Relato del criminal ataque de los sangrientos terroristas subversivos del ERP al Batallón de Arsenales ubicado en Monte Chingolo.
Hace 45 años, en las vísperas de la Navidad, una importante columna del ERP atacó el Batallón de Depósito de Arsenales Domingo Viejobueno, con el propósito de robar armamento. Uno de los conscriptos que enfrentó a los guerrilleros para proteger el cuartel contó a Infobae los trágicos momentos vividos en ese caluroso atardecer del 23 de diciembre de 1975
El conscripto Chavanne, en el corto tiempo que tuvo en la Brigada Aerotransportada 4. Es el quinto, de la fila de arriba.
Fue un instante. El sargento Saravia, pistola en mano, lo tironeó con fuerza del brazo, justo en el momento en que un camión Mercedes Benz 1112 azul manejado por el “sargento Manuel”, del ERP embistió el portón del regimiento, provocando que sus dos hojas se abriesen violentamente. El quilmeño Eduardo Luis Chavanne, soldado clase 54, bombero voluntario por vocación desde 1972, sintió el tirón y obedeció. Aún lo ignoraba, pero sería uno de los protagonistas de la operación más importante del grupo guerrillero, que planeaba robar gran cantidad de armamento del Batallón de Depósito de Arsenales Domingo Viejobueno, en la localidad bonaerense de Monte Chingolo.
Cuando le tocó cumplir con el servicio militar, Chavanne fue al Distrito Militar La Plata con una decisión tomada: quería ser paracaidista. Fue destinado a la IV Brigada Aerotransportada de Córdoba. Pero a los pocos días, junto a algunos soldados más, fue enviado de vuelta a Buenos Aires con una camada que justo salía de baja. “Viajé con los cardenales, como le decían, por las boinas rojas que lucían”, recuerda.
De ahí en más, tal como le habían indicado, debía presentarse todos los miércoles en el Distrito Militar para que fuera nuevamente destinado. Invariablemente recibía la misma respuesta. “No tenés destino”. Hasta que una semana decidió presentarse un jueves. “Llegaste justo. Tomate el colectivo y presentate en el Batallón de Arsenales Viejobueno, que falta un soldado”. Era marzo de 1975 y tenía 21 años.
Asignado a la Compañía Comando y Servicio, con el correr de las semanas fue asistente del teniente primero Massini. Lo que más le afectaba era quedarse en el cuartel los domingos, especialmente cuando jugaba Quilmes, club del que es fanático.
Ese martes 23 de diciembre de 1975, a las 18:50 cuando el sargento Saravia lo tomó del brazo, se había retrasado unos diez minutos en incorporarse al retén de guardia. Le tocaba el Puesto 9, que todos la conocían como “la tosquera”, que daba a la avenida Pasco.
Chavanne en la fotografía que le tomaron cuando se incorporó al Batallón de Arsenales Domingo Viejobueno.
Chavanne salía de la guardia, iba por el patio de armas, cuando llegó la advertencia de Saravia. “Estábamos donde caería el soldado Sessa”, explicó. Juntos vieron cómo un camión, seguido por otros vehículos, irrumpía en el cuartel. Ambos se dirigieron a refugiarse en la cantina, y mientras corría cargaba su FAL. El cantinero, su esposa y una empleada no entendían lo que sucedía.
Y se desató el infierno.
En la cantina, había otros dos soldados. Chavanne rompió el vidrio de una ventana y comenzó a disparar. Un proyectil le rozó la oreja. Incrédulo, se sentó.
Los gritos de Saravia lo volvieron a la realidad. “¡Vamos! ¡Vamos! ¡Apunten!”. Ahí fue cuando Chavanne comprendió el por qué, durante la instrucción, los militares ordenaban a los gritos.
El tableteo era constante. “Con el correr de los minutos, empezamos a tirar con más puntería”, relató a Infobae. Pensó en la suerte corrida por Jorge Bufalari, su compañero que estaba de guardia en el portón y que había sido herido cuando comenzó el ataque. “Al enano lo hicieron percha”, se lamentó.
Por momentos, los disparos cesaban y se escuchaban las voces de los atacantes: “Soldado, rendite, la cosa no es con vos”.
La guardia, ubicada al lado de la cantina, estaba acribillada. Una granada arrojada dentro de la cantina provocó el derrumbe de los cajones de gaseosas, y Chavanne, justo cuando cambiaba el cargador de su fusil, resultó herido en su pierna izquierda. Sin percibirlo entonces, guardó en su puño cerrado un proyectil que había estado a punto de introducirlo en el cargador.
El proyectil que Chavanne nunca llegó a poner en el cargador y que guardó durante 45 años.
De fondo, comenzaron a escucharse el ruido metálico y pesado de los carriers que venían de La Tablada. Cuando se asomó, pudo ver a compañeros suyos caminando por los alrededores. Todo había terminado. Ya era de noche.
