Nuestra Señora de Malvinas
jueves, 31 de octubre de 2019
Malvinas Argentinas: nunca nos rendimos y jamás nos rendiremos

¡¡¡La Fuerza Aérea Argentina nunca se rindió en Malvinas !!!
Mientras cruce este cielo un avión,
Y un piloto argentino lo guíe,
no habrá nadie en el mundo que arríe,
nuestro blanco y azul pabellón.
viernes, 11 de octubre de 2019
El primer combate en el monte tucumano
A comienzos de 1975, en Tucumán, la guerra revolucionaria iniciada una década antes por las bandas guerrilleras dio un salto cualitativo.
Desde el año anterior el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) de Mario Roberto Santucho había apostado una “Compañía de Monte” para operar en la provincia norteña con la intención de separarla del resto del país y buscar el reconocimiento internacional del territorio seccionado. En respuesta a ese desafío, el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón tomó la decisión a fines de 1974 de eliminar la amenaza. Por decreto ordenó a las Fuerzas Armadas la misión de “neutralizar y/o aniquilar el accionar de los elementos subversivos” en la zona. Nacía así la “Operación Independencia”.
Hace 44 años se libró el primer combate de aquella campaña. Fue el 14 de febrero de 1975 en el río Pueblo Viejo, unos 60 kilómetros al sudoeste de la capital provincial. Un Equipo de Combate (EC) del Ejército compuesto por unos 60 hombres, de regreso de una misión de exploración bordeando el curso de agua de oeste a este, se topó con una columna del ERP de entre 20 y 30 insurrectos que parecía retirarse del sector de norte a sur.
Al frente del destacamento militar iban un cabo 1° y el Teniente Rodolfo Richter. Más atrás avanzaban el jefe del EC, capitán Juan Carlos Jones, y el Teniente 1° Héctor Cáceres. No era habitual ese orden de marcha, con los cuadros en posición tan avanzada. Pero el Ejército lo había dispuesto así para desmentir la propaganda del ERP que acusaba a los oficiales de esconderse en la retaguardia para exponer a los soldados.
Eran cerca de las 17 de una tarde calurosa y húmeda cuando Richter, quien al igual que Cáceres era paracaidista y “comando”, divisó un guerrillero al frente. De inmediato se lanzó a perseguirlo haciendo fuego con su fusil. Pero en la veloz carrera no percibió a un segundo subversivo oculto que le disparó un escopetazo por la espalda. Gravemente herido, Richter quedó tumbado, pidiendo auxilio.
Detrás de él marchaba Cáceres. Richter pensó que, al verlo herido, esperaría el momento oportuno para acercarse. Pero Cáceres no esperó. Sin dudarlo se arrojó cuerpo a tierra al lado del oficial herido mientras arreciaba el tiroteo entre las vanguardias de las dos formaciones. Ese indudable acto heroico tuvo un alto precio. Un disparo de FAL hirió a Cáceres en el hombro, atravesó el omóplato y fue directo al corazón. El teniente 1° emitió un quejido y quedó muerto. Tenía 29 años y se convirtió en el primer oficial del Ejército con aptitud de “comando” caído en combate.
El enfrentamiento fue intenso pero breve. Ante el despliegue del Ejército y el apoyo de helicópteros, los guerrilleros se replegaron dejando dos muertos sobre el terreno. Los militares habían sufrido un muerto, y tres heridos, uno de ellos, Richter, de extrema gravedad.
Había recibido diez perdigones de escopeta: dos fueron al pulmón, uno pegó en la columna y los demás se alojaron en otras partes del cuerpo. Por causa de esas lesiones quedaría paralítico para el resto de sus días. Tenía entonces 26 años.
Así terminó el primer combate en el monte contra la guerrilla de izquierda. El heroísmo del capitán post mortem Héctor Cáceres cayó en el olvido, mientras que cuatro de los oficiales que se batieron ese día de hace 44 años hoy están presos, acusados de presuntos delitos de lesa humanidad por acciones posteriores. Richter, en tanto, permaneció en el Ejército hasta 1991, cuando con el rango de teniente coronel se retiró para dedicarse al estudio y la docencia universitaria.
