Nuestra Señora de Malvinas
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jueves, 8 de abril de 2021

Operación Rosario, la reocupación argentina de Malvinas

 


Operacion Rosario - Ortada

El 2 de abril de 1982 las fuerzas argentinas invadieron y ocuparon militarmente las islas Malvinas, desencadenando la guerra más sangrienta de la argentina actual.  La Operación de desembarco y toma de las islas se denominó Operación Rosario, se planeó y se concretó de tal forma que a día de hoy se la sigue estudiando en academias militares de todo el mundo.

Los antecedentes de la Operación Rosario

En diciembre de 1981 la junta militar que gobernaba el país comenzó a planificar una operación para la recuperación de las islas Malvinas. La operación tenía el objetivo de recuperar la soberanía argentina sobre las islas Malvinas, que había sido arrebatada por los británicos en 1833.
La operación se iba a llevar a cabo completamente con personal de la Armada Argentina; pero decidieron agregar una Unidad de Ejercito porque en todas las conquistas argentinas participo el ejército. No solo le iban a dar una misión simbólica, sino que recibieron un objetivo muy importante. El designado fue el Regimiento de Infantería 25, al mando del Teniente Coronel Seineldín. La operación debía llevarse a cabo a mediados de mayo, pero la fecha se tuvo que moverse a abril porque surgió el rumor de que un submarino nuclear estaba siendo enviado a las islas, lo que arruinaría la operación totalmente.

Operacion Rosario - Bandera
Bandera británica capturada por las tropas argentinas.

Las fuerzas de tareas

Una fuerza de tareas es una unidad militar formada para realizar una tarea en específico y luego de cumplir con esa tarea se disuelve.
Para la Operación Rosario la Armada formo dos fuerzas de tareas para llevarla a cabo, la Fuerza de Tareas 40 o Fuerza de Tareas anfibia; dirigida por el Contralmirante Gualter Allara, integrada por las tropas de desembarco, tanto de la Armada, como del Ejército. También para apoyo de la FT40 se formó la Fuerza de Tareas 20 que serviría de apoyo logístico y de apoyo aeronaval Capitán de Navío J.J. Sarcona.

La partida del continente

El 28 de marzo de 1982 las Fuerzas de Tareas partieron desde el continente hacia las islas, con el objetivo de llegar a las islas entre el 1 y el 3 de abril; pero ya estando en el norte de las islas la FT40 se vio envuelta en un temporal, por lo que fijaron el desembarco para el 2 de abril. El destructor ARA Santísima Trinidad lideraba la formación y en el centro estaba el buque de desembarco de tanques ARA Cabo San Antonio.
Durante el trayecto el Teniente Coronel Mohamed Ali Seineldín (Jefe del Regimiento de Infantería 25) propuso que el nombre de la misión sea Operación Rosario y así lo acepto el resto de la misión.
Finalmente el 31 de marzo la flota argentina corto finalmente comunicaciones con el continente.

El desembarco de la Operación Rosario

El 1 de abril, a las 21:18, el primer grupo desembarco del ARA Santísima Trinidad. Un total de 84 comandos anfibios y buzos desembarcaron en Mullet Creek cerca de las 23:00. A esa misma hora, otros 10 buzos tácticos desembarcaron del submarino ARA Santa Fe para tomar el faro Cabo San Felipe. El primer grupo aseguro la playa y espero a las tropas de desembarco, que luego se dividieron en dos grupos, el primero se dirigió a los barracones de la Real Infantería de Marina británica; mientras que el segundo se dirigió a la casa del gobernador.

Operacion Rosario - Rendicion
Miembros de los Royal Marines entregando sus armas luego de rendirse a las tropas argentinas.

Comienzan las hostilidades en el atlántico sur

El grupo que se dirigió hacia los barracones se colocó en posición y comenzó con el ataque a los barracones con granadas aturdidoras; pero la clave de toda la operación era no matar a ningún enemigo, para que el gobierno pueda negociar con el Reino Unido para tratar de llegar a una solución pacífica. Al cabo de unos minutos al no recibir fuego de respuesta entraron a las instalaciones y no encontraron a ningún enemigo.
Por otro lado el segundo grupo se dirigió a la casa del gobernador para tomarla, comandado por el Capitán de Corbeta Pedro Giachino; le pidió la rendición al gobernador y al no recibir respuesta se decidió entrar a la casa; donde comenzó el tiroteo generalizado y el mismo Pedro Giachino fue herido de muerte, volviéndose la primer víctima de esta contienda.
Luego de un tiempo las tropas británicas se rindieron y la Fuerza de Tareas tomaron la capital de puerto Stanley, que se renombro como puerto Argentino.