Los heridos fueron llevados a la jefatura. El teniente coronel Duilio Di Iorio le preguntó a cada uno cómo se sentía y a todos les dijo que se los evacuaría. En un helicóptero fueron llevados al Hospital Aeronáutico, donde le hicieron las primeras curaciones.
A la una de la mañana, percibió un revuelo en el hospital. Había llegado el general Jorge Videla, comandante general del Ejército. Fue a saludar a cada uno de los heridos. Se sentó en la cama de Chavanne y, tomándolo del brazo, le dio las gracias. Luego de preguntarle su nombre, quiso saber de qué cuadro era hincha. “De Quilmes”, respondió. “Qué le vamos a hacer…”, respondió el militar mientras se iba.
Tres o cuatro días después, no recuerda bien, fue derivado al Hospital Militar Central. Allí permanecería cerca de un mes. En su familia se pensó lo peor. Cuando su papá fue a la puerta del cuartel a preguntar por él, el soldado de guardia hizo el ademán de que no lo conocía, y el papá lo interpretó como que lo habían matado.
Una vez dado de alta, regresó al regimiento, donde le firmaron la libreta. En el medio, debió acudir a Di Iorio porque un oficial quiso cobrarle el uniforme que no había devuelto.
Para Chavanne, como para tantos otros conscriptos, el regreso fue difícil. Dejó a su novia, sintió que ella no se merecía verlo así, renunció a los bomberos, no hablaba de lo que había pasado ni quería que le preguntasen, y durante años no quiso pasar ni por la puerta del cuartel. Trabajó con su padre. Nunca más volvió a ver a sus compañeros de cuartel. Solo visitaba a uno, pero el estado anímico de su amigo era tan malo, que la madre le pidió que no lo visitase más.
Un rosario que dos monjas le obsequiaron a Chavanne cuando estuvo internado en el Hospital Militar Central.
Los años pasaron. Se casó, tuvo dos hijos, es abuelo, toda su familia conoce su historia y les cuenta su verdad. Hace treinta años que vive en Santa Clara del Mar, donde tiene una pequeña distribuidora de herramientas.
Aún hoy, a los 66 años que cumplió el 18 de marzo, descree de muchas de las versiones que rodean a este episodio. Asegura que es mentira que en el cuartel se estaba esperando el ataque, “si la mitad de la compañía comando y servicio había sido licenciada por la Navidad”. Desmiente que se hubieran cavado pozos de zorro, o que el jefe de la unidad haya estado apostado con una ametralladora en lo alto del tanque de agua, demasiado lejos del portón de entrada. Sostiene que uno de los soldados, el galleguito Martínez, era un informante del ERP y que siempre preguntaba detalles sobre el cuartel y que luego del ataque, desapareció.
Con la misma vehemencia al hablar, se indignó al conocer el aplauso que se le dedicó a los montoneros en el acto por el Día de los Derechos Humanos, que se realizó en la ESMA con la presencia del presidente y de la vicepresidente.
Trozo de mayólica del pedestal del mástil del batallón atacado. Es una de las reliquias que Chavanne atesora.
El predio que ocupaba el cuartel es hoy parte de un parque industrial. En uno de los tantos viajes que el hermano de Chavanne debía realizar por la zona, le pidió que rescatase un pedacito de mayólica del pedestal donde aún se yergue el mástil del regimiento.
Mientras estuvo internado en el Hospital Militar, lo visitaron dos monjas, que le regalaron un rosario y una servilleta. Chavanne los guardó en una bolsita, junto al proyectil que tuvo en un su puño. Esa bolsita la conservó su mamá y años después se la dio a la esposa de Chavanne. Cuarenta años más tarde, el entonces conscripto se llevó la grata sorpresa de encontrarse con el proyectil que se le había caído del cargador.
Hace 30 años que Chavanne vive en Santa Clara del Mar. Formó una familia y todos conocen su historia.
Junto con el trozo de mayólica que guarda en una lata y su casco de bombero –”que luce como en el primer día que me lo puse”- son las reliquias más preciadas de un quilmeño que hace 45 años no quiso saber nada con eso de rendirse, de que la cosa no era con él.
El 23 de Diciembre de 1975, mas de 300 integrantes del grupo guerrillero ERP realizaban un ataque coordinado en varios puntos de la provincia de Buenos Aires con el objetivo de robar las armas que se guardaban en el Batallón Depósito de Arsenales 601 Domingo Viejo Bueno, ese día se producía el Ataque al Batallón de Monte Chingolo.
Hoy, 23 de diciembre, se cumplen 45 años del ataque de terroristas del ERP al Batallón Depósito de Arsenales 601 Domingo Viejobueno, en la localidad de Monte Chingolo, Buenos Aires.
El ataque terrorista tenía el objetivo de apropiarse de 20 toneladas de armamento: 900 fusiles FN FAL con 60.000 cargadores, 100 fusiles M16 y 100.000 cargadores, seis cañones antiaéreos de 20 mm, quince cañones sin retroceso, escopetas Ithaca 37 con sus respectivos proyectiles, y 150 subfusiles.