Con mucho esfuerzo, y después de atravesar exigentes programas de rehabilitación, el impetuoso “comando” pudo recibirse como licenciado en ciencia política, para luego ser ayudante de cátedra y profesor. Escribió además dos libros, uno en coautoría con el ex miembro del ERP, Carlos Gabetta, en el que estampan sus visiones discrepantes sobre la violencia setentista.
Richter no reniega de su pasado militar, al que recuerda con el orgullo de haber pertenecido a un Ejército que tenía una misión que cumplió con coraje y eficacia. Su inquietud está dirigida más bien a los derrotados que, con obstinada laboriosidad, no dejan de reescribir la historia del interminable conflicto de los años ’70.
“El problema -se lamenta- es que un día venga un tipo y me diga: ‘Rodolfo, vos te caíste en la bañadera, estás en la silla de ruedas porque te caíste en la bañadera, vos no combatiste nunca, no existió la Operación Independencia’. Y a eso van. Me están cambiando la historia y no quiero que cambien la historia que yo viví”.
(*) Autores de "El otro demonio", cuyo capítulo 7 está dedicado al Teniente coronel Richter.
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La derrota de la guerrilla urbana
En Monte Chingolo cayeron no solo los combatientes del ERP. Quedó también expuesta la megalomanía de sus conductores, la irracionalidad de la estrategia y la certeza de la derrota. Creían conocer el fin de la historia, pero esa probó ser una suposición equivocada
El 23 de diciembre de 1975 el ERP lanzó un ataque masivo contra el Batallón de Arsenales 601 Domingo Viejobueno, en Monte Chingolo. La decisión fue tomada por la cúpula de la organizacin terrorista después de un año de derrotas en el monte tucumano, donde el Ejército había comenzado a operar como consecuencia de un decreto de la presidente María Estela Martínez de Perón.
La viuda de Perón había ordenado el aniquilamiento de las fuerzas irregulares que intentaban establecer una zona liberada en el monte tucumano al sudoeste de la capital provincial. La enorme disparidad de hombres, armas y recursos logísticos inclinó inevitablemente la suerte de la lucha a favor de las fuerzas regulares, pero el traslado del conflicto al ámbito urbano no cambió las cosas. El asalto al arsenal Viejobueno terminó en una catástrofe por la cantidad de bajas y la desaparición la capacidad operativa del ERP.
El objetivo principal del ataque era la captura de unas 20 toneladas de material que incluía cañones, morteros y ametralladoras antiaéreas, que el líder de la organización, Mario Santucho, quería para enfrentar a los helicópteros y aviones de las FF.AA. en Tucumán. También intentaba levantar el espíritu combativo de sus hombres que estaban en retirada en la zona rural, mientras en la urbana eran eliminados sistemáticamente por las fuerzas de seguridad y el terrorismo de la Triple A.
La jugada desesperada, sin embargo, terminó acelerando el desastre. Infiltrados por el Ejército que estaba informado de sus planes, los combatientes del ERP marcharon directamente hacia una trampa.
En el cuartel los estaban esperando, lo que les costó entre 50 y 100 bajas, según la fuente. En todos los operativos montados alrededor de la instalación militar para impedir la llegada de auxilio los activistas también fueron repelidos y debieron huir con numerosos heridos.
Pero la irracionalidad de la decisión de Santucho no debe ser atribuida únicamente a la crítica situación militar del ERP. La violencia urbana combinaba la guerrilla con el terrorismo. Esa mezcla involucraba dos cosas. En primer lugar, un cambio de valores. El asesinato, los secuestros y las ejecuciones a sangre fría con fines políticos no podían estar justificados sino para una minoría fanatizada. Así el espíritu presuntamente revolucionario quedó rápidamente desvirtuado.