Operaacion-Rosario-Prisioneros
Prisioneros de guerra británicos siendo escoltados por tropas argentinas.

El detonante de una guerra

Esta operación es el primer detonante directo y la primera batalla de la guerra de las Malvinas. La operación terminó de forma espléndida en la que los argentinos no produjeron ninguna baja en los enemigos y sólo tuvieron una pérdida, el Capitán de Fragata Pedro Edgardo Giachino. Esta operación salió tan a la perfección que a día de hoy se sigue estudiando en academias militares de todo el mundo.
Luego de esta contienda los argentinos comenzaron a establecerse en las islas y preparar la defensa; aunque también comenzaron las charlas diplomáticas para tratar de solucionar el conflicto de otra manera, aunque sabemos que no se pudo. Los Británicos capturados en las islas fueron regresados al Reino Unido como muestra del gobierno argentino para lograr una medida diplomática que solucione el conflicto.

(https://cordoba.italiani.it/operacion-rosario-la-reocupacion-argentina-de-malvinas/?fbclid=IwAR3l2jgq-IKCwnBuy1Yu5uh5WEDr22xWcfPUthxYHQ6hdfxq6azLZy9ynNQ)

sábado, 3 de abril de 2021

Malvinas: Operación Rosario - Arenga del almirante Büsser antes del desembarco

 


Malvinas: Operación Rosario - Arenga del almirante Büsser antes del desembarco:

https://www.youtube.com/watch?v=HQkh2TetmtU

Comandos Anfibios Argentinos en la Operación Rosario

 


28/03
En un día como hoy zarpaba el ARA Santísima Trinidad transportando a la Agrupación de Comandos Anfibios con una dotación de 91 hombres ( incluyendo 8 buzos tácticos agregados ). Esta Unidad desembarcó reunida el 1° de abril a las 21 horas  y tomó los dos objetivos principales: el Cuartel de  Royal Marines y la Casa del Gobernador. En este último objetivo debieron converger las dos patrullas para porder consolidar la misión de recuperación de Malvinas el 2 de abril.
VIVA LA PATRIA!!!
STIRPS VIRILIS !!!!!

(https://www.facebook.com/Comandos-Anfibios-Argentinos-174884419221086/photos/pcb.4039799739396182/4039784789397677/)

jueves, 1 de abril de 2021

El ARA Santísima Trinidad encabeza la gloriosa "Operación Rosario"

 


Un 28 de Marzo del año 1982,hace 39 años zarpabamos de la Base Naval de Puerto Belgrano,asiento natural de nuestro glorioso Destructor "Santísima Trinidad".a iniciar el desembarco por la recuperación de nuestras Islas Malvinas.

Una gesta que quedará en la historia argentina,un honor y orgullo de haber sido parte junto a todos aquellos que participaron!!

¡¡¡Viva la Patria!!!!

jueves, 11 de marzo de 2021

Anécdotas de la Operación Rosario

 


UNA ANÉCDOTA DE LA "OPERACIÓN ROSARIO".

Por el Aviador Naval,(TN) Pablo Loubet 

Operación Rosario en marcha, me había incorporado como Copiloto de un helicóptero Lynx (WG-13); a bordo del Destructor A.R.A. “Santísima Trinidad” para participar en una operación que cambiaría la historia de nuestra Nación: la recuperación de las Islas Malvinas.