Cientos de terroristas del ERP participaron del ataque que le costó la vida a seis integrantes de las Fuerzas de Seguridad: el Capitán Luis María Petruzzi; el Tte. 1ro José Luis Spinazzi; el Sargento ayudante Roque Cisterna; y los soldados Roberto Caballero, Benito Rúffolo y Raúl Sessa.
En Argentina los terroristas tenían el poder de fuego para atacar unidades militares como el Batallón Viejobueno, cuando nos digan que eran jóvenes idealistas recordemos estos hechos.
Desde CELTYV recordamos a las víctimas y exigimos Verdad, Justicia y Reparación!
En vísperas de Navidad, la subversión decidió atacar el Batallón Depósito de Arsenales 601 “Domingo Viejobueno”, ubicado en el sur del conurbano bonaerense. En la primera entrega de esa historia que dió inicio al fin de esa organización guerrillera, cómo fueron infiltrados por un peronista afín al Ejercito, clave para el fracaso total de esa operación
El Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) atacó el 23 de diciembre de 1975 el batallón de arsenales del Ejército Domingo Viejobueno, ubicado en la localidad bonaerense de Monte Chingolo
El jueves 2 de octubre de 1975, el servicio meteorológico marcó una temperatura máxima de 15º, sin embargo la edición de “Gente” salió a la venta llevando en la tapa a la joven y natural Graciela Alfano en bikini. Adentro, como adelantando el verano, lucían junto con la Alfano, Adriana Aguire, Angelika y Adriana Constantini. El mismo día el doctor Manuel Guillermo Arauz Castex juró ante Ítalo Argentino Luder, convirtiéndose en el cuarto canciller de este gobierno justicialista. El debate pasaba por si la señora de Perón debía o no retornar al poder –estaba de licencia- y si ello afianzaba o debilitaba el sistema institucional. La especulación en torno a una eventual “intervención militar” estaba en letras de molde.
“Pienso que el desgobierno ha colmado la paciencia de los argentinos y ese desgobierno se ha venido aceptando fundamentalmente por el culto a la personalidad de la señora presidente, y que su partido llama verticalismo”, declaró Oscar Alende, el líder del Partido Intransigente, el 3 de octubre de 1975.
“Si las cosas siguen así, no llegamos al ’77”, pronosticó Victorio Calabró, el gobernador de Buenos Aires, provocando un escándalo mayúsculo. Las 62 Organizaciones lo acusan de “claudicación doctrinaria”. El domingo 5 de octubre de 1975, Montoneros realizó un feroz ataque al Regimiento 29 de Infantería, en Formosa. Por primera y última vez, intentó ocupar un cuartel del Ejército. El estratega del “Operativo Primicia” fue Raúl Clemente Yaguer, más conocido como “Roque” o “Mario”, pero el que lo comandó fue “El Jote” o “Sebastián” Mario Lorenzo Konkurat.
El 8 de octubre de 1975, el presidente (interino) Ítalo Argentino Luder promovió la formación del Consejo de Defensa Nacional, como una forma de frenar la violencia terrorista. A pesar de la tibia oposición de algunos de sus ministros, se creó el Consejo durante una reunión de gabinete en la que se trató la dimensión de la cuestión subversiva. Al finalizar, Luder le deslizó a un amigo: “Hay tres formas de llevar adelante la guerra antisubversiva. Una, con poca eficiencia y poco costo político; otra, mediana eficiencia y mediano costo político y la tercera mucha eficiencia y mucho costo político. ¿Qué decidimos? Muy simple, la tercera: alta eficiencia y alto costo político.” Se ordenó “aniquilar” (destruir, suprimir, exterminar) y no el término “neutralizar” (hacer neutral una situación, frenar, paralizar al enemigo). Así se dictaron los decretos 2770, 2771 y 2772 de 1975.
El miércoles 15 de octubre, una cadena de atentados terroristas estremeció varias zonas del país, especialmente en Buenos Aires y Rosario, mientras los panaderos declaraban un paro de 48 horas en todo el país. De la ola de violencia no se salvo ni Julio F. Penna: como le había sucedido un año antes, el cuidador de caballos volvió a ser secuestrado. También fue secuestrado Jorge Lebedev, prosecretario de la revista “Claudia”, de la editorial Abril. Y el desarrollismo de Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio advirtió un “estado de colapso”.
Isabel Perón durante el acto del 17 de octubre de 1975. A su lado el senador Ítalo Luder
En esos días, María Estela “Isabel” Martínez de Perón tomaba una temporada de descanso en el hotel de la Fuerza Aérea en Ascochinga, Córdoba, y una parte de la dirigencia política pensaba que no volvería a la Casa Rosada. Pero, contrariamente, retornó a su cargo para presidir la concentración popular en la Plaza de Mayo en conmemoración al Día de la Lealtad. El 17 de octubre de 1975 el senador nacional Ítalo Argentino Luder, que presidía interinamente el país, volvió al Senado a pesar de que muchos imaginaban que quedaría como Presidente hasta el fin del mandato de “Isabel” Perón.
