Nuestra Señora de Malvinas

martes, 3 de noviembre de 2020

Argentina, en guerra contra de la subversión apátrida

 



El 3 de noviembre de 1976 Carlos Alberto Souto, gerente del laboratorio de ingeniería de Chrysler, fue asesinado por terroristas en Castelar, provincia de Buenos Aires.

Su esposa, Ana María, lo estaba despidiendo desde la puerta de su casa cuando dos hombres lo atacaron con ametralladoras e Itakas apenas se subió a su auto. 

Tras presenciar el ataque, Ana María salió desesperada a socorrerlo y le pidió ayuda a una pareja que pasaba en auto. Sin embargo éstos eran terroristas, por lo que levantaron a quienes habían asesinado a su marido y huyeron.

Carlos, herido, logró poner su auto en marcha pero a los pocos metros perdió el control y una terrorista se acercó para rematarlo a quemarropa. Falleció por los 30 balazos recibidos, dejando tres hijos, de 11, 6 y 2 años.

Los terroristas, ya cuando asesinaron a Ricardo Jorge Kenny -también ejecutivo de Chrysler- en abril de ese año, habían advertido que seguirían asesinando a personal de la compañía. Y cumplieron: Carlos Souto fue el tercero.

Para ellos y para todas las víctimas del terrorismo CELTYV exige Verdad, Justicia y Reparación!

(https://www.facebook.com/PaulaLambruschiniFanpage/photos/pcb.3695495330485029/3695494410485121/)

Héroes de Malvinas

 



"¡A ver cómo explotó!", grita el capitán Mariano Cobra Velasco, mientras lanza su bomba sobre el destructor inglés Coventry.

Son las tres y veinticuatro del 25 de mayo de 1982. La panza del avión A-4B Skyhawk acaba de rozar la antena del buque de guerra en las aguas del Estrecho de San Carlos. Los 454 kilos de explosivos salen rasantes sobre el agua, rebotan, entran por la proa y desgarran las planchas de acero. El humo negro mancha el cielo de Malvinas.

La formación de cazas "Zeus" -Velasco junto al alférez Jorge Bam BamBarrionuevo– celebra el blanco, haciendo caso omiso al silencio de radio.

La orden del capitán Pablo Cruz Carballo -que comanda "Vulcano" y junto al teniente Carlos Tala Rinke acaban de atacar a la HMS Broadsword- no tarda en llegar:

-Péguense al suelo que están tirando misiles, pegaditos, no demasiado pegados ¿ok? ¿Estan "chicas"? ¡Viva la Patria! ¡Viva la Patria, canejo! ¡Gringos de mieeerrrrrda! ¡Hiiijaaajaaajaaaa!

En el día de la Patria los pilotos argentinos dañan seriamente a la fragata Broadsword y hunden al Coventry. Están exultantes mientras dejan atrás el fuego enemigo.

El mar se traga al destructor en sólo 25 minutos. Primero, una bomba explota en la sala de computadoras y destruye el comando. Segundos más tarde, la otra entra a la sala del motor delantero, estalla debajo del comedor y el barco comienza a escorarse sin remedio.

El capitán David Hart Dyke, con su cara quemada y en carne viva, logra nadar hasta un bote salvavidas. Años más tarde recordaría: "Mi mundo explotó. En un instante percibí el calor y el crepitar del radar, que se desintegró frente a mi rostro. Cuando me recuperé no podía ver nada a través del humo denso y negro, sólo a la gente gritando en el fuego, pero podía sentir que el compartimento había sido totalmente devastado".

Los diálogos de los pilotos durante los ataque -en los audios rescatados en este video- revelan el tremendo coraje de los aviadores argentinos que volaban a 10 metros del mar, con los parabrisas incrustados de sal, usando mapas escritos con marcador rojo porque no tenían radares y con bombas que muchas veces no explotaban porque debían lanzarlas a muy baja altura -a 60 metros, casi rozando los mástiles de las fragatas misilísticas- y las espoletas de retardo no llegaban a armarse.