Demoré poco tiempo en tomar conciencia de la magnitud de la empresa, al observar quiénes se encontraban allí: el Señor Comandante del Teatro de Operaciones Malvinas, su Estado Mayor y la Agrupación de Comandos Anfibios, entre otros. Toda la Unidad era una verdadera máquina de guerra, que se preparaba febrilmente para el combate. Se alistaban las armas, se desplegaban cartas del objetivo y se ultimaban los detalles memorizándolos una y otra vez; nada se dejaba librado al azar. Todos y cada uno de los hombres allí reunidos, volcaban sus experiencias y conocimientos para un mismo fin, sin importar orientaciones, especialidades ni rivalidades absurdas y triviales. Dentro de esta vorágine guerrera, sobresalía un Cabo Principal de Infantería de Marina, de quien nadie sabía cuándo y dónde había embarcado. Circulaba por el buque llevando un cilindro porta-cartografía de tamaño mediano y solicitaba a cuanto superior veía, ser trasladado al B.D.T. A.R.A. “San Antonio”. Debía entregar en forma personal al Señor Comandante de Infantería de Marina, información que él guardaba dentro de ese cilindro, de suma importancia para la operación de desembarco.

Teniendo en cuenta el nivel de la información (y la insistencia del Cabo), se nos ordenó trasladarlo.— ” Si era tan necesario llevar al Cabo y su cilindro, entonces, gracias a nuestro vuelo, se podría cerrar algún detalle de la planificación anfibia”, pensaba en el trayecto de ida al B.D.T.”

El viento soplaba fuerte y el buque, atravesado a la onda del mar, se mecía en un amplio y generoso rolido. La cubierta estaba atestada de vehículos de todo tipo y a pesar del mal tiempo, se veían muchos infantes de marina (como siempre, asomados por cuanto reducto, tambucho, ojo de buey o agujero aceptara el pasaje de una cabeza humana).

El piloto maniobró para colgarse sobre el techo de uno de esos vehículos y, en poco tiempo, el Cabo y su carga llegaron a destino. A partir de este momento quedó sembrada la duda sobre la magnitud de la información alcanzada y cuál su contribución al desarrollo de la Operación.

Finalizado el conflicto y leyendo un artículo titulado “Operación Rosario” (Revista Desembarco Nº 114, Mayo/Junio 1982), encontré mi eslabón perdido, cuyo fragmento dice así:

“. . .EN ESOS MOMENTOS COMENZO A DESCENDER DESDE UN HELICOPTERO EL CPIM C. (BIVH) PORTANDO UN EXTRAÑO CILINDRO. DICHO CABO HABIA PERDIDO EL BUQUE (SAN ANTONIO) Y LUEGO DE EMBARCAR COMO POLIZON EN EL A.R.A. “SANTISIMA TRINIDAD”, LOGRO SER TRANSFERIDO AL B.D.T. ARGUMENTANDO QUE EL ALUDIDO CILINDRO DEBIA LLEGAR AL COMANDANTE DE INFANTERIA DE MARINA POR SU INTERMEDIO, DADO QUE SU CONTENIDO ERA MUY IMPORTANTE PARA LA PLANIFICACION (JAMAS SE LLEGO A CONOCER EL CONTENIDO DEL MISTERIOSO CILINDRO)”.

Hoy cumple años el Sr VGM (TN) Pablo Loubet Jambert, aviador naval...y quiero saludarlo compartiendo su anécdota de aquel día Histórico...

FELIZ CUMPLEAÑOS QUERIDO SR!!! EL MEJOR DE LOS DESEOS PARA UD EN SU DIA..

PASELO LINDO Y CUIDESE MUCHO.

#ProhibidoOlvidar 

#MalvinasArgentinas 

#malvinizarsiempre

viernes, 7 de junio de 2019

2 de Abril: los eventos de una recuperación perfecta


La recuperación de las Islas Malvinas para su incorporación definitiva a la soberanía nacional ya había sido decidida. La precipitó lo que los ingleses consideraron un incidente con operarios de una empresa argentina que izaron en la punta de un remo una bandera argentina. La mecha estaba encendida. Se haría un asalto directo y sorpresivo a la capital, Puerto Argentino, para provocar una repercusión política internacional tal que obligara a Gran Bretaña a negociar seriamente la soberanía de las islas de acuerdo a las resoluciones de Naciones Unidas. 

Debían evitarse bajas enemigas, instalar un gobierno argentino en las islas y retirar las fuerzas de recuperación, dejando sólo los efectivos indispensables para la seguridad. Cada Comandante y Jefe de Batallón o Regimiento recibió cinco sobres lacrados que se abrirían al recibir la orden.