Un observador privilegiado como Robert Hill, embajador de los Estados Unidos, informó, respecto de Isabel Perón, al Departamento de Estado: “Su autoridad y posición está tan socavada que no puede tomar las riendas del poder. La manera en que deje estas riendas, de buena voluntad, tendrá mucho que ver con quién la reemplazará. En caso de que retorne el 17 de octubre a retomar la presidencia y se dedique a gobernar, poco después tendría lugar un golpe militar, posiblemente hacia fin de año.
Mientras Hill dictaba el informe, todavía no habían trascendido los comentarios de la prolongada reunión que la presidenta mantuvo el mediodía del jueves 16 con Ítalo Luder, Antonio Cafiero, Ángel Robledo, Julio González, Pedro Eladio Vázquez, Lorenzo Miguel y Casildo Herreras. Durante la cumbre, Isabel de Perón elogió “cálidamente” al ex ministro José López Rega y resaltó el “patriotismo y la lealtad” de los doctores Julio González y Pedro Eladio Vázquez, y del ex ministro del Interior coronel (RE) Vicente Damasco. Los detalles fueron conocidos por el líder radical Ricardo Balbín, quien consideró reservadamente que su partido debería asumir una actitud implacablemente opositora. Las más altas autoridades partidarias consideraban que el proceso político había ingresado en su “etapa más crítica” y que la estabilidad institucional hacía necesaria “un renunciamiento patriótico” de la presidenta (palabras pronunciadas por el ex presidente Arturo Illia).
El 18 de octubre, al día siguiente del discurso de Isabel Perón en la Plaza de Mayo, en Tucumán, el Ejército ocupó el Campamento Los Sosa del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). El 23 de octubre de 1975, el teniente coronel Pedro Armando Coria firmó el Informe de Inteligencia Especial N° 17/75 para los más altos niveles del Ejército. El “Asunto” que originó el trabajo detallaba el “estudio de la documentación capturada en el Campamento Los Sosa”. En términos más profanos, era el resultado de un análisis de toda la documentación que la jefatura de la Compañía de Monte del PRT-ERP había dejado en su huida del lugar. Había de todo, desde informes que delataban algún tipo de infiltración dentro del propio Ejército; contactos en diferentes ámbitos “en todo nivel”, hasta informaciones que manifestaban fuentes dentro del Poder Ejecutivo. Era sabido que la inteligencia del PRT-ERP era una de las mejores. El campamento Los Sosa estaba ubicado sobre las márgenes del río Los Sosa, cerca del Ingenio Santa Lucía y Famaillá, en el lugar más caliente de la zona de operaciones. A diferencia de los “dormideros”, Los Sosa era un campamento estable, en el que por momentos residía la conducción de la Compañía de Monte del ERP.
Las “conclusiones generales de los documentos capturados” manifestaba que en un “Informe de la Reunión del Comité Ejecutivo (del PRT-ERP) del 6 y 7 de octubre de 1975”, en el que se hizo un análisis de la situación nacional e internacional y de todos los “frentes”, se mencionaba “el serio compromiso de integrar en su seno temporariamente a miembros provenientes de otras organizaciones para que adquieran experiencia y que ya se han producido contactos. Que se envió un representante a Colombia.” También habla del envío de representantes a Bolivia, Uruguay para tomar contactos, e informa del ingreso de un peruano para entrenarse “por dos meses… habiéndose resuelto su incorporación a la Regional Córdoba” y que la organización argentina “encararía la organización del PRTP” (Partido Revolucionario de los Trabajadores Peruano). “Se hace mención que un argentino residente en EE.UU está desarrollando actividad proselitista en el mencionado país.” También en otras “Conclusiones del Documento N° 1”, correspondiente al 06 y 07 de octubre” de 1975, se “menciona que la acción en Formosa ‘fue objetivamente una acción conjunta de ERP y Montoneros’” (ataque el Regimiento de Infantería 29). Advierte “que cada día que pasa le resulta cada vez más difícil al Comandante General del Ejército (Videla ) frenar a sus bases (y) que existiría intención de ciertos sectores de las FFAA, luego de tomar el poder, de realizar un baño de sangre purificador.”
Estrella Roja, el órgano de difusión del ERP
Por sobre lo que se publicaba en los diarios, en la penumbra, se libraba una guerra de Inteligencia y cada hecho era evaluado de acuerdo a sus resultados. El domingo 7 de diciembre de 1975, en un sincronizado operativo, que algún día merecería conocerse con exactitud, un comando del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE) capturó al “comandante Pedro” Juan Eliseo Ledesma, jefe del estado mayor del ERP y organizador de un gran ataque que la organización terrorista planeaba realizar al Batallón Depósito de Arsenales 601 “Domingo Viejobueno”, ubicado en la provincia de Buenos Aires. Frente al golpe militar que se predecía el PRT-ERP opinaba que: “nadie puede ya dudarlo. La guerra civil revolucionaria se ha generalizado en la Argentina” y ellos decían contar “con la simpatía y el apoyo cada vez más activo de las masas obreras y populares” y para eso necesitaban armas de todo tipo. Ledesma fue llevado a un centro de detención y ferozmente torturado pero no habló. Junto con “Pedro” también cayeron los miembros más importantes del aparato logístico.