-¡Dio perfecto usted, señor! ¡Era una CL 42, eh! (clase de destructor). La vi clarito… , le dice Barrionuevo a Velasco después del ataque al Coventry.

-¡¡Huijaaajaaaaa!!, grita el capitán.

-Pegó en la trompa, las tres habían explotado muy bien, ¿eh? ¡Qué golazo!

-Hiiiijuujuuu ¿pegaron las tres?

-Sí, las tres. Pegaron las tres. Las vi, señor. ¡Y una en la CL 42, eh! La vi clarito, ¿eh?

-¡A ver cómo explotó esa puuutaaaa!, 

-¡Esoooo! ¡Vamos, pendejo! ¡Vamos, pendejo! ¡¡Viva la Patria!!, irrumpe Carballo en la comunicación y ordena el vuelo rasante porque los ingleses están lanzando misiles.

Hoy, 35 años después de la guerra, los ecos de esas voces rebotan en la pantalla del sonar del buque inglés HMS Enterprise, que desde 2014 recorrió 150 mil millas marinas y 20 países -en su trabajo de seguridad y operaciones marítimas- hasta arribar al Atlántico Sur.

Las imágenes llegan nítidas y conmueven a los tripulantes. Convertidas en fantasmas, podridas las maderas, corroídos los hierros, descansan en el fondo del mar los restos de tres fragatas británicas.

Muy lejos de la espuma que en la superficie golpea furiosa la costa de la Isla Soledad, la HMS Ardent, el Coventry y la Antelope ya no son aquellos orgullosos buques que cruzaron el océano junto a la flota de Su Majestad para combatir en la guerra de Malvinas. Hoy se han convertido en espectros de sal y algas marinas.

A 90 metros de profundidad, como una gigantesca ballena muerta, distinguen el borroso casco del Coventry, a 18 metros la Antelope, muy cerca la Ardent: son los despojos de los naufragios de los buques de guerra que la aviación argentina atacó entre el 21 y el 25 de mayo de 1982

Entonces, la historia de la guerra de Malvinas vuelve con fuerza. Las tres oleadas de ataques aéreos, que el 21 de mayo soportó la Ardent hasta hundirse, se rescatan en la memoria de los marinos más viejos. Todos recuerdan los negros días de la flota en aquel lejano mayo de 1982.

La Ardent estaba haciendo apoyo de bombardeo naval contra la pista de aterrizaje de Pradera del Ganso cuando se vio sometida al ataque más concentrado que ningún otro barco haya soportado durante toda la guerra. La fragata fue "golpeada" 17 veces en 22 minutos por los pilotos argentinos, y uno de cada cuatro de sus tripulantes resultaron muertos o heridos. Perdió, en proporción, más hombres que ninguna otra unidad de combate británica.

A las 11.30 del 21 de mayo despegó de la base aérea de Río Gallegos la escuadrilla "Mula" de los A-4B. El capitán Carballo lideraba, seguido por el teniente Rinke, elprimer teniente Carlos Cachón y el alférez Leonardo Carmona.

Carballo voló en silencio de radio a casi 900 km por hora. El cielo y el mar brillaban en un azul intenso que se confundía y desdibujaba la línea del horizonte. Pensó: "Todo es tan azul que si caemos al agua nunca nos van a encontrar". Miró la imagen religiosa de Jesús que tenía dentro de la cabina. Y encomendó su alma a Dios antes de la batalla.

Cachón tuvo que abandonar la misión por problemas con el reabastecimiento en vuelo. Ya sobre la Gran Malvina, el avión de Rinke presentó una falla en un tanque y le ordenaron regresar a la base. Carballo y Carmona siguieron solos. Al acercarse divisaron una fragata clase 21 en la bahía. En vuelo rasante se lanzaron al ataque.

-¡Viva la Patria!, se escuchó en la radio como un grito de guerra.