Con un sol radiante del 28 de marzo, como todavía acostumbra regalar marzo en la zona de Puerto Belgrano, zarparon de la base naval el buque de desembarco ARA “Cabo San Antonio” con todo el Batallón de Infantería de Marina Nº 2 (BIM2) a bordo, unos 750 hombres. También 20 VAOS (vehículos anfibios a oruga) y un VAR (a rueda); 30 vehículos de la Infantería de Marina y parte del Regimiento de Infantería Nº 25 del Ejército; en total una carga de combate de 8 mil toneladas.

De la misma dársena soltó amarras el buque insignia de la Flota de Mar, destructor misilístico ARA “Santísima Trinidad”, con las tropas de Fuerzas Especiales de la Armada que tomarían el cuartel de los Royal Marines, más los hombres (16 entre buzos tácticos y comandos anfibios) quienes bajo órdenes del Capitán de Corbeta Pedro Edgardo Giacchino tomarían la casa del Gobernador para lograr su rendición.

A esas alturas el submarino ARA “Santa Fe”, que la noche anterior había bajado su periscopio mientras abandonaba aguas marplatenses haciéndose invisible, navegaba hacia el sur para sumarse a la operación. A bordo iba la Agrupación Buzos Tácticos encargados de marcar la playa para el desembarco del BIM2. Mientras que en el rompehielos ARA “Almirante Irizar” iba el personal de reserva y un helicóptero Puma del Ejército.

El resto de la Fuerza de Tareas N° 40 estaba integrado por el destructor misilístico ARA “Hércules”, el portaaviones ARA “25 de Mayo”; los destructores ARA “Py”, ARA “Seguí” y ARA “Piedrabuena”; las corbetas ARA “Drummond” y ARA “Granville”, y el transporte ARA “Isla de los Estados”. También, por ser una operación naval conjunta, incluyó a un avión C-130 Hércules de la Fuerza Aérea; unidades de la 1° y 2° Escuadrilla Aeronaval de Helicópteros; aviones caza A 4-Q de la 3° Escuadrilla Aeronaval de Ataque; y aviones S2T-Tracker de la Escuadrilla Aeronaval Antisubmarina. El puño que daría el primer golpe no podía titubear.

Al poco tiempo de zarpar, se dio la orden de abrir los sobres. La operación sería la recuperación de las Islas Malvinas. Los buques navegaron a toda máquina, pero desde el 29 –y por tres días– los frenó un temporal capaz de sacudir hasta la mesoatlántica -cordillera bajo el mar–; tanto que un rolido alcanzó los 46°. Muchos hombres de las tripulaciones fueron afectados por mal de mar, por lo que el día “D” previsto originalmente para el primer día de abril debió retrasarse. Era preciso al menos un día de mar calmo para efectuar el desembarco.

La operación de recuperación de las Malvinas había sido bautizada inicialmente como “Operación Azul”, pero en medio del fuerte temporal el entonces Teniente Coronel Mohamed Alí Seineldín, embarcado en el “Cabo San Antonio”, recordó que cuando ocurrieron las invasiones inglesas al Río de la Plata, el General Liniers había enfrentado inclemencias que cesaron cuando invocó a la Virgen del Rosario. 

Por esa sugerencia, el Contralmirante Büsser, Jefe de la Fuerza de Desembarco, rebautizó la operación como “Operación Rosario”: el cambio en las condiciones climáticas que posibilitó el inicio de las acciones el 2 de abril quedó para siempre adjudicado a la intercesión de la Virgen. Sin embargo, el factor sorpresa se había perdido.

“Habitantes de las Islas Falklands, les habla el Gobernador Hunt, tenemos información que una fuerza de tareas argentina zarpó del continente y viene navegando hacia las Islas (…)”; fue parte del mensaje que se escuchó la noche del 1° de abril en la radio del “Cabo San Antonio”.

Algunos planes cambiaron. Los desembarcos pensados hacia el Noreste de las islas se replanificaron hacia el Este. Sobre las frías aguas del Atlántico Sur emergió de las profundidades una silueta robusta. Primero el tubo periscopio, luego la torreta y finalmente el resto del submarino ARA “Santa Fe”. 

Esperaban la recepción de la que sin dudas sería la orden más importante de sus carreras. Regía el silencio absoluto de radio, por lo que el señalero se dirigió al reflector de señales y envió en Morse luminoso: “Operación Rosario: aguardo confirmación”.