En ese submundo de la guerra de inteligencia, al que muy pocos tenían injerencia, también se conoció que el lunes 8 de diciembre de 1975, cayeron detenidos los cuatro hijos de “Roby” Santucho, el jefe máximo del PRT-ERP, junto con Ofelia Ruiz, esposa de Oscar Asdrúbal “Chicho” Santucho (muerto en Tucumán el 8 de octubre de 1975), y sus cuatro hijos, más un hijo del “Turco” Elías Abdón, alias “Teniente Martín”. Abdón había caído en las mismas horas que “Pedro” Ledesma. Era el responsable de la logística del Estado Mayor del ERP para el ataque en Monte Chingolo. Junto con él fueron detenidos otros integrantes del comando (en total 19).
Mario Santucho y a su lado Benito Urteaga y Enrique Gorriarán Merlo
Dentro del Ejército hubo un debate sobre el destino del grupo Santucho. Se decidió liberarlos. La forma y el modo de hacerlo lo decidió un oficial. “Apúrese”, le dijo el coronel Alberto Valin (jefe del batallón de inteligencia) a un subordinado interesado en salvarlos. “Nosotros no matamos chicos” le dijeron a Ofelia Ruiz. Retirados de un centro de detención, fueron dejados en un hotel del barrio de Flores. Tomó intervención la policía y finalmente después de muchos meses terminaron en Cuba. Fue otro golpe para Mario Roberto Santucho. El viernes 19 de diciembre cayó “Coty” Santucho, una sobrina del jefe del PRT-ERP, en las vísperas del ataque en Monte Chingolo. Fue detenida en un departamento junto con otros compañeros que, presuntamente, fueron denunciados por los vecinos a la policía.
La trayectoria de Juan Eliseo Ledesma, “Pedro”, dentro del PRT-ERP se remontaba a los tiempos de la fundación del ERP (1970). Había sido captado por Mario Roberto Santucho durante uno de los conflictos gremiales que tuvo la empresa Fiat con sus obreros en Córdoba. En 1971, intervino durante un ayuno por una “navidad sin presos políticos” que realizaron los obreros de FIAT, planteándoles a los dirigentes clasistas de SITRAC-SITRAM la necesidad de la guerra revolucionaria. El 19 de noviembre de 1974, el Buró Político del PRT nombra “oficialmente” el comandante en jefe del ERP, y le otorgó el grado correspondiente a Mario Roberto Santucho (sin nombre de guerra, aunque firmaba “Roby” o “Carlos”), y también designa “oficialmente”, con el grado de capitán, a “Pedro” Juan Eliseo Ledesma como jefe del estado mayor central.
En 1973, Ledesma interviene en la planificación del ataque al Batallón Depósito de Arsenales 121, como jefe del Estado Mayor, reforzando a la compañía “Combate de San Lorenzo” que tuvo su bautismo de fuego con efectivos de las otras 3 compañías urbanas. A fines de noviembre de 1975, se comienza a planificar el ataque al Batallón Depósito de Arsenales 601 (Monte Chingolo) y se resuelve crear el batallón urbano “José de San Martín”. Es designado jefe del mismo, sin perjuicio de continuar como jefe del estado mayor. A principios de diciembre, cuando estaba organizando el ataque en Monte Chingolo, cae en una emboscada pero Santucho expresa su confianza en que Ledesma no dará conocer el proyecto del ERP y sigue adelante con el plan de ataque. Pero esto obliga a Santucho a designar como reemplazante a Benito Urteaga, “capitán Mariano”, un hombre que lo acompañaba desde la fundación del PRT.
Lo que no sabía Santucho fue que en sus ropas, Ledesma llevaba sin nombres, diferentes croquis que permitieron al servicio de inteligencia de Ejército reconstruir todos los bloqueos proyectados sobre el Riachuelo que, completada con la información que proporcionaban 3 infiltrados, hizo posible detectar como objetivo de ataque al Batallón Depósito de Arsenales 601 y seguir el desarrollo del plan terrorista hasta el día del ataque. Mientras los jefes del ERP se sorprendían en esas horas por las caídas de varios de sus miembros, en las sombras trabajaba “El Oso”, Jesús Ranier Abrahamson.
