetáneos, según lo aseveran
afamados historiadores”[10].
Demos gracias, por lo tanto, todos los argentinos, postrados ante el altar eucarístico, por habernos donado la Bandera Nacional más hermosa del mundo, la Bandera Argentina, que lleva los colores del manto de María Santísima.
Demos gracias, por lo tanto, todos los argentinos, postrados ante el altar eucarístico, por habernos donado la Bandera Nacional más hermosa del mundo, la Bandera Argentina, que lleva los colores del manto de María Santísima.
“¡Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor!” (Sal 33, 12). ¡Dichosa nuestra Patria
Argentina, cuyo Dios es Nuestro Señor Jesucristo, cuya Patrona es la Madre de
Dios, cuya bandera es el manto de la Inmaculada Concepción!
[3] Vicente Sierra, Historia de Argentina, Ediciones
Garriga Argentina, T. V., 1962, L. III, cap. II, 472.
[4] Rottjer, o. c., 61-62.
[5] Proclama del Coronel Domingo
French, pronunciada en Luján el 25 de septiembre de 1812; el P. Jorge María
Salvaire, Historia de Nuestra Señora de Luján, T. II, 1885, 268 ss.
[6] Rotjjer, o. c., 62-63.
[7] Guillermo
Furlong S.J., Belgrano. El Santo de la espada y de la pluma, Club de Lectores, Buenos
Aires, 1974, 35-36.
[8] P. JORGE MARÍA SALVAIRE, o. c., 262-263.
[9] JOSÉ MANUEL EIZAGUIRRE, La bandera argentina, Peuser, Buenos
Aires., 1900, 43.
[10] Rotjjer, o. c., 66.
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