Mil metros a babor del submarino, desde el ARA “Santísima Trinidad” que ya había ingresado a la Bahía Enriqueta, los parpadeos de luces fueron claros. “Hora y lugar confirmados”. El “Santa Fe” viró y se sumergió.

Recuperar las islas
A bordo del “Santísima Trinidad”, los comandos anfibios y buzos tácticos se prepararon concentrados en su objetivo. Repasaron en sus mentes la que debía ser su actitud durante el desplazamiento y en el objetivo mismo. Pondrían en práctica lo que tantas veces, en las peores condiciones climáticas y de mar grueso, habían entrenado. 

Por algún motivo sintieron que todo se aceleró; se impartieron las acciones a desarrollar y toda la secuencia de aproximación de buque a costa. Los kayaks serían los primeros y una vez asegurada la cabecera de playa, desembarcaría el resto de las Fuerzas Especiales.

Dibujaron la carta en sus cabezas: distancias, rumbos, obstáculos, alambradas, caminos, alturas, ríos, todo. Lo estudiaron al detalle para que ese mapa fuera parte suya. Probaron el armamento y lo limpiaron. Les dieron granadas, donde cada uno llevó las que creía que podía necesitar, y cargadores con alrededor de 1500 disparos a granel.

Esa noche se reunieron en equipos de combate y, con todas las luces apagadas, sobre las 21 del 1º de abril comenzó el movimiento buque a costa. El “Santísima Trinidad” paró motores. Se tendieron las redes de desembarco, se cargaron las mochilas y descendieron a toda velocidad.

La oscuridad de la nubosa noche sólo era interrumpida por una tenue luz de luna que parecía cómplice de la operación. Los cachiyuyos –similares a algas– se enredaban en los motores de los botes y complicaban el avance, que continuaba a fuerza de machetazos. Entrada la noche la oscuridad se cerró más y la delgada línea que hacía minutos representaba la costa, desapareció. 

La playa regalaba una sola rompiente que resonaba con fuerza y ocultaba los ruidos. Ni siquiera se oían los motores que llegaban más atrás. Cuando varó el primer kayak un silencio absoluto habitaba la costa y no se veía absolutamente nada. Hasta las luces de la ciudad y el faro San Felipe fueron apagadas.

Con una rápida técnica de barrido en flor de unos 150 mtrs., los primeros comandos aseguraron la zona y con el visor nocturno hicieron la marcación infrarroja a los otros botes, que desembarcaron y armaron la cabeza de playa unos 250 metros más adelante. Luego desembarcaron los 20 botes restantes.

Como un relámpago se encolumnaron y avanzaron a los objetivos. En el punto de disloque, la patrulla del Capitán Pedro Giachino se abrió hacia la Casa de Gobierno mientras el resto siguió avanzando con el Capitán Guillermo Sánchez Sabarots hacia el cuartel de los Royal Marines. 

Estaban marginales con el tiempo, por lo que debieron apretar la marcha. Faltando cuatro minutos para las 6 cruzaron el puente donde la avanzada ya había preparado las cargas de demolición para aislar el objetivo, de ser necesario. Nada entra, nada sale.

Iniciaron el asalto. Desde el cuartel comenzaron a tirar hacia la zona del Teniente Sergio Robles, abriendo una brecha por donde los ingleses se fugaron. Los comandos ingresaron al cuartel rompiendo puertas y ventanas. Cada uno tenía un lugar de ingreso específico. “Limpiaron” el cuartel recorriendo todo. Segundos después arriaron la bandera inglesa e izaron la argentina. Fue la primera bandera que volvió a flamear en Malvinas.

Mientras tanto en la casa del gobernador se solicitaba la rendición. “Mister Hunt, somos marinos argentinos, la isla está tomada, los vehículos anfibios han desembarcado y vienen hacia aquí, hemos cortado su teléfono y le rogamos que salga de la casa solo, desarmado y con las manos sobre la cabeza, a fin de prevenir mayores desgracias. Le aseguro que su rango y dignidad, así como la de toda su familia, serán debidamente respetados”, dijo el Teniente Diego García Quiroga, quien ya secundaba a Giachino.

No obtuvieron respuesta y por eso arrojaron una granada para disuadirlos. Una voz que provenía de la casa contestó: “Mr. Hunt is going to get out.” Pero no salió. García Quiroga reiteró el mensaje, pero la voz aseguró: “Don’t go (Mr. Hunt),” y esas palabras vinieron seguidas de un tiroteo.