Foto sacada a Ranier en el momento de ser enjuiciado por el PRT-ERP
Durante la guerra que comenzó abiertamente en 1970 en la Argentina, las organizaciones terroristas fueron motivo de interés para los servicios de inteligencia. En particular del Servicio de Inteligencia del Ejército. Desde antes de 1973, el PRT-ERP había sido infiltrado desde diversos lugares. Hecho que originó su lento desmoronamiento hasta 1977. El agente Jesús Ranier fue uno de los mejores, sino el mejor: había militado en las Fuerzas Armadas Peronistas “17 de Octubre” (FAP 17). Era un peronista que se integró a lo que se denominó la “resistencia peronista”, entre 1956 y 1973. Durante esta etapa, conoció a elementos de la Central de Operaciones de la Resistencia (COR) que era liderada por el general (R ) Miguel Iñiguez. En 1973, se generó en las FAP un estado deliberativo: unos consideraban que el triunfo de Perón daba por terminado el camino de la resistencia armada y otros que no.
Frente a este debate, “El Oso” Jesús Ranier, decide separarse de las FAP. Pero, aprovecha sus contactos con los elementos del COR: el general Miguel Iñiguez, ya como jefe de la Policía Federal los impulsaba a volver a la legalidad y al servicio de Perón. Sin embargo, Ranier estaba seguro que el PRT-ERP, por antiperonista, iba a continuar con el proyecto de guerra civil prolongada. Cuando se tocó esta cuestión, Jesús Ranier, expresó que como militante peronista, debía combatir contra el ERP. A la vez, comentó que integrantes del PRT - ERP lo habían invitado a incorporarse a la organización. Es así como militantes de COR le indican que lo prudente es aceptar esa invitación, pero con previo contacto con el servicio de inteligencia del Ejército. Ranier aprueba la idea. Se lo empieza a capacitar sobre la manera de comportarse dentro de la organización y, teniendo en cuenta su experiencia anterior en las FAP, logró incorporarse como combatiente del ERP. Entró al área logística, comenzó a reparar armamento y a cumplir órdenes de traslado de los materiales para las operaciones militares. Poco a poco, fue accediendo a los depósitos clandestinos donde el ERP guardaba el producto de sus robos en los ataques a personal de seguridad y dependencias policiales.
Para estas actividades, el ERP le proveyó numerosos contactos con otros integrantes, a efectos de completar sus tareas (traslado, mantenimiento, provisión o retiro de armas). Es así como sus informes al Ejército contenían los datos de citas que concretaba, aún cuando él mismo ignorara la identidad de los que debía entrevistar. El servicio de inteligencia conocía, por ejemplo, que haría contacto con “Juan”, sin más datos. Pero había una certeza: ese “Juan” era del ERP. Incluso, en algunas oportunidades viajó al interior transportando armamento que debía entregar para un operativo o, al revés, retirar armamento que había sido utilizado o recién robado. Con el tiempo, se ganó la confianza de los jefes logísticos del ERP, y así llegó a su mayor nivel informativo, cuando permitió detectar el asalto proyectado contra el Batallón Depósito de Arsenales 601 (Monte Chingolo). El fracaso del asalto no sólo se debió a su importante intervención. Trabajaron dos infiltrados más. Esto permitió entrecruzar las informaciones y lograr la reconstrucción del plan de ataque terrorista, siguiendo sus actividades. Además de los agentes infiltrados, el Ejército fue advertido por el gobernador de la provincia, el dirigente sindical Victorio Calabró, que algo serio preparaba la guerrilla en la zona Sur.
En la próxima entrega: Los informes previos al ataque guerrillero del “Oso” Ranier; el asalto al Batallón en Monte Chingolo; la reacción de la dirigencia política, la repercusión dentro del ERP por el rotundo fracaso y, tras una investigación interna, la caída del agente infiltrado.
El 23 de diciembre de 1975, en Argentina y más precisamente en Monte Chincolo localidad del Gran Buenos Aires donde tenia su asiento el Batallón Depósito de Arsenales 601 «Domingo Viejobueno», se llevó a cabo uno de los ataques terroristas más grande y cruento de nuestra historia. Ejecutado por el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), tenía fijado como objetivo el robo de 13 toneladas de armamento liviano y pesado, que de haber sido exitoso hubiera agregado acontecimientos imprevisibles en esa sangrienta época. En él participaron 180 terroristas y las bajas totales fueron: en Ejército, 2 oficiales, un suboficial y 3 soldados, muertos, más 17 heridos. En la Policía Federal 8 heridos, en la Policía de la Provincia de Buenos Aires 9 heridos. En las filas de los terroristas del ERP, hubo 62 muertos y 25 heridos, cifras que nos hablan de la magnitud del evento. Hoy gracias a la memoria de historiador del Mayor (R) del Ejército Argentino, CARLOS ESPAÑADERO* y a su desinteresada colaboración ofrecemos en 4 entregas un interesante resumen de los acontecimientos previos, los ocurridos en el combate y los posteriores al mismo. Como siempre ESPAÑADERO, hace gala de seriedad, veracidad, todo muy lejos de egos y exaltaciones emotivas, lo cual nos asegura una lectura agradable y precisa acorde ocurrieran los hechos. Pasaron los años, podríamos decir que Argentina en muchos aspectos perdió el rumbo y resulta que hoy son homenajeados como “jóvenes idealistas” los que a través de acciones terroristas sembraban por doquier la muerte de hombres, mujeres y niños. Entre ellos los autores de este cruel ataque. Que el escrito de ESPAÑADERO, sirve de homenaje a aquellos uniformados dispuestos a entregarlo todo defendiendo la libertad de los argentinos.