Hubo un momento de confusión: los británicos no les disparaban. ¿Sería un buque propio? En el ataque del 1° de mayo Carballo había ametrallado y bombardeado al Formosa creyendo que se trataba de un barco inglés. No quería cometer el mismo error. Y no disparó. Pero Carmona ya había descargado su bomba. Un segundo después los ingleses lanzaban sus proyectiles.

Frente a la fragata y en la soledad de su cabina, Carballo sintió "una confianza y una euforia especial porque sabía que volaba en la gracia de Dios", según confesaría en un aniversario del combate.

El mar hervía por el fuego enemigo. Habían entrado a la "zona caliente" donde en cada segundo se jugaban la vida. El piloto vio una estela blanca pasar muy cerca de su ala derecha: los británicos habían disparado un misil. En medio las esquirlas y los proyectiles, disparó sus cañones de 20 mm y perforó el casco de la nave.

Sus auriculares le entregaban el sonido de una respiración entrecortada. como la de un moribundo, de alguien que agonizaba. Pero no  había tiempo para pensar: elevó su avión y lanzó su bomba. Vio el humo negro cubriendo la proa del barco. Sólo al finalizar la misión supo que esa misteriosa y ahogada respiración era la suya.

El segundo ataque fue de los Mirage. El capitán Horacio Mir González y el teniente Juan Bernhardt (+29/5/1982) -con el indicativo "Cueca"- lograron que dos bombas MK-83 impactaran sobre popa y una tercera alcanzara la sala de máquinas. La Ardent, herida, puso rumbo a San Carlos.

Una hora después, presagiando el fin del gigante, el cielo se tiñó de gris. Una persistente llovizna azotó a los seis Skyhawk A-4Q de la Armada que volaban hacia Malvinas y se preparaban para el tercer ataque.

Los cazas navales -comandandos por el capitán de corbeta Alberto Philippi, seguido por el teniente de fragata Marcelo Márquez y el teniente de navío César Arca– se elevaron llevando cuatro bombas con cola de retardo y 190 proyectiles de 20mm cada uno. Los seguían, a seis minutos de distancia, los tenientes de navío Benito Rotolo, Roberto Sylvester y Carlos Lecour. Era un ataque masivo.

La voz de la torre de control de Río Grande rompió el silencio en la radio del líder. Advirtió:

-Una PAC (Patrulla Aérea de Combate) de cuatro Sea Harrier protegen a las unidades de superficie. En caso de no hallar el blanco deben dirigirse a San Carlos para atacar los barcos allí apostados.

Sobre las islas, Philippi balanceó las alas de su avión para avisarle a sus compañeros que había llegado la hora de descender en vuelo rasante para evitar los radares. Casi tocando el agua, con un techo de nubes plomo apretadas contra el mar, el piloto evaluó -en un segundo que pareció eterno- si seguir o regresar. Las condiciones climáticas eran pésimas, las fragatas captaban con su radar un blanco a cinco millas y los pilotos argentinos sólo tenían visibilidad a cuatro millas, desde los destructores lanzaban misiles Sea Cat y los aviones Harrier amenazaban con una dura batalla aérea. "Sigo", se dijo. Y muy cerca de Punta Federal ordenó:

-¡Vamos a atacar! ¡Viva la Patria!

El capitán inglés Alan West estaba sobre el puente de mando en la Ardent cuando vio venir a los pilotos argentinos. "¡Cúbranse!", les gritó a sus hombres. Y se lanzó cuerpo a tierra. Cuatro bombas impactaron y destrozaron el comedor, las comunicaciones, el comando.

Philippi se puso en fuga. Arca, que lo seguía de cerca, trató de esquivar las esquirlas de la bomba de su compañero. No pudo. Al atravesar la columna de fuego sintió un tremendo golpe en la cola del avión. Atrás suyo, Márquez también había lanzado sus bombas.

Juntos iniciaron el escape. Quince segundos después Márquez dio la alerta: dos cazas británicos los estaban atacando.

-¡Harrier, Harrier, enemigos a la izquierda!