En segundo término, el terrorismo siempre deriva en una escalada incontrolable de violencia; tanto institucional como ilegal. A partir del segundo semestre de 1974 la lista de asesinatos diarios creció de modo aluvional. El deseo de venganza y la necesidad de exhibir éxitos militares llevaron la violencia al extremo y la racionalidad de los que conducían a las fuerzas enfrentadas se esfumó.
Buscaban el exterminio del enemigo a cualquier precio, sin medir los terribles costos que pagaban en vidas y en repercusión pública. Cuando las organizaciones revolucionarias de izquierda aceptaron el terrorismo destruyeron la última posibilidad de atraer políticamente a las masas que se proponían -al menos en teoría- redimir. Usaron el terrorismo para asaltar el poder, como los militares, la policía y el peronismo de derecha lo usó para defender al Estado que controlaban.
El resultado fue un mar de sangre que tuvo en Monte Chingolo su último y más trágico capítulo. Allí cayeron no solo los combatientes del ERP. Quedó también expuesta la megalomanía de sus conductores, la irracionalidad de la estrategia y la certeza de la derrota. Creían conocer el fin de la historia, pero esa probó ser una suposición equivocada.
Pocos meses después Santucho con la plana mayor de la organización fue sorprendido y eliminado por el Ejército en su escondite de Villa Martelli.
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miércoles, 9 de octubre de 2019
viernes, 4 de octubre de 2019
Malvinas: el sorprendente ataque al Sheffield, el primer buque inglés hundido en combate después de la Segunda Guerra Mundial
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Hundimiento del HMS Sheffield.
Una sección de aviones Super Étendard sorprendió a la Royal Navy y al gobierno de Margaret Thatcher cuando sus misiles hirieron de muerte al destructor. Cómo se planeó el ataque, los Mirage que protegieron a los pilotos navales, los Lear jet que hicieron de señuelos para distraer a los Sea Harrier y el misterio que encerró el hundimiento
Por Daniel Roca Centurión
4 de mayo de 2019
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El HMS Sheffield en llamas. Misiles Exocet de la aviación naval lo hirieron de muerte el 4 de mayo 1982
El HMS Sheffield en llamas. Misiles Exocet de la aviación naval lo hirieron de muerte el 4 de mayo 1982
El 2 de mayo el submarino HMS Conqueror había logrado hundir al crucero ARA General Belgrano. De los 1093 tripulantes 323 encontraron su destino final en el mar austral.
Al día siguiente, cerca de la una y media de la madrugada, el aviso ARA Sobral -que se encontraba en las inmediaciones de las islas buscando a la tripulación de un bombardero Canberra de la Fuerza Aérea que había sido derribado-, es atacado por un helicóptero Sea Linx británico que, desde una distancia aproximada de 20 km, le lanza un misil aire-mar e impacta en la cubierta. Ocho tripulantes mueren en medio de la explosión, las esquirlas y las llamas.
Frente al ataque, la Fuerza Aérea Sur (FAS) dispone las salidas de aviones y helicópteros de búsqueda y rescate para asistir a a los hombres de la Armada.
No había tiempo para perder. La búsqueda frenética del buque atacado reúne a los turbo hélices Fokker F-27 indicativo de misión TITAN, los Twin Otter indicativo SIERRA, un avión Mitsubishi MU-2B del escuadrón Fénix indicativo BRAVO y un helicóptero Bell 212 indicativo LIEBRE.
Recién el 4 de mayo el Sobral logra transmitir su posición a la deriva y el 5 se produce el primer contacto con el Bell 212 que logra realizar un arriesgado rescate del capo primero Enríquez con quemaduras de gravedad, para ser trasladarlo de inmediato a Puerto Deseado. El marino, gracias al rescate, pudo salvar su vida.
En su periplo cerca de las islas, la Fuerza de Tareas británica ha ido coqueteando con el peligro y el 1 de mayo sintió el fuego de la fuerza aérea: 57 misiones y 20 toneladas de bombas cayeron sobre la Royal Navy en lo que fue el "bautismo de fuego" de la Fuerza Aérea.
Los planes de la Operación Corporate, que marcaban el desembarco y la "recuperación" de las islas por parte de las tropas comandadas por el almirante Sandy Woodward, debieron posponerse.