*My. (RE) Carlos Antonio Españadero Argentino, nacido en 1931, militar, técnico de inteligencia. Fue profesor de geopolítica, en la Universidad Nacional de Mar del Plata (Bs. As.), Departamento de Geografía, y profesor de Antropogeografíay geografía política en el CONSUDEC (Consejo Superior de Educación Católica), Departamento de Historia. Se desempeñó como profesor de Inteligencia, en la Escuela Superior de Policía de la Provincia de Buenos Aires y en la Academia Superior de Estudios Penitenciarios. Además profesor de inteligencia en la Escuela de Inteligencia de la Fuerza Aérea. En 1980, produjo dos trabajos para el departamento Doctrina de la Jefatura II – Inteligencia del EMGE del Ejército Argentino, titulados: “Experiencias y enseñanzas de los ataques terroristas a los cuarteles” y “Experiencias y enseñanzas de los homicidios cometidos por los terroristas”. Trabajó en empresas de seguridad, como Supervisor, Jefe de Zona, Jefe Departamento Seguridad, Investigador y productor de estudios de seguridad. En el 2005, fue Coordinador de Protección de Plantas y Mercaderías en Tránsito del grupo Química Estrella / Corporación General de Alimentos. Con el Dr. Jorge Parisi, ha escrito en el 2002, “Seguridad contraterrorista”. En el 2009 terminó y publicó el libro digital titulado: “El problema del terrorismo”. En el 2010, terminó y publicó el libro digital titulado “La seguridad pública”. En 2011, imputado por la Dra. Eva Seleme, juez federal Nº 1, de Comodoro Rivadavia (Chubut) por un delito de “lesa humanidad” en acciones en que no tuvo nada que ver. El 06 de setiembre 2012, con prisión preventiva alojado en el complejo penitenciario de Marcos Paz (Bs.As.), a los 81 años; sin existir ninguna diligencia investigativa más. Y por el mismo juicio, en el 2014; sin pruebas, condenado en primera instancia a prisión perpetua y a cumplir en prisión. La sentencia, apelada, fue ratificada por la Corte Suprema de Justicia, el 24 de setiembre de 2015.
MONTE CHINGOLO
ENTREGA 1
CONSIDERACIONES PREVIAS
Hace bastante tiempo, que me preocupa manifestar mi opinión sobre la guerra que asoló nuestro país, según mis estimaciones entre 1965 y 1983.
Esto conversado frecuentemente con algunos apreciados camaradas, me ha impulsado a escribir algunas notas, al margen del trabajo básico que estoy construyendo y que he denominado “La tragedia terrorista argentina”.
En esta tarea me preocupa la extensión del mismo, que he previsto en 6 tomos (ebook) de los cuales estoy revisando los 2 primeros, prácticamente completos, el tercero también reconstruido y completo, en desarrollo el tomo 4, y con muchos borradores en los tomos 5 y 6. Para peor proyectaba continuar con otro trabajo titulado “El plan de exterminio” que corresponde a una etapa que abarca entre 2001 y la actualidad, con antecedentes desde 1983.
Mario Roberto Santucho (1936 – 1976)
Pero mis 88 años me indican que esta última parte del proyecto es prácticamente imposible de materializar. Pero todo esto es una mera explicación que solo busca expresar mis conflictos intelectuales y mi inclinación a matizar con notas mi trabajo.
Y con esto dejemos mis problemas a un lado y vayamos entrando en tema. He recibido una cálida invitación de un amigo, que me impulsa a escribir algo sobre la guerra interna y que puede servir para evitar que mi pensamiento me lo lleve conmigo a mi muerte.
En este orden de ideas, el ataque del PRT – ERP al batallón de Arsenales 601, es una operación digna de consideración dado que pone de manifiesto el proyecto estratégico militar de la banda terrorista y a la vez la reacción militar que quitó toda esperanza a los primeros para avanzar en el camino que habían seleccionado.
Las operaciones producidas por el terrorismo subversivo militarista[1] en la Argentina, no es conveniente se consideren únicamente en el desarrollo táctico del mismo. Muchas veces, sino siempre, la narración de los mismos brillantemente expuestos, no permiten ser comprendidos al desconocer el marco estratégico en que se produjeron.
EL MARCO ESTRATÉGICO
La guerra es producto de una estrategia política, que excede a la conducción militar superior. Y si no es así, seguro que algo anda mal.
La conducción política es la que alinea a todo el potencial de la nación, y cuando esta existe, la conducción militar es una herramienta más para el logro de las finalidades y objetivos que ha establecido el primero.
Una primera exigencia para poder gobernar es lograr una severa disciplina de todos los aspectos sectoriales de la nación, que implica evitar que estos pretendan desde sus particulares enfoques subordinación a la nación.