Lo que siguió se inscribió para siempre en la historia de la recuperación de Malvinas y fue parte del precio de ver la bandera argentina en alto. Giachino y García Quiroga seguidos de tres hombres se lanzaron al interior de la casa. El primero rompió el vidrio de una puerta y abrió el picaporte. El resto fue cuestión de segundos: un feroz tiroteo, a Giachino lo alcanzan las balas británicas, cae y el segundo en resultar gravemente herido es García Quiroga, que iba detrás.

–Me dieron, Cristina, me dieron–dijo Giachino, como si desde el continente su mujer pudiese escucharlo–. García Quiroga sintió que le arrancaban el brazo, fue el primer tiro; el otro le dio en el abdomen. Hoy una navaja suiza exhibida en la Agrupación Buzos Tácticos es la muestra de suerte, que también es azar y destino, porque paró la bala que reclamaba su vida.

Giachino llamó al Cabo enfermero Urbina, pero éste también había sido batido. Ya en el suelo y anticipándose a la posible pérdida de conocimiento, el Capitán Giachino tomó la correa de sus binoculares y ató la granada –con la que rompió la ventana– para que no explote, evitando la muerte de todos los de la casa. A esas alturas ya estaba bañado en sangre.

La patrulla de Sánchez Sabarots escuchó los estruendos de la balacera que resonaron desde la Casa de Gobierno y corrieron a apoyar a Giachino que estaba a unos 7 kms. A unos 500 mtrs. de la Gobernación se separaron. Sabían que la fracción inglesa los superaba en número. Avanzaron desplegados de a cuatro viendo las cabezas y las antenas de comunicaciones enemigas. A pesar de llevar el arma cargada con el fuego abierto tenían la orden de no causar bajas enemigas.

A 50 mtrs. de la casa se levantaron todos juntos avanzando con las armas apuntadas y, cuando saltaron un ligustro espinoso listos a descargar, se escucharon las voces de alto el fuego en español y en inglés.

Tres horas antes, en un punto más al Noreste y ya promediando la madrugada los buzos tácticos del “Santa Fe”, enfundados en sus trajes secos y completamente camuflados, desembarcaron para cumplir con su misión. Doce hombres. Apenas tocaron la costa una bengala los iluminó como si fuera de día. Se prepararon para recibir fuego enemigo, pero nada. La misión era habilitar y proteger esa playa hasta que las tropas argentinas desembarcaran, y ese aviso tenía un tiempo límite: las 6:30. Esa bengala demoró en un minuto el cumplimiento de ese tiempo; 6:31, revisada toda esa playa, avisaron al “Cabo San Antonio” que estaba marcada, es decir libre.

Después de unos minutos agazapados, haciendo una especie de trinchera por si había que soportar un ataque, comenzaron a pasarles por al lado los VAO de la Infantería de Marina cuando el crepúsculo matutino empezaba a convertir las siluetas de las islas en certeza.

Se formaron a la derecha de un VAR y en ese momento se abrieron las tapas y en un acto espontáneo todos comenzaron a gritar “¡Viva la Patria!”.

Después de enfrentar las defensas inglesas que custodiaban el aeropuerto y de quitar los vehículos que habían sido atravesados en la pista, el VAO con el Coronel Seineldín llegó lleno de impactos de bala al hospital de Puerto Argentino. Ya sabían que el Capitán Giachino había sido herido. Seineldín entró al hospital y diez minutos después volvió a salir para darle el pésame a sus hombres, todos reunidos afuera. Giachino había muerto.

Para entonces en la isla ya había más de 800 soldados argentinos desplegados y se habían iniciado los vuelos que traían al resto de las tropas del Ejército, lo que motivó la rendición del Gobernador, quien pidió parlamentar con el Estado Mayor de la operación. Un jeep con bandera blanca condujo al Contralmirante Büsser a su casa. La Operación Rosario había sido ejecutada con precisión y sin bajas enemigas.

Una trompeta sonó poniendo a todos en firme para iniciar el saludo. Después de casi 150 años, la bandera argentina estaba izada en la Gobernación de Malvinas, y con ella comenzaban 74 días de guerra.

(GACETA MARINERA)
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