Fue lo último que dijo. El teniente inglés Clive Morell accionó sus cañones y el avión de Márquez se convirtió en una bola de fuego.

Philippi no tuvo tiempo de lamentar la muerte de su compañero. El teniente inglés John Leeming había lanzado un Sidewinder. El misil impactó en la cola. El avión se estremeció y su nariz miró al cielo. El piloto argentino alcanzó a ver al caza británico que se acercaba veloz para derribarlo definitivamente.

Fueron sólo segundos donde la certeza del final y de la muerte lo abrazaron. Con la calma que precede a una gran tormenta, informó desde la radio:

-Fui impactado, estoy cayendo, estoy bien.

Y accionó la palanca para eyectar su asiento. El avión llevaba una velocidad de 900 kilómetros por hora. Al salir despedido, Philippi se desmayó. Cayó en una granja donde pasó la noche. Al día siguiente caminó hasta encontrar las líneas argentinas.

El aviador inglés Morell siguió el combate. Lanzó un misil contra el caza de Arca pero no logró derribarlo. Al girar, para salir de la línea de fuego, el piloto de la Armada se encontró con otro Harrier que estaba disparando sus cañones. Los proyectiles le dieron de lleno. Todas las luces de alarma del tablero se encendieron. Cuando se preparaba para el ataque final -porque sabía que ya no tenía resto-, sorprendido vio que los Sea Harrier abandonaban la lucha: se habían quedado sin combustible.

Arca tenía seis impactos en el ala izquierda y cuatro en la derecha. No podía regresar al continente. Bajó la velocidad, se alejó de Pradera del Ganso para evitar las baterías antiaéreas argentinas y se propuso salvar su nave: buscó aterrizar en el aeropuerto de Puerto Argentino.

Tres veces desde la torre de control le ordenaron que se eyectara. Se negó. "Baje tren de aterrizaje", le llegó la voz de un oficial de la Fuerza Aérea. Lo hizo. Y entonces recibió la orden final: "La rueda izquierda del avión está trabada, aborte aterrizaje, eyéctese ahora". Tuvo que obedecer.

Accionó la palanca, salió disparado y el avión comenzó a volar como conducido por un piloto enloquecido. Vio que su A-4Q había girado en el aire y se acercaba para impactarlo. Era el final. Rezó mientras caía en espiral. Pidió un milagro. Inexplicablemente, la nave viró cuando estaba a escasos metros. Arca cayó en las heladas aguas de Puerto Groussac. Lo rescataron extenuado y casi congelado media hora después.

Por la radio, la escuadrilla del teniente Rotolo -que volaba hacia el blanco- escuchó la feroz batalla aérea. Supo que al llegar sobre los buques de la armada inglesa tendría el camino despejado: los aviones enemigos ya no estaban en condiciones de combatir.

Junto a sus compañeros de formación se preparó para descargar sus 2000 libras de explosivos sobre la Ardent. Elevó su cazas a 60 metros, la altura mínima que daba tiempo para que las espoletas de las bombas se pudieran armar una vez lanzadas. "Me pareció que estaba tan alto que lancé las bombas e invertí el avión para bajar, algo que uno hace normalmente a 10.000 pies. Por suerte pude recuperar el caza a ras del agua", relató el capitán de navío luego del ataque.

La bomba de Lecour explotó en las entrañas del buque muy cerca de los depósitos de combustible. Syvester lanzó sus cargas y terminó de dañar la cubierta. Habían sellado la suerte de la  fragata inglesa.

La Ardent se convirtió en un infierno. Los marinos británicos intentaron vanamente controlar el fuego. Había que abandonar la nave. El comandante West, con lágrimas en los ojos, fue el último en hacerlo.

La fragata lanzó sus anclas en Grantham Sound. Sin posibilidad de salvarla, los militares ingleses la dejaron arder durante toda la noche. Veintidós hombres murieron en ese ataque. Más de 30 sufrieron heridas de gravedad. Se hundió a las 4.30 de la madrugada del 22 de mayo de 1982.