En un solo día los ingleses sufrieron las pérdidas y daños del HMS Exeter, dos fragatas clase Amazon tipo 21, el HMS Arrow y HMS Glamorgan seriamente dañadas, la pérdida de dos helicópteros Sea Kingy la posibilidad de haber herido al Sheffield.
Woordward, frente al ataque de los aviones argentinos, dio la orden y la flota se alejó de las islas a distancias más seguras.
Pilotos, mecánicos, técnicos y soldados del Escuadrón M5 Dagger antes de una de las misiones en Comodoro Rivadavia. Los aviones de la Fuerza Aérea protegieron a los caza de la aviación naval durante el ataque al Sheffield
Pilotos, mecánicos, técnicos y soldados del Escuadrón M5 Dagger antes de una de las misiones en Comodoro Rivadavia. Los aviones de la Fuerza Aérea protegieron a los caza de la aviación naval durante el ataque al Sheffield
Desde el 21 de abril, y de todas las maneras posibles -incluso usando Boeing 707 de transporte de pasajeros-, la Fuerza Aérea había estado siguiendo a la Royal Navy desde una latitud cercana a la de Río de Janeiro.
La información conseguida era buena, pero para que los Super Étendard pudieran emplear sus misiles aire-mar Exocet la posición de los barcos a atacar debía ser "actual y precisa".
Los datos precisos que necesitaban los brindó finalmente el viejo pero confiable avión de exploración Neptune, que se encontraba "trackeando a la flota", es decir siguiendo su posición. A las 7:50 del 4 de mayo detectó al destructor inglés.
En Río Grande, se prepararon dos Super Étendard con misiles Exocet, que despegaron a las 9:45, piloteados por el capitán de corbeta Augusto Bedacarratz y el teniente de navío Armando Mayora.
La aviación argentina puso en el aire un Hércules KC-130 indicativo RATA, como nave de reabastecimiento de combustible en vuelo para los aviones de la armada, que en esta oportunidad se les asigna el indicativo LITORAL.
A su vez, una pareja de caza bombarderos Mirage M-5 Dagger de la Fuerza Aérea, conocidos como el escuadrón de "Las Avutardas Salvajes", indicativo de misión pollo, armados con misiles Shafrir, guiados por los radares desde tierra, tuvieron la misión de proteger al Hércules y a los Super Étendard.
Augusto Bedacarratz, el capitán que comandó la misión de los Super Étendard
Augusto Bedacarratz, el capitán que comandó la misión de los Super Étendard
"Volamos muy bajo, con suma discreción. No utilizamos prácticamente el radar, no hablamos por radio y solo nos comunicamos de avión a avión por señas", recordaría años más tarde Bedacarratz.
A la operación se agregaron dos Lear jet, indicativo ROTULO, de la Fuerza Aérea Sur que tuvieron la arriesgada misión de hacer de señuelo de los Harrier británicos. Estos aviones ejecutivos, sin armamento ni tampoco ningún tipo de contramedida antimisil, buscaban ser confundidos con cazas de la Fuerza Aérea -por su velocidad y por la imagen de radar similar a un avión de combate- atrayendo hacia ellos a los cazas ingleses para distraerlos del ataque real.
El reabastecimiento en vuelo se realizó a 240 kilómetros al oeste de Malvinas. La recarga permitió que la sección pudiera volar bajo, casi rozando el mar, hasta el punto de lanzamiento que estaba ubicado a 480 kilómetros de distancia.
Bedacarratz y Mayora dejaron tras de sí al reabastecedor e iniciaron el descenso y se mantuvieron volando a 15 metros sobre el mar. El cielo estaba nublando y el viento era intenso.
El Neptune transmitió la última posición de la flota y los pilotos volaron en silencio de radio, pegados al mar, para evitar ser detectados por los radares.