Por supuesto, la conducción política es la que está calificada para dar preeminencia a ciertos sectores sobre otros, pero esto debería ser producto de la elaboración del proyecto estratégico del gobierno. Y esto es gobernar, es la faz arquitectónica de la política[2]
Pero a la vez, debo advertir. que las conducciones políticas en el mundo, son muy vulnerables a la soberbia de los responsables que deben conducir el potencial de su nación sin preocuparse en hacer un proyecto.
Y esto se debe que en la mayoría de las naciones su poderío es desmesurado con respecto a sus elementos constitutivos, y da como resultado que hay gobiernos que emplean el poderío de las mismas, sin un previo esfuerzo para materializar una estrategia, que tiene en su justificación el ser una conducta futura posible, pero con finalidades y objetivos nacionales a alcanzar.
Puesto en la historia de esta trágica guerra, si hay una peculiaridad del lado gubernamental, fue la existencia de un poderío militar, que lo inclinó a dar mayor importancia a sus aspiraciones de gobernar que de combatir.
Y con esto, no califico los logros y fracasos que fueron resultando de esta confrontación indeseable.
Para explicar Viejobueno, es necesario tener presente la estrategia empleada por el PRT ERP y entender el motivo del ataque realizado por esta banda.
Puede pensarse, ¿por qué no hablar de la estrategia del gobierno militar también? Y ante esto aclaro que esta también reclama un conocimiento que no eludiré. Pero generalmente en la guerra, las tácticas son conductas grupales donde la iniciativa está en quien pretende iniciar una acción (caso de un ataque), y que de alguna manera intenta por lo menos sorprender al enemigo con una operación no esperada, sea por la oportunidad, el lugar o el modo.
EL CONDUCTOR DEL PRT – ERP
Mario Roberto Santucho, desde sus primeros pasos emergió con una fuerte personalidad política, que se puso de manifiesto en un pensamiento ortodoxamente marxista, que desde un principio lo orientó a una estrategia para la toma del poder, marxista leninista. Tenía en su vida a Ho Chí Minh como su numen inspirador.
Y se impone su mención, dado que el PRT, desde sus antecedentes, tuvo en esta persona el impulsor de su gestación, desarrollo y muerte.
En el momento del ataque al Batallón de Arsenales 601, era la cabeza del buró político del PRT y como tal formaba parte del Comité Ejecutivo y el Comité Central, y como comandante de ERP tenía la conducción exclusiva del mismo. A la vez, operaba con la Junta Coordinadora Revolucionaria que contenía en su composición a los representantes de las bandas terroristas de los países limítrofes[3].
Profundamente antiperonista, sus relaciones con los grupos similares que utilizaban la figura de Perón, fue generalmente distante, e incluso en muchos casos haciendo que el ERP realizara operaciones que posibilitaran serios quebrantos en las relaciones de éstos con Perón. Hay casos destacables como el ataque al Batallón de Arsenales y el más eficaz que fue el ataque al Regimiento Blindado de Azul.
Su visión leninista de la necesidad de la guerra prolongada, hacía que el centro de su esfuerzo fuera la lucha contra el aparato militar de la nación. Y en esto, sus elaboraciones estratégicas se orientaron a lograr un ejército regular propio que pudiera enfrentar a las FFAA argentinas. Su idea no pasaba por ninguna negociación que no fuera incondicional, y quizás por este motivo, tanto él como sus elementos dependientes no podían salir de una alternativa mortal: Triunfo o muerte.
Si bien esto requeriría un trabajo más extenso, creo que lo expuesto da una idea que permitirá entender las motivaciones de la conducción estratégica de la banda terrorista en el momento que decide, prepara y ejecuta el ataque del Batallón de Arsenales a pesar de existir muchos fundamentos para buscar una oportunidad mejor para su bando.
La Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR) fue una organización internacionalsudamericana, que tenía por objeto la colaboración entre distintas bandas terroristas de Argentina, Chile, Uruguay y Bolivia. Nació a principios de 1974 y fue desarticulada a mediados de 1976.
[1] Explicado en mi libro “El problema del terrorismo”
[2]La faz agonal y la arquitectónica: Explicado por el Dr. Mario Justo López, en su obra Derecho Político. La faz agonal, es la actividad de lucha para lograr el acceso a los cargo políticos. Es competencia entre quienes aspiran a ocuparlos e incluso con los que lo ocupan. La faz arquitectónica es el ejercicio del poder obtenido, intentando regular las normas y el comportamiento del grupo a gobernar. Este aspecto constituye la justificación fáctica del sistemapolítico. La conducción del quehacer, creación y construcción sucesiva de hechos o metas. Si este proceso no ocurre, se pierde el sentido dinámico de la actividad política.
[3]La Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR) fue una organización internacionalsudamericana, que tenía por objeto la colaboración entre distintas bandas terroristas de Argentina, Chile, Uruguay y Bolivia. Nació a principios de 1974 y fue desarticulada a mediados de 1976.