El lugar del naufragio, donde el sonar descubre su silueta sobre el lecho marino,está preservado bajo la Ley de Protección de Naufragios de las Islas Malvinas. Una boya marca el sitio exacto del siniestro.

La tercer y última imagen que los tripulantes del HMS Enterprise ven en las pantallas muestra a la HMS Antelope convertida en una estatua de sal recostada en las profundidades marinas.

El ataque argentino que condenó al naufragio a la fragata tipo 21 de la Royal Navy tuvo varios contratiempos. Finalmente, al mediodía del 23 de mayo, comandados por el capitán Carballo, volaron hacia la islas el primer teniente Rinke, el primer teniente Luciano Guadagnini y el Alférez Hugo Gómez.

Los A-4B se dirigieron en vuelo rasante sobre la isla hacia los destructores que estaban en la cabeza de playa del Puerto San Carlos. Los ingleses divisaron a los caza y lanzaron sus misiles. Un Rapier estalló debajo del avión de Carballo que volaba a 10 metros del suelo de Malvinas. Una gigantesca nube de polvo, tierra y rocas envolvió al piloto. La fuerza de la explosión hizo que el caza quedara con su panza mirando al cielo, invertido. "Tengo que eyectarme", pensó Carballo. Pero hizo un último esfuerzo para que la nave no se estrellara. Forzó los comandos, sacó al A-4B de la línea de fuego, y pudo regresar al continente en medio de los misiles que le disparaban desde Pradera del Ganso.

Rinke venía detrás. No había podido separar su avión con los 20 segundos necesarios para no recibir las esquirlas de la bomba de su líder. Se metió de lleno en la turbulencia de tierra y piedras ocasionada por la explosión. Cuando salió tenía delante de sus ojos una enorme fragata inglesa. Largó su bomba MK-17 y emprendió la huida. El artefacto pegó en la popa del barco, pero no explotó.

El ataque que siguió fue el de Gómez, que dejó caer su bomba de 500 kilos que tampoco estalló.

Guadagnini cerró la embestida, y desprendió su carga sobre la Antelope. Un segundo después, sintió que un misil le había pegado en su ala derecha. El avión, descontrolado, amagó con estrellarse en el agua. El primer teniente logró enderezarlo, pero no pudo salvarse: su caza golpeó con violencia contra una de las antenas del destructor inglés y estalló. Los fragmentos del A-4B cayeron en las aguas del Estrecho.

En un mar calmo, tan lejos de aquella dramática batalla, los marinos ingleses del Enterprise rememoran los detalles del naufragio y homenajean a los tripulantes caídos durante el ataque.

Saben que en la noche del 23 al 24 de mayo, el sargento James Pescott trabajó incansablemente para desactivar las bombas argentinas que habían penetrado la fragata. Pero una explotó y alcanzó el compartimento donde se guardaban los Sea Cat. Como un show de trágicos fuegos artificiales, los misiles iluminaron el negro cielo de Malvinas. La foto de la fragata en medio de las llamas se transformó en una de las más icónicas de la guerra.

La Antelope se partió en dos como una nuez y se hundió en la Bahía Ajax.

Desde el Enterprise arrojaran al mar una ofrenda para honrar a sus muertos. Saben que los cascos hundidos de aquellos destructores son también las tumbas de los que combatieron. Por eso, desde 1986, Gran Bretaña instituyó una ley que protege los lugares de naufragio. Cualquier persona que retire o modifique los restos de un siniestro militar será procesada, a los convictos les serán requisados sus equipos de buceo y deberán pagar multas altísimas.

Los barcos fantasmas descansan desde hace 35 años sin que nadie altere su lecho de muerte. Sólo en el otoño de 1982, pocos meses después de la guerra, 39 integrantes de la Marina Real se sumergieron a 91 metros de profundidad para recobrar material sensible y documentos de la fragata Coventry.