"La misión era sumamente riesgosa. La Armada sólo tenía cinco misiles Exocet, ya que Francia había impuesto el embargo a raíz del conflicto bélico. Además, se desconocía la efectividad de este tipo de misil aire mar, para ser lanzados desde aviones de ataque. Hasta ese momento nos se había hecho en ninguna parte del mundo. Fuimos los primeros en probarlos en Malvinas", relató el capitán en una entrevista al diario El Mundo de España 35 años después de la guerra.
Super Étendard fueron claves en la guerra de Malvinas
Super Étendard fueron claves en la guerra de Malvinas
Durante el vuelo hacia el blanco, el Neptune transmitió una corrección de posición. Los pilotos recibieron la última información y se prepararon para subir hasta 40 metros de altura por unos breves instantes. La maniobra era necesaria, a pesar del riego de ser detectados, para que la información del radar de a bordo se integrara a la programación de trayectoria del misil. En la jerga de los pilotos de combate eso se llama "enganchar" dos blancos: uno grande y uno chico.
Había que asegurar la efectividad del lanzamiento y de la operación. Los dos misiles fueron programados contra el blanco grande. "En ese instante colocamos las posiciones de nuestros sistemas de navegación. Introdujimos 20 dígitos y tuvimos que interrumpir el silencio de radio para cotejar entre los dos la información", contó el piloto del Super Étendard.
Al menos uno de los dos misiles lanzados había impacto en el destructor británico
Al menos uno de los dos misiles lanzados había impacto en el destructor británico
A las 11:05 y a unas 25 millas náuticas de su posición (aproximadamente 48 kilómetros), en aquel 4 de mayo de 1982, la dupla Super Étendard/Exocet hizo su entrada en la historia de la guerra aeronaval moderna.
Bedacarratz dio la orden de atacar. Los aviones estaban a 30 kilómetros del blanco (los ingleses aseguraron que estaban a 11 kilómetros y que por eso no pudieron detectarlos). El misil de 650 kilos tardó tres segundos en desprenderse del avión, que se sacudió en el aire al perder peso.
Al menos uno de los Exocet impactó en el Sheffield. El fuego invadió a la nave. La HMS Arrow se acercó al destructor para rescatar a los sobrevivientes de los 287 tripulantes. La fragata remolcó al destructor fuera de la zona de peligro. El ataque dejó un dramático saldo de 20 y muertos y 63 heridos. El Sheffield se hundió finalmente el 10 de mayo en aguas del Atlántico Sur.
Los pilotos pintaron en los aviones los barcos hundidos de la flota británica
Los pilotos pintaron en los aviones los barcos hundidos de la flota británica
La sección de Bedacarratz y Mayora aterrizó en Río Grande a las 12:04. Ninguno sabía, en ese momento, si los misiles habían dado en el blanco. Pero en la base de Tierra del Fuego hubo clima de celebración por el logro técnico de haber lanzado los Exocet con éxito.
Esa tarde, la BBC informó que el Sheffield había sido herido de muerte por un misil. Ante el Parlamento británico, el canciller Francis Pym admitió que el Sheffield había sido hundido. Pero eso no era verdad: el buque terminaría en el fondo del mar seis días más tarde.
Mucho se ha discutido, después del conflicto, si el Sheffield habría sido atacado por Daggers de la Fuerza Aérea Sur el 1 de mayo y si el ataque de los Super Étendard solo remató al buque de guerra inglés. Lo cierto es que esta operación dejó en claro que, si se quería hundir o al menos neutralizar a un portaaviones británico, iba a ser necesario un gran poder de fuego.
Este fue la simiente del futuro ataque al Invencible, en el cual los Super Étendard de la Armada y cazabombarderos A4-C de la Fuerza Aérea, trabajarían en conjunto contra ese insigne portaaviones. Pero esa es otra historia.
(https://www.infobae.com/sociedad/2019/05/04/malvinas-el-sorprendente-ataque-al-sheffield-el-primer-buque-ingles-hundido-en-combate-despues-de-la-segunda-guerra-mundial/?fbclid=IwAR2JoNNwEnRwxa_KgQJe3po1JqO_0gpK6udlBrqJz25juxC67OuKrkd1its)
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