Clive Gale, buceador naval que participó en aquella búsqueda, recordó: "El barco se hundió en sólo 20 minutos y con él se llevó documentos que eran de importancia para la seguridad del Reino Unido. Pero éramos conscientes de que estábamos buceando en el lugar donde 19 hombres encontraron su descanso eterno. Respetamos a los marinos que yacen allí junto a su barco".

Durante la guerra de Malvinas 8 buques de la Armada Real británica fueron hundidos o destruidos, 8 quedaron fuera de combate, 5 casi inactivos y 10averiados.

Las figuras espectrales de tres de ellos están impresas en la pantalla del sonar del HMS Enterprise. Sus restos restos son tumbas de guerra. Y las hazañas de aquellos pilotos que hace 35 años sorprendieron al mundo resurgen desde el fondo de la Historia.

¿Qué tuvieron ustedes para animarse a tanto?, se le preguntó al capitán Carballo años después de las batallas. Su respuesta: "Un avión viejo y un corazón argentino".

lunes, 2 de noviembre de 2020

Héroes de Malvinas

 



Héroes de la última Gesta de la PATRIA, MALVINAS.

Tte 1ro VILLAGRA Alejandro   y Tte 1ro LEGUIZAMON. Piloto y copiloto del SA-330 PUMA matrícula AE-504 de la Compañía de Helicópteros de Asalto "A" del Batallón de Aviación de Combate 601. Estaban asignados a la Campaña Antartica de Verano de aquel 1982. Sorpresivamente los encontró la guerra al ser destacado el ARA Bahía Paraíso a Georgias.

Juntos a ellos estaba el Sargento Jorge Diaz Medin mecánico de ese Helicóptero.  Que combate fusil en mano hasta ultimo momento.

Estos hombres son el ejemplo y modelo de SOLDADO ARGENTINO. Pilotearon su máquina hacia la acción, cuando esta fue derribada no se quedaron lamentándose y tampoco se contentaron con haber cumplido en su función de pilotos. Se armaron y equiparon con los pertrechos y se sumaron a los infantes de marina...

Tres soldados más Veteranos de la última Gesta de la Patria, Malvinas.

Héroes de Malvinas: el Oerlikon de Pradera del Ganso


 


El OERLIKON DE PRADERA DEL GANSO

Durante las última horas del prolongado combate en Darwin / Pradera del Ganso se produjo una destacada actuación de los artilleros del GADA 601.

Sometidos a un incesante bombardeo de artillería e inmersos en una batalla generalizada, en el amanecer del 28 de Mayo dos aviones Pucará atacaron una zona que se creía vacía de enemigos por lo que se pensó habían errado su ataque, pero habían dado en el objetivo, poco despues, entre la tropa del GADA 601 se esparció la duda al visualizar un profuso movimiento de tropas entre las colinas, serían tropa propia replegándose o combatientes enemigos al asalto, la duda rápidamente se disipó al recibir un nutrido fuego de fusiles proveniente de esas tropas por lo que el ambiente se estremeció ante el rugido de las ráfagas de un cañón antiaéreo Oerlikon de 35 mm perteneciente al Grupo de Artillería de Defensa Aérea N° 601, que disparaba en fuego directo contra los enemigos dejando cuerpos esparcidos por las colinas en las que se habían divisado los movimientos, la rápida reacción de los artilleros, el Subteniente Braghini y los cabos Rubina y Gallo frenó en seco el avance de dos compañías del 2do Regimiento de Paracaidistas Británicos. Continuaron batiendo las zonas de avance enemigo bajo el ataque de aviones Harriers hasta que el cañón fue alcanzado por las esquirlas de un proyectil que impactó a pocos metros, quedando fuera de servicio.

Los artilleros salieron ilesos del combate.

Óleo de Ignacio Tavano Bazán, año 2020

Argentina en guerra contra la subversión apátrida


 


ARGENTINA EN GUERRA. 1959-1990 GUERRA ANTISUBVERSIVA: 28 DE OCTUBRE DE 1973, EXTREMISTAS DEL ERP-PRT ATACAN DESTACAMENTO DE CPT Y ASESINAN A DOS EFECTIVOS DE POLICÍA FEDERAL ARGENTINA

  El 28 de octubre de 1973, a plena luz del día en una zona de gran afluencia de tránsito público, en el barrio porteño de Mataderos, extremistas del ERP-PRT asesinaron a dos efectivos de la Policía Federal Argentina e hirieron gravemente a otro.

  Los hechos se registraron pasadas las 12:00, en el Destacamento 10 del CPT (Cuerpo de Policía de Tránsito) ubicado en Avenida General Paz y Emilio Castro, cuando un Peugeot 504 celeste, ocupado por 4 individuos, detuvo su marcha frente al mencionado puesto policial. El pasajero que viajaba delante, junto al conductor, se bajó simulando estar extraviado y para realizar una consulta dirigiéndose al sargento Héctor Couto, le preguntó cómo podía hacer para llegar a Quilmes. Luego de hacer la venia, el suboficial se acercó para indicar el camino cuando desde el interior del rodado partieron varios disparos a traición que lo alcanzaron de lleno, y cayendo sobre la calle, ya sin vida.

  Al sentir las detonaciones, el agente Saturnino Medina que se encontraba en un puesto sanitario distante a unos metros de distancia, reaccionó de inmediato e intentó repeler la agresión pero recibió varios impactos que lo hirieron de muerte.

  El terrorista que se había bajado del auto se abalanzó sobre Couto, para despojarlo de su armamento. Justo en ese momento, apareció un móvil patrullero del 5º Cuerpo de Vigilancia de PFA, cuyos ocupantes, al ver la acción, frenaron bruscamente y se trabaron en duro combate contra los extremistas, que en total eran 8, ya que contaban con un vehículo de apoyo.

  En el intercambio de disparos, cayó herido el cabo Juan Carlos Paglia, no sin antes alcanzar al sujeto que intentaba despojar de su armamento a Couto.

  El cabo Paglia advirtió al extremista corriendo con dificultad pero antes de alcanzar el rodado, sus compañeros emprendieron la fuga sin darle tiempo a subir, seguidos por la Jeep Gladiator de apoyo en la que se desplazaban los otros 4 subversivos.

  Medina y Paglia fueron socorridos por sus camaradas, el personal del puesto sanitario y varios transeúntes que habían buscado cobertura al producirse el tiroteo. Una ambulancia evacuó a ambos hacia el Hospital Churruca donde a poco de llegar, el primero dejó de existir. Ambos policías fallecidos pertenecían a la Compañía A de la Agrupación Destacamentos del CPT.

  El cabo Paglia quedó internado, con pronóstico reservado, pero su evolución de los días siguientes fue favorable hasta lograr recuperarse.

  A pocas cuadras del lugar donde se produjo el ataque, se logró detener al extremista herido, quien resultó ser Fernando Dondero, argentino de 19 años, el cual presentaba una herida de bala y llevaba consigo un revolver calibre 38 con seis vainas servidas. El delincuente fue desarmado y derivado al Hospital Salaberry bajo fuerte custodia policial, para ser puesto a disposición de la Justicia, que lo juzgó y condenó legal y constitucionalmente, pero sólo estuvo detenido hasta el 1983, cuando recuperó la libertad en el gobierno de Alfonsín.

  El órgano de difusión del ERP-PRT, la revista "Estrella Roja", en su edición N° 27 del 17 de diciembre de 1973, se adjudicó el atentado y los asesinatos de los efectivos policiales, y reconoció el nombre del extremista herido y abandonado. Fernando Dondero, actualmente es Secretario General del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA), un delincuente enemigo de la Democracia y la Nación Argentina que jamás pagó por el crimen cometido.

SARGENTO 1° HÉCTOR COUTO, CABO SATURNINO MEDINA, ¡SALUDO UNO!

El español se habla en EE.UU desde 1565" [Discurso en español del Senador Tim Kaine]